A la hora de analizar cómo el componente natural del paisaje se
relaciona con la cultura se ha de tratar tanto la manera en que la
cultura determina la interpretación del paisaje natural, como la
manera en la que el paisaje natural impacta y modela ciertos aspectos
sociales y culturales (Figura 5). NATURALEZA CULTURA Figura 5. Relación bidireccional entre naturaleza y cultura en el paisaje. Construcción socio‐cultural de lo natural
El hombre no es neutral ante lo que mira, en realidad ve desde la
memoria personal y colectiva (Aramburu y Escribano (Eds.), 2014). Por
tanto, la interpretación de lo visto en el paisaje más natural se lleva a
cabo siempre sobre la base de unos antecedentes sociales e
individuales, de un contexto creado por la historia y la cultura, además
de un desarrollo biológico común como se ha visto. De tal manera,
nuestras concepciones en torno a lo natural se inscriben en un ámbito
"socio‐construccionista", es decir, la cultura aporta inevitablemente
sentidos a lo natural.
Esta interpretación de lo natural desde lo cultural resulta ser
sustancial a la hora de tratar la planificación y gestión del paisaje, pues
define en gran medida la naturaleza de la experiencia estética que
establecemos en los paisajes naturales. A este respecto, Gobster
(1994), recogiendo el análisis de Rees (1975), observa que en las
preferencias actuales por el paisaje más natural se esconden
condicionamientos derivados de la pintura, literatura y teoría estética
de los siglos XVII y XVIII (ver Apartados III.4.5 y IV.1.4). Así, la
naturaleza reflejada en aquella época en los paisajes pintados,
descritos en la literatura y por los viajeros, y diseñado en los jardines,
hizo surgir una estética que gustaba de las vistas panorámicas de
Aramburu, M. P. y Escribano, R. (Eds.) (2014). Guía para la elaboración de estudios del medio físico. Contenido y metodología (4a ed.). Madrid: Fundación Conde del Valle de Salazar; Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Gobster, P. H. (1994). The aesthetic experience of sustainable forest ecosystems. En W. W. Covington y L. F. De Bano (Eds.), Sustainable Ecological Systems: Implementing an Ecological Approach to Land Management (pp. 246‐255) (General Technical Report RM247). Fort Collins, CO: USDA Forest Service, Rocky Mountain Forest and Range Experiment Station Rees, R. (1975). The Scenery Cult: Changing Landscape Tastes over Three Centuries. Landscape, 19(3), 39–47.
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paisajes montañosos llenos de dramatismo y rasgos monumentales, o
de paisajes pastorales ordenados pero exuberantes que mostraban
una perfecta armonía entre hombre y naturaleza, que adaptaba las
características y composición de la naturaleza para realzar su belleza
bajo el signo de cualidades formales (equilibrio, proporción, simetría,
unidad, fuerte impresión, variedad en la línea, color, forma, textura...).
La naturaleza mostrada era estilizada y el paisaje natural lo era en
realidad sólo en su carácter (Figura 6). Este hecho derivó en un gusto
por la "estética escénica" como modo dominante de apreciación del
paisaje, centrada en una naturaleza idealizada, en sus rasgos
espectaculares y en una percepción preferentemente visual y estática
que tolera con dificultad los cambios en aquello que contempla. Este
tipo de estética de lo natural se ha ido perpetuando de forma larvada
en la cultura occidental y formó la base a partir de la cual se
desarrollaron inicialmente los programas de gestión del recurso visual
paisajístico en Norteamérica (ver Apartado IV.1.1.). Figura 6. Monte Townsed [Mount Townsed], pintado en 1863. Eugène von Guerard (1811 ‐ 1901) Óleo sobre lienzo. National Gallery of Australia. Dramática interpretación del paisaje del Monte Townsden, el segundo pico más alto de los Alpes australianos. Vista desde la cima norte del pico Kosciusko. En primer plano se observa unas insignificantes figuras tomando datos barométricos, el científico alemán George Neumayer y su equipo, al que el artista acompañó en su expedición para determinar la altitud de la montaña.
Incidencia de los paisajes naturales en lo cultural
Williams (2000) establece tres niveles en los cuales lo natural y lo
salvaje contribuyen a la formación de la identidad del ser humano:
nivel individual, nivel de grupo cultural y nivel de especie.
Un primer nivel correspondería a la identidad individual. Sobre todo
en el mundo occidental, el contacto con la naturaleza ofrece la
oportunidad de la "individualización", de la afirmación del "ser
personal". El espacio natural, desvinculado en mayor o menor medida
de la artificialidad humana, es un ámbito en el que cada uno puede
forjar libremente su personalidad, su singularidad y su propio patrón
de satisfacción, de afirmar creencias esenciales sobre cómo se es
como individuo y cómo se ha de comportar en consecuencia.
Un segundo nivel concordaría con el "ser colectivo" o la identidad
como grupo cultural. Lo natural puede definir en buena medida la
identidad nacional o de una cultura concreta. Williams expone el
ejemplo de la importancia de los espacios salvajes como símbolo del
legado cultural en América del Norte y la aportación de la conquista y
preservación de los espacios salvajes en su ideología (Figura 7).
También expone la manera en la que el contacto con el mundo
natural forma parte importante de la cultura escandinava (Williams y
Kaltenborn, 1999). Figura 7. Las cascadas del Niágara en invierno [Niagara Falls in Winter], pintado en torno a 1848 Regis Francis Gignoux (1816 ‐ 1882) "Nuestro ego nacional se alimenta tanto de la preservación como de la conquista del espacio salvaje." Nash (1969, p.70). Williams, D. R. (2000). Personal and Social Meanings of Wilderness: Constructing and Contesting Places in a Global Village. En A. E. Watson, G. H. Aplet y J. C. Hendee (Eds.),
Personal, societal, and ecological values of wilderness: Sixth World Wilderness Congress proceedings on research, management, and allocation, Volume II (pp. 77–
82). Ogden, UT: U.S. Department of Agriculture, Forest Service, Rocky Mountain Research Station Williams, D. R. y Kaltellbom, B. P. (1999). Leisure places and modernity: The use and meaning of recreational cottages in Norway and the USA. En D. Crouch (Ed.), Leisure practices and geographic knowledge (pp. 214‐230). Londres: Routledge. Nash, R. (1969). The cultural significance of the American wilderness. En J. McCloskey M. y J.P. Gilligan (Eds.), Wilderness and the quality of life (pp. 66–73). San Francisco, CA: Sierra Club.
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El tercer nivel se relaciona con la aportación del contacto con lo
natural para el hombre como especie. Lo natural ofrece al hombre la
oportunidad de reafirmarse como "ser biológico", determinar su lugar
en el sistema ecológico del mundo, de descubrir y ratificar qué es y
qué papel tiene como especie.
De tal manera, vemos las vías a través de las cuales no sólo lo natural
se ve desde lo cultural, sino cómo lo cultural es visto desde el impacto
que tiene lo natural sobre él.