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ver en el mapa 5 (ver Anexo G), en el sur del país se encuentra Casamance, provincia que ha sido el escenario de las tensiones más prolongadas de África occidental. Casamance es la zona más fértil y rica en recursos naturales de la región, lo cual es fundamental para entender el conflicto secesionista que se ha llevado a cabo desde 1982.

El Movimiento de Fuerzas Democráticas de Casamance –MFDC-, con su líder histórico l'abbé Augustin Diamacoune Senghor, encabeza el conflicto con el Estado de Senegal. Este fue creado en 1947, antes de que el país se hubiera independizado de Francia, con el objetivo de declarar la autonomía de Casamance y de buscar la soberanía para una provincia que, según los integrantes del Movimiento, ha estado constantemente invadida primero por los portugueses, luego por franceses y finalmente por los senegaleses ‘del norte’.

Después de la independencia de Senegal en 1960, los habitantes de Casamance se sintieron completamente abandonados y poco representados por Dakar, la capital, especialmente en el momento en el que se deterioraron las facilidades para encontrar empleo en el sector público y para integrar a los oriundos de Casamance que inmigran al norte del país. Además, en la región florecía la industria turística, de la

cual no recibía los beneficios económicos que le correspondía, pues el gobierno central -en Dakar- se apropiaba por completo de ellos y de las demás ganancias por la explotación de los recursos naturales de la provincia.

Se denunció también la implantación de autoridades ‘nordistas’ en la región en

detrimento de las autóctonas y la posición de desventaja socioeconómica y política de la zona. Así mismo, se ha consolidado un sentimiento de malestar por parte de los

diola, la etnia mayoritaria de la región Zinguichor (ver mapa 5 – Anexo G), la cual tiene raíces, estructuras jerárquicas y tradiciones completamente distintas a las de las etnias mayoritarias -principalmente los wolof- de la actual Senegal y que está separada del Norte de Senegal por el río Gambia. Es en este contexto marcado por descontentos y frustraciones de los pueblos diola se consolidó el MFDC como movimiento regionalista con carácter fundamentalmente secesionista en sus inicios, el cual se fue organizando progresivamente para exigir mayor autonomía política.

El conflicto continúa el 26 de diciembre de 1982 debido a una manifestación pública organizada por el MFDC en la capital de la provincia de Zinguinchor. Se trató de una protesta contra una serie de reformas administrativas que se oponían a las estructuras tradicionales de los diola. Luego, en diciembre de 1983, se repitió la situación, la cual se agravó el 18 de diciembre, llamado ‘Red Sunday’. Se generaron fuertes enfrentamientos entre opositores, rebeldes y policía. Esto se repite a lo largo de la década del 80, por lo cual el conflicto no llegó a definirse como marcadamente

armado y se convirtió finalmente en un ‘conflicto olvidado’.

Sin embargo, en mayo de 1990 el MFDC declaró oficialmente la guerra abierta al Estado senegalés en su lucha por la independencia, con lo cual se hicieron diversos ataques bajo la forma de guerra de guerrillas y bajo la estrategia de ataques rápidos y huida en la cual se aprovechaba la cercanía de la frontera con Gambia y Guinea Bissau. Debido al alto número de desplazados internos y refugiados que creó este conflicto con características de ‘nueva guerra’, se intentó firmar diversos acuerdos de paz -1991, 1999, 2001 y 2004- entre el gobierno de Senegal y el MFDC. Ninguno de ellos ha llegado a feliz término puesto que todos se declararon nulos después de un tiempo. Cabe señalar que también se acordó un alto al fuego en 1993, año en el que también se creó la Comisión Nacional para la Paz en Casamance.

A partir de 2006, el ejército de Senegal comenzó de nuevo a lanzar ofensivas contra los rebeldes, lo cual ha hecho que el conflicto resurja después de que muchos analistas pensaron que había llegado a su fin con el acuerdo de 2004. De manera que la indefinida situación de guerra de baja intensidad y tensa calma ha continuado (Blanco Barja, s.f., pp. 23-30; Maañón y Nievas, 2007, p. 98).

Obviamente, una de las consecuencias de este conflicto es la proliferación de refugiados desde la región de Casamance. Al huir de la guerra, llegaron mayoritariamente a las aldeas de Gambia y una minoría a Guinea Bissau. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados –ACNUR- aproxima que, para 2006, más de 6.200 refugiados y desplazados senegaleses se encontraban en ese país; localizados en 46 aldeas de la región de Sibanor, aproximadamente a 90 kilómetros al este de Banjul, la capital (ACNUR, 2006).

Se observa que, a diferencia de otras situaciones de desplazados y refugiados subsaharianos, como en el caso anterior de los ruandeses en la RDC, los individuos senegaleses están mayoritariamente hospedados con familias de idiomas o culturas similares y en menos medida en instalaciones especializadas, como centros de estancia y albergues. Las Agencias de la ONU presentes en Gambia y la Cruz Roja de este país dan a los refugiados comida, salud, implementos para el hogar y aseo, y asistencia humanitaria. También se proporciona asistencia a las familias gambianas que alojan a los refugiados senegaleses (ACNUR, 2006).

Por su parte, en Guinea-Bissau se encuentran más personas que debieron huir de Casamance y aún tienen temor de regresar a sus aldeas por las minas terrestres anti- ataque y la inseguridad persistente hasta la actualidad en Casamance. En este país, los refugiados casamanceses se instalaron especialmente en frondosos bosques de anacardos en el pueblo de Soungoutoto y en la ciudad de San Domingos, donde la situación, según el Comité Internacional de la Cruz Roja es muy difícil porque es un país muy pobre. Aun así, se considera que la situación de estos desplazados y refugiados es mejor que en muchas otras circunstancias de refugio y desplazamiento en África Subsahariana debido a que las personas afectadas, los refugiados que se encuentran en Guinea-Bissau -al igual que en Gambia-, a diferencia de muchos otros

Estados, no son marginados ni hacinados en grandes campamentos, sino que han

podido ‘integrarse’ a la vida de la región; se han empleado en la venta de anacardos o

en la agricultura por medio de parcelas que les han prestado las comunidades que los acogen (Humanitarian News and Analysis Service of the UN Office for the Coordination of Humanitarian Affairs, 2009).

En resumen, en ambos países de acogida los refugiados senegaleses han sido relativamente bien recibidos por la población local y protegidos por la ACNUR, el CICR y otros organismos humanitarios que les prestan servicios a ambas agencias. Y aunque sus situaciones no son óptimas, sí son mejores que en Casamance, puesto que allí estaban siempre expuestos a peligros como los constantes bombardeos aéreos, los saqueos y las capturas erróneas del ejército senegalés que los confundían con rebeldes del MFDC. Además, al hacer una comparación con el escenario de otros refugiados en diversos países de África Subsahariana, las condiciones de las poblaciones que huyeron de Senegal, tanto a Gambia como a Guinea Bissau, son menos traumáticas, teniendo en cuenta que la mayoría de los refugiados y desplazados subsaharianos tienen que vivir en condiciones de miseria y de hacinamiento sin poder incorporarse a las sociedades de destino. Además, la estabilidad política de ambos países de acogida no se ve amenazada por la presencia de estas poblaciones en situación de desplazamiento sino por sus propias lógicas internas de gobierno: sucesivos golpes de Estado y corrupción. Por ejemplo,

actualmente se describe a Guinea Bissau como un Estado ‘narcotráfico’ debido a la mayor presencia de las redes de traficantes de drogas y armas en el país que se benefician de la complicidad de algunos gobernantes.

En este sentido, el fenómeno de los refugiados y desplazados de Casamance en ningún momento ha tenido un papel en el riesgo de propagación del conflicto senegalés en Gambia o Guinea-Bissau como sí ha ocurrido en otros casos regionales. Aunque el conflicto en Guinea Bissau sí ha estado claramente relacionado con el de Casamance, al propagarse parcialmente la inestabilidad política en el sur de Senegal, es claro que son los militantes del Frente Sur del MFDC los que están involucrados en cuestiones internas en Guinea Bissau. Por ejemplo, los oficiales del ejército de Bissau, especialmente los liderados por el general Ansumane

Mané, buscaron beneficios económicos por medio del suministro de armas a estos rebeldes del MFDC con el fin de llevar a cabo un golpe de Estado como represalia contra el presidente electo del país, Joao Bernardo Vieira, quien había sido acusado de tráfico de armas. Se generó así una secuencia de inestabilidades e inseguridad política en el país debido al apoyo del Frente Sur del MFDC a las fuerzas del general rebelde Mané y al apoyo de las tropas del ejército de Senegal al gobierno de Vieria. La historia se repite en el 2000 cuando Mané ejecuta un nuevo golpe de Estado de nuevo apoyado por el Frente Sur (Blanco Barja, s.f., pp. 26-27). Se entiende que el interés del MFDC es contar con un gobierno en Bissau que sea favorable a su causa, por esto apoyan a rebeldes que tengan afinidades políticas con ellos, lo que no era el caso del presidente Viera.

En definitiva, los refugiados desde el exilio no han tomado parte en el conflicto senegalés, ni en las inestabilidades políticas de Guinea Bissau, pues simplemente huyeron de su país de origen buscado sobrevivir y no han podido regresar debido a que se mantienen los factores de expulsión -perduración del conflicto en Casamance- . Se han encontrado a su paso comunidades de recepción y organizaciones internacionales que los han acogido y apoyado en el proceso de adaptación. Han logrado insertarse relativamente en las sociedades y, no han sido utilizados como escudos humanos o instrumentos para el tráfico de armas y la lucha armada. En conclusión, el flujo de refugiados y desplazados, en el caso de Casamance, no puede ser considerado un factor catalizador de la regionalización del conflicto.

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