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propiciar el préstamo de libros, son otras tantas iniciativas que contribuyen a lograr los objetivos deseados.

Como resume Elisa Bonilla (2009), las investigaciones realizadas confirman que la sola disponibilidadde material de lectura (es decir la presencia física de materiales impresos y de la infraestructura para su distribución) es una condición necesaria, mas no suficiente, para formar lectores y para promover el aprendizaje en la escuela. Es preciso, al mismo tiempo, generar accesoa la cultura escrita, a los libros y a la in- formación en una diversidad de soportes, mediante la creación sistemática de opor- tunidades de aprendizaje.

Incluso más, como apunta María Beatriz Medina (2009): hay que disponer de es- pacios y tiempos de lectura que vayan más allá de las actividades de las escuelas y de los sistemas de bibliotecas públicas y escolares, y que promuevan redes prima- rias de lectura propiciadoras del diálogo de las comunidades con sus saberes y los sectores culturales y educativos.

LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS EN LA EDUCACIÓN

Casi nada del currículo tradicional puede vehiculizarse como otrora. El desafío es doble: hay que aprender cosas nuevas, y tenemos que enseñar las cosas viejas de un modo nuevo, y siendo ambas tremendamente difíci- les de lograr, quizás lo más desafiante es enseñar lo viejo con ojos nuevos. (Piscitelli, 2009)

No cabe ninguna duda de que la introducción de las tecnologías de la información en el sistema educativo está teniendo un impacto extraordinario. El potencial de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en la escuela no se reduce so- lamente a la alfabetización digital de la población. También se espera que estas se puedan introducir transversalmente en el proceso de enseñanza-aprendizaje, faci- litando la formación de competencias modernas y mejorando los logros educativos del estudiantado.

El impacto que las TIC puedan tener sobre los aprendizajes no es claro y probable- mente no puede medirse directamente a través de los sistemas estandarizados de evaluación. Sin embargo, hay evidencia creciente del impacto que las tecnologías pueden tener sobre habilidades y competencias esenciales para el mundo digital y globalizado de hoy, como la motivación por el aprendizaje, la comunicación, la ca- pacidad de manejar información, el aprendizaje autodirigido, las habilidades cola- borativas, etc. («SITES 2006», Ministerio de Educación de Chile/Enlaces, 2008). No obstante, para que la incorporación de las TIC pueda aprovecharse en su má- ximo potencial educativo, las políticas que la fomentan no pueden estar dirigidas

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establecimientos escolares. La misma ha de ser acompañada y complementada –además de por los procesos de actualización y mantenimiento propios del equipa- miento–, con capacitación para los docentes, provisión de material y contenido edu- cativo digitalizado, y, sobre todo, deben ser incorporadas en el proyecto educativo curricular y no como algo independiente. La introducción de las TIC puede generar una gran inseguridad en el mundo adulto de las comunidades escolares, por lo que si no se acompaña con procesos de apoyo, capacitación y seducción necesarios, puede perderse como oportunidad educativa.

El desarrollo acelerado de la sociedad de la información está suponiendo retos, im- pensables hace unos años, para la educación y el aprendizaje. Tal vez lo más relevante sea que nos encontramos con una nueva generación de aprendices que no han tenido que acceder a las nuevas tecnologías sino que han nacido con ellas, nativos digitales, y que se enfrentan al conocimiento desde postulados diferentes a los del pasado. Ello supone un desafío enorme para los profesores, la mayoría de ellos inmigrantes digita- les, para las escuelas, para los responsables educativos y para los gestores de las polí- ticas públicas relacionadas con la innovación, la tecnología, la ciencia y la educación. La tarea principal, por tanto, es lograr que los alumnos mejoren sus aprendizajes con la utilización de las tecnologías de la información. Pero ello supone configurar un nuevo escenario, tanto para las relaciones entre los profesores, los alumnos y los contenidos de la enseñanza, como para la evaluación de todo el proceso de ense- ñanza y aprendizaje. Si es difícil cambiar la forma de enseñar, aún lo es más modi- ficar el sistema habitual utilizado para la evaluación. Por ello, la formación de los profesores para que dispongan de las competencias necesarias que les permitan in- corporar de forma natural las TIC en su práctica pedagógica, constituye la variable fundamental para garantizar el éxito del esfuerzo emprendido.

Conviene no olvidar que existen importantes diferencias entre los países iberoame- ricanos y los más desarrollados, pero también entre los propios países de la región e incluso dentro de cada país, como ya se apuntó en el capítulo anterior. Sin em- bargo, como concluye Guillermo Sunkel (2009), la presencia de ordenadores y co- nectividad en las escuelas está reduciendo la brecha digital que se observa en las sociedades latinoamericanas, lo que permite albergar esperanzas de que las TIC, junto con otro tipo de iniciativas sociales y educativas, aceleren el logro de las trans- formaciones necesarias en la educación de Iberoamérica.

La incorporación de las TIC a la educación exige pensar previamente cuáles son los objetivos y los retos de la educación, y determinar posteriormente de qué manera y en qué condiciones la presencia de estas tecnologías en las escuelas contribuye a su consecución. Lo primero, y más importante, es determinar el sentido de las TIC en la educación y cuál es el modelo pedagógico que las incluya y con el que se pueda contribuir de forma más directa a mejorar la calidad y la equidad educativa. Pero, como apunta Juan Carlos Tedesco:

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