• No results found

AUTOMATIC ESTIMATION OF OIL SEEP LOCATIONS IN SYNTHETIC APERTURE RADAR IMAGES

C. OBJECT CLASSIFICATION

La explicación psicológica inicial de la conducta humana estuvo centrada durante mucho tiempo en torno al instinto. El recurso era sencillo y sobre todo ahorraba toda clase de explicaciones ulteriores; el hombre hacía lo que hacía porque tenía un instinto para hacerlo. Al final, eran tantos los instintos como conductas posibles y la clave ins tintiva empezó a perder validez y fue sustituida por la motivación, La diferencia conceptual entre ambas expresiones no siempre ha sido clara. Por eso conviene establecer desde el principio algunas precisiones. En primer lugar, individuos diferentes pueden aprender diferentes maneras de satisfacer un motivo, mientras las conductas instintivas tienden a adoptar la misma forma en todos los individuos. Por otra parte, la conducta motivada implica expectativas y supone, por tanto, la presencia de un componente cognitivo, es decir, la anticipación del resultado que no está presente, o lo está en menor grado, en el caso del instinto. Además, la conducta motivada implica la emoción, mientras la conducta instintiva no supone este-componen te emocional. No se puede comparar, por tanto, la conducta instintiva con la conducta motivada. La conducta motivada está designando una clase de conducta más flexible, más cognitiva y seguramente más coloreada de sentimientos y emociones que la conducta que arranca de las raíces instintivas.

1.1. Teorías homeostáticas

Una de las hipótesis centrales de la motivación humana es la homeostática. La homeostasis representa las condiciones óptimas de equilibrio en el organismo. Según esta teoría, la conducta humana tiene su origen en una perturbación de la homeostasis y sigue operando hasta que la homeostasis se recupera. La conducta humana cumple, por tanto, desde esta perspectiva una función esencialmente reguladora con relación a la homeostasis. Una analogía adecuada para comprender esta función reguladora de la conducta es la del termostato. Cuando la temperatura desciende, este cambio es registrado por el termostato, que inicia la subida. Por el contrario, cuando la temperatura sube, el cambio queda registrado y se inicia el descenso.

La teoría de Hull es una buena versión de la hipótesis homeostática. Hull parte del concepto de necesidad, que es una perturbación de la homeostasis. El proceso de la motivación sería éste: necesidad-inipulso-conducta-reducción de la necesidad. Como la reducción de la necesidad es por sí misma reforzante, Hull explicaba de esta forma el aprendizaje de toda conducta y la naturaleza misma de la motivación. La clave estaba en la homeostasis, ya que la conducta arranca de la necesidad y la reducción de esta necesidad se convertía en una instancia motivadora. Luego comprobó que Se podía aprender el miedo, por ejemplo, sin relación a ninguna necesidad y que la motivación no era por tanto la reducción dé la necesidad, sino la reducción del impulso. La fórmula adecuada de conducta sería aquella en la que la variable del impulso (D) se combina con la variable del hábito (H = hábito, destreza, aprendizaje) del sujeto (E = D x H) para realizar la ejecución (E).

Como la relación entre impulso y hábito es multiplicativa, la fórmula tiene evidentes aplicaciones a la conducta humana, de forma que una persona con una buena preparación, pero sin ninguna motivación ó impulso, no rendirá, y lo mismo se puede decir cuando, teniendo una gran motivación, carece el sujeto, por el contrario, de una

preparación adecuada. El modelo predice que los sujetos con ansiedad elevada (impulso fuerte) lo harán mejor que los sujetos de poca ansiedad en tareas sencillas, pero lo harán peor en tareas complejas. La razón es que el impulso será favorable cuando, al activar la conducta, la respuesta correcta esté bien estabilizada y aprendida, y éste es el caso de las tareas sencillas, en las que la respuesta incorrecta es poco probable. En cambio, las tareas complejas, en las que la respuesta incorrecta es bastante probable, un impulso tuerte será desfavorable, pues el impulso energetiza la conducta inespecíficamente, y por tanto activará tanto las respuestas correctas como las incorrectas. Según Hull, los impulsos pueden ser inaprehendidos (impulsos primarios) y aprendidos (impulsos secundarios). Los impulsos primarios están basados en diversas necesidades biológicas, como la necesidad de comida o de agua. Los impulsos secundarios están basados en necesidades adquiridas, como la necesidad de status, logro, seguridad o poder. La evidencia experimental no siempre es consistente con la teoría de la reducción del impulso de HulL Es verdad que la teoría se cumple en algunas clases de motivaciones primarias que se mueven a través de mecanismos homeostáticos, pero hay algo más en la motivación que mera reducción del impulso, puesto que los organismos parece que buscan un nivel óptimo de activación en lugar de un nivel reducido. Por esta razón, Hull añadió la variable incentivo a las otras dos variables, con lo que el modelo contiene tres determinantes esenciales de la conducta: el hábito, el impulso y el incentivo (E = HxDxK).

También la teoría de Freud puede interpretarse dentro de la perspectiva homeostática, ya que para Freud la fuerza motivacional proviene de la tensión y de la organización de la conducta alrededor de la reducción de la tensión. Claro que Freud se sale de la línea de demarcación convencional al señalar que la motivación fundamental es inconsciente y está alimentada sobre todo por impulsos agresivos y sexuales. Freud destacó dos grandes categorías de fuerzas impulsivas: el eros, que incluía los instintos de perpetuación de la vida (sexo, supervivencia, obtención de comida...) y el táñalos, que incluía el deseo de muerte.

La teoría de Lewin, aunque se mueve dentro de una línea cognitiva y social, muy lejos por tanto del contexto biológico en el que se mueven los teóricos anteriores, tiene una cierta afinidad global con la corriente homeostática. La conducta para Lewin es una función de dos grandes variables, la persona y el ambiente. Su intención era construir una teoría de la motivación humana como distinta de la motivación animal por se aborda problemas tan específicamente humanos como el nivel de aspiración, la actividad sustitutiva o la retención de tareas o aprendizajes incompletos (efecto Zeigamik).

El nivel de aspiración, que es un regulador primordial de la actividad humana, hace referencia a la elección que hace una persona entre diversos niveles de dificultad. Para comprender la dinámica del nivel de aspiración de una persona, hay que tener en cuenta dos variables, la propia dificultad de la tarea y la probabilidad de éxito. Es evidente que cuanto más difícil es una tarea, mayor es su valencia hacia el éxito y menor es su valencia hacia el fracaso, es decir, el sujeto tendrá un gran éxito si triunfa y apenas se sentirá fracasado si falla. Pero también interviene él grado de probabilidad de éxito, ya que cuando percibe el éxito en una tarea como sumamente improbable, acabará eligiendo otra tarea cuyo éxito sea sensatamente probable, aunque la primera se siga valorando más que la segun- da. Dado que el nivel de aspiración funciona como un mecanismo regulador de la conducta humana con indudables consecuencias para el organismo, la mayoría de las personas aspira a un nivel ligeramente superior a su rendimiento anterior, pero no tanto que su consecución sea improbable.

De los resultados obtenidos en la investigación se pueden extraer algunas conclusiones interesantes para la vida. Está comprobado, por ejemplo, que la fijación de metas asequibles dentro de límites de eficacia y utilidad es un signo de equilibrio y estabilidad afectivo-emocional; los sujetos inadaptados suelen elegir niveles de aspiración desmesurados. Por otra parte, los sujetos que se proponen metas excesivamente elevadas tienden a subestimar su propia ejecución y se sienten inseguros, mientras que los que se proponen metas asequibles se sienten seguros y tienden a sobreestimar sus realizaciones. El éxito, por lo general, tiende a elevar el nivel de aspiración, mientras que el fracaso lo reduce. El nivel de aspiración resulta atemperado por el conocimiento de las propias capacidades y deficiencias, y es sensible al influjo de los factores socioculturales y las presiones del ambiente familiar, escolar o grupal.

1.2. Teorías del incentivo

La línea de interpretación homeostática de la motivación comenzó a declinar cuando algunos psicólogos llegaron a demostrar que había otras motivaciones primarias distintas de los impulsos homeostáticos, restauradores del equilibrio, como, por ejemplo, el impulso exploratorio. (Harlow, concretamente, comprobó que los monos preferían la exploración del ambiente a la satisfacción de las propias necesidades). Pero lo que desplazó comple tamente la interpretación homeostática fue la comprobación de Young de la existencia de preferencias de comida que no estaban basadas en la homeostasis. La teoría de Young es, en el fondo, una formulación explícita de una vieja concepción de la conducta, a saber, que los incentivos determinan la activación afectiva y ésta determina la

conducta y el aprendizaje. Se trata de la hipótesis hedonista, que tiene sus raíces en el epicureismo y se hace presente, dentro del marco de la psicología, en Thomdike, Skinner y Me Clelland.

Al describir el aprendizaje instrumental de Thorndike, ya se indicó que el animal aprendía una respuesta que era instrumento para conseguir la comida, y de los resultados de ese aprendizaje dedujo la famosa ley del efecto, en la que señala que «de las respuestas dadas a una situación, aquellas que van acompañadas o seguidas por un estado satisfactorio fortalecen sus lazos con esa situación, de manera que, cuando la situación vuelve a aparecer, es mas probable que esas respuestas también aparezcan». Skinner redefinió la ley del efecto como la ley del refuerzo, afirmando que las consecuencias que tiene una conducta determinan la frecuencia con que esa conducta se produce.

Me Clelland, dentro de la misma línea del incentivo, y siguiendo el marco conceptual de Lewin, se ha centrado en la motivación de logro que define como «el deseo de alcanzar el éxito». Esta interpretación motivacional ha seguido dos orientaciones bien distintas. Me Clelland ha estudiado la motivación de logro desde una perspectiva social, analizando el origen social de los motivos y sus consecuencias. En este sentido se considera el motivo de logro como la causa principal del desarrollo y del progreso económico de los pueblos. Atkinson, en cambio, se ha interesado más por el desarrollo teórico del concepto de motivación.

La teoría contempla dos situaciones según la tendencia del sujeto sea a lograr el éxito o a evitar el fracaso. El enunciado general de la situación de éxito es ésta: la tendencia al éxito es una función multiplicativa entre la motivación de éxito, la probabilidad de éxito y el incentivo de éxito. Hay que tener en cuenta que la motivación de éxito es constante en cada sujeto y se mide a través de instrumentos científicos (cuestionarios o el T. A. T*).

Improbabilidad de éxito depende del grado de dificultad, de manera que/cuando ésta es muy alta, la probabilidad de éxito es lógicamente muy pequeña. El valor de incentivo también está en relación con el grado de probabilidad del éxito. De aquí se deduce que la tendencia al éxito es más fuerte cuando la tarea es de dificultad intermedia/y si la dificultad de la tarea se mantiene constante, la tendencia al éxito es mayor cuando la motivación de éxito es también fuerte. De forma semejante, la tendencia a evitar el fracaso es una función multiplicativa entre el moti vo a evitar el fracaso, la probabilidad de evitar el fracaso y el incentivo negativo de fracaso. De donde se deduce/como en la situación anterior, que la tendencia a evitar el fracaso es más fuerte cuando la tarea es de dificultad intermedia. Ahora bien, puede haber conflicto entre la tendencia a lograr el éxito y la tendencia a evitar el fracaso. En este caso, el conflicto se resuelve algebraicamente (Te + Tf), y como la tendencia a evitar el fracaso es siempre negativa, la tendencia resultante al éxito se ve debilitada por la tendencia de evitación asociada con la ansiedad en torno al fra- casó. Así, cuando el motivo de una persona a lograr el éxito es más fuerte que el motivo a evitar el fraca so (Me > que Maf), la tendencia resultante es positiva y más fuerte cuando la probabilidad de éxito es 0,50 (o sea, de mediana dificultad). Las personas de estas características son realistas y eligen tareas o carreras de dificultad media, ya que si eligen una tarea muy fácil, aunque la probabilidad de éxito es muy grande, el incentivo es muy pequeño, y si eligen una tarea muy difícil, la probabilidad de éxito es muy pequeña.

En segundo lugar, cuando los dos motivos son igualmente fuertes (Me > Maf), la tendencia resultante es O en todos los niveles de dificultad y no se puede predecir nada sobre esa persona. Por último, cuando el motivo de una persona a evitar el fracaso es más fuerte que el motivo a lograr éxito (Maf > que Me), la tendencia resultante es negativa y más fuerte cuando la probabilidad de éxito es de 0,50 (dificultad mediana). En este caso no existen las actividades relacionadas con el logro. Las personas de estas características tienen la mayor dificultad en tareas o carreras de mediana dificultad.

Una de las fuentes de la motivación de logro o deseo de éxito está en las relaciones de los padres con los hijos. Algunos niños desarrollan una intensa necesidad de logro y otros no. Ahora bien, como uno de los determinantes de esa necesidad es el orden de nacimiento dentro de la familia, los psicólogos han estudiado ampliamente las repercusiones que tiene el orden de nacimiento. Es bien sabido que el primogénito o hijo único constituye un verdadero problema para los nuevos padres que tienen-que aprender a tratar a los niños, y por lo mismo se muestran bastante inseguros en el nuevo papel que tienen que asumir. Esta es la razón por la que establecen en un principio reglas relativamente rígidas para educar y disciplinar al primogénito. El resultado es un elevado nivel de desarrollo de conciencia, una fuerte dependencia de las normas del adulto y grandes expectativas de logró.

Como todos estos rasgos son premiados por el sistema educativo, los primogénitos suelen tener éxito en la escuela y consiguen con facilidad la aprobación de los profesores que refuerzan estas características personales.

El panorama cambia cuando llega el segundo hijo. En este caso, los padres están ya preparados y se consideran expertos en la materia, lo que les permite interactuar de forma más relajada y efectiva. Las expectativas de los padres sobre el hijo segundo son más realistas y consiguientemente menos exigentes y más permisivas que con el primogénito. Hay prácticamente unanimidad entre los especialistas en afirmar que los primogénitos están sobre- representados entre los científicos, escritores, historiadores, etc., eminentes. En realidad, la dependencia del primogénito de la aprobación adulta y del grupo que admira le sirve para adaptarse al mundo en el que vivimos. Sin embargo, su gran ambición y la necesidad de aprobación no parecen hacerle una persona especialmente amable,

1.3. Teorías cognitivas

Una de las hipótesis cognitivas más desarrolla* das e influyentes, sin olvidar los antecedentes de Tolman, es la de Festinger, llamada disonancia cognitiva. El concepto de disonancia alude a la discrepancia entre lo percibido y lo esperado, o entre perceptos y conceptos. La disonancia provoca un estado de tensión de carácter motivacional y motiva como motiva el hambre. Si uno es buen jugador y logra buenos resultados, los dos elementos resultan coherentes; pero ser buen jugador y obtener malos resultados puede provocar la disonancia. La teoría de la disonancia se centra en torno a la idea de que si una persona conoce varias cosas que no son psico lógicamente consecuentes una con otra, tratará de hacerlas más consecuentes. La definición más simple de disonancia, dice Festinger, puede darse en función de las expectativas de una persona. Cuando no se realiza una de estas expectativas, ocurre la disonancia.

El grado de disonancia generada está en función de la importancia de los elementos y la proporción entre los conocimientos disonantes y los consonantes. Se produce disonancia, por ejemplo, cuando una persona sabe que fumar es malo para la salud, pero continúa fumando. La disonancia se puede resolver pensando: que disfruta tanto al fumar, que merece la pena; que la suerte de su salud no es tan seria como algunos piensan; que no puede evitar toda posible contingencia, y vivir; y que si dejara de fumar, ganaría peso, y esto es igualmente malo para la salud. De esta forma, seguir fumando seguiría siendo consistente con sus ideas acerca del tabaco. Hay comprobación experimental de esta disonancia en áreas relacionadas con las situaciones de hambre, castigo, compras y comportamiento social.

Todas las personas se ven obligadas a tomar decisiones importantes en la vida. Cuando una persona ha examinado ponderadamente dos alternativas razonablemente atractivas y luego elige una de ellas, la información que posee sobre los aspectos atractivos de la alternativa rechazada y los posibles aspectos no atractivos de la alternativa elegida son ahora disonantes con la decisión tomada. La reducción de la disonancia vendrá por la consideración de que los rasgos atractivos de la alternativa rechazada no son realmente tan atractivos como origi- nalmente habían parecido y de que los rasgos no atractivos de la alternativa elegida no son inatractivos. También puede justificarse la decisión tomada exagerando los rasgos atractivos de la alternativa elegida y los inatractivos de la alternativa rechazada. Heider ha sido el más certero al señalar la tendencia de los seres humanos a hacer atribuciones sobre la causalidad, es decir, descubrir las causas personales o ambientales de los sucesos que nos ocurren. A partir de esta idea, se ha generado una serie de teorías que pretenden explicar la motivación de la conducta humana. Así, por ejemplo, Wei- ner ha tratado de identificar las causas del comportamiento y las semejanzas y diferencias entre ellas, o sea, las dimensiones esenciales de las mismas. Estas dimensiones son fundamentalmente tres: a) el loctts o lugar de las causas, que puede ser interno o externo al sujeto; b) la estabilidad (causas estables o inestables a través de las situaciones), ye) la conrtrolabilidad (controlables o incontrolables por el sujeto).

El locus está evidentemente relacionado con la idea que tenemos de nosotros mismos, de manera que, cuando atribuimos el éxito en un examen a algún factor interno (capacidad), se eleva nuestra estima, y cuando atribuimos el fracaso a factores internos (incapacidad), nuestra autoestima se rebaja. La estabilidad está relacionada con las

expectativas, hasta el punto de que la atribución del éxito a la capacidad genera buenas expectativas de cara al futuro/pero la atribución del fracaso a la incapacidad desencadena expectativas desfavorables para el porvenir. La controlabilidad se relaciona, por último, con los sentimientos personales, ya que la atribución del fracaso a la falta de esfuerzo provoca sentimientos de culpa, aunque permite abrigar buenas expectativas de cara al futuro.

Este enfoque ofrece grandes perspectivas respecto a la intervención tanto en la conducta en general como en el campo educativo, ya que cuando se inducen por parte del experimentador atribuciones a la falta de esfuerzo, por ejemplo, o a la utilización de una inadecuada estrategia mental, como se trata de factores inestables y controlables, se acentúa la persistencia hacia la meta y se aumenta la ejecución respecto a situaciones anteriores.

1.4. Hipótesis humanistas

Este grupo de hipótesis representa una variación moderna de la vieja tradición filosófica según la cual el hombre es