La tendencia decimonónica de emplazamiento de los equipamientos culturales, ha sido coherente con el valor jerárquico que, para el caso de los museos, las políticas han manejado en el modelo europeo-americano. En este sentido es recurrente la ubicación de los museos en áreas centrales de las ciudades y poblados, formando parte de los circuitos de valor simbólico, tanto en lo que se refiere a instituciones de divulgación histórica como científica o educativa. Este valor simbólico que el museo de por sí arrastra desde sus inicios como establecimiento de carácter público y de alcance popular, ha sido en las últimas décadas un recurso utilizado para re valorizar ex profeso, sectores periféricos de los centros urbanos, con el fin de servir de motivación para el nuevo desarrollo de esa áreas deprimidas, saliendo de los ejes de centralidad tradicionales y llegando en algunos casos a constituir en sí mismos edificios de tal impacto que logran ese objetivo a nivel de una ciudad entera. Esta tendencia es acompañada generalmente por un manejo formal de los edificios como grandes objetos significativos, estableciendo incluso , en ciertos casos paradigmáticos, la condición de una elección de autores en función de una búsqueda consciente de una arquitectura de autor reconocible y apreciable como valor en sí mismo y como elemento de alhajamiento de una ciudad. Tal es el caso del ejemplo de Bilbao, con su Museo Guggenheim, que forma parte hoy de la iconografía que representa una ciudad que previamente no contaba con un elemento de referencia tan contundente, ni geográfico, ni arquitectónico, y que hoy constituye un elemento básico en sus estrategias de promoción para el desarrollo del turismo, dotando a su vez a la ciudad de un referente, en este caso de la exposición de arte contemporáneo, a nivel mundial.
Se contrapone a esta tendencia de cierta manera, toda una corriente de pensamiento intelectual posmoderno que parte de la revalorización de la ciudad y sus características particulares como planta urbana y enfoca el esfuerzo en la recuperación de la arquitectura patrimonial histórica existente y su integración a la ciudad contemporánea, dialogando entre tipologías y lenguajes morfológicos de nueva y vieja planta. Esta tendencia continúa en pleno desarrollo y en el campo del emplazamiento de instituciones culturales como los museos, logra también impactos, eficaces y beneficiosos, tanto en el relacionamiento con la ciudad que lo alberga, como también en el poder de difusión y comunicación de los contenidos de los museos.
“La definición de requerimientos para la localización y el emplazamiento de un museo puede partir de fuentes documentales, sobre todo para el casos de los museos históricos, también validando dichos resultados a partir del estudio de ejemplos internacionales, la exploración preliminar de posibles zonas, edificios y terrenos para su inserción, el estudio de macro -localización y de micro-localización comparando el comportamiento de variables definidas previamente, y la comprobación y validación de los resultados con las disponibilidades urbanas, condicionamientos, políticos, legales y de presupuesto
Estudios recientes sobre el papel que juegan los bienes culturales dentro del desarrollo de los territorios han demostrando entre otros, los valores estéticos, cognitivos, identitarios, económicos y simbólicos, que otorgan los mismos a la localidad e incluso al barrio, donde se ubican. Los museos sea cual sea su escala, tienen un potencial como entes dinamizadores, y son instrumentos con posibilidades para propiciar un destacado intercambio con la comunidad. También el impacto visual y sobre todo económico que pueden tener dentro de la ciudad, conforman parte de esos hitos urbanos identificables por la población, los cuales favorecen la rehabilitación y el desarrollo de los territorios donde se
ubican . Este es el efecto impulsor urbano que ha sido reconocido como "efecto Guggenheim", atendiendo al impacto ocasionado por la inserción de la sede de dicho museo en Bilbao.
Un museo puede estar ubicado en áreas urbanas, rurales o en un sitio relacionado directamente con la colección del mismo. Sin embargo, atendiendo a las propias necesidades de conexión con el público particularmente interesado en la exposición o la temática que le museo proponga, a la proyección social y comunitaria que caracteriza la actividad de los museos en la actualidad y su representatividad como "símbolo de prestigio que identifica a la vida metropolitana y urbana" parece un precepto recomendable la localización de los museos área urbana, tomándose este requisito como un primer punto de partida para la investigación.
Manfred Lehmbruck propone ciertas recomendaciones en relación con la inserción de esta tipología arquitectónica a la escala de la ciudad. de estas recomendaciones se desprende la importancia de estudiar las principales zonas urbanas con potencialidades para acoger el museo que se pretende desarrollar, para posteriormente llevar a cabo un estudio comparativo entre las diferentes zonas con el fin de determinar el área, y posteriormente el solar o edificio, que cuenta con mejores condiciones para el desarrollo del museo y consecuentemente, de la propia ciudad. El proceso podría ordenarse según etapas, tales como la definición de las tendencias de desarrollo de la ciudad y su evolución a partir de la consulta de documentos, normativas y de la entrevista con expertos. La definición de los principales requerimientos para la localización y el emplazamiento de un museo a partir de recomendaciones dadas en las fuentes documentales nacionales e internacionales de consulta. Una validación y jerarquización de los requerimientos obtenidos previamente para la ubicación y el emplazamiento de un museo, a partir del análisis de ejemplos internacionales. Exploración preliminar de posibles zonas, terrenos y locales, para
la inserción del museo, estudiando la macrolocalización y la microlocalización de las zonas y terrenos derivados del estudio a partir de la comparación del comportamiento de las variables definidas.”104
La ubicación óptima de un museo, en la práctica, será siempre un compromiso. Cuando se trata de elegir un lugar, es imposible tomar en cuenta todos los datos existentes; por lo que se puede afirmar que no hay probabilidades objetivas para poder tomar decisiones sobre la ubicación y que siempre se tienen incertidumbres. Dada la importancia que la elección del sitio del museo tiene para el futuro del mismo, se puede hablar de que ésta una verdadera decisión de gestión.