Inmediatamente después de su establecimiento en Nueva Orleans, Oswald comenzó a realizar actividades públicas que lo evidenciaban como un “ardiente simpatizante” de la Revolución Cubana. Como parte de este plan, trató, infructuosamente, de vincularse a la organización Fair Play for Cuba Committee.38 Durante el mes de mayo de 1963, le escribió
a Vincent T. Lee, entonces director nacional de dicha organización, y le solicitó abrir una filial en Nueva Orleans. A pesar de no haber recibido el consentimiento, imprimió volantes en nombre de la organización con los timbres de L. H. Oswald 4907 Magazine Street, A. J. Hidel, P.O. Box 30016 y Camp Street 544.
En las cartas escritas a Lee, Oswald expresó su intención de alquilar una oficina. Al no recibir una respuesta afirmativa le escribió nuevamente y le dijo “que había alquilado una pequeña habitación”.
En junio de 1963 solicitó otro pasaporte norteamericano con la intención, según expresó en carta a la agencia gubernamental correspondiente, de viajar a Europa Occidental, la Unión Soviética, Finlandia y Polonia. La Oficina de Pasaportes aprobó su solicitud al día siguiente.
A finales de junio o principios de julio, Oswald le planteó a su esposa, Marina, que deseaba regresar a la Unión Soviética porque nada lo retenía en los Estados Unidos. Como resultado de esa conversación, Marina escribió a la Embajada soviética en Washington y refirió una solicitud realizada por ella el 7 de febrero de ese año en la que solicitaba permiso de regreso para ella y su hija, y donde especificaba que Oswald tenía que quedarse en los Estados Unidos (aunque, según Marina, ella había obrado a instancias de su marido). En un segundo escrito, de julio de 1963, Marina le expresó a la Embajada soviética que sus cosas marchaban mejor, pues su marido deseaba regresar a la Unión Soviética. Lo que no
sabía Marina era que Oswald había adjuntado una nota a la carta, en la cual solicitaba a la Embajada rapidez en el visado de su esposa, y añadía: “en cuanto a mi visado de regreso, les ruego lo consideren como visado separado del de mi esposa”.
Oswald continuó presionando al presidente del Fair Play for Cuba Committee y para llamar su atención mintió deliberadamente sobre la magnitud de su activismo en favor de dicha organización e incluso sobre el hecho de que era perseguido por esto. El primero de agosto escribió una larga carta a Vincent T. Lee en la que le expuso, entre otras cuestiones “que la oficina alquilada por él para local del Comité había sido cerrada de repente, tres días después por razones oscuras: los dueños hablaron de reformas, etc., Usted comprenderá que, desde luego... se distribuyeron millares de circulares y constantemente recibía consultas por el apartado de correos... estaba solo en sus esfuerzos, pero la carencia de simpatías de su movimiento en Nueva Orleans era debida a un ataque efectuado por unos exiliados cubanos durante una manifestación pública y al haber sido advertido oficialmente por la Policía...”
El 9 de agosto, se produjo el incidente entre Oswald y los exiliados cubanos Carlos Bringuier y Celso Hernández, quienes “sorprendieron” a Oswald repartiendo panfletos en favor de Cuba y sostuvieron un altercado público en el que intervino la policía y los detuvo a todos. Sólo Oswald resultó multado. La imposición fue pagada por su tío, persona vinculada a Carlo Marcello, jefe de la Mafia en esa ciudad. Es interesante apuntar cómo Oswald se refirió a ese incidente en su carta a V. T. Lee, del primero de agosto, ocho días antes de que ocurriera.
Unos días más tarde, el periodista William Stuckey, de la emisora WDSU de la ciudad, entrevistó a Oswald sobre el incidente y le propuso un debate público con Carlos Bringuier el 21 de agosto. En él, Oswald se declaró marxista convencido y simpatizante de Cuba. Como detalle significativo debe apuntarse que el moderador de ese programa era Edward Butler, director ejecutivo del Consejo de Información de las Américas, quien fue el que desenmascaró a Oswald como antiguo desertor a la Unión Soviética. El día 26, Butler entregó al FBI la grabación del debate.
Por su parte, Carlos Bringuier orientó al también exiliado cubano Carlos Quiroga que visitara a Oswald y profundizara en las actividades que realizaba. Quiroga era miembro del Directorio Revolucionario Estudiantil y, según los archivos cubanos, pertenecía a la Sección de Inteligencia de la citada organización.
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Después de tales actividades, Oswald o sus manipuladores documen- taron su filiación “castrista”, las relaciones con una organización de ese corte, los nexos con el Partido Comunista norteamericano y, sobre todo, quedó grabada para su momento, la declaración de “marxista convencido” realizada por Oswald y sus simpatías por la Cuba revolucionaria.
Marina Oswald declaró ante la Comisión Warren que, entre los días 21 de agosto y 17 de septiembre, su esposo pasaba la mayor parte del tiempo leyendo y haciendo prácticas con un fusil. Los investigadores de la Cámara de Representantes afirmaron que Oswald pasó inadvertido en Nueva Orleans. Sin embargo, en ese mismo período hay evidencias sobre apariciones públicas de Oswald en Clinton, Louisiana, con dos sospechosos de ser agentes de la CIA, Clay Shaw y David Ferrie.
En el otoño de 1975, durante una entrevista al periodista norte- americano Dan Rather, de la cadena Columbia Broadcasting System (CBS), Robert McKeown, contrabandista de armas, conocido de Jack Ruby, residente en una población cercana a Dallas, expresó que “en el otoño de 1963, Oswald visitó su casa en compañía de un cubano de apellido Hernández, al cual conocía desde su época en La Habana”. La visita consistía, según McKeown, en proponerle la compra de dos fusiles Savage- 300 con miras telescópicas.
A mediados de septiembre de 1963, Oswald apareció públicamente en el Consulado de México en Nueva Orleáns, donde solicitó una visa de turista para visitar ese país.
De Nueva Orleans marchó a Dallas y allí realizó un grupo de reuniones. El “incidente Silvia Odio”, como denominó la Comisión Warren a este episodio, ocurrió a fines de septiembre de 1963, cuando una noche Silvia Odio recibió en su casa de Dallas la visita de dos latinos (o cubanos) acompañados por un norteamericano. Según le dijeron los dos latinos, este último se llamaba “León Oswald”. Los visitantes intentaron que ella colaborara en la confección de cartas a comerciantes locales para recabar ayuda económica para la Junta Revolucionaria en el Exilio (JURE), dirigida por Manuel Ray Rivero. Según Silvia Odio, los dos latinos dijeron nombrarse “Leopoldo” y “Angelo”. Después de
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intentar convencerla para los propósitos mencionados, “Leopoldo” la telefoneó al día siguiente para decirle que Oswald era un excelente tirador y que había dicho “que los cubanos no tenían agallas, porque el presidente Kennedy tenía que haber sido asesinado después de lo de Bahía de Cochinos, y que eso tendrían que haberlo hecho los cubanos, porque él (Kennedy) era quien impedía realmente la liberación de Cuba”.
Después de ocurrido el crimen, Silvia Odio y su hermana, Annie, identificaron plenamente a Oswald como la persona que las visitó en compañía de los dos latinos.
Ninguno de estos sujetos fue identificado por el FBI, a pesar de que Silvia Odio brindó descripciones detalladas sobre cada uno de ellos.
Tampoco se intentó esclarecer por qué dentro de tantas organizaciones “anticastristas”, los visitantes de Silvia Odio aludieron al JURE. El único argumento utilizado fue que su padre estaba preso en Cuba por pertenecer al grupo de Ray; sin embargo, no se aclaró que éste no era, en 1961, fecha de su detención, miembro del JURE, sino del Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), otro movimiento que había fundado Ray en Cuba y del cual sus compañeros, por influencias de la CIA, lo habían destituido y expulsado.
No se explica tampoco que asesores de Kennedy, después de mayo de 1963, cuando rompieron con el Consejo Revolucionario Cubano (CRC), apadrinado por la CIA y la Mafia, habían establecido ciertos vínculos con Ray y su grupo, teniendo en cuenta precisamente que las posiciones socialdemócratas de éste le brindaban una imagen más liberal que la de los ultraconservadores de Miami.
Ante las evidencias conocidas suponemos, con cierta lógica, que el contacto Odio-Oswald, innecesario para la consumación del asesinato, tuvo que tener propósitos concretos y no había sido un hecho casual. Probablemente, hayan sido:
1. Demostrar a Oswald que había ciertos grupos “anticastristas” que en realidad no lo eran y servían de pantalla para la Inteligencia cubana. 2. Fabricar evidencias sobre una conexión “castrista” en un complot contra la vida de Kennedy.
3. Involucrar al JURE y a su jefe en el complot de asesinato. Ray, acusado de comunista por el CRC y la CIA, podía aparecer implicado en una investigación sobre el hecho, como consecuencia de la declaración de Silvia Odio, quien mencionaría seguramente que hombres del grupo de éste la fueron a visitar en compañía de Oswald, al que sin dudas reconocería.
Todo esto hace suponer que en el “incidente Silvia Odio” se encuentra una de las claves del magnicidio. Conocer quiénes fueron los participantes y, sobre todo, cuáles fueron los motivos verdaderos, pudiera ser vital para investigaciones futuras.