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Annamaria Viterbo

OBLIGATIONS/COMMITMENTS

Amor Ruibal se muestra muy consciente de la tensión entre univocidad y equivocidad en los predicados acerca de Dios. Pronto advierte que, mien- tras el conocimiento opere a un solo nivel, el de las ideas o conceptos, resulta imposible una solución coherente, pues la idea es ya siempre fruto de la elaboración consciente y consta, por tanto, de una extensión (objetos a los que se aplica) y una intensión (significado definido) determinadas. Por eso es preciso ahondar en la estructura cognoscitiva, poniendo al des-

5. VI, 636-637 (cf. nota siguiente).

6. Los problemas fundamentales de la filosofía y el dogma, 10 vols. (VII-X póstu- mos), Santiago de compostela, 1914 ss. Ahora existe una nueva edición en curso, de la que han aparecido 5 volúmenes (I-II, Madrid, 1971, p. 197; III-V, Santiago de composte- la, 1993-1999). citaré arriba en el texto, siguiendo la primera edición (tomo, en números romanos y página, en arábigos), pero la consulta de la segunda es siempre posible, puesto que reproduce la numeración original de los párrafos. Se ha publicado también otro tomo acerca del problema de Dios: Cuatro manuscritos inéditos, Madrid, 1964, y quedan toda- vía muchos inéditos, algunos que afectan directamente a nuestro problema.

7. Para todo lo que sigue me apoyaré principalmente en A. Torres Queiruga, Cons- titución y evolución del dogma. La teoría de Amor Ruibal y su aportación, Madrid, 1977; Noción, religación trascendencia. O coñecemento de Deus en Amor Ruibal e Xavier Zubiri, A coruña, 1990.

cubierto la existencia de una distinción fundamental en dos niveles: el de la «noción» y el de la «idea» o concepto.

Pero es precisa una advertencia acerca del vocabulario (que es, por ejemplo, en cierto modo contrario al de John Henry newman): noción alude al carácter elemental, concreto e indeterminado de mera «notifi- cación», de presencia fáctica: pertenece al orden de la «posición» (Kant) y no al de la representación; concepto o idea (usados indistintamente) remiten, en cambio, al significado normal de conocimiento abstracto y lógicamente definido.

Amor Ruibal elaboró esta concepción sobre todo a propósito de la noción de ser. De ella dice que es «pre-consciente»: algo «que se impone de hecho» (IX, 19), con anterioridad a toda actividad personal. Por eso en su significación «falta en ab soluto la nota de comprehensión definida y no existe tampoco determinación extensiva que fije límites a su conte- nido» (IX, 20), es algo «que jamás entendería mos de no advertirlo; que jamás intentaríamos definir sin suponerlo conoci do; que jamás podre- mos describir sin hacer entrar en la descripción lo descri to» (VIII, 381). Se trata de una «forma inmediata que se impone al cognoscente co mo principio de actuación subjetiva en el mundo objetivo, con anterioridad a todas las determinaciones concretas en los seres, para poder luego co- nocer estos en sus gradaciones» (IX, 20).

como se ve, se trata de un modo cognoscitivo muy peculiar, que es previo a todo conocimiento concreto por ideas. En los inéditos se aprecia la lucha del autor por definir su estatuto específico, y, aunque no lo ha lo- grado del todo, queda claro lo fundamental. Se trata de un conocimiento atemático, que no es representación, pero que va incluido en toda repre- sentación o, como él mismo dice, está presente «simplemente como hecho

envuelto en el acto de conocer» (IX, 8)8. (En realidad, se trata de algo muy

afín a lo pre-consciente y pre-predicativo de muchos análisis fenomenoló- gicos y más hondo todavía que la radicación en el Lebenswelt).

Para la fundamentación, el autor acude a la «relatividad de naturale- za», es decir, a aquel momento de continuidad en lo real por el que todo ser está en unión y participación con todos los demás, formando un úni- co mundo. como es natural, de esa relatividad participa también el ser humano. Por eso Amor Ruibal puede afirmar que el conocer es «una con- tinuación del ser en una forma nueva» (VIII, 237); de suerte que «su co- nexión con lo real está hecha por sí, aunque condicionada por la exis- tencia individual, como acontece en todos los seres, donde la naturaleza ejerce sus múltiples funciones, que solo se hacen reales a través del in- dividuo» (VIII, 224). Lo nocional consiste, justamente, en la presencia cognoscitiva de este hecho; pero una presencia que está implícita y solo

resulta individuable a posteriori por un acto de reflexión, pues «la con- ciencia no acusa jamás la realización primera del contacto entre el cono- cer y el objeto conocido, sino el hecho ya realizado» (VIII, 223).

Aun sin entrar en más detalles, se comprende la enorme flexibili- dad de esta estructura a doble nivel: en el nivel profundo, lo nocional es lo común que funda la unidad del significado; en un segundo nivel, la idea, apoyada en él, puede introducir la diferencia de la analogía, li- brándose de la univocidad sin caer en la equivocidad. Por eso, aunque en un primer momento Amor Ruibal llega a calificar de «unívoco» (IX, 249-252; IX, 362-365) lo nocional y nunca ocultó una clara simpatía por las posturas de Escoto, comprende que la analogía debe situarse en el segundo nivel, en el de la idea:

Puesto que la representación nocional no es idea y se diferencia intrínseca- mente de esta, no es posible referir a ella ni la univocidad ni la analogía, que exigen siempre por su condición un tipo fijo ideal que se compara a otro, y cuya relación se establece. Las nociones no pueden ser análogas ni unívo- cas; son simplemente de un contenido único, al cual no podrán sobrevenir variedades que lo diversifiquen por adición, sino por in tensión entitativa y significativa (IX, 21).

Unidad, pues, en la diferencia; pero no como dos conocimientos aisla- dos o separados, sino como tensión dinámica que dentro de la idea logra mantener una identidad fundamental del significado —nivel nocional— sin negar la diferencia en su atribución conceptual concreta. Esta distin- ción de niveles, que el autor echa de menos en los tratamientos tradicio- nales, es la que confiere verdadero significado a la analogía:

Toda analogía, pues, para que tenga significación, ha de expresar algo cog- noscible común a los seres análogos, sobre lo cual reposa la relación que se establece, y algo que diversifica dichos seres en grado suficiente para que la realidad concreta de uno no pueda enunciarse del otro sino de un modo proporcional (Inédito).