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Dentro de la propuesta planteada por la maestría en psicología clínica y de la familia, este sistema teórico busca brindar comprensiones acerca de las nociones y conceptos tanto epistemológicos como teóricos que permitan entender nuestra visión del problema y la forma en cómo se llevará a cabo la investigación. El texto se encuentra dividido en dos grandes partes, en la primera se describen los principios epistemológicos y en la segunda, se encuentran los conceptos teóricos que ayudan a comprender el desarrollo de la misma.

En relación a los principios epistemológicos encontramos las nociones de complejidad, constructivismo, construccionismo y la teoría de los sistemas con base al modelo ecológico de Bronfenbrenner; y como ejes teóricos se retoma, el funcionamiento familiar -desde la estructura, la dinámica y la evolución-, los vínculos, la salud mental, la memoria y narrativa conversacional, el continuo entre vulnerabilidad y generatividad -desde los contextos psicopatológicos y las capacidades de las familias-; así como la construcción del arte como estrategia de cambio partiendo de la definición de este último -desde los enfoques sistémico, ecológico y complejo-, para comprender las transformaciones que surgen durante un proceso terapéutico en una familia que ha vivenciado acontecimientos del CAC siendo el arte un mediador entre la experiencia vivida y la narrada.

Principios epistemológicos

Para comprender las dificultades que se gestan en la interacción familiar enmarcada desde lo colectivo y contextos amplios, se hace pertinente abordar, el fenómeno de las familias que vivencian el CAC y presentan una demanda de ayuda frente a un malestar en su salud mental, desde la complejidad, puesto que esta nos brinda la oportunidad de crear mundos posibles que nos permiten adaptarnos y enfrentar el contexto del cual hacemos parte.

No existe una clara definición de la complejidad, puesto que uno de sus principios fundamentales es que estas ciencias no brindan una única respuesta sino que aportan una pluralidad de respuestas (Maldonado & Gómez, 2011), lo que nos conduce a encontrar como la familia en particular a vivenciado dicho CAC, así como lo ha afrontado y los cambios que esto le ha implicado en términos de su funcionamiento familiar, en tanto para Maldonado & Gómez (2011) las ciencias de la complejidad se definen como los “ámbitos en donde suceden imprecisiones, vacíos, incertidumbres, no-linealidades, sorpresas, fluctuaciones y cascadas de fallas” (Maldonado & Gómez, 2011, p. 14).

Comprendiendo que la situación de estas familias no se entiende como catastrófica ni tampoco como complicada (Rosnay, 1995), sino como un compendio de relaciones y conexiones propias de las situaciones familiares y del contexto del cual provienen y al que migran, en tanto no puede ser entendida simple y solamente por la explicación de sus partes ni la relación entre las mismas; sino por la cantidad de elementos que lo componen y la “naturaleza de la interacciones entre esos elementos, el número y la variedad de las conexiones que unen estos elementos entre sí” (Rosnay, 1995, p. 36).

El impacto que deja el Conflicto Armado Colombiano en los miembros, como en las familias, que lo vivencian (tanto directa como indirectamente) es diverso y doloroso, que pueden

afectar las diferentes áreas del ser humano, haciendo necesario identificar las posibles combinaciones que existen entre los elementos que hacen parte de dicho fenómeno junto a sus relaciones con otros organismos, el contexto sociocultural del cual provienen y al cual deben enfrentarse (Rodríguez & Serna, 2015).

En este proceso de enfrentarse a nuevos espacios, la incertidumbre se convierte en ese principio de-constructor del contexto que lo mantiene, en tanto el sistema es la construcción de una realidad social por actores sociales, que se dinamiza en las conversaciones de sus participantes y es plasmado no solo en sus relatos sino también en las definiciones y narrativas en relación a los dilemas humanos (Estupiñán, 2003). Es entonces que en dicha construcción social de la realidad se concibe a estas personas y familias como sujetos activos que a su vez son capaces de transformar, deconstruir y construir explicaciones posibles sobre sí, acerca del mundo y de las experiencias por las cuales se han visto forzados a atravesar (Alpízar & Bernal, 2003).

En el entendido que las familias y sus miembros, que han vivenciado acontecimientos del CAC, son sujetos activos, se entiende desde el constructivismo que estas presentan un desarrollo cognitivo de sus representaciones de sus construcciones del mundo dando espacio así al pensamiento individual, personal y libre del individuo. Por lo que, desde la individualidad de estos sujetos lo particular se encuentra ligado a sus percepciones, experiencias y estructuras mentales (Agudelo & Estrada, 2012).

Las personas bajo el proceso de adaptarse al nuevo contexto en el cual se encuentran, sus experiencias vividas y conocimientos previos generan una participación activa en las comprensiones del mundo en el cual se encuentran inmersos, como lo menciona Mahoney (1988; citado por Feixas & Villegas, 2000) desde su primer principio, la experiencia humana, los procesos de adaptación y el conocimiento se caracterizan por una participación activa de la

persona o de la colectividad en el proceso de construcción de su mundo.

Otro principio, es el desarrollo auto-organizativo o autopoiético, en donde los sistemas humanos se organizan a sí mismos, auto protegiéndose y preservando su integridad. Adquiriendo las personas y las familias impactadas por el CAC esa capacidad para reorganizarse en los nuevos espacios en los cuales se encuentran inmersos. Por medio de procesos adaptativos en los que se permiten adaptarse a las nuevas circunstancias y construir mecanismos de defensa y protección. Logrando modificar su funcionamiento para adaptarse al contexto al cual migran, posibilitando un mayor nivel de complejidad que potencian la posibilidad de sobrevivir (Dabas 1993, Dabas y Perrone, 2006). Por lo que, el terapeuta tiene como tarea identificar las estructuras y procesos mediante los cuales las personas construyen su existencia cotidiana, para que desde sus representaciones del mundo logren identificar sus capacidades para continuar encontrando bifurcaciones a pesar de las adversidades (Mahoney 1988; Feixas & Villegas, 2000).

La familia y sus miembros entendidos como estructuras morfogenéticas, es decir sistemas abiertos, se relacionan con un nuevo contexto, el cual proporciona los parámetros de relación e interacción entre y con los otros en el entendido que el último principio de Mahoney (1988; citado por Feixas & Villegas, 2000) manifiesta que estos se deben organizar alrededor de procesos centrales, que son los que dictan y rigen las formas en que se manifiestan a nivel periférico.

Es decir que la familia y sus miembros se encuentran en relación a un nuevo contexto que legitima sus reglas de interacción y hace hincapié en las redes de significado que circulan socialmente en el lenguaje, por lo que desde el construccionismo se considera primordial un pensamiento cooperativo de los grupos sociales, es decir como el actual contexto al que llega la persona que han vivenciado de alguna manera el CAC se encuentra inmerso en la construcción

de nuevos significados, pudiendo enfatizar en las metáforas que se localizan especialmente en la lingüística, como la narración y la hermenéutica, como posibilitadores de nuevas oportunidades o mundos posibles. Es decir, que se concibe la realidad como el proceso de intercambio entre sujetos que se encuentran inmersos en un mismo contexto cultural (Agudelo & Estrada, 2012).

En estos nuevos contextos en los que estas personas se encuentran inmersos se puede evidenciar como este propio sistema de construcción coarta la posibilidad de reflejar sus propios valores en un conjunto relativamente restringido de alternativas (Procter & Parry, 1978, citados por Feixas & Villegas, 2000), es decir que la construcción de la realidad al generarse en un contexto más citadino, limita la validación o refutación de las construcciones individuales de las personas que migran con valores distintos ya construidos.

Teniendo en cuenta lo anterior, Gergen (1985; citado por Feixas & Villegas, 2000) identifica 4 supuestos básicos. El primero refiere que la experiencia del mundo no dicta por sí misma los términos en los que será concebido el mundo en sí, es decir que lo vivenciado por las familias no es un determinante para la significación de una vida llena de malestar o sufrimiento sino por el contrario se encuentran un una nueva situación en donde desde las nuevas relaciones que se construyen en ese nuevo contexto identifican posibilidades, encontrándose el segundo principio relacionado a la manera como se concibe el mundo, desde artefactos sociales, producto de intercambios entre personas, que se encuentran históricamente localizados.

Este intercambio de significados dependiendo de la vigencia que le dé el contexto posibilita que nuevas comprensiones familiares y de los miembros se sostengan por medio de nuevas maneras de comunicarse y negociar, puesto que el tercero principio menciona que una comprensión prevalece o se sostiene a través del tiempo dependiendo de la legitimidad empírica de la perspectiva y de las variaciones de los procesos sociales, y el último principio, describe que

las maneras de comprensión negociadas poseen una significación crítica en la vida social, al encontrarse conectadas integralmente con otras actividades en las que las personas se encuentran implicadas (Gergen, 1985; citado por Feixas & Villegas, 2000).

Es así que, por sí solo la experiencia de vivir acontecimientos propios de la violencia no determina la concepción que estas personas construyen del mundo, es también importante tener en cuenta sus experiencias previas en distintas áreas de sus vidas. Desde esta postura epistemológica se concibe que la verdad se encuentra en crisis, presentándose un mayor acercamiento a los procesos sociales tales como negociación y resolución de conflictos, los cuales hacen referencia a los consensos sociales (Feixas & Villegas, 2000), y sobre los cuales actualmente se presta especial atención en pro a una dinámica social más incluyente y co- responsable, en la que se generen espacios de diálogo y de restitución de derechos.

Para llegar a esos consensos sociales el pensamiento sistémico, desde la teoría de los sistemas, expresa que los sistemas constituyen complejos factores que se encuentran en constante interacción, planteando Bateson que estos se comprenden cómo patterns, es decir pautas (Maldonado & Gómez, 2011). Se habla de esta manera de una totalidad constituida por sus partes. Sin embargo, el problema de esta tradición consistió en la pertinencia de concebir a la totalidad no solo como una unidad y como totalidad de las partes, sino más bien cómo la simple suma de las partes (Luhmann, 1998), situación que se puede evidenciar en las dificultades que se presentan en el comprender el fenómeno del conflicto armado, el cual bien puede percibirse de manera fragmentada o puede reconocerse como un conjunto de circunstancias y de factores sociales, culturales, políticos y jurídicos en relación a un conflicto interno en el país, que impactan a las personas y familias bajo este contexto.

psicológicos, mentales y espirituales promueven una relación indisoluble entre lo psíquico, lo mental y lo espiritual, ya que entendiendo que el CAC es más que una sumatoria de factores sociales, culturales, políticos y jurídicos que intervienen en la construcción de la realidad a través del lenguaje y de nuestras percepciones individuales, como terapeutas/investigadoras, debemos tener en cuenta en las intervenciones con las familias (incluyendo el trabajo con individuos) que también hacemos parte de esa relación de construcción de significados en donde se deje de lado las distinciones entre lo normal/anormal, lo psicopatológico, la salud/enfermedad, las cuales son necesarias ser vistas de manera circular, desde una mirada sistémica compleja constructivista y socio construccionista.

Principios teóricos

Al ser la familia -que ha vivenciado acontecimientos del CAC- la unidad de análisis de nuestra investigación, comprendemos que esta posee recursos y posibilidades auto- organizadoras, se asume que el interventor (terapeuta e/o investigador) y sus recursos autorreferenciales aportan al escenario de la ayuda, los procesos reflexivos que representan un valor estratégico para la construcción del cambio, desde una teoría de los sistemas se habla de co-aprendizaje, co-evolución, co-construcción que derivan del cambio y una visión de redes conversacionales posibilita una visión ecológica de lo clínico y de la salud mental (Estupiñán, 2003), desarrollando una reconfiguración de la percepción del papel del investigador interventor dentro del proceso de la comprensión de los procesos de transformación, que las familias y sus miembros, han atravesado luego de encontrarse inmersos en una serie de situaciones y circunstancias propias de una guerra y del contexto político y social colombiano.

a partir de la interacción con el contexto, dentro los ambientes ecológicos (microsistemas, mesosistemas, ecosistemas, macrosistemas), se genera una nueva forma de comprender los cambios que expresan o manifiestan las familias que han vivenciado el CAC. Los cuales se pretenden describir no solamente en términos de pérdida sino también en relación a lo “ganado”, sin entrar hacer valoraciones de bueno o malo, entendiéndose que la familia y sus miembros se constituyen como sujetos activos, que se encuentran mediados por el ambiente y las interacciones; buscando romper con la rutina de victimización o de victimario, para así poder atribuir un nuevo significado a dicha experiencia traumática desde el uso del lenguaje en la interacción con los otros y el contexto.

Para conocer la relación entre la familia y su contexto, anteriormente fueron nombrados los ambientes ecológicos, los cuales -según el modelo ecológico de Bronfenbrenner (Monzón, 2004) se pueden comprender como las interconexiones que se pueden dar entre la persona y el contexto familiar, social, laboral, etc. en donde se estudia al sujeto en desarrollo, el ambiente y su interacción. Es decir, que este solo puede ser comprendido desde las características individuales y las del ambiente en las cuales se desarrolla. Y es así que, desde una postura construccionista y constructivista, es pertinente conocer cómo la realidad objetiva de las familias que han vivenciado acontecimiento del CAC se relaciona en la manera en cómo la persona y la familia se percibe y se describe a través del lenguaje, de la interacción con el otro y del ambiente. Bajo el principio de la reciprocidad, se comprende que una transformación en alguna de las partes del diseño ecológico puede afectar el desarrollo de lo demás y generar nuevos cambios, tanto a la parte como al sistema; es decir que los cambios propios a nivel familiar como de contexto (económico, político, cultural, etc.) se pueden interrelacionar para producir cambios en estas familias que han vivenciado acontecimientos del CAC. Teniendo en cuenta el ciclo vital de

estas familias, se comprende que no todas las conductas que fueron adecuadas o posibles en un momento específico de su desarrollo pueden ser útiles o pertinente para la situación actual en la que se encuentran (Monzón, 2004), en tanto pueden surgir adversidades que interfieran no solo en el cauce del desarrollo de las personas, sino también de sus familias y sus dinámicas relacionales, tal como se evidencia en la posibilidad de encontrarse inmerso en medio del conflicto armado.

Por ello, se concibe un ambiente ecológico constituido por un conjunto de estructuras concéntricas que se encuentran incluidas dentro de sí: el microsistema, el primer nivel, engloba los contextos inmediatos en los que la familia (que ha vivenciado el CAC) y sus miembros se desenvuelve: familia, trabajo, escuela, etc. El cual se encuentra conformado por 3 elementos: la actividad, que hace referencia a los procesos que tienen una meta; las relaciones interpersonales, las cuales se originan bajo una estructura diádica básica; y la reciprocidad, es decir el equilibrio de poderes y relaciones afectivas. Sin embargo, se debe tener en cuenta la influencia de terceros lo cual da lugar a los sistemas amplios (efecto de segundo orden), generando posiblemente un efecto inhibidor y/o facilitador sobre el desarrollo, la conducta y el rol, como un conjunto de comportamientos, expectativas y relaciones que se asocian a una posición en la sociedad (Monzón, 2004). Encontrándose de esta manera, por un lado, las expectativas que las personas y familias que han vivenciado el CAC tienen de sí mismos, lo que pueden o no llevar a cabo, las actividades que pueden o no realizar, y de otra parte la manera como estos o esta espera se relacionen con ellos, dentro de estos nuevos contextos a los que han visto obligados a migrar.

El mesosistema, el segundo nivel, está compuesto por microsistemas. Se pueden establecer conexiones entre los entornos en los que se encuentra inmersa la familia que ha vivenciado los acontecimientos del CAC, dándose una participación directa de individuos con las que se

mantiene alguna relación, conocimiento y comunicación entre contextos. Por lo que es de esperarse que el desarrollo del anterior nivel macro sistémico incremente de acuerdo a los intercambios bidireccionales del entorno, apoyando y promoviendo la confianza y el consenso de metas, manifestando entonces el equilibrio de poderes que favorece el desarrollo de los miembros y su familia -que ha vivenciado el CAC- (Monzón, 2004).

El exosistema, tercer nivel, comprende las estructuras informales y formales de la sociedad, e influye de una manera indirecta a las personas, es decir el contexto político, el conflicto interno del país. Siguiendo una cadena causal en dos pasos: primero, la relación del desarrollo de los microsistemas y del entorno externo y, segundo, la conexión entre los desarrollos de los microsistemas y el comportamiento (Monzón, 2004).

Y, por último, en el macrosistema los sistemas mencionados siguen unos patrones de esquemas determinados; el ideológico y la estructuración de las instituciones sociales similares a una cultura o subcultura, es decir las creencias y costumbres propias del lugar de origen de las personas y familias que migran por su condición, y la relación con las costumbres y creencias de los contextos a los nuevos lugares de asentamiento. Aunque muchas culturas y subculturas difieren entre sí, mantienen unas características fundamentales: los tipos de entornos que contienen, las clases de entornos a los que las personas entran en las etapas de la vida, el contenido y la organización de las actividades morales, los roles y las relaciones que se encuentran en cada tipo de entorno. El alcance y la naturaleza de las conexiones que existen entre los entornos en los que entra la persona y en los que afecta su vida (Monzón, 2004).

Lo que implica crear meta sistemas que permitan comprender los órdenes pragmáticos y significativos de las paradojas de los modos y dominios emocionales, valorativos y narrativos de las problemáticas humanas, en este caso los cambios de las familias que han vivenciado

acontecimientos del CAC, en donde puedan ser usados los principios auto y hetero-referenciales, la coevolución y la emergencia (Estupiñán, 2003) en un proceso psicoterapéutico con dichas familias.

Este modelo ecológico nos brinda la posibilidad de resaltar, cómo la familia al ser comprendida como un sistema nos permite destacar las formas en las que están relacionadas las partes identificándose un componente predictivo; es decir que cada parte de un sistema afecta a las demás, esos efectos se repiten, haciendo que el estudio de los sistemas sea interesante y posibilite las predicciones. Aun cuando cada sistema es distinto y particular, existe algo que los caracteriza a todos y son las pautas repetitivas (Minuchin, 2000), pautas que surgen en las dinámicas relacionales en los distintos contextos en los cuales el sujeto y estas familias se encuentran inmersos, desencadenándose posibles problemáticas o posibilidades.

Tal como hemos evidenciado la familiajuega un papel importante como contexto inmediato de interacción y microsistema, encontrándose a esta como sistema natural, al estar constituida por una red de interacciones respondiendo a exigencias psicológicas y biológicas propias a la supervivencia humana, con unas características propias, ya que no ha existido hasta el momento ninguna instancia social que pueda sustituirla como partida primaria del gozo de las necesidades psicoafectivas de toda persona. Es decir, que entendiendo esta como sistema, se puede afirmar

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