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Aquella fuerza vigorosa y viril, y su lenguaje que alcanza a la profunda intuición artística, hasta la altura solar de la mística, con la cual nuestro filósofo «actual» busca arreglárselas mediante el término despreciable de «elegancia». ¡Ah, estos «elegantes»! Les falta completamente ese pathos moral y ese tono uniformemente elevado, etc.12

Como es obvio, el lenguaje del escritor Schopenhauer y su relevancia moral son dos aspectos que fascinan al discípulo. El fragmento 7[189] presenta un listado de once temas que desarrollar, entre los que se incluyen Schopenhauer, así como la

historia y Wagner. Todos ellos serán objeto de posteriores consideraciones intempestivas, pero en esa enumeración ya

aparecen otras cuestiones por entonces constantes y reiteradas, como el Estado, la religión y la educación.13 En otros listados

cobra interés la filología.14 Y, por supuesto, también el problema

de la formación en general, y de la formación clásica en particular; no en balde Nietzsche preparó e impartió durante los primeros meses de 1872 un ciclo de conferencias sobre esa temática, abordando la situación de los institutos de bachillerato y de las universidades, en el que la figura de Schopenhauer ocupa un papel esencial, similar al de Sócrates en los diálogos

12 FPI, p. 186. 13 Cf. FPI, p. 193.

platónicos. Nos referimos a Sobre el futuro de nuestras

instituciones de formación. Como pronto desistió de publicarlas,

es plausible suponer que se consideró legitimado para aprovechar materiales que había leído en esas conferencias y darles entrada en la redacción de la Tercera intempestiva. Al menos eso se comprueba en cinco temas: el de la crítica al

Estado (primera y tercera conferencias); la crítica a la economía política imperante en la concepción de la formación rápida y

corriente (primera conferencia); la necesidad de educarse en el

hablar y el escribir, atendiendo en primer lugar a los clásicos tanto

de la lengua materna como del griego y el latín (segunda conferencia); la reflexión sobre los dos caminos que se le presentan a todo joven en la actualidad, el de la masa y el triunfo, y el de la soledad y el sacrificio (cuarta conferencia), y la crítica a la

Universidad y a la filosofía universitaria (quinta conferencia). En

estos cinco temas de raigambre schopenhaueriana hay continuidad y notorias coincidencias de fondo y de forma entre lo dicho en 1872 y lo publicado en 1874.

En los planes elaborados por entonces para posibles obras futuras también aparece Schopenhauer en relación con otra cuestión persistente, la grandeza o, mejor dicho, la tensión entre lo pequeño y lo grande: «Comprensión para lo que es grande y fecundo».15 Más aún, un escrito póstumo de ese momento, Cinco prólogos para cinco libros no escritos, acabado en la Navidad de

1872, contiene un texto que se titula «Sobre la relación de la filosofía schopenhaueriana con la cultura alemana». A Nietzsche le preocupaba que la reciente victoria bélica significase una deplorable depauperación cultural. Las huellas de Schopenhauer son, así pues, omnipresentes en esos primeros años en Basilea y se hacen particularmente explícitas en múltiples frentes. Si acaso

es correcto interpretar el fragmento póstumo 19[4] del verano de 1872-comienzo de 187316 en el que se lee «Prólogo a

Schopenhauer» como el primer indicio del proyecto de lo que luego será Schopenhauer como educador, entonces se podría afirmar que este escrito estuvo desarrollándose un par de años, hasta lograr un caudal satisfactorio. En efecto, condensa las aguas de un lago en el que confluyeron varias corrientes de diversa cualidad: una de ellas abordaría críticamente la figura del

docto o erudito y la dedicación inhumana a la «ciencia pura»;

otra criticaría el modelo de hombre courant en la economía

política imperante en los centros de formación del presente; una

tercera meditaría sobre el arte de hablar, de leer y de escribir;17

una cuarta confrontaría la vida y la cultura en la época trágica de

los griegos con la civilización europea y con la cultura alemana de

la época; una quinta criticaría el culto al Estado, y al Estado

nacional más en concreto, en la Modernidad; una sexta

reivindicaría la función de la verdadera filosofía y prolongaría el diagnóstico schopenhaueriano sobre la filosofía universitaria, es decir, presentaría la genuina naturaleza del filósofo, destacando sus relaciones con la religión y con el arte; una séptima correlacionaría la filosofía trágica que se necesita en el presente con los filósofos preplatónicos, los que vivieron y pensaron en la época de la tragedia griega, etc.

De hecho, un título que ya aparece en el fragmento póstumo 19[85] de verano de 1872-comienzo de 1873 y que perdura al menos hasta 1875 es el siguiente: «Sabiduría y

16 FPI, p. 324 y nota del traductor.

17 Hay fragmentos póstumos que documentan que una Intempestiva podría haber estado dedicada a este tema, «Sobre leer y escribir», en el que también entrarían consideraciones sobre el discurso, cf. los fragmentos 26[20, 22, 23] de la primavera de 1873, así como el fragmento póstumo 29[226] de verano-otoño de 1873, FPI, pp. 435-436 y 516.

ciencia. Sobre los filósofos». Ese escrito, como así consta, estará «dedicado al inmortal Arthur Schopenhauer».18 Desde el

verano-otoño de 1873, y en apuntes que después se utilizarán para la redacción de la Tercera intempestiva, Nietzsche ensaya otros títulos para esa obra en ciernes: Los apuros de la filosofía,19 Penurias de la filosofía,20 Del destino del filósofo,21 El filósofo,22 Educación del filósofo,23 etc. Las notas de comienzos de 1874 y

de la primavera de ese año documentan que la meditación sobre este tema llevará a las reflexiones críticas sobre la filosofía en la universidad, en diálogo y homenaje al famoso apartado schopenhaueriano de Parerga y Paralipómena dedicado a la

filosofía universitaria.24

La nietzscheana metáfora del lago profundo de alta montaña es particularmente adecuada, pues connota que en él las aguas se remansan sin estridencias, poco a poco, uniéndose en viva totalidad, ya que proceden de diversas fuentes y arroyos que 18 FPI, p. 344. Sobre planes en torno a un escrito que en ocasiones también se titula El filósofo. Consideraciones sobre la lucha entre arte y conocimiento hay muchos fragmentos póstumos de 1872-1873. Hasta comienzos de 1874, es decir, hasta que se dedique a preparar la Tercera Intempestiva, Nietzsche piensa en un escrito consagrado al tema de Los filósofos, cf. el fragmento póstumo 32[7], FPI, p. 536.

19 Fragmento póstumo 29[197, 198], FPI, pp. 509-510.

20 Fragmento póstumo 30[15], FPI, p. 526. En el apartado D de los planes para este libro, que ya prefigura muchos de los temas y capítulos de la Tercera Intem-

pestiva, se dice lo siguiente: «Imagen de Schopenhauer. Contraste entre su sabiduría práctica eudemonológica (la sabiduría mundana de épocas demasiado maduras como

la del español) y su filosofía más profunda, solamente intuida. Condena el presente desde dos puntos de vista. Yo no veo por de pronto ninguna otra posibilidad a no ser la sabiduría mundana de Schopenhauer para la práctica, la sabiduría para las necesi- dades más profundas. Quien no quiera vivir en esta contradicción, deberá luchar por una Physis mejorada (cultura)».

21 Fragmento póstumo 29[223], FPI, p. 515.

22 Fragmento póstumo 29[230], FPI, p. 517. Un capítulo de ese futuro li- bro, el 5.º, estaba dedicado a «Schopenhauer».

23 Fragmento póstumo 32[73], FPI, 551.

atraviesan diferentes laderas y prados y, por ello, arrastran distintos minerales y cualidades. Por eso es un símil apropiado para referirnos a Schopenhauer en las notas póstumas de su discípulo, pues con facilidad podríamos ampliar el número de manantiales que nutren la meditación nietzscheana sobre el maestro, por ejemplo, recordando el problema de las relaciones

entre ciencia y filosofía y las críticas a la «ciencia pura» y al

«conocimiento desinteresado», al pretendido «impulso hacia la verdad», que bien merece ser problematizado; o el sentido de la consagración a la filología clásica, es decir, la función que deben desempeñar los filólogos que no sean meros eruditos o lingüistas que se limitan al mecánico ejercicio del método comparativo; la crítica al presente, a la llamada cultura del presente, tan esclava de la opinión pública y del periodismo, de las modas y afrancesamientos, del orientalismo y las cosas picantes, etc. Por lo demás, el hecho de que tengamos otras tres Intempestivas acabadas y publicadas, las dedicadas a D. F. Strauss (Primera), al historicismo (Segunda) y a Wagner en Bayreuth (Cuarta), hace que cuando abordamos la Tercera tendamos a posponer el tratamiento de las cuestiones que en aquellas aparecen en primer plano, como si estuvieran ausentes en el escrito sobre Schopenhauer, cosa que es falsa, pues muchos temas persisten y se interrelacionan y aparecen en todas las cuatro Intempestivas con mayor o menor desarrollo. Así sucede en casi todos los problemas enumerados, con una importante salvedad: al menos desde 1870, tanto Wagner como Nietzsche interpretan la estética schopenhaueriana según sus respectivas filosofías de la música. En este delicado punto, el joven filósofo no coincidía plenamente con el magmático y absorbente compositor, y sin embargo parece ser que se hallaba en notable cercanía con el autor de El mundo

como voluntad y representación. En los fragmentos póstumos sobre

entre lo meditado por su autor y lo publicado en sus libros.25 Y es

constatable que, quizá por reservar esos materiales para la Cuarta

intempestiva, o para su exposición y desarrollo en futuras

ocasiones, en la Tercera haya un significativo silencio sobre la

filosofía schopenhaueriana de la música. Importa, pues, que esta

llamativa ausencia no sea interpretada como si ese poderoso tema también faltara en dicho lago profundo que es «Schopenhauer» en el joven Nietzsche.

En el cuaderno U II 7 A del invierno de 1872-1873 anotó tres sentencias que tenía preparadas para usar en sus escritos y que manifiestan algunas de sus principales tesis en su reivindicación del maestro. Estos textos acaban todos con su nombre y forman los fragmentos póstumos 24[4,5,6]:26

Se habla a menudo de la República de los eruditos, pero no de la

República de los genios. En esta sucede lo siguiente: a través del

desolado intervalo de los siglos, un gigante llama al otro sin que el mundo de los enanos, que se arrastra por debajo, perciba al- go más que un ruido confuso, y sin que se dé cuenta de que al- go sucede. Y de nuevo, estos enanos hacen incesantes bufona- das y producen un gran ruido allí abajo, van cargando con lo que aquellos han dejado caer, proclaman héroes que son tam- bién enanos, pero aquellos espíritus gigantescos no se dejan molestar por ello, sino que continúan su diálogo entre espíritus sublimes. Schopenhauer.

Mis contemporáneos, descuidando completamente mi obra y celebrando entre tanto lo que es mediocre y malo, han hecho todo lo posible por confundirme a mí mismo. Scho- penhauer.

El genio es el portador de la cruz de la humanidad, para 25 Cf., p. ej., el artículo de E. Fubini «Música absoluta y Wort-Ton-Drama en el pensamiento de Nietzsche», en Estudios Nietzsche 2 (2002).

redimirnos de la tosquedad y de la barbarie. Schopenhauer. En la primavera-otoño de 1873, Nietzsche redactó una nota que condensa de manera admirable lo que podría ser el primer índice o esquema general para ese futuro escrito que ya pensaba redactar. Es una buena síntesis de su visión de Schopenhauer y puede servir de guía para leer la Tercera

intempestiva y como resumen de la misma. Dice así:

Sobre Schopenhauer. ¡Es ridículo imaginárselo en una Universi- dad actual!

Su teoría eudemonista está destinada, como la de Hora- cio, a hombres experimentados, su otra teoría pesimista no es en absoluto para los hombres actuales: estos, a lo sumo, intro- ducirán sus insatisfacciones y volviéndolas a echar fuera creerán que han refutado a Schopenhauer. Toda esta «cultura» presenta un aspecto tan indeciblemente infantil, como aquel júbilo que se produce después de una guerra. Schopenhauer es simple y honesto: no busca hacer frases. Qué fuerza tienen todas sus concepciones, la voluntad, la negación, la idea del genio de la especie. En la exposición no hay desasosiego, sino la clara pro- fundidad de un lago tranquilo o con ondas que baten la orilla de una manera casi imperceptible. Schopenhauer es rudo como Lutero. Es el ideal de escritor más riguroso que tienen los ale- manes, nadie se ha tomado de una manera tan seria este ideal. A través de su imitador Hartmann se puede ver lo solemne que es. Infinita es su grandeza por haber vuelto a pensar el fondo de la existencia, sin abstracciones eruditas, sin detenerse en la es- colástica. Es interesante estudiar a los otros, porque ellos inme- diatamente llegan a una posición en la que se permite el cono- cimiento erudito, pero nada más. Schopenhauer destruye la mundanización, y al mismo tiempo la fuerza barbarizante de la ciencia. Despierta la necesidad más desmesurada: lo mismo que la había suscitado Sócrates. Este, sin embargo, evocó la ciencia:

Schopenhauer, la religión y el arte. Se había olvidado lo que era la religión, lo mismo que la relación del arte con la vida. Solo a través del pesimismo han sido comprendidos de nuevo los dos. Pero la profundidad que deba tener la nueva religión es el re- sultado de que: 1) el motivo de la inmortalidad desaparezca, con el miedo a la muerte; 2) la división de alma y cuerpo se su- prima; 3) se comprenderá de un modo mucho más radical que no es posible superar la miseria de la existencia mediante co- rrecciones de carácter paliativo; 4) no existe la relación con un dios; 5) la compasión (no el amor propio, sino la unidad de to- do el que vive y sufre). Contraimagen de la cultura, cuando la religión ya no debe ser posible. Resignación trágica.

Schopenhauer está en contradicción con todo lo que hoy

se considera «cultura»: Platón estaba en contradicción con todo

lo que era entonces cultura. Schopenhauer se adelanta a su tiempo: nosotros presentimos hoy su misión. Él es un destructor de las fuerzas hostiles a la cultura, vuelve a abrir los fundamentos profundos de la existencia. Gracias a él vuelve a ser posible la jovialidad del arte.27

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