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Older People With Support Needs

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3.4 Older People With Support Needs

En los párrafos anteriores se han mencionado pérdidas de tipo cotidiano, a continuación, se abordarán algunas investigaciones de la vida cotidiana, concepto que es, mayormente abordado, desde la Sociología.

Cuestiones respecto a la vida cotidiana, han sido mayormente estudiadas desde la Sociología y Antropología (Cardona y Agudelo, 2005,

Lindón (2000), afirma que la Sociología de la vida cotidiana estudia los aspectos subjetivos de ésta, el sentido y significado del quehacer humano y cómo las personas viven su vida práctica, que es donde ocurre el encuentro entre el individuo y la sociedad,

-y donde las pérdidas toman lugar-. Lindón (2000), citando a Lalli (1985), menciona, además, que es en lo cotidiano donde se hace, deshace y rehace el vínculo social. A través del vínculo social construido en la vida cotidiana se puede encontrar el sentido a las pérdidas vividas, éstas pueden volverse significativas, lo mismo que las relaciones establecidas con quienes se trata en el quehacer diario. Por medio de las interacciones con otras personas en la vida cotidiana, es posible encontrar el sentido de la existencia, al reconocer las capacidades propias frente a las situaciones que se presentan.

Berger y Luckman (1968), destacan que la realidad de la vida cotidiana se presenta como un mundo compartido con otros; “En realidad, no puedo existir en la vida cotidiana sin interactuar y comunicarme continuamente con otros” (p.39). En un intercambio entre los distintos actores de la vida cotidiana, que convergen en una realidad establecida por sus prácticas diarias, es posible, para los individuos, reconocer las diferencias entre la vida diaria de sus interlocutores y las suyas propias, a pesar de que la vida cotidiana provee de un marco de referencia común a un gran conglomerado de personas. Por su parte, Heller (1977), define la vida cotidiana como “el conjunto de las actividades que caracterizan la reproducción de los hombres particulares, los cuales, a su vez, crean la posibilidad de la reproducción social” (p.19). Por reproducción social, la autora se refiere a la apropiación de aquellas condiciones sociales concretas y las expectativas que le acompañan.

Herceg (2012), dice que aquello que se llama cotidianidad, es en realidad la cotidianización, es decir una invención de lo que sucede en lo cotidiano. En otras palabras, es la hisoria que nos contamos de lo que realizamos diariamente. El autor sostiene que todos tendemos a cotidianizar y que el hecho de cotidianizar, nos da seguridad, pues se crea una realidad inamovible que se repite diariamente; es en esta seguridad donde la convivencia entre seres humanos se desarrolla. La seguridad que proveen las prácticas cotidianas, actúa como marco de referencia y punto de comparación, haciendo evidentes las interrupciones en el flujo de eventos rutinarios. La vida cotidiana es el espacio histórico y temporal en que se puede asegurar que todo seguirá de la misma manera y sin cuestionar.

La realidad de la vida cotidiana se da por establecida como realidad. No requiere verificaciones adicionales sobre su sola presencia y más allá de ella. Está ahí, sencillamente, como facticidad evidente de por sí e imperiosa. Sé que es real. Aun cuando pueda abrigar dudas acerca de su realidad, estoy obligado a suspender esas dudas puesto que existo rutinariamente en la vida cotidiana. (Berger y Luckman, 1968, p.39)

Puede ser por esto, que, gracias a las prácticas sociales establecidas, las pérdidas, -como ya se decía-, se diluyen, así como lo desagradable que les apareja; cuestiones que impregnan a las pérdidas del diario vivir.

Berger y Luckman (1968), agregan que la vida cotidiana se organiza alrededor del aquí, representado por el cuerpo físico y el ahora que es el presente. Sin embargo, la realidad cotidiana incluye fenómenos que no se encuentran en el campo del aquí y del ahora. Según estos autores, existen cuestiones de la vida cotidiana que son directamente accesibles a la manipulación corporal, con el fin de modificar la realidad que se vive, son zonas determinadas por aquello que la persona hace, ha hecho, o piensa hacer; mientras que el interés de las personas en otras zonas es menor, al no poder intervenir directamente en ellas.

Es relevante, para la vida cotidiana de un individuo, todo aquello que pueda potencialmente afectar su actuar diario, sea que pueda o no incidir directamente en estas situaciones, como es el caso de las pérdidas, así sean diarias o extraordinarias. Estos autores (Berger y Luckman 1968), destacan que la vida cotidiana se divide en sectores, uno que se aprende por rutina y otro que presenta situaciones problemáticas, es decir, que supone el desarrollo de habilidades para la ejecución de nuevas destrezas, lo que conlleva un aprendizaje que será integrado al actuar cotidiano cuando sea requerido.

Para Schutz y Nathanson (1995), el mundo de la vida cotidiana es escenario y objeto de las interacciones humanas. Schutz y Nathanson (1995), señalan que el problema no es lo que pasa a una persona, sino la actitud que adopta ante el acontecimiento y el sentido subjetivo que le otorga; “el sentido no es la cualidad inherente

a ciertas experiencias que surgen dentro de nuestro flujo de conciencia sino el resultado de una interpretación de una experiencia pasada contemplada desde el ahora con una actitud reflexiva” (p. 199). Por esta razón, el taller realizado, pretendió que las personas involucradas comprendieran cuales eran las pérdidas que se experimentaban diariamente, cómo lidiar con éstas y con aquéllas de corte extraordinario, favoreciéndose la resignificación de ambas, por medio de las habilidades que habían desarrollado cotidianamente y algunas otras aprendidas en el taller.