2.4 Theoretical Framework
2.4.1 Optimisation of dryer performance
Para finalizar el análisis de la geopolítica de Israel en el contexto del conflicto que sostiene con Palestina, es importante examinar la relación y la alianza que ha mantenido con la principal potencia mundial. Particularmente, los Estados Unidos entraron a jugar un papel activo en el conflicto debido a la presión ejercida por la comunidad judía ante el Gobierno estadounidense, pues creían que era urgente la intervención de un agente mediador que ayudara a resolver el conflicto y a garantizar la protección de los derechos del pueblo judío. En Estados Unidos, explica Stetter,119 la comunidad judía es muy numerosa y ejerce una gran influencia, por lo que el Gobierno no podía hacer oídos sordos a sus peticiones. Por otro lado, la política estadounidense hacia el conflicto en Palestina se acercó a las posiciones sionistas, sobre todo como consecuencia del Holocausto y de un sentimiento de solidaridad hacia los sentimientos nacionalistas de un pueblo judío que buscaba reivindicar el maltrato sufrido. De esta manera, los Estados Unidos ha mediado en las negociaciones Israel-Palestina. Sin embargo, con el tiempo ha forjado una relación de amistad con Israel, basado en una compatibilidad ideológica que ha comprometido enormemente su papel en la confrontación.120
Por otro lado, existen tres fases históricas relevantes o temporalidades, desde las cuales se han promovido las relaciones entre Israel y Estados Unidos.
1. La primera, de tímida presencia, desde el siglo XVIII hasta la primera mitad del siglo XX.
119 Véase S. Stetter, “Israeli-Palestinian relations and the prospects for conflict or peace”, en Soler Lecha,
Eduard y Hilali, Fadela, VII Seminario Internacional sobre Seguridad y Defensa en el Mediterráneo, Conflictos regionales y estrategias de seguridad, Barcelona, 2008, pp. 117-121.
120 Véase R. González, “Turbulencias en la relación Israel-EEUU”, en Seguridad y Política Mundial, 63, 2010,
92
2. La segunda, que va de la década de 1940 hasta finales de los ochenta, cuando se definió una política cuyo fin contraponerse a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
3. La tercera, que va de la caída de la Unión Soviética a la segunda guerra del Golfo, que dio origen a un control militar directo y a una política ofensiva.
En todo caso, el papel de Estados Unidos en Oriente Medio ha sido fuente de diversas interpretaciones que le otorgan un papel distinto. Las más recurrentes de ellas son las siguientes:
1. Israel es el mejor aliado de Estados Unidos en Medio Oriente, si se pretende alcanzar la paz en la región.
2. Estados Unidos se ha aliado con Israel debido a que comparten valores democráticos similares en la lucha contra el terrorismo.
3. Israel es tan solo una herramienta que le sirve a los Estados Unidos para terminar definitivamente con el nacionalismo árabe.
4. Más allá de cualquier pretensión de tipo político, Israel es clave para los Estados Unidos en la medida en que le facilitaría el acceso a una región rica para explotar.121
Un aspecto interesante que se puede analizar a partir de estas interpretaciones, es que siempre se considera la influencia que ejerce Estados Unidos sobre Israel, pero pocas veces se habla de la manera como se ha transformado la política internacional del país del norte gracias a la influencia del gobierno israelí.
Igualmente, hay un elemento notable en las relaciones entre estos dos países y es que la ayuda ofrecida por los Estados Unidos a Israel proviene de diversas fuentes, como transferencias de recursos financieros, de tecnología y armamentos modernos. Incluso, gracias a la alianza,
93
Israel tiene un acceso privilegiado al mercado estadounidense, libre acceso de inmigrantes, y compromiso total de Estados Unidos para apoyarlo en su lucha contra Palestina.122
Las relaciones entre Estados Unidos e Israel juegan un papel muy importante en la política exterior del imperialismo estadounidense en Medio Oriente. Así, Estados Unidos proporciona apoyo económico y garantías militares a Israel y alrededor de 3 mil millones de dólares anualmente. Por tanto, el objetivo estadounidense es tener un aliado o, mejor dicho, un satélite poderoso que puede asegurar los intereses vitales de Estados Unidos en esta región y al mismo tiempo, mantener la presencia estadounidense en Medio Oriente.123
En el ámbito geopolítico, esta relación es un caso único y singular en el mundo actual, pues la potencia menor o regional (Israel), obtiene todos los privilegios de una mayor o mundial (Estados Unidos). Esta situación se explica así: en primer lugar, por medio de su apoyo y sus concesiones Estados Unidos persigue objetivos ocultos o disfrazados que le dejarían un beneficio mayor; y en segundo lugar, que en ese país existe una gran influencia de la comunidad judía en sectores estratégicos. Ellos apoyan de manera incondicional la causa israelí.124
Los colonos judíos que viven en los Estados Unidos y que tienen un poder estratégico preponderante, han sabido encontrar la manera de subordinar la política exterior estadounidense a las necesidades de Israel. Sin importar los métodos utilizados por los judíos para erradicar a los árabes, los Estados Unidos se han mantenido firmes y comprometidos en el apoyo y han bloqueado cualquier iniciativa de la comunidad internacional respecto a una mediación internacional.
Cabe recordar que durante mucho tiempo el Gobierno de los Estados Unidos trató de solucionar el conflicto manteniendo alianzas con los dos Estados en disputa, actuando como un mediador entre ambos y apoyando relaciones basadas en el diálogo y en un posible
122 Véase D. Hassan, Estados Unidos e Israel: Las violaciones de derechos humanos fundamentales del pueblo
palestino, Universidad de la Habana, Cuba, 2010.
123Ivi, p. 3.
94
entendimiento para encontrar soluciones compartidas para la paz. Sin embargo, poco a poco, y por motivos que no estaban relacionados con el conflicto, sino por sus particulares intereses, que se acentuaron luego de lo sucedido en el atentado del 11 de septiembre, la alianza con Israel se fue solidificando hasta el punto de asistirlo económica, financiera, militar y estratégicamente.125
En la actualidad, a pesar de las críticas que ha hecho Estados Unidos a los medios fundados en el terror y en la violencia usados por Israel, la potencia del norte no solo se ha convertido en un aliado estratégico que apoya su causa, sino que incluso ha hecho lo mismo en un contexto de sangrienta y terrible represión, es decir, en un cómplice que en algún momento dado deberá responder ante la comunidad internacional por sus actuaciones.126
Los Estados Unidos apoyan y protegen la seguridad política israelí, pero olvidan (o pretenden olvidar), el fracaso de esa política, si se tiene en cuenta que todos los lugares que hacen parte de la cotidianidad, como estaciones de buses, restaurantes, hoteles y demás espacios públicos, han sido atacados y que diariamente mueren cantidades de judíos, mientras que muchos otros prefieren huir ante las condiciones de inseguridad.
La cooperación militar y financiera de Estados Unidos a Israel ha jugado un papel determinante en relación con la dominación del pueblo palestino. Incluso desde su creación, Israel se ha visto enormemente favorecido por la intervención del país del norte, que los ha asimilado como un aliado clave y estratégico para garantizar su hegemonía en la región y para disfrutar de los beneficios de una zona que posee una enorme riqueza energética. Finalmente, el apoyo a Israel también le ha permitido a los Estados Unidos impulsar notablemente su economía en materia militar.
Uno de los aspectos más llamativos de esta colaboración, es que las agrupaciones militares no solo han recibido apoyo y financiamiento, sino que hoy pueden contar con una mejor estructura, aleccionamiento militar y, en tal medida, mayor poder destructivo para causar
125 Véase S. Stetter, “Israeli-Palestinian relations and the prospects for conflict or peace”, Op. cit. 126 Véase S. Cohen, “Geopolitical realities and United States foreign policy”, Op. cit., pp. 33-87.
95
daño, inseguridad e inestabilidad al pueblo árabe. Hoy, por tanto, Israel tiene una mayor efectividad y poder destructivo, evidente en las miles de muertes causadas a civiles por medio de atentados. Esto hubiera sido muy difícil de alcanzar sin la colaboración efectiva de los Estados Unidos.127
Un factor considerable del conflicto y de la participación activa de Estados Unidos es la desproporción con la que Israel y Palestina se atacan mutuamente. Con el tiempo, y gracias al apoyo de la principal potencia mundial y al control territorial que ejerce en la zona, Israel ha tenido la posibilidad de evolucionar y de desarrollar una capacidad militar más amplia.128 Por el contrario, el pueblo árabe sometido, que no cuenta con el control territorial ni con el apoyo militar y económico de una potencia mundial, ha tenido que sufrir bastante para resistir los ataques de su enemigo y ha debido pagar con la vida de sus habitantes, con la pobreza y el destierro, la falta de recursos militares y de una potencia militar consolidada.
Adicionalmente, con el tiempo se fortalece la delimitación de fronteras en el territorio, por medio de la edificación de muros de separación que acaban de manera irremediable con la libertad del pueblo árabe para transitar y acceder a los recursos.
Sin embargo, es importante reconocer que Israel también ha vivido momentos de tensión con los Estados Unidos, específicamente cuando anunció la construcción de nuevos asentamientos en Jerusalén Este, en el 2010. Con esto se violaba lo que se había acordado en la Hoja de Ruta, en la medida en que en esa región no había un acuerdo de paz. Estas tensiones entre los dos Estados no eran imaginables, pero, según las consideraciones de González,129 en un conflicto tan largo y agitado como el que existe entre Israel y Palestina, no es de extrañar que incluso entre los mismos Estados aliados se produzcan tensiones que alteran el desarrollo y el curso de las relaciones.
127 Véase R. González, “Turbulencias en la relación Israel-EEUU”, Op. cit., pp. 53-89.
128 Véase S. García, “El conflicto palestino-israelí a la luz del sistema de seguridad colectiva”, Op. cit. 129 R. González, “Turbulencias en la relación Israel-EEUU”, Op. cit.
96
Los análisis para entender la relación que existe entre Estados Unidos e Israel, en un contexto geopolítico, han sido erróneos porque no consideran los antecedentes históricos. Según sus planteamientos, no se puede observar a los Estados Unidos desde la óptica de la inocencia, como si hubieran sido obligados a apoyar la causa israelí debido a la naturaleza particular de la contienda. Sin embargo, tampoco se puede acusar a Estados Unidos de maldad y asumir que con el apoyo solo buscan beneficios económicos a partir de la explotación de la región. Por otro lado, la enorme complejidad de las relaciones internacionales y del enfrentamiento tampoco permite aceptar la idea de que Israel es una simple marioneta en la política imperialista de los Estados Unidos. Así mismo, no hay argumentos suficientes para probar que el gobierno estadounidense solo busca con su intervención el bien de la región y el fin del conflicto y ni siquiera se puede afirmar que lo sucedido en Medio Oriente se deriva de las acciones emprendidas por Washington.
En suma, lo que se sabe hasta el momento de la alianza entre Estados Unidos e Israel permite inferir, de acuerdo con las afirmaciones de Bosemberg, lo siguiente: “la política exterior ha estado enfocada en una serie de procesos tan diversos que por consiguiente sus resultados han sido muy dispares. Se han cosechado triunfos, ha habido fracasos, se han cometido errores”.130 Esto quiere decir que la alianza entre estos dos Estados ha estado determinada
por múltiples dimensiones, intenciones y objetivos que la han modificado con los años, los acontecimientos y las necesidades particulares de cada nación.
Entender algo tan relevante en este contexto, como la relación entre Estados Unidos e Israel, depende de un análisis de las dinámicas del conflicto, de los ideales que se oponen y que han suscitado las confrontaciones; el sionismo en sus pretensiones de fundamentar un Estado soberano y legítimo para el pueblo judío y el nacionalismo árabe que, a medida que avanza el tiempo, gira en torno al antisemitismo.
En todo caso, el panorama actual demuestra que ambos Estados, por medio de su apoyo, han conseguido objetivos fundamentales que en parte podrían explicar la naturaleza de su alianza:
97
la URSS desapareció completamente, Israel no solo ha sobrevivido a los ataques y a la resistencia sino que además se ha erigido como la principal potencia regional; el nacionalismo árabe fue derrotado y, finalmente, buena parte del petróleo se halla en manos de sus países y en algunos casos es controlado directamente por los Estados Unidos.
El balance de los hechos permite comprobar la posición hegemónica de ambas potencias, y en esta medida cabría plantearse la pregunta sobre si la participación de Estados Unidos ayudará realmente a acabar con el conflicto o a mantener vivas las fuerzas opuestas que han promovido la lucha, la guerra y la violencia durante todas estas décadas.
Lo cierto es que las tensiones entre ambos actores siguen aumentando constantemente y cada vez es más difícil pensar en una solución dialogada al conflicto. Según Cadena:
Las tensiones aumentan en la región y los países vecinos se preparan para enfrentar posibles ataques desde Israel. La geopolítica está en pleno apogeo y por ahora es difícil creer que la paz llegará al Medio Oriente con la participación de la Unión Europea, Estados Unidos, Rusia y otros interesados.131
Incluso la Hoja de Ruta, es decir, la estrategia diseñada por la comunidad internacional para darle solución a la refriega árabe-israelí, pareciera ser una nueva imposición que los árabes estarían forzados a aceptar de manera obligada: “como es fácil comprobar, afirma Cadena, esta Hoja de Ruta, en buena parte de su contenido y sobre todo en el programa de aplicación, responde a las propuestas de la derecha sionista tanto de Israel como de Estados Unidos”.132 A pesar de la dificultad que existe para interpretar el verdadero papel de los Estados Unidos en la región, se debe aceptar que los grandes conflictos del Medio Oriente tan solo se pueden solucionar, para bien o para mal, por medio de la acción de la potencia del norte. De todas maneras, la solución va más allá de las pretensiones, participación y apoyo del país del norte en la región.
131 J. Cadena, “Cultura, nacionalismo y geopolítica. Elementos para entender el conflicto de Oriente Medio”,
Op. cit., p. 84.
98
Aunque, en estas circunstancias los Estados Unidos desempeñan un papel preponderante, es importante analizar el tema desde la óptica de las dinámicas propias de esta confrontación, no solo de cara a los intereses nacionalistas de cada país, sino también a partir de la pluralidad, las tradiciones, esperanzas e ideales de sociedades que han tenido que transformarse con el tiempo, independientemente de la política internacional de ese país.
99