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3.4 Drag Coefficient Optimization of an Automotive Shape

3.4.2 Optimization

«De verdadera importancia es la indus- tria de este pueblo que, por entero, está dedi- cado a la fabricación de calzado, general- mente ‘clase de batalla’ como dicen en el len- guaje industrial. Allá donde sepan que haya gran contingente de obreros, allá van los fa- bricantes de calzado de Elda con su calzado, ofreciéndolo a precios sin competencia […] Esta industria se halla muy adelantada, pues tiene en uso el material mecánico más mo- derno para la fabricación del calzado»12.

Esto escribía en 1901 José Ferrán- diz Ponzó en su informe sobre la in- dustria alicantina. Ahora queremos ha- cer un breve repaso al proceso de in- dustrialización seguido en el siglo XIX que desembocó en esta manifiesta im- portancia de la fabricación del calzado. Nos centraremos en el origen, forma- ción y primeros pasos de la produc- ción del calzado con fines comercia- les, dejando fuera de nuestro capítulo las fábricas, signo de la acumulación ca- pitalista y de la transformación in- dustrial de la ciudad.

En todas las comunidades rurales existían zapateros artesanos13 dedica-

dos al ámbito local agrario. Ahora, cuan- do hablamos de protoindustrialización zapatera, de lo que se trata es de saber cuando estos zapateros dejaron de orien- tar su actividad hacia el consumo local y consiguieron una comercialización externa que les permitía un crecimien- to de la producción, del trabajo, de los beneficios y de innovaciones técnicas. Las primeras referencias a zapateros que comercializaban su calzado más allá de Elda datan de 1832. Joaquín Yago, Juan Estarlic, Juan Besa o Ramón Ganga son zapateros que por estos años marchaban a Albacete, Jumilla, Valen- cia o Alicante a vender sus pares de cal- zado. No se trata de vendedores de cal- zado, sino de descendientes de zapate- ros o de trabajadores temporales que compatibilizaban estas tareas con las agrarias. Es probable que estos vende- dores fuesen los jóvenes zapateros más pobres o también se tratase de oficiales al servicio de otros zapateros-empre- sarios. Por ejemplo, Valero Escandell, se- gún los recuentos impositivos de los años 1835-1847, destaca a José Payá González, hijo de zapatero, que posi- blemente no era un simple trabajador sino un empresario con capacidad para emplear a otros pocos zapateros y pro- ducir para un mercado que desborda- ba los límites locales. El proceso pro- ductivo todavía se realizaba en el mar- co de los talleres gremiales, esto es, era

Espartero en una muestra artesanal organizada por Mosaico. La del esparto fue una de las primeras actividades protoindustriales de Elda.

una actividad predominantemente do- méstica, realizada en el interior de la propias viviendas, sin utilizar maquinaria destacable ni requerir ningún tipo de obra ni transformación de los edificios. Los factores que favorecieron el desarrollo de esta actividad zapatera a lo largo de la primera mitad del siglo XIX podemos resumirlos en cuatro: cambios agrarios; mano de obra abun- dante y barata; carretería, arriería y si- tuación geográfica; y, por último, exis- tencia de otras actividades protoin- dustriales previas.

En los precedentes apartados hemos observado una serie de cambios agrí- colas acaecidos en el campo eldense, sobre todo aquellos relacionados con los cultivos. El proceso de especialización agraria, principalmente la expansión de la viña, el almendro, la presencia del olivo en la primera mitad de la centu- ria y la progresiva sustitución del trigo por la cebada como cereal predomi- nante, orientaron gran parte de la pro- ducción hacia el mercado. Esta secular transformación rural convive con una desposesión agraria. En Elda existía una distribución de la propiedad muy desequilibrada: el 45 % del vecindario no alcanzaba una renta de 5 libras anuales, mientras que el 3 % superaba las 50 li- bras. Así, en el año 1817 existían 451 jor- naleros, además de 112 arrendatarios y 329 pequeños propietarios. En el año 1835 los jornaleros ya suponen el 61 % de los vecinos vinculados a la tierra. La desigualdad social era patente, lo cual facilitaba una reserva de mano de obra

abundante con salarios bajos. Mano de obra joven, por las características de la propia estructura demográfica de Elda a mediados del XIX, además del im- portante uso de la población infantil en tareas laborales. Esta gran reserva de familias desposeídas con muchos miem- bros jóvenes abastecía de mano de obra las demandas de los propietarios te- rratenientes de campos de viñas, oliva- res o cebada, además de emplearse even- tualmente en la recolección y transfor- m a c i ó n d e l e s p a r t o o e m i g r a r temporalmente hacia La Mancha para segar el expansivo trigo.

La situación geográfica y el volu- men de la carretería y arriería facilitaron la difusión de los primeros excedentes zapateros. La posición en el Valle del Vinalopó en el trayecto que comunica el Mediterráneo con la Meseta hizo, posi- blemente, que existiera un numeroso colectivo de caballerías dedicadas do- blemente a las tareas agrícolas y de trans- porte. Arrieros y carreteros incluirían entre sus mercancías productos artesa- nos, junto a los más abundantes agra- rios (vino, aguardiente, frutas, turrón, aceite, jabón, trigo o harina). El cono- cimiento de los mercados extracomar- cales y las rutas comerciales facilitarían los primeros viajes de los zapatos.

Antes del afianzamiento de los ta- lleres de calzado existían en Elda otras actividades protoindustriales, princi- palmente las relacionadas con los mo- linos hidráulicos (harineros, papeleros y de esparto) y la elaboración de pro- ductos agrarios (prensas de aceite, cu- bos con lagares para el vino, alambi- ques de aguardiente y alcohol). La ela- boración de productos de esparto era la industria rural más importante de Elda durante la primera mitad del siglo XIX. La manufactura del esparto la realizaban las familias desposeídas, semiproleta- rizadas, que junto a los ingresos de jor- nales en el campo, completaban la eco- nomía familiar con el trabajo del es- parto, tanto mujeres, niños y ancianos. Era, al parecer, una elaboración prin- cipalmente familiar, controlada por los comerciantes y propietarios de mar- tinetes de esparto –domestic system–. La alpargatería y la cordelería serían los dos sectores trabajados, tanto para el au- toconsumo local como para la comer- cialización de los trajineros, mercade- res y del puerto alicantino. La mano de obra alpargatera y cordelera dispu- Interior de Hormas Aguado en

1899 (Museo del Calzado de Elda).

so de obreros hábiles y disciplinados para la expansión del calzado, aunque este último tuvo un origen inversor y co- mercial distinto a la manufactura del esparto.

Tras la primera etapa de forma- ción, entramos en una segunda de con- solidación de la protoindustria del cal- zado desarrollada entre 1850 y 1890. A lo largo de estas décadas aumenta el número de fabricantes y de trabajado- res del calzado. Bernabé Maestre (1975: 70), a partir de los padrones munici- pales, dice que en el año 1860 había 20 zapateros en Elda, que eran ya 37 en 1872 y 89 en el año 1875. En este últi- mo padrón Petrer ya contaba con 6 za- pateros, además de 14 alpargateros. Pero hay que tener presente que la po- blación vinculada a la industria del cal- zado es difícil cuantificarla porque los padrones municipales, u otros docu- mentos oficiales, no incluían ni a las mu- jeres ni a la población infantil menor de catorce años. Valero Escandell dife- rencia, para el año 1867, entre fabri- cantes –tres– y vendedores de calzado –seis–. Los primeros viajantes, escribe, surgieron en buena medida de las pro- pias familias zapateras tradicionales de la villa, que ahora ya contaban con trabajadores asalariados y actuaban como zapateros-empresarios. Estos fa- bricantes y los viajeros mantenían una estrecha relación entre sí y con el gre- mio del calzado.

En el año 1885 el número de za- pateros ya ascendía a 187. Muchos de los nuevos zapateros son jóvenes que no son cabeza de familia. En su mayor parte provienen de familias jornaleras, pero también hay hijos de albañil, he- rrero, carpintero, sastre, esquilador, arriero… En estas décadas aún no apa- recen propietarios agrícolas como in- versores del calzado ni como empleados; sólo los jornaleros encuentran una al- ternativa laboral en esta industria ru- ral en expansión. Además, en 1885 los talleres zapateros son ya la primera in- dustria rural, muy por delante de la crítica situación de la fabricación pa- pelera o de la decadente manufactura del esparto.

El calzado, la principal actividad de transformación de la villa de Elda, se- guía siendo básicamente una actividad realizada familiarmente, en las propias viviendas de los zapateros-empresa- rios, con una producción absoluta-

mente artesanal. Antes de la instala- ción de las primeras máquinas (la má- quina de coser Singer o la máquina de cortar suela) todas las operaciones eran manuales: desde buscar las materias primas, prepararlas, realizar el cortado o coser la suela. Así, pues, la inversión para montar un taller zapatero era re- ducida. En la última década del siglo XIX algunos propietarios zapateros habían acumulado suficiente capital para construir las primeras fábricas de calzado. Bernabé Maestre calculó que la producción en los talleres zapateros ascendía a 90.000 pares en el año 1885, cifra que se dobló en 1900 una vez cons- truidas las primeras factorías fabriles. Por último, cabe señalar que en 1870 aparece la primera iniciativa de- dicada a la producción de artículos auxi- liares para la producción zapatera: es el taller de hormas de I. Aguado, que pa- rece ser era maestro artesano. La apa- rición de esta instalación auxiliar fue de gran relevancia para el desarrollo de la protoindustria zapatera, ya que supo- nía una división del proceso producti- vo y una especialización que facilita- ba una reducción de costes y un au- mento de la productividad. Caracteres que aumentaron en la plena industria fabril del calzado, que se desarrolló vertiginosamente en Elda a partir de la última década del siglo XIX, hasta convertirla en la principal actividad productiva de la localidad y en motor comarcal, reduciéndose paulatinamente el peso de la agricultura en esta nueva fase del capitalismo industrial.

La de Rafael Romero Utrilles (en la foto) y la de Silvestre Hernández fueron las primeras auténticas fábricas de calzado de Elda (Revista Fiestas Mayores).

P

ara conocer la estructura socio- profesional de la población de Elda a fines del Antiguo Régimen contamos con el estudio del profesor Glicerio Sánchez (1981) sobre el Re- parto de la Contribución de 1817 de- bida por la Villa de Elda. Al menos du- rante medio siglo la población perma-

neció estancada: 3734 habitantes en 1787 (Censo de Floridablanca) y 3846 en 1843 (Diccionario de Madoz). Era una villa agraria que a lo largo del XVIII había triplicado su población y había llegado al máximo de las posibilida- des de recursos que podía ofrecer el medio, situación semejante a las de

La sociedad eldense

del XIX

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