Los saharauis fueron considerados como enemigo de forma indiscriminada desde la ocu-
pación marroquí y mauritana en 1975. ya fuera en el desierto como en las ciudades, a partir de la ocupación marroquí quienes no se mostraban de acuerdo con esta fueron convertidos en objetivo militar. Tanto personas que participaban activamente en el Frente POLISARIO, como sus familiares, como cualquier sospechoso de tener simpatías con la resistencia o quien no mostraba un apoyo al régimen marroquí. La sola negación a par-
ticipar en actividades contra la población civil o pillaje por parte de algunos miembros de las fuerzas auxiliares o el ejército que eran saharauis conllevó su detención y tortura. 35 Unión Nacional de Mujeres Saharauis, organización de las mujeres saharauis en los campamentos de Tin-
duf. La UNMS concibe su misión como contribuir a la liberación de su pueblo saharaui y el retorno a su tierra, promoviendo la salud personal y familiar de las mujeres, el respeto a sus derechos, la capacidad y oportunidades laborales de las mujeres, y su presencia, valoración y participación social y política. Véase: LOZANO, I. y MARTÍN BERISTAIN, C. (2001), Ni Guerra ni Paz. Desarrollo en el refugio, Bilbao.
Eso hizo que familias y comunidades enteras sufrieran la violencia directa. La mitad de la población tuvo que refugiarse en Argelia, y la mayor parte de las familias se encuentran divididas por dicha separación forzada. Una de cuatro víctimas directas entrevistadas para este estudio tenía también otros familiares que habían sido víctimas. El nivel y la exten-
sión de la violencia contra la población civil han supuesto un enorme impacto colectivo. A parte de esta dimensión colectiva, las víctimas saharauis han compartido un destino común en muchos casos. Los detenidos que estuvieron desparecidos en centros clandesti-
nos de detención han vivido experiencias similares y muchas veces juntos en los mismos escenarios del horror. Esta dimensión colectiva de la represión ha seguido afectando a las nuevas generaciones. En cierta medida, la experiencia de violencia ha seguido sien-
do parte del proceso de socialización del pueblo saharaui en el Sáhara Occidental. Por ejemplo, muchos de las personas entrevistadas para este estudio no habían hablado sus experiencias con los otros porque esas han sido experiencias compartidas de las que “no hace falta hablar”.
Según el Derecho Internacional de los Derechos Humanos (DIDH), se entenderá por vícti- ma “a toda persona que haya sufrido daños individual o colectivamente, incluidas lesiones físicas o mentales, sufrimiento emocional, pérdidas económicas o menoscabo sustancial de sus derechos fundamentales, como consecuencia de acciones u omisiones que constituyan una violación manifiesta de las normas internacionales de derechos humanos o una viola- ción grave del Derecho Internacional Humanitario”36. Sin embargo, también las víctimas tienen diferentes necesidades y características. No son pues un conglomerado homogéneo, aunque hayan sufrido experiencias similares en muchos casos. Las diferencias en el impac-
to o cómo se enfrenta el dolor se dan incluso en la misma familia afectada.
Puede considerarse que existen varios tipos de víctimas, aunque la terminología que se usa habitualmente puede no ser la más adecuada cuando se trata de hablar de sus derechos. Por
una parte, se habla de las víctimas directas, que sonlas que han sufrido directamente la vio-
lencia, por ejemplo la víctima de bombardeos, tortura o desaparición forzada. Por otra, las
víctimas indirectas, es decir aquellas que por sus lazos familiares sufren las consecuencias de la violencia, la pérdida de sus seres queridos o su impacto traumático, es decir los fami-
liares de desaparecidos en este caso. A veces estas últimas son las únicas que sobreviven, y hay que tener en cuenta que las llamadas víctimas indirectas, también sufren directamente otras violaciones de derechos humanos como hostigamiento, amenazas, violación del dere-
cho a la verdad o el duelo en los familiares de personas desaparecidas.
Como ya se indicó anteriormente, en el caso del Sáhara Occidental las víctimas no son solo de un determinado periodo histórico, sino que la violencia contra la gente se ha ido extendiendo durante décadas. Esto ha conllevado víctimas directas e indirectas en al 36 Principio 8 de los Principios y directrices básicos sobre el derecho de las víctimas de violaciones manifiestas de las normas internacionales de derechos humanos y de violaciones graves del derecho in- ternacional humanitario a interponerrecursos y obtener reparaciones, adoptados por la ORGA, Resolución 60/147 del 16 de diciembre de 2005.
menos tres generaciones desde 1975 hasta la actualidad. Si bien la intensidad de las viola-
ciones de derechos humanos ha disminuido en los últimos años, comparando con la época de las desapariciones forzadas, también se da un impacto acumulativo en las diferentes familias afectadas. Además, la concentración de numerosas violaciones hace que nume-
rosas familias han tenido más de una persona desaparecida, o que las detenciones arbitra-
rias, malos tratos o torturas han sido sufridos por personas de distintas generaciones de la misma familia. Esta continuidad generacional de las violaciones de derechos humanos supone una experiencia acumulativa que tiene una dimensión también colectiva. Ese impacto en las siguientes generaciones se ha producido por varios factores:
1) Porque se mantienen las situaciones de amenaza o persecución en diferentes épo-
cas, con lo que las experiencias de violencia generan impactos acumulativos. 2) Por la afectación de la separación familiar forzada entre el Sáhara Occidental y los
campamentos de población refugiada en Tinduf. Casi todas las familias saharauis se encuentran divididas desde 1975. Hasta el inicio del programa de ACNUR en 2004, muchas ni siquiera sabían nada de sus familiares, debido tanto a la práctica de desapariciones forzadas, como al bloqueo de la comunicación y las condiciones políticas del conflicto.
3) La alteración de la dinámica familiar como consecuencia de la pérdida de seres queridos y la existencia de un contexto social negativo. Muchas familias tuvieron que vivir el ostracismo social por ser consideradas peligrosas y la extensión del miedo en la sociedad saharaui bajo el régimen marroquí. En el caso de la po-
blación refugiada, debido al impacto del éxodo y la situación de incertidumbre permanente sobre su destino. Por ejemplo, se altera la comunicación porque no se habla con los niños para protegerles, o porque se considera que lo sucedido es demasiado doloroso. El contexto social negativo y el estigma social asociado a los desaparecidos generaron un clima de miedo y de silencio con un enorme impacto al interior de las familias y disminuyeron las posibilidades de apoyo social. 4) En este caso, la continuidad de la violencia y las experiencias de las nuevas genera-
ciones suponen una realidad y una memoria focalizada en el daño que permanece. La extensión de la violencia a la vida cotidiana y la resistencia frente a un contexto que niega la identidad y las aspiraciones políticas provocan el enfrentamiento con el régimen, y globalmente con la idea de “Marruecos”.
Para la población que se encuentra en el Sáhara Occidental, la reivindicación de su con-
dición de víctimas frente al régimen marroquí ha sido una manera de defender sus de-
rechos, de luchar por el reconocimiento de sus experiencias que se han mantenido en la negación oficial y el olvido, y afirmar su identidad en un contexto hostil. A partir del año 1989 AFAPREDESA y posteriormente, en 1994, el Comité de Coordinación de Víctimas de Desapariciones Forzadas, conformado por personas que estuvieron desaparecidas en centros clandestinos de detención y de familiares de desaparecidos, empezaron a tratar
de organizarse y a reivindicarse también como sobrevivientes y defensores de derechos humanos. Principalmente, a partir de las movilizaciones de 2005 en adelante, el papel de dichas organizaciones y líderes ha sido más conocido. Todo ello ha supuesto poner énfa-
sis en su capacidad de resistencia y recuperación.