3 THE ROLE OF A CLASS I GLUTAMINE AMIDOTRANSFERASE IN C/N
3.5 Materials and Methods
4.4.8 Optimized chromatography using HILIC
Los salones literarios fueron un elemento fundamental para la naciente esfera pública pero igualmente importante fueron los avances en las
tecnologías de impresión y la creciente popularidad de los newsletters y
171
información acerca de diversos acontecimientos, inicialmente eran publicaciones orientadas a temas literarios pero poco a poco fueron evolucionando a temas políticos, en donde los participantes en el debate público podían encontrar elementos para sus argumentos y espacios para publicar sus ideas respecto a diferentes aspectos de interés público. Inicialmente el contenido de estas publicaciones estaba censurado por el Estado. Pero conforme la presión aumentó, estas la censura se relajó y las nuevas publicaciones se convirtieron en espacios relativamente abiertos para el debate.
Habermas (1991, p. 180) destaca la importancia del surgimiento de los medios impresos en la expansión de las economías de mercado más allá del ámbito local. El comercio entre Estados significó un incremento en el tráfico de noticias casi simultáneo al tráfico de bienes, los comerciantes necesitaban información acerca de los precios y la demanda.
Los medios escritos que satisfacían esos datos empezaron a incluir
también otro tipo de información. Clahoum dice que “el mismo proceso ayudó al surgimiento tanto de una alfabetización más profunda y un acercamiento a la palabra escrita como fuente de información pública importante.” (2003, p. 8)
Para Habermas, la importancia de estos desarrollos es doble. Primero, el público burgués fomentó una racionalidad crítica; formaron un espacio en dónde la principal fuerza era la del mejor argumento. En segundo crearon una
172
presión y una fuerza para el cambio, aproximándose al ideal al cual Habermas parece haberse suscrito en buena parte de su trabajo posterior: “una situación en la que el razonamiento del público constituye una fuerza motriz efectiva tanto en la sociedad como en la esfera política” (Habermas, 1991, p. 19).
La sociedad civil empezó a existir como el corolario de una autoridad estatal “despersonalizada”, alejada de la vida cotidiana. De esta forma, cierta elite educada empezó a pensar de sí misma como si constituyera lo público y a partir de ahí transformó la noción abstracta de publicum, que se entendía como contraparte a la autoridad pública, en un conjunto mucho más concreto de prácticas. (Habermas, 1991, p. 23).
En consecuencia, el razonamiento crítico entró a los diarios del siglo XVIII. Las noticias culturales y de comercio se complementaron con artículos de fondo originando, incluso, un nuevo género periodístico.
Más allá de esta subjetividad, la mayor contribución de la esfera pública literaria a la esfera política está en el desarrollo de las bases institucionales. Estas abarcaban desde la creación de lugares de reunión para el debate, la impresión de revistas y la formación de redes sociales. Así, los primeros hombres de negocios ingleses se reunían en cafeterías para discutir temas de comercio y ahora también contaban con artículos de fondo que estaban
173
Se crearon revistas de opinión, que mantenían en contacto a miles de pequeños círculos de individuos con intereses comunes que se reunían en las cafeterías en Londres y a través del país. Estas revistas estaban en alguna cafetería en particular y replicaban en sus contenidos el estilo de la tertulia, de la comunicación cara a cara.
El objetivo principal de estos intercambios era la búsqueda del bien común sin importar las diferencias de estatus. Esto a su vez estaba ligado con una segunda característica fundamental, la noción de que el argumento
racional era el único árbitro en cualquier tema. Siempre que la norma era rota, la idea de que el mejor argumento racional y no la identidad del hablante era lo que determinaba el ganador se institucionalizaba como un recurso disponible
En la nueva esfera pública la sociedad civil –a través del uso de leyes generales, abstractas y despersonalizadas, como fue el requisito de una forma de discurso racional- se afirmó a sí misma como opinión pública y como una fuente legítima de poder frente al Estado. El acceso libre a la información era, junto con la educación, crucial para poner al público en una posición que le permitiera tener una opinión fundamentada, más allá de una opinión común. (Habermas, 1991, p. 78).
Toda clase de temas acerca de los cuales hasta ahora la Iglesia o las autoridades del Estado habían ejercido un monopolio de interpretación fueron
174
abiertos a discusión, en la medida en que el público definió su discurso como todo aquello que era de preocupación común.
Para efectos de la propuesta que se bosqueja en este apartado, habrá que aclarar, que para Habermas su modo de reflexionar sobre la prensa estuvo determinado por un modelo de comunicación basado en el lenguaje hablado. Como se explicó en párrafos anteriores, la prensa periódica, formaba parte de una conversación iniciada y proseguida en los espacios compartidos de la sociabilidad burguesa. La prensa estuvo tan entretejida con la vida de los clubes y de las casas de té que fue inseparable de estas instituciones. Las discusiones se llevaban a un medio diferente, para reingresar por la vía de la lectura, al medio conversacional original.
Si bien la prensa desempeñó un papel crucial en la formación de la esfera pública burguesa, ésta fue conceptualizada por Habermas, no en relación a la prensa, sino en relación a las conversaciones cara a cara estimuladas por ella. Como en la antigua Grecia, así también en la Europa moderna, la esfera
pública fue constituida por encima de todo por medio del habla. En la
contraposición de argumentos, opiniones y puntos de vista diferentes a través del intercambio dialógico de palabras habladas en un espacio compartido. (Habermas, 1991, pp. 177,178).
En este sentido, no resulta difícil entender la crítica y la interpretación negativa que hace Habermas de los medios de comunicación como la radio y
175
la televisión. Esta crítica no iba dirigida únicamente a que las industrias comunicativas se habían convertido en medios más comercializados y utilizados para intereses particulares. Se debió también a que el tipo de comunicación que habían provocado, en la que la recepción de los productos de los medios se convirtió en una forma de apropiación privatizada que tenía poco que ver con el intercambio dialógico que tuvo lugar entre los individuos que se reunían en clubes y casas de té de principios de la Europa Moderna.
Habermas admite que la radio y la televisión crean nuevas formas de conversación –programas de entrevistas, mesas redondas, etc. Pero estas nuevas formas de comunicación no son, según Habermas, comparables al debate crítico racional que fue constitutivo de la esfera pública burguesa.
Sin embargo, nuestra propuesta es llegar a una comprensión de la naturaleza de la vida pública en el mundo contemporáneo que vaya más allá de una concepción meramente dialógica. Es necesario reconocer que el desarrollo de los medios de comunicación, empezando por la prensa pero incluyendo además las más recientes formas de comunicación mediada por computadora y las redes sociales han creado una nueva forma de “publicidad” (publicness) que no puede ser adaptada al modelo tradicional.
Con los desarrollos de la comunicación mediada por computadora se ha desvinculado el hecho de la participación en un espacio común -se puede llevar a cabo en diferentes espacios y tiempos sin tener como característica
176
fundamental el “diálogo cara a cara”. Las formas de interacción a través de estos medios son no dialógicas pero pueden llegar a ser igualmente efectivas. La propuesta que se hace en este estudio es precisamente aprovechar estas herramientas para construir espacios de discusión pública en donde se debatan asuntos de interés común.