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Chapter 4 CONTROLLABILITY ANALYSIS

4.2 Orbit-controllability

primeros datos que se obtienen surgen de Egipto y la antigua Babilonia (Chávez, 1987:18). El gran paso hacia el coleccionismo se da cuando los romanos conquistaron a los griegos y se valoró el comercio artístico, ya que en Roma aparte de atesorar sus propias obras, se fomentaba la importación de artefactos foráneos, por lo que muchos militares decidieron traer a casa “recuerdos”-botines- desde la antigua Grecia lo anterior, como parte de los saqueos producto de la conquista y como sinónimo de buen gusto y clase, convirtiéndose en una señal de opulencia y diferenciación social (León, 1995:17-18).

Durante el Renacimiento, se renueva totalmente el coleccionismo y por ende el huaquerismo, ya que la racionalidad y cientificidad que caracteriza esta época, evoca a las fuentes de “antigüedad”. Además del valor hedonístico y económico de las épocas romanas, para esta se agrega un valor humanista y científico, que educa a través de la exposición de la obra (de manera pedagógica), por lo que su valoración va a ser tanto estética, como histórica. Durante el siglo XVII, se dio un aumento de saqueos, debido a la rápida promoción de los burgueses al monopolio artístico de las monarquías absolutas y a la nueva imagen del coleccionista, quien ya no compraba solamente por el prestigio social, sino que lo hacía por gusto personal. Descubrimientos como el de Pompeya y Herculano e inclusive América

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motivó un incremento en la tenencia de bienes y tornó un fervor arqueológico en los defensores intelectuales de “la vuelta a la antigüedad” Al llegar la ilustración se produjo una transformación social en el uso de los artefactos que determinó las esferas más importantes del coleccionismo: la religiosa-clerical, caballeresca y burguesa. (León, 1995: 22-23, 30, 39). Período de conquista y colonización en América

El saqueo también estuvo presente en la antigüedad Americana, por ejemplo, se ha argumentado que varios de los jades encontrados en Costa Rica provienen de contextos saqueados en Tikal, por lo que existen evidencias de presencia de materiales foráneos en contextos arqueológicos de temporalidades no congruentes, así como alteraciones de rasgos por parte de personas que habitaron durante tiempos antiguos Graham, 1998: 51-52; Mora, 1999; León, 1995: 56). Fue con la llegada de los conquistadores ibéricos al continente americano, que se intensificó, dándose con mayor fuerza en lugares como Perú, en donde se conocía la existencia de grandes tesoros auríferos. En la actual Costa Rica, algunos conquistadores lograron presenciar el enterramiento de personajes indígenas de alto rango por lo que se percataron de que se enterraban con pertenencias valiosas. Es por esta razón que se dieron saqueos en cementerios, actividades que se describieron como “minerías” (Hole, y Heizer, 1977: 2).

Se cuenta con información para fechas muy tempranas, por ejemplo en 1540 en el Asiento y Capitulación de don Diego Gutiérrez, al hablar de los lugares de extracción de riquezas como oro, plata y piedras, que debían pagar impuestos, se indica que podrían encontrarse “[…] en sepulturas […], enterramientos o cúes o templos de yndios, como en otros

lugares en donde se solían hacer sacrificios ó otros lugares rreligiosos, ascondidosó enterrados” (Fernández, 1886: 37). Las mismas continúan ya entrado el período Colonial, Fray Agustín de Ceballos se refiere a ella como la explotación de cementerios o lomas por parte del capitán Muñoz (Peralta, 1885: 700).

Época Republicana:

Sobre sus primeras décadas

Para estas fechas la práctica del huaquerismo continuó de manera generalizada y en algunos casos con fines de reutilización. Por ejemplo, Fernández Ferraz mencionó que entre 1835 y 1839 en las propiedades de la Cofradía de la Iglesia de Nicoya cerca del Tempisque y

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Liberia, se huaqueaba para vender metates y otros artefactos de uso común entre los vecinos de Guanacaste (Fernández, 1898: 11).

Finales del siglo XIX

Para finales del siglo XIX muchas personas se dedicaban al saqueo y específicamente el huaquerismo. Conforme pasó el tiempo, el gusto por coleccionar se incrementó, especialmente por parte de personas adineradas, quienes contrataron peones especializados en dichas tareas. Es así como junto a los grandes coleccionistas se encuentran huaqueros de renombre que en un inicio trabajaban para ellos y posteriormente “se independizaron”, tal fue el caso de Lorenzo Masís12, un reconocido cartaginés que laboró para don José Ramón Rojas Troyo y Carl Hartman; Jesús Alpízar quien trabajó para Minor Keith y finalmente Antonio Carrillo con el padre español Velasco en Guanacaste (Hartman, 1901; 1991).

La codicia promovió el saqueo y en 1877 los costarricenses Antonio Carrillo y el cura de Nicoya José María Velasco, formaron una sociedad comercial para excavar tumbas y vender su contenido (Quesada, 1976a: 6). Para finales del siglo XIX el saqueo estaba consolidado, así cuando llegó Hartman “… en 1896 se encontró con que personas aficionadas y

“huaqueros” hacía mucho tiempo estaban destruyendo los sitios arqueológicos, con el único afán de coleccionar o vender piezas (Baudez, 1976). En aquel entonces, nadie se interesaba por recolectar los datos, describir el lugar de los hallazgos, ver el contexto, etc.” (Hartman, 1991: 14).

Para estas fechas, la mayoría de las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en Costa Rica fueron hechas por extranjeros, “sus estudios reflejan, en buena parte, la filosofía que

ha formado las escuelas antropológicas y arqueológicas de los países colonialistas y, como era de esperarse, el aborigen costarricense era visto como un objeto en vidrio y no como un ser humano activo” (Quesada, 1976ba: 6). J. F. Brandsford, E. Flint son los primeros que llegan a Guanacaste en 1877, con la tarea de llevar artefactos arqueológicos para el Smithsonian Institution (Quesada, 1976ba: 6).

El huaquerismo era una actividad común en esas épocas; para algunos casos se podría considerar como un saqueo revestido de cientificismo, realizado por conocedores en arqueología. Para el siglo XX los posibles factores que contribuyeron en el mantenimiento de esta actividad fueron entre otros, la falta de conocimiento en ciencias arqueológicas (Kikut,

12 Como indica Hartman, Lorenzo Masís había estado ocupado casi constantemente en la búsqueda de tumbas, vendiendo los hallazgos que hizo a coleccionistas aficionados (Hartman, 1991: 73).

1982: 29), de una legislación severa que controlara estas actividades y el déficit de costarricenses especializados en materia arqueológica. Es por ello que la

investigaciones las llevaron a cabo principalmente científicos extranjeros, situación que se prolongó hasta casi mediados del s

registro de sus “incursiones”.

Figura Nº 4 Vista del saqueo en el m

Fuente: Museo Etnográfico de Estocolmo, Suecia, colección Hartman. En: Hartman, 1991: 61. Parainales del siglo XIX e inicios del siglo XX se dieron incursiones de museos extranjeros con cierto interés científico principalmente en Guanacaste. Científicos excavaron y/o compraron piezas para abastecer sus colecciones, entre ellos están

(1881- 1883); Kart Von Seebach Seebach 1864: 3) y Ake Sjögren

artefactos arqueológicos y sugirió a su compatriota Carl (Corrales 2002: 272-273).

Es así como Hartman

primero en la zona del Caribe, Valle Central, Puntarenas y por último en Guanacaste.

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Obsérvese las esculturas en piedra al lado de la persona vestida de blanco.

14 Geólogo alemán. 15 Ingeniero sueco.

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1982: 29), de una legislación severa que controlara estas actividades y el déficit de costarricenses especializados en materia arqueológica. Es por ello que la

investigaciones las llevaron a cabo principalmente científicos extranjeros, situación que se prolongó hasta casi mediados del siglo XX y que además en algunos

registro de sus “incursiones”.

Vista del saqueo en el montículo de Las Mercedes13.

Fuente: Museo Etnográfico de Estocolmo, Suecia, colección Hartman. En: Hartman, 1991: 61. inales del siglo XIX e inicios del siglo XX se dieron incursiones de museos extranjeros con cierto interés científico principalmente en Guanacaste. Científicos excavaron y/o compraron piezas para abastecer sus colecciones, entre ellos están

Seebach14 quien detectó tumbas cerca del volcán Miravalles (Von Sjögren15 quien visitó en 1895 la península de Nicoya y recuperó artefactos arqueológicos y sugirió a su compatriota Carl Hartman

Hartman llegó entre 1896 y 1897 y realizó investigaciones arqueológicas, primero en la zona del Caribe, Valle Central, Puntarenas y por último en Guanacaste.

en piedra al lado de la persona vestida de blanco.

1982: 29), de una legislación severa que controlara estas actividades y el déficit de costarricenses especializados en materia arqueológica. Es por ello que las primeras investigaciones las llevaron a cabo principalmente científicos extranjeros, situación que se iglo XX y que además en algunos casos, no dejaban

Fuente: Museo Etnográfico de Estocolmo, Suecia, colección Hartman. En: Hartman, 1991: 61. inales del siglo XIX e inicios del siglo XX se dieron incursiones de museos extranjeros con cierto interés científico principalmente en Guanacaste. Científicos excavaron y/o compraron piezas para abastecer sus colecciones, entre ellos están Bransford (1974), Flint quien detectó tumbas cerca del volcán Miravalles (Von quien visitó en 1895 la península de Nicoya y recuperó que visitase este país

llegó entre 1896 y 1897 y realizó investigaciones arqueológicas, primero en la zona del Caribe, Valle Central, Puntarenas y por último en Guanacaste.

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Posteriormente, volvió en 1903 y se desplazó a la Península de Nicoya, con el fin de recuperar artefactos para colecciones de las instituciones del extranjero que lo financiaron. Este científico realizó informes muy detallados de sus labores y usó metodologías adelantadas para su época (Hartman: 1901; 1907; 1991).

Asimismo, para finales del siglo XIX, Henri Pittier16, excavó cementerios en El General (Pacífico Sur), reportando vasijas y petroglifos en esa zona (Pittier, 1891). Más adelante, para la primera mitad del siglo XX, arribaron otros naturalistas que continúan impulsando el desarrollo de las ciencias en el país, entre ellos se encontraron Alexander Skutch, mientras que a nivel local destacaron figuras como José C. Zeledón, Anastasio Alfaro y Fidel Tristán “que a pesar de no tener una educación formal en el campo científico, se desenvolvieron como

verdaderos naturalistas” (Cárdenes, 2002: 31). Dichos científicos de mediados y finales del siglo XIX e inicios del XX, se diferenciaron entre los extranjeros que venían contratados por empresas privadas (e. g. Gabb) y los que trabajaron para el Estado (e. g. Geo K. Cherrie, Cecil Underwood), así como los nacionales (e. g. Anastasio Alfaro, León Fernández). Para el caso de quienes trabajaban fuera del gobierno, buscaron resolver problemas o necesidades mediatas, para la empresa, coleccionistas, etc., realizando tareas mercantilistas como la “exploración minera, venta de especímenes u objetos de valor arqueológico. Sin embargo, esa actividad

lucrativa no los alejó nunca de su pasión por la ciencia”. Una mayor ventaja lograron quienes trabajaban para el gobierno, ya que tuvieron la posibilidad de dedicarse completamente a la investigación científica, logrando, entre sus principales aportes, el establecimiento de instituciones que fortalecerían a la ciencia tales como el Instituto Físico Geográfico, Museo Nacional de Costa Rica, Archivo Nacional, Parque Zoológico y demás instancias creadas a finales del XIX (Ibídem.).

48 SECCIÓN II

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