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edro Remón, arrestado en Panamá con Luis Posa- da Carriles, no sólo fue designado en un informe confidencial del FBI como el asesino del diplomático cubano Félix García Rodríguez y del ciudadano cuba- no-americano Eulalio José Negrín sino que su dossier fue solicitado oficialmente ante la comisión senatorial que investigó, en Puerto Rico, el asesinato del joven cubano Carlos Muñiz Varela.

El que Posada Carriles escogió de “vocero” en Pa- namá es un peligrosísimo matón, otro producto del entrenamiento “especial” dado por la CIA, en vista a la invasión de Playa Girón, a un número importante de exiliados cubanos. Después de la fracasada operación, los mismos personajes, perfectamente adiestrados en Fort Benning, en el uso de las armas y de los explosi- vos, reaparecieron en las filas de varias organizaciones terroristas, algunas de ellas claramente apadrinadas por la misma central de inteligencia norteamericana.

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por los dos cómplices había recibido una multa frente a la Misión cubana ante la ONU el mismo día en que Omega-7 asesinaba al diplomático cubano Félix García Rodríguez. Se encontró incluso un cheque firmado por Arocena al pagar la multa.

Después de ser arrestado e interrogado por el FBI, Arocena se negó formalmente a colaborar e incluso afir- mó no tener ningún conocimiento de la existencia de Omega-7. Sin embargo, presionado por los investiga- dores, aceptó, al final de 1982, colaborar —brevemen- te— con las autoridades y entregó luego informaciones esenciales sobre el grupo criminal que encabezaba.

Arocena identificó a Pedro Remón como el matón en los asesinatos de Eulalio José Negrín, un emigrado cubano involucrado en un diálogo político con La Ha- bana, y del diplomático Félix García Rodríguez, inter- ceptado solo en su vehículo, en un semáforo, y ejecuta- do, el 11 de septiembre de 1980.

Negrín fue asesinado bajo los ojos de su hijo de 12 años, el 25 de noviembre de 1979. Desde su cárcel de Venezuela, el pediatra asesino, Orlando Bosch, se jactó entonces de haber ordenado el crimen. Bosch fue lue- go liberado gracias a su amigo Otto Reich, más tarde responsable de América Latina en la Casa Blanca). Según un informe desclasificado del FBI, fechado

en octubre de 1993, Pedro Remón aparece vinculado por primera vez a las actividades terroristas cuando fue detenido en la frontera entre Canadá y Estados Unidos, en diciembre de 1980, horas después de la explosión de una bomba en el Consulado de Cuba en Montreal. Lo acompañaba Ramón Sánchez, de Miami. Remón y Sánchez fueron interrogados por el INS —el servicio de inmigración norteamericano— y sus seña- lamientos fueron transmitidos al FBI. Sin embargo, según el informe, investigadores del cuerpo policiaco federal, al analizar más a fondo el caso de Remón, se dieron cuenta de que él estaba en frecuente contacto telefónico con Eduardo Arocena, otro cubano-america- no, sospechoso de dirigir un grupo terrorista llamado Omega-7, entonces integrado por, además de Remón y Sánchez, otros dos peligrosos individuos: Andrés Gar- cía y Eduardo Fernández Losada.

La investigación iba luego a revelar que Arocena y Remón habían alquilado carros en el aeropuerto neo- yorquino de Newark inmediatamente antes de varios crímenes atribuidos a Omega-7.

Comparaciones hechas con los archivos de la poli- cía de Nueva York iban a indicar que un carro alquilado

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El ex jefe de Omega-7, por otro lado, creía haber sido denunciado al FBI, desde 1979, por otro terroris- ta que fue detenido luego en Panamá, ¡también!, con Posada Carriles: Guillermo Novo Sampoll, designado como uno de los autores del doble asesinato del ex mi- nistro chileno Orlando Letelier y de la militante de los derechos humanos Ronni Moffit.

Finalmente arrestado en 1986 y llevado ante un grand jury, Pedro Remón se negó a colaborar y fue con- denado a 10 años de cárcel y 20 mil dólares de multa.

El peligroso personaje, una vez liberado, no tardó en sumarse a las actividades de Posada, refugiado en El Salvador con la bendición de las más altas autorida- des y de los círculos mafiosos de la capital.

Se radicó en Miami, sin tener más problemas. Y re- apareció en Panamá, al momento del fracasado intento de atentado contra el Jefe de la Revolución Cubana.

Entretanto, en Puerto Rico, se creaba la Comisión por la Verdad y la Justicia, luego de una resolución del Senado que ordena:

(que se) realice una investigación sobre la parti- cipación, suministro e intercambio de informa- ción de las autoridades del Gobierno de Puerto

Arocena también denunció a Remón como el au- tor de varios intentos de atentados contra Raúl Roa- Kourí, embajador cubano ante la ONU, y Ramón Sán- chez Parodi, jefe de la Sección de Interés de Cuba en Washington, entre otros.

El intento contra Roa-Kourí tuvo lugar el 25 de mar- zo de 1980, cuando Pedro Remón instaló una bomba con control remoto sobre el tanque de combustible del carro del diplomático. La bomba, retenida por imanes, se cayó al suelo cuando el chofer del vehículo lo chocó accidentalmente contra otro al dar marcha atrás.

El plan de asesinato contra Sánchez Parodi fue can- celado cuando Remón y Eduardo Losada Fernández fueron arrestados en Belleville, New Jersey, mientras trataban de robar un carro, precisamente para esta operación.

Arocena explicó a los que lo interrogaban que Ome- ga-7 se había dividido al principio de 1981, cuando Pe- dro Remón, Eduardo Ochoa, Ramón Sánchez, Alber- to Pérez y José García Junior se acercaban al cabeci- lla Huber Matos, que él consideraba un oportunista. También sospechaba que Remón y Sánchez soñaban simplemente con quitarle la dirección del grupo.

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Desde el año 1974, explicó Alzaga, Carlos Muñiz Varela se había vinculado al movimiento de jóvenes cubanos agrupados alrededor de la revista Areíto y la Brigada Antonio Maceo. Esto le permitió viajar en tres ocasiones a Cuba, facilitándole poder relacionar- se con otras personas que tanto en la isla como en Es- tados Unidos venían trabajando un proyecto común de acercamiento entre las comunidades cubanas en Cuba y el exterior.

“Con los elementos que hoy poseemos podemos afirmar que las condiciones prevalecientes entonces dificultaban en aquella época esclarecer el asesinato de Carlos. Hoy existe un nuevo contexto en el país que favorece un curso de acción diferente”, declaró Alzaga a la Comisión del Senado para luego reclamar que se le solicitara al FBI bajo el “Freedom of Information Act” las carpetas que tengan, entre otros, el nombre de Pe- dro Remón.

¿Cómo aparece en Puerto Rico, ante una Comisión del Senado, el nombre del veterano terrorista de Ome- ga-7 y cómplice de Luis Posada Carriles, en relación con un asesinato cometido en 1979, mientras el terro- rista se encuentra detenido en Panamá?

Rico en conjunto con las agencias federales en la preparación de expedientes, fichas o cualquier otro método de recopilación de información sobre individuos, grupos y organizaciones en Puerto Rico por razones políticas e ideológicas.

Esta comisión está compuesta por familiares y ami- gos de las víctimas de los asesinatos políticos, quienes fomentaron instituciones del Gobierno de Puerto Rico y el de Estados Unidos, como la Policía, el Negociado Federal de Investigaciones (FBI), la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la Inteligencia Naval de la Armada estadounidense.

Así que, el 23 de enero de 2002, varias ponencias fueron presentadas por miembros de la Comisión en vistas públicas celebradas por la Comisión de lo Jurídi- co del Senado de Puerto Rico.

Raúl Alzaga recordó cómo el joven cubano Carlos Muñiz Varela había llegado a Puerto Rico como parte de la operación “Peter Pan” a la edad de 7 años. Esta opera- ción fue articulada por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos y provocó criminalmente la partida de unos 14 mil niños cubanos, quienes fueron separa- dos de sus padres y enviados hacia Estados Unidos.

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ganización que se atribuyó los tres asesinatos era la misma y que Pedro Remón estuvo involucrado en los dos asesinatos posteriores, vinculados con la campaña que existía para parar el proceso del “diálogo”, estos elementos llevan a muchos a pensar, en Puerto Rico, en la posibilidad de que este Pedro Remón pudiera perfectamente haber estado vinculado al asesinato de Carlos Muñiz Varela.

Entre los familiares y amigos de Muñiz Varela y de varios conocedores del caso, ha nacido la convicción de que existe una suerte de trilogía de asesinatos que se llevaron a cabo a partir del proceso político que desen- cadenó el llamado diálogo entre el Gobierno cubano y representantes de la comunidad cubana en el exterior, al final de los años setenta. Estos fueron: el de Carlos Muñiz Varela, en abril del 1979, en Puerto Rico; el de Eulalio José Negrín, en New Jersey, en noviembre del mismo año; y el de Félix García Rodríguez, en enero de 1980, en Nueva York. Los dos primeros, miembros de la comunidad cubana en el exterior y activos partici- pantes de ese proceso que se iniciaba. El último, fun- cionario de la Misión Cubana ante la ONU en la metró- poli norteamericana.

El asesinato del joven puertorriqueño se lo atribuyó la organización Comando Cero, y la muerte de Eulalio José Negrín y Félix García Rodríguez, Omega-7. Mu- chos quedan persuadidos de que ambas organizaciones fueron las mismas. En el caso del joven Carlos, se tienen elementos que confirman que al menos dos de los parti- cipantes en su asesinato provenían de Estados Unidos.

Si se unen los hechos de que los asesinos eran jó- venes, que dos residían en Estados Unidos, que la or-

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