C. MAXIMUM POWER POINT TRACKING
3. Other MPPT Methods
El nacimiento y desarrollo de las relaciones
capitalistas en los países avanzados de Europa occidental trajeron el aumento de la presión de los terratenientes sobre los campesinos siervos. En Inglaterra, en relación con el desarrollo de la in- dustria textil, se operó la expropiación violenta de los campesinos quienes, separados de los medios de producción, se empobrecieron y fueron objeto de horribles calamidades. No fue menos penosa la situación de los trabajadores en la industria. El Estado absolutista, mediante una legislación te- rrorista, obligaba a trabajar por un salario misé- rrimo, y la completa falta de organización de los obreros abría un ancho campo para la explotación más rapaz.
Diversos hombres de vanguardia, aislados, comenzaron a comprender la importancia que tenía, en el empobrecimiento de los campesinos y en la creación de una situación de miseria de los artesanos y obreros de las manufacturas, la pro- piedad privada sobre los medios de producción. Los tristes cuadros de las penurias de los trabajadores en los siglos XVI y XVII desperta- ron, entre los mejores hombres de esa época, el pensamiento del valor nocivo de la propiedad privada sobre los medios de producción, de la posibilidad de transformar radicalmente el régi- men social, así como planes utópicos de construc- ción de una sociedad socialista. Con estos planes se presentan Tomás Moro en Inglaterra, y Tomás Campanella en Italia.
1.— Tomás Moro (1478-1535) fue lord canciller de Enrique VIII. Durante todo el tiempo siguió siendo católico convencido y reprobó la Reforma. Por eso, cuando el rey se decidió a romper con el trono papal, Moro abandonó el cargo.
En 1516 vio la luz pública su libro amplia- mente conocido: Utopía o Libro áureo, no menos saludable que f estivo, de la mejor de las re- públicas de la nueva isla de Utopía.
La obra reviste la forma exterior de un diá- logo en el que, además del autor, participa un amigo de éste, Pedro Egilio, quien dirigió la edi- ción de sus obras, y un tal Rafael Hytlodeo, por- tugués de origen, el cual, siendo supuestamente un acompañante del famoso navegante Américo Vespucio, lo abandonó y se internó en países completamente desconocidos, entre ellos la isla de Utopía, donde vivió durante cinco años.
2.— En esta formidable obra de Moro se re- fleja nítidamente el estado económico de la Ingla- terra de principios del siglo XVI. Es un valioso documento histórico que sirve de testimonio de la implacable explotación de las masas durante el período de la acumulación primitiva del capital y, al mismo tiempo, ofrece una de las primeras ex- posiciones de las ideas del socialismo utópico en la historia del pensamiento social.
En las observaciones críticas referentes al estado económico y régimen político de Inglate- rra, Moro se refiere al sistema riguroso de la le- gislación británica, que castiga el hurto con la pena de muerte. Señala la inutilidad y la injusticia de las penas rigurosas y emite el pensamiento de que es la propia sociedad es quien tiene la culpa por crear condiciones que empujan a los hombres a cometer delitos. Destaca la existencia de una inmensa masa de gente, separada de los medios de producción y carente de posibilidades de llevar una vida de trabajo. Menciona a los mutilados de guerra que han perdido su capacidad de trabajo y el numeroso séquito de aquellos nobles que inevi- tablemente se quedan sin un pedazo de pan desde el día que muere su amo. Pero, por encima de todo, habla de la causa principal que dio lugar a la calamitosa situación de los trabajadores de Ingla- terra: la despiadada expropiación de las masas campesinas.
En relación con el desarrollo de la industria textil, allí, como se sabe, tuvo lugar el tempestuo- so paso de la agricultura a la cría de ovejas. Los terratenientes “cercaron” los campos, convirtién-
17
lentamente expropiados y expulsados de sus tie- rras y convertidos en vagabundos, se encajaba a los antiguos campesinos, mediante leyes grotes- camente terroristas, a fuerza de palos, de marcas a fuego y de tormentos, en la disciplina que exi- gió el sistema del trabajo asalariado.18”
Moro denuncia la “codicia inhumana” de unos cuantos, la “rapaz e insaciable avaricia”, que convierte todo en desiertos. “Las ovejas que tan dulces suelen ser, que exigen tan poca cosa para su alimentación, se muestran ahora tan feroces y tragonas que hasta engullen hombres, y despue- blan, destruyen, y asolan campos, casa y ciuda- des.19”
3.— Después de haber trazado este triste cuadro, y, movido por profunda simpatía hacía las masas oprimidas, Moro, por boca de Hytlodeo, emite el pensamiento, audaz para su época, de que la causa de todas estas penurias del pueblo es la propiedad privada, y que la destrucción de ésta es el único medio para asegurar la felicidad gene- raL
El autor pasa luego a pintar el Estado ideal, existente, supuestamente, en el país fantástico de Utopía.
Con todos los pormenores pinta el régimen social y político de ese país. Sus habitantes no se dedican solamente a los oficios, sino también al cultivo de la tierra. Anualmente varios miembros de cada familia se trasladan por dos años, de la ciudad al campo. Allí aprenden agricultura y par- ticipan en las faenas agrícolas. Para la cosecha se envía desde la ciudad, complementariamente, el número necesario de trabajadores. El cultivo de la tierra es, así, la ocupación común de todos los habitantes de Utopía. Además, cada ciudadano aprende algún oficio, al que se dedica durante su permanencia en la ciudad. .
Los oficios son los mismos para todos los miembros de una familia y pasan por herencia de los ancianos a los jóvenes. El que desea cambiar de oficio tiene que pasar a otra familia. Los tras- lados independientes por el país para evitar el trabajo están prohibidos. La familia es, así, una unidad de producción: la de la ciudad se compo- ne, además, de diez a dieciséis miembros adultos,
18 Tomás Moro, Utopía, ed. rusa de 1947, pág. 58. 19
C. Marx, El Capital, Ed. Cartago, 1958, t. 1, pág. 591. Tomás Moro, Ibídem, pág. 57.
y la del campo de cuarenta. Moro se pronuncia, pues, en favor de la conservación de la produc- ción artesana con sus instrumentos imperfectos de trabajo (no pudo tener claridad acerca de la im- portancia de las grandes empresas industriales). El papel que atribuye a la. técnica dentro de la producción es insignificante.
El trabajo es obligatorio para todos. Las mujeres trabajan igual que los hombres. Del tra- bajo físico se liberan solamente las personas que cumplen deberes sociales, durante el tiempo que ocupan su cargo, así como también los científi- cos.
Moro está convencido de que el principio de la obligación general del trabajo y la ausencia de un gran número de personas ociosas permite, con una corta jornada de trabajo, dar satisfacción a todas las necesidades de los ciudadanos. Al no prever el valor de los perfecciona- mientos técnicos, estima inevitables los trabajos pesados en la sociedad ideal. En Utopía ejecutan estos trabajos, en primer lugar, las personas que se encargan de ellos por motivos religiosos y, en segundo lugar, los esclavos. Estos son delincuen- tes condenados, personas sentenciadas a muerte en los países vecinos y rescatadas por los utopia- nos, y también prisioneros de guerra tomados en combate. La esclavitud es vitalicia, pero no here- ditaria.
Todos los artículos elaborados se trasladan a depósitos especiales, guardándose, por su clase, en almacenes. De allí se surte gratuitamente de todos los artículos —incluidos también productos
formidad con las leyes naturales y, por consi- guiente, “hacer que la vida sea agradable y llena de deleites”.
Los utopianos exportan el excedente de productos a otros países, donde una séptima parte de lo exportado se distribuye gratuitamente entre los indigentes del país, y el resto se vende a pre- cio módico. El oro y la plata que se recibe a cam- bio, se guardan para caso de guerra.
Estos metales no gozan de veneración entre ellos. En tiempos de paz se elaboran con dichos metales, anillos, cadenas y aros, con destino a los ciudadanos que se hayan manchado por algún delito. Las piedras preciosas sirven de juguetes para los niños.
En Utopía, la familia es grande, patriarcal. Su jefe es el miembro más anciano de la misma. Dentro de ella, las mujeres atienden a los hom- bres, los hijos a los padres y, en general, los jóve- nes a los mayores. Adversario convencido del divorcio —más tarde condenó las segundas nup- cias de Enrique VIII—, Moro relata que el ma- trimonio entre los utopistas es, en principio, indi- soluble. Puede disolverse solamente en casos muy excepcionales y el cónyuge por cuya culpa se efectúa el divorcio carece de derecho de contraer segundo enlace.
4.— Moro descubre acertadamente la esen- cia del Estado de su época como organización de los pudientes, creado para sus conveniencias per- sonales. Lo presenta como resultado de la trama de los acaudalados, quienes inventan toda clase de procedimientos y artimañas para conservar lo adquirido por vía deshonesta, y para explotar a los desposeídos como bestias de carga.
En el país de Utopía, el poder del Estado está organizado de manera democrática: todas las autoridades son elegidas, designándose los fun- cionarios por un año, con excepción del príncipe, que lo es para toda la vida.
Los funcionarios se dedican principalmente a la organización de la producción y del consumo colectivos, vigilan que nadie esté ocioso y que todos se dediquen celosamente a sus oficios. También el carácter del poder cambia. Los funcionarios en Utopía no se muestran altivos, ni infunden temor. Se les llama padres y se les con- ceden honores voluntariamente.
conjuran: la consideran como reminiscencia horrible de brutalidad salvaje. Sin embargo, cuando hay necesidad, entran en combate. Tienen pocas leyes, no poseen numerosos tomos de éstas y de sus interpretaciones. Recha- zan terminantemente la ayuda de abogados, y allí cualquiera puede ser jurisperito. En este relato de Moro no puede dejar de verse una insinuación evidente al sistema de justicia inglés y una acerba crítica de su jurisprudencia.
La ley no prevé el carácter de los actos. El problema de los delitos y sentencias es resuelto por el senado.
Moro se manifiesta en favor de la pena de muerte para los reincidentes. Propone encerrar como a fieras indomables a los incorregibles, aquellos a quienes ni las cárceles ni los grillos logran cambiar.
Se pronuncia por la completa tolerancia re- ligiosa. En Utopía existen, simultáneamente, va- rios cultos, entre ellos el del Sol, el de la Luna y el de diferentes planetas. Pero la mayor parte de sus habitantes creen en una divinidad única, des- conocida, principio de todas las cosas. Aunque Moro fue uno de los primeros defensores del principio de la libertad de conciencia, no lo lleva consecuentemente hasta el fin. Todos los ciuda- danos de Utopía están obligados a creer en dios, en la inmortalidad del alma y en los castigos por los vicios, así como en las compensaciones por las virtudes, en el. otro mundo. Y aun cuando los ateos no son objeto de ninguna sentencia, no están autorizados, sin embargo, a ocupar cargos
por encima del nivel de la artesanía medieval, con su técnica inferior y la producción en pequeña escala, y repudió el progreso industrial que, en esa época, fue motivo de las grandes penurias del pueblo. Sin embargo, la sola exposición de la idea del socialismo utópico tuvo un inmenso valor progresista para el ulterior desarrollo del pensa- miento político.