Se diría que existe un “umbral” a partir del cual el crecimiento
económico --medido convencionalmente como crecimiento del
PNB-- deja de contribuir al bienestar humano, y más bien se torna
contraproducente160. Los bienes y servicios proporcionados por una economía en expansión llevan a incrementos en el bienestar humano hasta cierto punto, pero más allá de éste los costes sociales y ambientales vinculados con el crecimiento tienen un impacto tal que el nivel de bienestar se reduce. En las sociedades sobredesarrolladas
160 Esto lo ha argumentado muy bien Manfred Max-Neef en “Economic Growth and Quality of Life: A Threshold Hypothesis”, Ecological Economics vol 15, 1995.
del Norte, todo indica que hemos sobrepasado con creces este umbral. Esto puede verse a partir del trabajo realizado para construir índices agregados que agrupan diversos aspectos determinantes del bienestar y el desarrollo humano en un sólo índice. Uno de los más interesantes es el Indice de Bienestar Económico Sostenible (IBES) de Daly y Cobb, que corrige la medida económica convencional del gasto en consumo personal considerando una variedad de factores sociales y ecológicos, y tiene en cuenta no sólo los ingresos medios sino también la distribución. En el IBES se combina una cifra de consumo personal con estadísticas sobre la distribución de la renta, el crecimiento del capital, el valor del trabajo doméstico, y una serie bastante completa de indicadores medioambientales161.
Lo más notable del IBES es que, calculado para un país altamente industrializado como EEUU, muestra que el bienestar por
persona (medido según el IBES) aumentó entre 1950 y 1976 (el 43%), pero disminuyó constantemente desde esta última fecha (en 1988
había descendido un 12% respecto a 1976), a pesar de que el PIB
por persona o el PNB por persona seguían creciendo. Se obtienen
resultados parecidos analizando otros países industrializados como Alemania, Gran Bretaña, Austria, Holanda o Suecia162: el IBES crece más o menos al ritmo del PNB hasta mediados de los setenta o comienzos de los ochenta, pero a partir de entonces se estabiliza o desciende (mientras que el crecimiento del PNB continúa). Este tipo de cálculos proporcionan apoyo empírico a la idea de que a partir
de cierto umbral (que los países industrializados hemos sobrepasado
con creces), el crecimiento económico se torna contraproducente. Se impone por consiguiente un cambio de modelo de desarrollo:
otra manera de producir, consumir, trabajar, vivir.
161 Véase “El Indice de Bienestar Económico Sostenible”, apéndice a Para el bien común de Herman E. Daly y John B. Cobb (FCE, Méjico 1993).
162 Se hallará una somera información al respecto en Tim Jackson y Nic Marks: “Consumo, bienestar sostenible y necesidades humanas. Un examen de los patrones de gasto en Gran Bretaña, 1954-1994”. Ecología Política 12, Barcelona 1996, p. 68 y ss.
Fuente: Jorge Riechmann, “Necesidades humanas frente a límites ecológicos y sociales”, último capítulo de Jorge Riechmann (coord.), Necesitar,
desear, vivir. Sobre necesidades, desarrollo humano, crecimiento económico y sustentabilidad,
Los Libros de la Catarata, Madrid 1998.
Un par de índices sintéticos: el Índice de Desarrollo Humano de NN.UU. y el Índice de Progreso Auténtico (Genuine Progress
Indicator) del proyecto Redefning Progress
Un largo debate sobre la construcción de índices apropiados para medir el desarrollo y el bienestar, y algunas contribuciones teóricas fundamentales debidas al economista Amartya Sen y a la flósofa Martha Nussbaum en los años ochenta, condujeron a partir de 1990 a la elaboración anual de un Informe sobre desarrollo humano a cargo del PNUD. Entre otros logros, estos informes han logrado situar en el debate sociopolítico contemporáneo algunos índices sociales importantes. El más conocido de ellos es el Índice de Desarrollo Humano introducido en 1990 (que combina tres indicadores: longevidad, nivel educativo e ingresos monetarios ajustados en función del nivel de precios de cada país), pero también tienen muchísimo interés el Índice de Potenciación de Género y el Índice de Desarrollo de Género introducidos en 1995 (que refejan las desigualdades entre los sexos en lo que toca a capacidades humanas, oportunidades vitales y participación social), así como el Índice de Pobreza de Capacidad de 1996 (que, para medir el porcentaje de población con defciencias de capacidad en aspectos básicos del desarrollo humano, combina tres indicadores: alimentación infantil adecuada, capacidad de procreación en condiciones seguras y alfabetización femenina). Como resaltó en su día Bob Sutcliffe,
“la idea que se encuentra tras el desarrollo humano es que el cambio de las condiciones
sociales y económicas es deseable si, y sólo si, mejora la calidad de vida de los habitantes. Y la calidad de vida se interpreta como la ampliación de las oportunidades de los seres humanos sobre cómo vivir sus vidas. (…) Amartya Sen propone el enfoque de la expansión de la capacidad (que también podría denominarse enfoque de la libertad) para medir el desarrollo, como una alternativa tanto a la medición del bienestar subjetivo como a la idea de reducir el desarrollo a la producción de bienes y servicios. El enfoque capacidad/ libertad pone como objetivo prioritario la aptitud de los seres humanos para realizarse a sí mismos con las menores limitaciones posibles. Sen relaciona esto explícitamente con el concepto de Marx, en sus primeros escritos, de ser humano no alienado.”163 Otro índice sintético interesante es el IBES de Daly y Cobb (Índice de Bienestar Económico Sostenible, ISEW por sus siglas en inglés), formulado en los años ochenta, y del que di noticia en el recuadro anterior164. Un desarrollo ulterior de este índice ha conducido en los noventa al Índice de Progreso Auténtico (Genuine Progress Indicator) en el trabajo del grupo de investigadores que lleva adelante en San Francisco (California) el programa de indicadores de Redefning
Progress (redefniendo el progreso)165, con apoyos como el del grupo GPI Atlantic desde Glen Haven (Nueva Escocia, Canadá)166.
El GPI parte de la idea de que el PIB es un indicador defciente del bienestar humano, porque resulta insensible a la desigualdad en 163 Bob Sutcliffe: “Desarrollo humano: una valoración crítica del concepto y del índice”.
Cuaderno de Trabajo 10 de Hegoa, Bilbao 1993, p. 13.
164 Véanse cálculos recientes del cálculos del IBES /ISEW en
http://www.foe.co.uk/campaigns/sustainable_development/progress/ international.html. Tiene también mucho interés la página web de la New Economics Foundation: www.neweconomics.org/.
165 Véase su página web www.redefningprogress.org 166 Véase su página web www.gpiatlantic.org
la distribución de la renta, porque no incorpora las contribuciones no mercantiles al bienestar (trabajo voluntario, etc.), porque ignora muchos costes sociales y ambientales externos al mercado y porque contabiliza como aportaciones a la riqueza lo que es más bien compensación de costes (por ejemplo, el gasto originado por los accidentes automovilísticos) o pura y simple pérdida de patrimonio (consumo de recursos naturales no renovables): en fn, la fundada crítica que ya hemos expuesto anteriormente.
Teniendo esto en cuenta, su cálculo se inicia con la medida de un componente del PIB (el consumo personal) corregido por un índice de distribución del ingreso, sumando a continuación estimaciones para diferentes contribuciones no mercantiles al bienestar (valor del trabajo reproductivo y del trabajo voluntario, servicios de las infraestructuras y de los bienes de consumo duraderos), restando el coste estimado de diversos factores (delincuencia, rupturas familiares, pérdida de tiempo libre, subempleo, reposición de bienes de consumo duraderos, desplazamientos al trabajo, contaminación a corta y larga distancia espacial y temporal, accidentes de tráfco, pérdida de espacios naturales y de áreas agrícolas, agotamiento de no renovables) y añadiendo por último algunas correcciones167. En el caso del grupo canadiense GPI Atlantic, por ejemplo, su Índice de Progreso Auténtico incorpora 22 componentes sociales, económicas y ecológicas que ellos ordenan así:
COMPONENTES DEL ÍNDICE DE PROGRESO