1. POLICY
1.11. Outlook 2010
Al definir el concepto de percepción, lo enmarcaremos dentro del paradigma de la psicología social cognitiva, disciplina que ha enfocado su estudio hacia los fenómenos de la comunicación social (Bruner,1958; Buceta,1979, 1992; Cuesta, 2000).
En esta orientación, la percepción se asienta en ciertos mecanismos de base fisiológica, psicológica e individual (pero al mismo tiempo social) que interactúan en los procesos comunicativos de producción y reconocimiento de los mensajes. En tanto que estos procesos de interacción los desarrolla el individuo en el contacto directo con el mundo físico experencial, la percepción implica un acto de experiencia en el que sujeto se halla implicado mediante sus cualidades sensoriales (oído, vista, etc.). La sensación que origina la percepción se asienta en el registro fisiológico del sujeto, pero la percepción en sí misma, implica un proceso cognitivo mediante el cual la realidad es representada y categorizada sensorialmente por el individuo. En este punto, es importante señalar que lo percibido depende del receptor y de los diferentes procesos cognitivos que este lleve a cabo para transformarlo en configuraciones o construcciones perceptivas.
Al establecer esta diferencia entre sensación fisiológica y percepción social estamos de acuerdo con Cuesta ( Cuesta, 2000:110) cuando define a la percepción en los siguientes términos:
“(...) la percepción es el proceso sensocognitivo a través del cual la actividad de la materia nos deviene sensible y, eventualmente, inteligible en un acto de experiencia.”
En este acto de experiencia, en el que el sujeto se implica mediante procesos sensoriales, psicológicos y cognitivos, es cuando interviene la influencia social de los medios masivos –entendida como “manipulación”, “transformadora de hábitos y conductas”, “generadora de opinión”, etc.- a la que el televidente se ve sometido en la recepción del mensaje televisivo.
La recepción, definida tal y como tradicionalmente lo ha hecho el modelo clásico de la comunicación (Jakobson,1985) funciona aquí como la instancia intermedia de conexión entre el acto mediante el cual un sujeto percibe sensorialmente una configuración audiovisual y el acto mediante el que la reconoce como parte de lo real o lo imaginado.
Acotaremos, entonces, el concepto de recepción a la instancia comunicativa a partir de la que se decodifican los estímulos perceptivos de una configuración audiovisual y mediante la que extraemos información para su posterior procesamiento o reconocimiento.
Efectivamente, el reconocimiento implica una operatoria por parte del sujeto receptor mediante la cual éste activa una multiplicidad de códigos culturales que le ayudan a procesar y categorizar al resultado de su actividad perceptiva. El reconocimiento conlleva una actividad cognitiva en la que el empleo de ciertas gramáticas de reconocimiento1 le posibilitan al sujeto comprender, aceptar, rechazar, memorizar,
accionar, producir un nuevo discurso, entre otras muchas opciones y siempre sobre el contenido reconocido del discurso ( Rodrigo Alsina,1987, 1995; Verón,1996).
1 Recuérdese que al hablar de producción y reconocimiento estamos encuadrando la comprensión del fenómeno perceptivo en términos de un modelo sociosemiótico de la comunicación.
170 1.1 LA TELEVISIÓN COMO FUENTE DE ESTÍMULOS PERCEPTIVOS
Ahora bien, la práctica social de “ver televisión” se encuentra ya lo suficientemente ritualizada como para que establezcamos algunas consideraciones y problemáticas que la distinguen como fenómeno del que el individuo obtiene una serie de estímulos perceptivos configurados audiovisualmente.
En efecto, la única dimensión de intervención perceptiva, real y efectiva, que el individuo posee al momento de “ver televisión” , es la que lo conecta con el transmisor de TV (el aparato en sí mismo) con sus extensiones (mando, cables, pantalla, vídeo, etc.) y con los programas o programaciones de TV como configuraciones discursivas que “hablan” acerca de cosas reales o ficticias. No existe una dimensión de percepción directa, concreta y efectiva de aquellas cosas reales que la TV muestra, como cosas realmente asequibles :
El hecho de “ver televisión” implica –necesariamente- un práctica perceptiva mediatizada en la que intervienen no sólo las características esenciales del medio televisivo (imagen y sonido) sino además, una serie de lenguajes que recuperan una variedad de elementos expresivos que intervienen en la configuración perceptiva de un tipo de programa. La presencia de esta multiplicidad de lenguajes dota de un estatuto necesariamente simbólico a los contenidos transmitidos.
Así, el acto de la experiencia “ver televisión” se define como una práctica perceptiva concreta en la que intervienen una serie de recursos expresivos que emanan de la articulación de diferentes lenguajes. A esta multiplicidad de estímulos expresivo - perceptivos habrá que añadirle el ruido propio de la TV como medio de comunicación.
Esta percepción mediatizada requerirá, entonces, de un mayor grado de atención por parte del individuo, así como de la activación de su propio bagaje sensorial (saberes y competencias perceptivas) que le permite al sujeto recrear el universo simbólico y los significados que la televisión le ofrece.
Debemos, así, considerar a la televisión como una fuente de estímulos perceptivos que raramente se ejecutan con la naturalidad y espontaneidad propia del mundo físico real, y que se encuentran producidos de modo controlado, expresivamente y desde la articulación de diferentes sistemas expresivos, es decir, simbólicamente.
1.1.1 PERCEPCIÓN DIRECTA DE LA REALIDAD REFERENCIAL
En este apartado, nos referiremos brevemente al modo en el que el individuo realiza la operación de percibir de modo directo y natural la realidad que lo circunda.
Al hablar de percepción directa de la realidad referencial queremos disociar a la realidad que el sujeto percibe espontáneamente en su vida cotidiana (sin otras intervenciones) de aquella que se encuentra mediatiza al ser transmitida por los medios masivos de comunicación. Así, debemos distinguir entre el acto de la experiencia con el que percibimos la realidad que nos atraviesa e involucra de modo directo, del acto de la experiencia mediante el cual se nos transmite una realidad ya construida que ha sido configurada como un discurso televisivo.
Como ya explicamos, fisiológica y psicológicamente, el individuo está dotado de un aparto sensorial que utiliza para registrar –de modo continuo- una variedad de estímulos perceptivos (Pinillos,1975; Buceta,1992). La información que el individuo recibe cotidianamente no siempre es de la misma naturaleza y esto obliga al sujeto a realizar una clasificación sensorial de los diferentes estímulos que impactan sobre él. Para realizar esta última operatoria, el sujeto debe extraer la información que transporta el estímulo y asignarle un significado y una forma2. Desde luego, todo este proceso está
determinado por aspectos asociados a los niveles de atención, filtración, selección y jerarquización de la información, así como a la disposición psico-física del individuo.
De este modo, la percepción directa de la realidad referencial funciona como el acto de experiencia básico para que los individuos incorporen un bagaje sensorial (determinados saberes y competencias) con el que pueden no sólo desenvolverse en el mundo circundante sino, además, establecer relaciones
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de representación (simbolizaciones) con otras unidades perceptivas ,ya no las espontáneas o naturales de la realidad vivida, sino las construidas por los medios masivos de comunicación como configuraciones discursivas.
1.1.2 PERCEPCIÓN MEDIATIZADA DE LA REALIDAD REFERENCIAL
Al referirnos a la percepción mediatizada de la realidad referencial establecemos un tipo de percepción que se activa cuando un sujeto receptor conecta de modo espontáneo o controlado con el discurso referencial de los medios masivos de comunicación.
Se trata de una percepción que se asienta en el dominio mutuo del campo de referencia externo (o realidad referencial) y en la que se articulan los saberes y competencias de los participantes de la comunicación en relación a ciertas características del contexto comunicativo que se filtran dentro del discurso (en especial los contenidos, el lugar, el tiempo y las personas3).
Además, la percepción mediatizada de la realidad referencial se realiza de modo indirecto ya que, por un lado, el lenguaje audiovisual transforma los aspectos reales en imágenes y sonidos y, por el otro, la industria televisiva ofrece esa realidad desde un proceso de selección, jerarquización y ordenamiento en el que además intervienen recortes, puntos de vistas, opiniones, recursos expresivos, etc. Entonces, podríamos establecer que lo percibido es una construcción del medio televisivo que se ofrece como realidad y como producto para sus televidentes (Rodrigo Alsina,1986, 1989; Verón,1990, 1992).
En la transformación televisiva de aspectos reales a imágenes y sonidos, se produce un distanciamiento con la realidad efectiva; notaremos que aquí el medio televisivo exige una activación menor de las capacidades sensoriales del individuo: sensorialmente, el sujeto solo requerirá de sus capacidades visuales y auditivas. Por el contrario, en la percepción directa de la realidad referencial, el individuo emplea, además, sus capacidades olfativas, gustativas y táctiles. En este sentido, la actitud sensorial y perceptiva ante al acto de experiencia implicado en “ver la realidad que ofrece la televisión”, conlleva una distancia (una percepción indirecta), unos mínimos conocimientos previos (competencias sobre el
contexto) y ciertas relaciones implícitas (pactos y contratos) mediante los cuales se regulan las relaciones de veracidad entre los percibido y aquella realidad efectiva.
1.1.3 PERCEPCIÓN DE LA FICCIÓN TELEVISIVA
Al referirnos a la percepción de la ficción televisiva establecemos un tipo de percepción que se activa cuando un sujeto receptor conecta de modo espontáneo o controlado con el discurso ficcional de los medios masivos de comunicación.
En función de los aspectos que hemos desarrollados en el apartado anterior, la percepción de la ficción televisiva se inscribe, también, dentro de los tipos de percepción mediatizados explicados en el punto anterior (se trate ya de ficciones con alto o bajo grado de relación con contenidos de la realidad referencial).
El acto de experiencia de percibir una ficción televisiva se produce –casi siempre- de modo indirecto, lo que implica que muy raramente se accede al discurso televisivo de ficción “en directo”, es decir en el momento en el que este está siendo producido4. El telespectador, por tanto, recibe una serie de estímulos
perceptivos que previamente han sido configurados por el productor dentro de una narración global y que carecen de cualquier connotación de naturalidad o espontaneidad en su ejecución (Rodríguez, 1998) : lo primero que el televidente ha de saber es que aquello que se le ofrece –aunque realista- no es la realidad misma sino un conjunto de estímulos perceptivos creados que se asientan y organizan dentro de un campo de referencia interno, un mundo de ficción ante el que el individuo deberá mantener cierta conciencia de sus límites y grados de veracidad.
En este caso, se trata de una percepción que se asienta en el desciframiento de un campo de referencia interno y en la que se articulan los saberes y competencias de los participantes de la comunicación en relación a ciertas características de los programas de ficción televisiva: temas, estilos, modos narrativos, etc. que permiten que el sujeto categorice, distinga y relacione la distancia existente entre la propia realidad y aquella ficción que se le propone. En este último sentido, serán determinantes los aspectos
4 El tiempo y el espacio de la ficción representada no coinciden con el tiempo y el espacio de su producción. Cosa que, por ejemplo, sí podemos observar en las transmisiones en directo de acontecimientos (véase Capítulo VI, Apartado 2.1.6).
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contractuales (pactos y contratos comunicativos) que emergen del propio discurso y que regulan las relaciones de veracidad / ficcionalidad, en la percepción de los contenidos del discurso de ficción por parte de los telespectadores.
1.1.4 PERCEPCIÓN DE LA HIBRIDACIÓN TELEVISIVA
Finalmente, proponemos distinguir un tipo de percepción en la que se articulan los dos modos básicos antes descritos: por un lado, hallaremos que la percepción de la hibridación televisiva tiende a asentarse en el dominio de ciertas informaciones realmente existentes en el contexto comunicativo (percepción mediatizada de la realidad referencial); por el otro, se trata de un tipo de percepción que, además, elabora esa información como parte de un campo de referencia interno en el que se establecen una serie de normas contractuales que le permiten al televidente establecer tanto unas relaciones de veracidad como de ficcionalidad ante el contenido del discurso.
En tanto que fuertemente mediatizada, la percepción de la hibridación se asienta en un doble juego en el que intervienen componentes informativos reales (del campo de referencia externo) con modos de tratamiento que los configuran como mundos inventados, y viceversa. Así, las relaciones enunciativas que dominan en la hibridación demarcan -de modo simultáneo- una relación de verdad y otra de simulación o fingimiento. Si bien este doble juego podría resultar en ciertos aspectos contradictorio, está claro que los tres modos de percepción mediatizada (percepción de la realidad, de la ficción y de la hibridación) emanan de la relación del televidente con los discursos y se asientan en los siguientes factores fundamentales desde los que se determinan las relaciones contractuales entre productor y destinatario:
*el contenido del discurso;
*la organización estructural del discurso;
En este sentido, creemos que la percepción de la hibridación televisiva se establece sobre el dominio temático (en tanto que dominio real) en conjugación con el dominio estilístico (en tanto que ficcional) y con el contractual, que confirma la doble dirección señalando los aspectos informativos, lúdicos, dramáticos o cómicos de la configuración lograda.