La contrastada y variada configuración paisajística del territorio municipal constituye uno de los grandes atractivos del término. Las peculiaridades geográficas de la Comarca de Monterrei, con un territorio de contrastes topográficos
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y fuertes desniveles, fruto de un relevo formado por bloques elevados que envuelven a la depresión central, determinan los principales rasgos paisajísticos del término. Su atractivo paisajístico está fundamentado, además, en la elevada calidad escénica y diversidad de sus paisajes, donde se pueden contemplar áreas naturales de una singular belleza y excepcional calificación ecológica, junto con destacados elementos del patrimonio cultural de Galicia, y otras con un paisaje rural intensamente humanizado que destaca por el mantenimiento del hábitat tradicional. En el contexto regional, los paisajes de Monterrei se insertan en las clases de paisaje de las "Sierras" y de las "Llanuras y Vales interiores", conforme a la división de unidades de paisaje propuesta para Galicia por Ramil Rego et al. (2005). El área emplazada a mayor altitud y de perfil más áspero, estaría encuadrada en la unidad de Serras, que engloba a los distintos sistemas montañosos gallegos, y, dentro de esta, en el tipo de paisaje configurado por las montañas Galaico-Minhotas "Tipo Serras Galaico-Minhotas" y Galaico-Durienses "Tipo Sierras Galaico-Durienses". Por su parte la amplia Depresión de Monterrei, vinculada a los valles del sistema fluvial Búbal-Támega, estaría encuadrada dentro de la denominada como Llanuras y valles interiores, y en concreto en el tipo de paisaje "Tierras de Verín (Cuenca alta del Támega)", en la que las formas suaves y achaiadas y los espacios abiertos de la depresión contrastan con los ásperos rebordes y con las áreas encajadas de los valles de los ríos Albarellos y Búbal.
La densa red fluvial, compuesta por un importante conjunto de ríos y rieras, implica un importante enriquecimiento del paisaje, con la proliferación de parajes fluviales de gran atractivo y naturalidad, entre las las cuales hay que significar las que conforma el valle encajado del río Búbal.
El ayuntamiento presenta zonas con una elevada calidad paisajística y diversidad, fruto de la intensa humanización del territorio. La calidad del paisaje rural se deriva de la buena conservación del hábitat tradicional y del contrastado marco territorial. Los paisajes rurales se mantienen en unas condiciones de salud y de aspecto aceptables, aunque la cobertura forestal tiende a disminuir y perder calidad a causa de los reiterados fuegos que asolan el territorio, así como por cierto usos y obras de infraestructura poco integradas en el paisaje. En este sentido, son los paisajes vinculados al agrosistema tradicional, caracterizados por la microconstrucción parcelaria, viario menudillo - a veces con las parcelas y los caminos cerrados con muros de piedra y lindes arboladas - estructurado en torno a los asentamientos, y cultivos promiscuos establecidos en una diversidad de terrenos (llosa, hazas, bacelos, barrosos, dehesas, sotos, etc), los que mantienen la mayor calidad y diversidad.
Según Bouhier, el complejo agrario tradicional está encuadrado en las tierras de transición entre las agro y los grandes openfields, mas con la presencia indiscutible en el término de las características agro sur orientales (Bouhier, A. 2001). Los terrenos se organizan tradicionalmente en agro, también denominadas plazas, formadas por asociación de bloques de cultivo provistos de cerrumes generales y divididos interiormente en parcelas abiertas. Además, comprenden tierras de nabais o llosa que se emplazan a carozo de los pueblos, aprovechando la mayor profundidad del suelo y más favorable provisión de agua. Las llosa, que designan el conjunto de parcelas productoras de legumbres, hortalizas y vides en el contorno inmediato de las edificaciones, están provistas de pesados cerrumes pétreos, que suelen formar una aureola alrededor de los lugares habitados. En ellas se mantiene arrinconado el máximo grado de intensificación -son notablemente trabajadas y cargadas de estiércol- conformando, por lo tanto, la parte más preciada de los terrenos en función de su cercanía, capacidad directa de riega, mayores rendimientos, etc. por su parte, las plazas corresponden a extensiones cultivadas amplias y despejadas. En estas, amplios caminos cobijados por muros y en ocasiones por árboles demoucadas, permiten el paso cómodo de los rebaños que discurren entre las hojas de las plazas. Muchas plazas, aunque conserven muros en los caminos de servicio, se abren el monte. Junto a estas, hay que destacar a los corredores de prados cerrados (barrosos), intensamente regados, que penetran en los montes siguiendo el eje de las quebradas hasta sus fuentes, así como la existencia de senaras y seariñas, episódicas, alejadas en el interior de los terrenos incultos.
Estas son tierras además singularizadas por la presencia de las viñas en los bacelos que se distribuyen en parajes especializados tanto en la "ladera" como en el valle de Monterrei. Los bacelos se emplazan en las solanas buscando los terrenos mejor drenados y, en sus configuraciones tradicionales, aparecen protegidos por muros de piedra que cobijan el viñedo y, en ocasiones, albergan pequeñas construcciones adjetivo vinculadas al cuidado de las vides. Por lo general, trata de cepas bajas que, a veces están soportadas bien por tutores de madera o bien por otros materiales como sillares de granito, losas de esquistos y filitas, etc, y que están regularmente distribuidas en retahílas apretadas y con marcos de plantación muy densos.
En las márgenes occidentales de la depresión, por tierras de las parroquias de Albarellos y Infesta, existen bacelos en socalcos contenidos por muros de piedra, aislados en el interior del monte. En el valle del Támega, los bacelos se concentran en las tierras mejor drenadas del borde de la depresión sobre materiales de origen coluvial, ocupando las laderas orientadas al naciente, así como, de una manera muy intensiva, en las llosa, hecho que condiciona los asentamientos, haciéndolos menos compactos y configurándolos en diferentes barrios muy acercados. En efecto, los bacelos interiores a los diferentes barrios con topónimo diferenciado que componen el agregado de Vences, tienen una alta relevancia en su conformación y evolución histórica, y singularizan su imagen paisajística característica. En los paisajes coexisten, además, extensas explotaciones modernas con marcos de plantación más amplios, mayores distancias entre líneas que permiten la mecanización y cepas de porte más alto sostenidas por espalderas, generalmente de alambre y con tutores metálicos o de hormigón. Explotaciones emplazadas fundamentalmente en el fondo achaiado del valle en Albarellos y Vilaza.
En Monterrei, se observan diferentes paisajes agrarios motivados por el desigual desarrollo de la concentración parcelaria y por los nítidos contrastes geográficos. En la áreas que mantienen vigente el sistema agrario tradicional, las parcelas tienen formas y superficies variables, predominando en los terrenos las parcelas estrechas y alargadas. En el contorno de los asentamientos, la trama parcelaria es muy densa, con parcelas de muy pequeña o ínfima dimensión que muestran el extraordinario minifundismo existente. Las parcelas grandes están emplazadas en las zonas agrarias marginales, destacando en los montes comunales por sus trazados irregulares adaptados a las formas del relevo y gran extensión superficial.
Las parcelas que acogen los cultivos más preciados y rentables y los prados están delimitados por muros de piedra que presentan diferentes tipologías constructivas. En general, los muros suelen estar formado por mampuestos y
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piedras hincadas, más bajos y con piedras menudas en el interior de las huertas, y mucho más grandes y altos en los prados, en los bacelos y en los límites de las plazas.
Las tierras de mejor calidad acaroadas a los asentamientos tradicionales acogen la mayor intensificación, apareciendo defendidas por una densa trama de muros de piedra que, con la alta diversidad de aprovechamientos hortícolas, componen un hermoso mosaico que incrementa notablemente las calidades visuales de su contorno. De esta manera, pueden apreciarse aun en el término espacios de gran singularidad, plasticidad e interés cultural, bien cobijando o bien intercalados en los núcleos, destacando en la Madanela, Sandín, San Cristovo o Medeiros.
Los terrenos emplazados sobre pendientes moderadas presentan, a menudo, la corrección del desnivel con largos bancales y, con el incremento de la pendiente, aparecen pequeños socalcos; bancales y socalcos generalmente contenidos por muros de piedra de desigual factura.
Los caminos tradicionales se organizan de manera radial a partir de los núcleos de población y mantienen los trazados sinuosos adaptados a las peculiaridades del relevo y a los condicionamientos geográficos. Caminos principales que suelen estar cobijados por muros de piedra y, en ocasiones, por árboles que son aprovechados para resguardar el ganado, proteger los cultivos o para fornecer de leña a las viviendas.
En las áreas concentradas, la intrínseca reducción del número de parcelas dibuja una nueva trama parcelaria con parcelas de lindes más regulares, generalmente de formas rectangulares, y con un incremento muy notable de su superficie. En las áreas con una mayor intensificación y rentabilidad vitícola las parcelas son de muy gran dimensión, destacando en este sentido la trama parcelaria que rodea Vilaza. La red de caminos, totalmente remodelada en estas áreas, se forma con pistas amplias organizadas en cuadrícula, con pendientes muy bajas y largos trazados.
En el fondo del valle, los muros de piedra quedan arrinconados en el contorno de las aldeas, siendo sustituidos en los terrenos concentrados por diferentes vallados de alambre con tutores de piedra u hormigón. En estas aldeas, los muros presentan como singularidad la incorporación de diferentes piedras, de granito, de esquisto, de losa o de guijarros, a veces mezcladas.
La tipología de los núcleos tradicionales del ayuntamiento se corresponde con la de los grandes pueblos amontonados de estructura compacta y de los pueblos de barriadas (cortijos) propia de los mesetas situados entre la Limia y Portugal, así como del Valle de Monterrei.
Las aldeas están formadas por calles estrechas cobijadas bien por retahílas de viviendas y construcciones adjetivo acaroadas que ocupan por completo la parcela, o bien por barrios más flojos pero con las edificaciones bastante amontonadas. En general, se trata de asentamientos densos y compactos, en los que en ocasiones se produce una alta densidad de viviendas, como en Infesta, A Madanela, Flariz o Sandín, que superan las 20 viviendas por hectárea. En la mayoría de los asentamientos se produce un fuerte contraste entre el núcleo antiguo, compacto y con edificaciones de piedra generalmente arrimadas, y las viviendas construidas más recientemente, situadas en las orillas de las carreteras y mucho más extendidas, conformando barrios más flojos con tipologías, de asentamiento y constructivas, ajenas al modelo tradicional.
La mayor parte de las viviendas tradicionales presentan planta baja terrena empleada como pajar, corte, garaje o bodega, y una planta en la que se sitúa la vivienda. Estas edificaciones normalmente son de planta rectangular, con el acceso a la vivienda por medio de escaleras exteriores hechas en granito y que desembocan en patines (la mayor parte), solanas y corredores. Los materiales empleados en las construcciones tradicionales son piedras o bloques de granito de tamaños y calidades diversas en los muros, y con los caparazones, en la mayoría a dos aguas, de teja llana. A veces, el caparazón se prolonga dando lugar a balcones o corredores que suelen tener el piso de madera, generalmente de castaño, barandas de piedra, forja o madera, y están sustentados por canzorros o apoyos de piedra o madera.
Los asentamientos se caracterizan por los grandes valores culturales, etnográficos, y arquitectónicos (en los que destaca la vivienda tradicional meridional). De cierto, los núcleos mantienen elementos y usos relacionados con el cultivo y el mundo rural agrícola que singularizan su calidad residencial y social. Los espacios relacionados con las actividades agrarias tradicionales, eras y hornos, plazas y lavaderos, campos de fiesta y ferias, estructuran y enriquecen los asentamientos y junto con los diversos elementos etnográficos, conforman conjuntos patrimoniales de notable interés y calidad ambiental.
En Albarellos y Vilaza, la relevancia de los usos urbanos y de las edificaciones y espacios públicos de características urbanas, es superior a la de los restantes asentamientos del municipio, configurando el paisaje típico de las nuevas villas. Sin embargo, a pesar de los espacios y dotaciones de naturaleza urbana de los barrios modernos, la presencia de los núcleos tradicionales y la permanencia de los usos agropecuarios a ellos vinculados, orientan de su naturaleza y soporte territorial eminentemente rural.
En definitiva, los paisajes del municipio constituyen unos paisajes culturales de gran interés, tanto por representar junto con los núcleos su característica diferencial, como por ser testigo de un ambiente, en algunas zonas de Galicia, ya perdido. Además, la evolución demográfica y la dinámica de los paisajes agrarios van parejos. El envejecimiento, la emigración y la ausencia de renovación de activos agrarios dan lugar a una fuerte tendencia al abandono de los terrenos que van quedando progresivamente al barbecho. De esta manera, el abandono del medio rural y de las actividades agropecuarias está produciendo una importante pérdida de valores en los paisajes bioculturais y en el patrimonio cultural e histórico; valores que también por falla de reconocimiento y de sensibilidad hacia los elementos que configuran los paisajes, van perdiéndose de manera inexorable.
2.8.1.1 EL PAISAJE URBANO
El paisaje urbano de Monterrei es el típico de las nuevas villas. Se circunscribe a los núcleos de Albarellos y Vilaza, donde encontramos usos cualitativamente urbanos, aunque los usos con base territorial tienen una fuerte presencia, especialmente el cultivo de vino.
En los dos núcleos encontramos casas blasonadas y palacios de aspecto neto (sobresalen el Palacio de Espada y el Palacio de Limia en Vilaza), y edificios residenciales de tipología burguesa de dos plantas, con solanas ligeras. En Vilaza también podemos observar un ejemplo de casa indiano, la Casa de los Hermidas, recuerdo de un pasado tabaquero de la villa.
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Aunque el dimensionado y la presencia de cierto elementos de mobiliario urbano de diversas calles es propio de las villas, el paisaje se vuelve netamente rural en el interior de los cascos histórico-tradicionales de estos dos núcleos, apreciándose todos los elementos que caracterizan este tipo de espacios.