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4.1.1 Overview and description of sources
La narración de Susana Ayala gira en torno a la defensa por la posesión de la casa de su madre, la cual la impulsó a organizar a un grupo de colonas que, como ella, decidieron enfrentar a una pareja de líderes del Grupo México, asociación territorial del PRI que controló, por años, a los pobladores de Camino Verde. 169 Se trata del más grande asentamiento irregular de Tijuana,
fundado por medio de una invasión tolerada por las autoridades170 y donde se ubicaría la vivienda
de la madre de Susana. En esta historia se puede ver cómo los intereses particulares en torno de la defensa por la casa se entrelazaron estrechamente con la política. Valenzuela (1991, p.89-90) dedica un capítulo a esta enorme colonia y resalta el importante papel de la población femenina, de la cual comenta, por ejemplo, que “…es visible el mayor involucramiento de las mujeres en las actividades grupales.”
El eje de la historia ilustra sobre una más de las formas de vinculación partidaria hacia el PAN de mujeres de los sectores populares. Especialmente hacia fines de la década de los ochenta y los primeros años de los noventa, los liderazgos del PRI y de la misma izquierda mostraban fuertes rasgos de descomposición y, simultáneamente, el PAN se presentaba en franco ascenso. Susana Ayala nació en el estado sureño de Michoacán a mediados de los años cincuenta. Ahí se casó y tuvo a su primer hijo en un poblado rural que, como ocurre en la mayor parte del estado, contaba ya para los años setenta con fuerte tradición migrante (Rendón, Chávez y Arévalo, 2013). Nada extraño, por tanto, que Susana y su pareja decidieran tomar sus ahorros y seguir los pasos de una hermana que tiempo atrás se había mudado a Tijuana y que, por supuesto, les ofrecía apoyo en la ciudad mientras lograban establecerse.
La primera parte de su historia, ya en Tijuana, parece perseguida por la veloz y caótica marcha de la urbanización que, como se recordará, también fue marco de las batallas de Rafaela Martínez Cantú.171 Algún tiempo después de su llegada, Susana y su familia lograron establecer
una vivienda mínimamente aceptable. Pronto tuvieron que mudarse porque el trazo de una carretera atravesaría su lote. Con la precaria indemnización que recibieron se instalaron en los límites de la ciudad donde acondicionaron otra vivienda. Ya con un segundo hijo, fueron
168 Ver Anexo: fotografía 20. Una versión más extensa sobre la historia de vida en la que se basa este apartado (pág.
132-136) puede leerse en Venegas Aguilera, L., 2010, referido en la Bibliografía.
169 Así lo afirma la líder Roxana Soto: “El Grupo México actualmente representa la principal fuerza de nuestro partido
en el Estado, pero hubo un momento que nuestro grupo fue desconocido por parte de un presidente del PRI […] logramos que lo destituyeran y el nuevo presidente del PRI, el profesor Barraza y el contador Luna Herrera públicamente manifestaron que el Grupo México era una parte muy importante de nuestro partido […]” (Valenzuela Arce, 1991, p.163).
170 “Durante el quinquenio del gobernador de Baja California, Xicoténcatl Leyva Mortera (1983-1989) proliferaron
las invasiones. Su slogan de campaña fue: “Un lote para cada familia humilde”. Fue en ese tiempo que surgió, entre muchos otros fraccionamientos, Camino Verde (Negrete y Reyes Santos, 1993, p.45).
171 Valenzuela (1991) aborda algunos de los casos de conflictos urbanos que, durante la década de los setenta, sobre
todo, involucraron a colonias de pobladores que ocupaban los terrenos que el gobierno o los fraccionadores privados consideraban rentables o formaban parte de proyectos de urbanización incompatibles con las viviendas populares ahí instaladas. Los colonos de la zona del Río Tijuana y algunas colonias de los cerros fueron entonces desplazados, desalojados, reacomodados y reprimidos.
133 desalojados de nuevo porque su terreno quedaba dentro del perímetro donde se construiría el futuro aeropuerto. Con la segunda indemnización, algunos ahorros y la suerte de su marido de haber ganado algún dinero en los juegos de azar, decepcionados, además, por lo que vivieron como “un trato injusto de su patria”, decidieron emigrar a Los Ángeles, California, donde nació el tercer hijo.
Susana cuenta que, al principio, pasaron ahí muchas penurias. Vivían en casa de una hermana, no tenían dinero (tardaría en llegar algún tiempo), ni documentos que les permitieran residir y trabajar legalmente en Estados Unidos. Tampoco hablaban inglés, ni entendían los modos y las costumbres de ese país: una cultura ajena de la que, sin embargo, se fueron apropiando poco a poco. El marido inició un pequeño negocio que no tardó en prosperar. Retocaba y restauraba fotografías, mientras Susana le ayudaba a conseguir clientes. Pronto pudieron comprar una vieja casona en un barrio latino en el este de Los Ángeles. Aunque estaba en muy mal estado, la rehabilitaron y la habitaron por años. Corría la década de los setenta y para Susana fueron, sin duda, de los mejores de su vida. El barrio en el que vivían, sin embargo, se volvió peligroso. Tratando de disculpar lo que podría parecer un prejuicio o una generalización abusiva, Susana relata que con la llegada de los centroamericanos al este de Los Ángeles, llegó la delincuencia y se acabó la tranquilidad. Uno de sus hijos, entonces adolescente, vivió un incidente peligroso en una cabina telefónica y, tomándolo como advertencia, la pareja vendió la casa y regresaron todos juntos a Tijuana a mediados de los años ochenta.
Con el dinero del enganche de la venta de la casa de Los Ángeles, Susana y su esposo adquirieron la casa donde vivirían por más de diez años. Una propiedad de dos plantas ubicada en un fraccionamiento con todos los servicios, a algunas calles de una de las principales avenidas y colindante con Camino Verde. Cuando parecería que la historia de las casas de Susana habría llegado a un final feliz, dio inicio el episodio que la llevaría a entrar en contacto con los líderes del Grupo México, del PRI (Alejandro Herrera y Roxana Soto) y, a raíz del conflicto con ellos, su vinculación como militante panista.
La madre de Susana pidió que entre todos los hermanos le compraran un lote y le construyeran una pequeña casa. Aunque podría haber vivido con Susana o alguno de sus hermanos, la madre, ya mayor, quería tener un espacio propio “donde nadie se riera [de ella] si se quedaba dormida”. En Camino Verde era posible conseguir un lote por muy poco dinero tratándose de terrenos irregulares; aunque Susana aclaró en la entrevista que, en ese tiempo, ella no había oído hablar de invasiones, y accedió a considerar la idea de su madre.
Al principio, la relación entre la líder, Roxana Soto,172 y Susana fue buena. No sólo llegaron
a un acuerdo en relación con los dos pequeños lotes para construir la casa de la madre (uno para la vivienda y otro para las plantas y los animales de corral), sino que Susana cooperó para la edificación de un kínder y adquirió, además, un lote en lo alto del cerro. Susana cuenta que se acostumbró a ver verde y disfrutar de jardines cuando vivía en Estados Unidos, así que soñaba con sembrar árboles frutales para que la gente subiera a disfrutar de su sombra. Susana aclara,
172 Valenzuela (1991, p.155-163) presenta una interesante entrevista a Roxana Soto donde se aprecia la historia de la
invasión de Camino Verde y las conflictivas relaciones al interior del mismo PRI y su relación con los gobiernos municipales y estatales.
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además, que ella no desconfiaba: “Roxana era la Lic, era del PRI que era el que mandaba”. Pero las dificultades empezaron más pronto que tarde. Aunque Roxana había pagado 3500 dólares por el terreno en lo alto del cerro, Roxana “la mandó llamar” para explicarle que lo habían invadido unos “compañeros muy necesitados”. A regañadientes, Susana aceptó conservar sólo una parte del lote original donde edificó una casa que los vecinos conocían como “el castillo”.173
Una vez construida la pequeña casa de la madre, y cuando ya iban a meter sus muebles, algunos vecinos alertaron a Susana de que la vivienda estaba abierta. Cinco hombres cercanos de Roxana (Susana les llama incondicionales) le impidieron tomar posesión de la vivienda. Ante el reclamo de Susana, Roxana le explicó que eran judiciales y se instalaría ahí una caseta de policía. Susana narró que, además, Roxana y Alejandro le intentaron vender una propiedad fuera de Camino Verde que pertenecía a una mujer mayor, lo descubrieron a tiempo porque la propietaria salió amenazándolos con baldes de agua cuando Susana pretendía convencer al marido de que lo compraran. Más tarde lo compraron, en efecto, a la dueña legítima, lo que Alejandro Herrera y Roxana Soto consideraron una traición.
Hacia mediados de 1989, Susana optó por denunciar a Roxana, aunque sin muchas posibilidades de éxito legal. Cayó en una trampa y le entregó a su secretaria las notas de pagos que habían hecho para construir la casa de su madre, así como los comprobantes de las cuotas de cooperación que había pagado al Grupo México. Los agentes del Ministerio Público, de acuerdo con Susana, levantaron un acta que favorecía a los líderes de Camino Verde, y, previsiblemente, ningún abogado aceptó llevar su caso. Algunos meses antes Susana había empezado a intercambiar opiniones con algunas vecinas de Camino Verde que tenían, cada una, quejas y agravios similares contra los líderes. El descontento de los vecinos había llegado al límite. A los atropellos y arbitrariedades casi cotidianos, se sumaban crímenes que ya se empezaban a denunciar, de manera anónima, en la radio. Tal parece que una agresión a la dignidad de las personas caló de manera especial en el ánimo de los pobladores cuando Alejandro Herrera convocó a un mitin en el que daría informes a los colonos sobre las gestiones que, con su cooperación económica, había ido a hacer a la Ciudad de México para conseguir alumbrado público. De acuerdo con Susana, se hizo evidente que el líder se encontraba drogado. Preguntó por altavoz si querían luz, y ante el sí masivo, Alejandro respondió con sorna lanzando a la gente puñados de velas: “[...] ahí se desbordó todo. Y el enojo de la gente se juntó con que nosotros [Susana y un grupo de mujeres de Camino Verde] ya andábamos juntando a la gente para unirnos”. Unión que fue muy importante para fracturar el control que la pareja de líderes ejercía sobre los colonos y, especialmente, para preparar el ingreso del panista Ernesto Ruffo174 a la
colonia, ya como gobernador del estado.
Meses antes del mitin de las velas, había iniciado la campaña electoral de 1989. Desde el
cuarto de guerra del PAN simpatizantes y militantes se abocaban a revisar las condiciones de la
contienda en la que se elegiría gobernador del estado y presidentes municipales. La sospecha de que se podría cometer un fraude no sólo respondía a la historia larga de las elecciones
173 Una casa en obra negra con dos plantas y una fachada con techo de dos aguas. No es ni lejanamente un castillo, sin
embargo, en comparación con la gran mayoría de las construcciones cercanas, lucía casi opulenta.
135 fraudulentas en Tijuana, sino a las más recientes de Ciudad Juárez y Chihuahua, 1986, y las mismas elecciones federales de 1988 en las que la oposición de izquierda, con la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas, Frente Democrático Nacional (FDN) habría ganado la presidencia del país. A esto se añadía el inusitado auge que empezó a adquirir el candidato panista a la gubernatura, Ernesto Ruffo Appel. Cuenta Cecilia Barone, al frente de la organización de la campaña, que detectaron muchas irregularidades en el padrón electoral en el distrito que comprendía, precisamente, a Camino Verde.
En este territorio aumentó desmesuradamente en tan solo siete meses el número de electores registrados: de 8 300 a 29 634 ciudadanos, y a todos ellos se les expidió credenciales de elector. Descubrieron, del mismo modo, decenas de credenciales con nombres falsos o repetidos hasta en decenas de veces. Acudió entonces un grupo de candidatos y militantes panistas a verificar en campo la información del listado y de las credenciales, pero les fue impedido el paso con automóviles atravesados. También fueron golpeados y heridos varios de los panistas entre los cuales se encontraba, por cierto, Rafaela Martínez Cantú. En la denuncia señalaron que al frente de los golpeadores estaba Roxana Soto, en el momento, candidata a la regiduría por el PRI. Les gritaban que se largaran porque Camino Verde era propiedad privada y sólo podían entrar ahí los del PRI. El escandaloso fraude fue exhibido públicamente a tiempo y el delegado del Registro Nacional de Electores, Rigoberto Cárdenas, se vio obligado a incinerar 24 mil credenciales falsas de elector.175
El PAN ganó en las elecciones de julio de 1989 la gubernatura del estado y la alcaldía de Tijuana, no obstante, Camino Verde se mantuvo como territorio bajo el control de Grupo México hasta junio de 1991. No es exagerado afirmar que Camino Verde se había convertido en emblema de un régimen que, en esos momentos, parecía urgente despedir. Para que esto sucediera fue muy importante la difusión que se hizo ante la opinión pública del plan de fraude y su desarticulación. La prensa, y en particular el Semanario Zeta, desempeñaron en esto un papel relevante. Con todo, la organización que auspiciaba y promovía Susana Ayala, primero en Camino
Verde y, tras las amenazas y el hostigamiento, en su propia casa, fue también un factor decisivo
desde el interior de la colonia misma. Al inicio, cuenta Susana, eran unas cuantas vecinas las que llegaban a compartir sus quejas y agravios; pronto, sin embargo, se reunían decenas de ellas. Es muy probable que sintieran temor ante las probables represalias de los líderes, pero compartían también el ánimo de contrarrestar, al menos, su enorme poder y conseguir, tal vez, sus objetivos inmediatos. De esas reuniones periódicas, de las que, por cierto, se quejaba el marido de Susana, salieron propuestas de acudir a los medios de comunicación, la radio y la TV, para exponer toda suerte de abusos y arbitrariedades.176 Susana cobró cierto protagonismo por su elocuencia y
facilidad de palabra. Envió, además, una carta a Ernesto Ruffo Appel, ya en el gobierno, exponiendo su caso.
La entrada de Ruffo Appel y su comitiva a Camino Verde, el 29 de mayo de 1991 quedó registrado en la prensa y en la memoria colectiva de sus pobladores. Ese día Ruffo Appel anunció
175 “Ruffo había retado al gobierno a que aceptara su victoria” (Proceso, 1989).
176 Se realizó un grupo focal para recabar información con algunas de las vecinas de Susana Ayala que participaron
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la expropiación de las 478 hectáreas de Camino Verde para dar paso a la regularización de la tenencia de la tierra y la dotación de servicios públicos primarios.177 Con anterioridad a la visita
los vecinos habían recibido volantes con el instructivo que indicaba cómo proceder para regularizar la propiedad. Roxana intentó infructuosamente mantener algún control de la situación rodeando el templete con medio centenar de hombres de su confianza. No obstante, tuvo que dejar el lugar al gobernador.
Susana había iniciado su trabajo político partidario durante la campaña electoral de 1989, y aunque entonces no tenía una militancia formal con el PAN, en las reuniones con las vecinas insistía en la necesidad de un cambio. Lo que en el momento se entendía claramente como la invitación a votar por el PAN. Incluso cuando por un problema en la columna vertebral tuvo que quedarse en casa por una temporada, telefoneaba números al azar para convencer a quien aceptara escucharla de la importancia de la democracia, de un voto libre y consciente. Tuvo que dejar de hacerlo porque llegaban cuentas telefónicas muy costosas. Susana formó parte de lo que en el momento se llamó la ‘ruffomanía’: en el muro de la sala de su casa, entre dos palmeras artificiales, colgaba una fotografía tamaño cartel de Ernesto Ruffo Appel178.
Tras un largo litigio Susana logró conservar la casa que ella y sus hermanos habían construido para su madre. Un hijo de ella es el propietario del castillo, y ella se mudó a San Diego, California, a fines de los años noventa. La prensa dio una versión crítica de la posesión del castillo destacando el bajo costo de adquisición de los terrenos, y la humildad del entorno, en contraste con lo costoso de esta construcción (Zeta, 1992). Roxana Soto ha vuelto a ocupar cargos políticos y Alejandro Herrera murió en la cárcel en 1993 de manera poco clara.179
La militancia de Susana fue muy intensa, pero se agotó con la obtención de los objetivos que perseguía. Este proceso refleja el destino mismo de las organizaciones urbano populares y del movimiento urbano popular que fueron perdiendo vitalidad a medida en que se fue regularizando la tenencia de la propiedad, otorgando títulos de propiedad a los posesionarios de los terrenos.
Esta historia presenta un paisaje, colectivo y personal, que da cuenta de las razones y los modos de la vinculación partidaria de las mujeres de sectores populares a un partido de clases medias. El relato se basó en un supuesto incuestionable: el deber/la obligación, como madre, hija y esposa de participar en la tarea de velar por la seguridad de un techo para su familia. Es esta necesidad básica –generizada, del mundo privado–, la que conecta ineludiblemente a ambos espacios, el privado y el público-político. Vinculación que, dirigida a resolver problemas específicos, no lleva necesariamente a la creación de lazos de largo plazo con la política (Tuñón, 1997; Bennett, 1998; Massolo, 1992; Sevilla, 1998; Guadarrama, 1994).
177 Las nueve fotografías que acompañan el reportaje muestran a una multitud compacta y efusiva (con los brazos en
alto y algunas grabadoras en mano, incluida la de Susana) y mantas con mensajes como los siguientes: “Sr Ruffo Appel Ya no queremos líderes en Camino Verde Gracias.” En un estandarte de cartón decorado con un corazón y una flor, sostenido por un niño, se lee: “Queremos luz. Queremos agua. Queremos drenaje. Para vivir mejor” (Zeta, Del 31 de mayo al al 6 de junio de 1991, pp. 26A -30A).
178 Ver Anexo: fotografía 21 179 Ver Anexo: fotografía 22.
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LAS ORGANIZACIONES CIVILES DE TRABAJO COMUNITARIO: