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An overview of the research activities on topics related to e-signature

In document FORMIT. Acknowledgements. Legal notice (Page 138-143)

Las relaciones entre el mundo de arriba y el de abajo no se mediatizan necesariamente a través del mundo del medio. La oposición, al mismo tiempo entre contrarios y complemen- tarios, integra la totalidad preservando un equilibrio holístico. La Pachamama entre los laymis, según Harris, relaciona y equilibra las fuerzas de arriba con las de abajo, constitu- yéndose con el rayo, en los factores de integración de los tres mundos.

Si bien el manqha pacha coexiste en el universo de cuatro dimensiones con los otros dos mundos, su tiempo es secreto, irregular, difícil y pendular. Por una parte, se trata del espa- cio anterior y del tiempo pasado que adquieren sentido gracias al futuro. En efecto, sólo en la medida en que el pasado vuelve en el futuro, se afirma su sentido de existencia para el presente. Por otra parte, el pasado cuatri-dimensional pesa sobre el futuro y lo determina. En este caso se trata del tiempo y del espacio que están asociados a una luz difuminada: un mundo de penumbras de donde emana la fuerza genésica, el poder de lo interior, el ímpetu de lo diabólico, la intensidad de lo sagrado y clandestino.

Así, en el imaginario andino, la producción y la prosperidad están vinculadas con el pasado y el sub-mundo, corresponden a una luz difusa visualizada por los laymis como propia de los waka y saxra. Éste es el mundo del castigo, del hambre y la enfermedad que se precipi- tan al incumplirse la reciprocidad ritual. Es el mundo del desorden y el mal, mundo que asocia al Tío y al Supay con la riqueza minera y su dádiva a los hombres, mundo de los muertos y condenados, guardianes de la fertilidad: pacha de los achachilas y la propiedad. Si bien el mundo de arriba interactúa con los otros dos, en la ambigüedad espacio temporal de la realidad andina, el tiempo del alaj pacha es la eternidad marcada por el periódico re- inicio de un ciclo que vuelve a repetirse. El tiempo y el espacio del mundo de arriba refie- ren un presente continuo en el que se rehace constantemente la vida, el orden y la perfec- ción: es el mundo de la luz solar que instituye el poder del orden.

La dialéctica del taipi y el awca desenvuelve una realidad compleja, confusa y paradójica- mente estructurada. La influencia cíclica del tiempo de arriba, de un tiempo y espacio de eternidad marcada por procesos que retornan, se combina con la influencia que ejerce el movimiento pendular del tiempo de abajo: influencia de un tiempo y un espacio irregular y difícil que da sentido al pasado recurriendo al futuro.

Así, el tiempo y el espacio del mundo del medio implica tanto regularidad de procesos en emergencia, como el reinicio periódico de ciclos que se repiten, marcados por la irrupción estructural o específica de los signos del cambio: el pachacuti. La realidad, múltiple y com- pleja, es el flujo en un diagrama de fuerzas, de las influencias contradictorias y complemen- tarias sobre la sociedad y la civilización, tanto de la guerra como de la unión que se auspi- cian por igual, desde el mundo de arriba y desde el mundo de abajo.

Que el orden adquiera sentido gracias al desorden se explica por cuanto todo proceso de constitución política, sea cultural o civilizada, es el despliegue de tendencias colectivas que aúnan por intereses determinados. Sin embargo, la consecución, cambio de marcha o varia- ción de tales procesos están evidenciados por los pachacutis. Sea que los procesos de inver- sión reflejen cambios de posición entre los sujetos que ejercían y padecían dominio, sea que la inversión exprese un cambio profundo en la estructura social, desplazando a las elites

gobernantes y de poder e instituyendo a nuevos grupos ansiosos de emplear el poder políti- co para alcanzar sus propios objetivos, sea, finalmente, que los grandes procesos de trans- formación estén marcados por acciones tácticas que reflejan estrategias mayores; en todo caso se manifiestan pachacutis grandes o pequeños, estructurales o procesuales, primordia- les o funcionales.

Que el pasado esté en frente, el futuro por detrás y ambos se sinteticen en el presente signi- fica que al llegar la hora de los indios en la política, la pacha que construirán estará influida tanto por los antepasados del manqha pacha que operan a favor de una determinada defini- ción del futuro según rasgos de un pasado que ya aconteció, cuanto por los proyectos en pugna que atentan contra esa construcción, orientando el futuro según la luz solar de las viejas formas de dominio del indio. Del juego de ambas influencias, por el diagrama de fuerzas que se establezca, correspondiente al espacio y al tiempo del mundo presente con los indios en el gobierno, se desprenden los efectos de sus acciones políticas. Por su parte, los indios permanecen consubstanciados con sus achachilas sagrados, viéndolos al frente de ellos mismos y otorgándoles ofrendas, en tanto que obran en contra de los proyectos mo- dernos de un probable futuro al que dan la espalda retrasando su regreso.

Que el mundo de en medio subsista entre las fuerzas de la unión y de la guerra implica, en la realidad política de hoy, que el espacio de aquí y el tiempo de ahora se configuran entre el caos imperante y los intermedios que otorgan estabilidad al sistema. El caos es signo de la convulsión emergente e inevitable, marcado por el pachacuti primordial que aún dura, puede alcanzar efectos destructivos a gran escala, inclusive puede constituirse en la causa para que se precipite una guerra civil de reivindicaciones regionales y económicas justifica- da con motivos étnicos y culturales; puede también asfixiarse a sí mismo en el cruento an- tagonismo faccionalista entre indios que luchan por cualquier esmirriada “cuota” de poder; pero, al margen de la duración y alcance de esta awca, asistiremos a apreciar la profundidad del pachacuti que se manifestó, mientras el caos subsista y en tanto sea la fuerza que no logre producir algún alineamiento de unión y estabilidad con la civilización boliviana semi- occidental, intensamente asediada por el puruma indio.

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