• No results found

Chapter 5 Presentation and interpretation of the results 53

5.4 Presentation and interpretation of the PAMs 59

5.4.1 PAMs results 60

RECEPCIóN

41

Brenda M. Focás42

el sentimiento de inseguridad está extendido en toda América Latina y el Caribe. Desde hace al menos una década se ubica como la primera o segunda preocupación en todos los países, a pesar de que existen entre ellos enormes diferencias en las tasas de homicidio y de otros delitos. un elemento común es que los medios de comunica- ción –específicamente la televisión– son señalados como uno de los responsables de la creciente inquietud. Se sostiene que exageran en la enunciación de las noticias policiales, que tienen intereses o intencio-

41 este artículo es el resultado de una investigación que se presentó como parte de mi tesis de maestría en Comunicación y Cultura en la Facultad de Ciencias Sociales de la universidad de Buenos Aires. La tesis (inédita) titulada “Sentimiento de inseguridad y delito urbano: en busca del rol de los medios de comunicación”, fue dirigida por el Dr. Gabriel Kessler y la Dra. María Graciela rodríguez.

42 Licenciada en Ciencias de la Comunicación, magíster en Comunicación y Cultura y doctoranda en Ciencias Sociales por la universidad de Buenos Aires (uBA). Se desempeña también como docente- investigadora en la uBA y es becaria doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y técnicas (CoNICet) en el Instituto de Altos estudios Sociales (IDAeS), donde integra el Núcleo en Comunicación y Cultura. Su campo de estudios es acerca de las percepciones de la inseguridad, el delito y los medios de comunicación contemporáneos.

nes en generar miedo, que son sensacionalistas. es cierto que en los últimos diez años hubo un aumento (en cantidad y espacio) de la re- presentación mediática del delito, tanto en los medios gráficos como audiovisuales. el crecimiento cuantitativo fue acompañado por una transición cualitativa: la noticia policial tradicional se ha convertido en “noticia de inseguridad” y adquiere nuevas características: gene- ralización (“todos estamos en riesgo siempre y en cualquier lado”), fragmentación (un relato episódico de cada hecho, sin el contexto ni las causas generales), una creciente centralidad en las victimas, frente a lo cual el debate sobre la criminalidad adquiere una fuerte emocio- nalidad, una figura que se repite como objeto de temor, el delincuente joven varón y pobre, y la construcción de “olas” o “modas delictivas” (un tipo de delito que parece en cada momento ser el más frecuente, pero que cuando se controla con los datos objetivos no suele haber variado mucho en su ocurrencia). en los periódicos, estas noticias han abandonado su lugar tradicional en la sección policial y se ex- panden a otras, en particular a las páginas políticas o las de sociedad. este cambio en el sistema de representación del delito retroalimenta la intensa sensibilidad social frente al tema (Kessler y Focás, 2014).

Pero más allá de las acusaciones generales, no sabemos a ciencia cierta de qué modo y a quienes los medios influyen. Más aun, hay evi- dencias de que más noticias de inseguridad pueden generar aburri- miento en lugar de miedo y que la audiencia sigue los casos policiales como si fueran una ficción dramática, o al menos desdibujándose las fronteras entre ficción y no ficción, conformándose un género híbri- do, el “info-entretenimiento”. entonces, nos preguntamos cómo in- terpretan los sujetos a los medios cuando hablan de “la inseguridad” y cómo decodifican la información sobre el delito urbano, qué lugar ocupan las noticias de inseguridad en la percepción de los sujetos, qué usos le dan los telespectadores a este tipo de información.

estos interrogantes son algunos de los que organizarán las reflexio- nes propuestas en este artículo, con el objetivo de realizar un acerca-

miento a la relación entre representaciones mediáticas del delito y re- cepción de esta información en Argentina en el momento actual.

el recorrido analítico por distintas teorías y conceptos que propo- nemos se vincula con la búsqueda sobre el modo en el que la informa- ción mediática de la inseguridad se imbrica en la vida cotidiana de los sujetos y con las distintas formas de percepción de los espectadores.

Podríamos decir, entonces, que este trabajo se ubica en un con- texto en el que se cruzan una creciente preocupación securitaria y el protagonismo de los medios de comunicación.

Si bien no hay acuerdo entre estudios que muestren una relación directa entre la relevancia que los medios les otorgan a las noticias relacionadas con la delincuencia y el aumento del temor ciudadano, sí hay consenso en que los medios contribuyen a crear una agenda social sobre delitos existentes y riesgos posibles (tyler y Cook, 1984; Altheide, 1997; Martini et al., 2009; D’Adamo y García Beaudoux, 2007). este escenario permite inferir, a modo de hipótesis, que la alta exposición mediática de lo criminal y lo inseguro podría tener alguna incidencia en la expansión del sentimiento de inseguridad, siempre que exista una “consonancia intersubjetiva”, es decir, que aquello que aparece en los medios tenga algún tipo de confirmación con lo que las personas perciben a su alrededor y amplifique el temor u otros sentimientos (Kessler, 2009).

Podemos decir que en Argentina el fenómeno tiene lugar de una manera particular, en la se cruzan dos dimensiones: un efecto ge- neral de época y los cambios relacionados al propio delito. Según la Dirección Nacional de Política Criminal del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación, la cantidad de hechos delictuosos se duplicó en el periodo 1991-2002 y comenzó a bajar paulatinamente luego de la crisis de 2001, punto de mayor virulencia del crimen en el país. en el año 2008, los últimos datos publicados muestran un leve aumento del delito en todas las series relevadas.

Evolución Anual de tasas de hechos delictuosos registrados 1991-2008

Sin embargo, la sensación de inseguridad evoluciona con una autonomía relativa frente a las tasas reales de criminalidad, con un crecimiento exponencial después de 2002, que por lo general duplica las tasas de delito. De hecho, los números del temor al delito suelen aumentar al incrementarse la victimización, pero una vez instalado como problema social ya no disminuye, aunque las tasas de delito efectivamente lo hagan (Bergman y Kessler, 2008).

Así las cosas, un reciente estudio muestra que desde 2004 el nivel de delitos cometidos alcanzó el 22%, mientras que la sensación de inseguridad llegó al 68,4%. La diferencia entre ambas dimensiones se mantuvo hasta 2009, ubicándose en 27,3% y 77,4% respectivamente (Moreno y Sigal, 2009).

Sensación de inseguridad en Argentina

en este sentido, coincidimos con Kessler y Merklen en que en la misma definición de inseguridad se imbrican ambas dimensiones (las llamadas seguridad “objetiva” y “subjetiva”), algo que de algún modo demostraría el caso argentino, donde, pese a una cierta dismi- nución de las tasas de delito desde 2004 (y un leve aumento a partir de 2008), no hubo un aumento de la aceptabilidad, o “de un umbral de riesgo aceptable de la vida social” (2013: 13). Antes bien, se asistió a una intensificación de la demanda de “seguridad” y del descontento.

La inseguridad no puede ser, en última instancia, otra cosa que una percepción o un sentimiento, porque expresa una demanda, la sensación de una aporía en la capacidad del estado de garantizar un umbral aceptable de riegos que se perciben ligados al delito. (Kessler y Merklen, 2013: 14)

en resumen, asistimos a un cambio radical en el que ser víctima del delito será un riesgo más que se corre en la vida cotidiana. en un contexto con tasas de hechos delictuosos relativamente estables, pero

con porcentajes altos de miedo al delito, la gestión de la inseguridad se convierte en un tema importante tanto en campañas electorales como entre las prioridades de investigación en ciencias sociales.

A partir de estos datos, entendemos que la percepción de la insegu- ridad que la opinión pública construye no sólo tiene lugar a través de la experiencia personal o de la información que se transmite mediante las redes de comunicación interpersonal, sino también que está íntima- mente relacionada con lo que los medios de comunicación transmiten. La percepción del delito y la inseguridad es influenciada tanto por el lugar que ocupa el tema en la agenda establecida por los medios como por el modo en que se realiza la cobertura del delito ( D’Adamo y Gar- cía, 2003). en este artículo, entonces, se abordará este aspecto, es decir, el rol de los medios de comunicación de masas en las percepciones de la inseguridad, en una mirada desde las audiencias.