2.4 Estimating Determinants
2.4.2 Panel Data Results
MILF (Murad Ebrahim) (M. Iqbal) (Jun Mantawil) MNLF (Nur Misauri) NPA/NDF (J.Mª Sison) (Louis Jalandoni) El espacio de intermediación
Contexto del conflicto
La insurgencia del sur de Tailandia está centrada en las regiones de Pattani, Narathiwat y Yala. La región de Pattani (o Patani en malayo), limítrofe con Ma- lasia, está poblada por musulmanes (el Islam llegó a la región en el siglo XV), mientras que en el resto de Tailandia predomina la población budista. Desde el siglo XVI, el Reino de Siam ejerció la soberanía sobre esta región, hasta que en 1909 la adminis- tración colonial británica en Malasia forzó al Rey de Siam a ceder la soberanía de su territorio al Reino Unido, con excepción de Patán, que permaneció bajo dominio siamés. Durante el siglo XX se produjo una progresiva tailandización de la región, aunque ha conservado su religión diferenciada (el Islam) y su propia lengua (el Yawi). En 1939 Siam cambió el nombre por el de Tailandia. La región de Pattani es de las más pobres de este país. Aunque al menos un 80% de la población es musulmana, el 90% de los cargos administrativos públicos, incluida la policía y el ejército, están en manos de personas budistas.
El conflicto con las regiones sureñas está relaciona- do con el centralismo del país y la falta de reconoci- miento de los interlocutores del sur, por lo que una
parte significativa de la sociedad reclama un “diá- logo nacional”, como se ha hecho en otros países. En 1968 se fundó la Patán United Liberation Organization (PULO) por parte de Tengku Bira Kotanila, exiliado en Siria y que también ha sido liderada por K. Abdul Rahman, con un brazo armado denominado PULA, cuyo propósito era lograr la independencia de la región de Pattani, dando continuidad a las luchas de los antiguos sultanatos malayos colonizados por Siam (la
actual Tailandia). PULO tiene su oficina exterior
en Suecia, y tuvo una gran actividad guerrillera entre 1976 y 1981, entrando después en un largo período de declive debido a la represión militar, las amnistías concedidas por el Gobierno tailandés
TAILANDIA (Sur)
Población: Tailandia (67,2 millones), Sur (2 millones) Superficie: Tailandia (513.000 KmSur (11.000 Km2) 2);
IDH Tailandia: 103 (sobre 186) PIB Tailandia: 387.252 millones $ Renta por habitante: Tailandia 5.340 $ Muertos por el
conflicto: 6.000 desde 2004 Actores armados: Bersatu, BRN, BIPP, PULO Facilitaciones: Malasia
y las dificultades que puso Malasia para que la
retaguardia del PULO actuara en su territorio. En 1989, PULO y tres organizaciones más (el Barisan Revolusi Nasional (BRN), fundado en 1960 y liderado por Ustaz Hassan Taib, el Barisan Nasional Pembebasan Patani (BNPP), que en 2007 cambió el nombre, pasando a ser el Frente de Liberación Islámico de Pattani (BIPP), y los Mujahadeen Pattani(GMIP), fundado en 1986, se integraron en una organización paraguas denominada Bersatu o Consejo del Pueblo Musulmán de Patán. En 1995, el PULO sufrió una disidencia, formándose el New PULO, que se integró igualmente a Bersatu. En la actualidad, PULO ya tiene tres facciones. En el 2001 se produjo un rebrote de las actividades de estos grupos separatistas, produciéndose varias masacres en los años siguientes, especialmente en 2004, con el resultado de unos 3.000 muertos desde entonces. En el 2013, la actividad negociadora estuvo concentrada en los diálogos con Bersatu.
Antecedentes del proceso de paz
Los intentos de negociar con los grupos insurgentes
del sur del país se vieron dificultados en numerosas
ocasiones por el anonimato de muchos de sus líderes. En el 2004, no obstante, el Gobierno contactó con Wan A. Kadir Che Man, uno de los líderes de Bersatu, exiliado en Malasia, quien se había manifestado favorable a negociar con el Gobierno algún tipo de autonomía para la región; el intento no tuvo sin embargo demasiado éxito, por la incapacidad de Wan A. Kadir de frenar la violencia existente. Posteriormente, varios líderes de Bersatu, como el portavoz, K. Makhota, manifestaron su interés en llevar a cabo un proceso de negociación similar al que se estaba haciendo en Indonesia (Aceh) y Filipinas (Mindanao), para lograr una autonomía o un estatus de “región administrativa especial” como el que disfrutaba la isla de Phuket, situada igualmente en el sur de Tailandia.
A principios de 2005, el Gobierno tailadés creó la Co- misión Nacional de Reconciliación (NRC), dirigida inicialmente por el ex Primer Ministro Anand Panya-
rachun, y cuyo objetivo era lograr la pacificación del
sur del país. A mediados de año la NRC presentó un informe en el que recomendaba, entre otras cosas, introducir la ley islámica en la región, aceptar que el yawi fuera una lengua de trabajo en la zona, estable- cer una fuerza de paz desarmada, y crear un Centro
de Estrategia Administrativa para la Pacificación de
las provincias del Sur. A mediados de septiembre, no obstante, una facción del Ejército tailandés perpetró un golpe de estado que derrocó al Primer Ministro, Thaksin Shinawatra, cuando éste se hallaba en Nue- va York. Los golpistas se agruparon en el autopro- clamado Consejo para la Reforma Política y fueron
legitimados por el Rey, Bhumidol Adulyadej. El golpe, no violento, estuvo motivado según sus autores por
la necesidad de dar fin al clima de corrupción guber- namental y a la división social que se estaba crean- do entre los tailandeses. El objetivo del comandante en jefe de las FFAA, Ssnthi Boonyarataglin, era el de establecer conversaciones con los líderes rebeldes separatistas del sur del país. En octubre, éste con-
firmó que representantes de varios grupos armados
de oposición que operaban en el sur, incluyendo el BRN y Bersatu, habían contactado con las FFAA con la intención de entablar conversaciones, a lo cual el Gobierno accedió. También subrayó que se trataría de conversaciones, no de una negociación, a la vez que admitió la necesidad de un diálogo político para
acabar con el conflicto. Estas declaraciones llegaron
después de que el Primer Ministro designado por los militares golpistas, Surayud Chulanont, hubie- ra establecido como una de sus máximas priori- dades la resolución del conflicto en el sur del país y pidiera perdón por los excesos cometidos por el Estado. Tanto el primer ministro, como las FFAA y la NRC habían manifestado públicamente antes del golpe su preferencia por una solución negociada, en clara oposición a la postura del depuesto primer mi- nistro, Thaksin Shinawatra, quien había optado por una estrategia policial que produjo una escalada de la violencia. Las FFAA golpistas, en cambio, a través de su Centro de Seguridad, ya habrían emitido una “señal” de tregua el día 16 de septiembre al cele- brar un seminario sobre paz en la mezquita central de Yala (sur). Asimismo, el nuevo Gobierno expresó la intención de restituir a los políticos que lograron la estabilidad de la región antes de la llegada de T. Shi- nawatra y reinstauró el Centro Administrativo de las Provincias de la Frontera Sur (SBPAC, por sus siglas en inglés), un organismo civil disuelto por el anterior Gobierno. Uno de los grupos de oposición más im- portantes, la PULO, acogió con agrado los cambios.
En este nuevo contexto y debido a su gran influencia
sobre la población de Patán, Malasia propuso intermediar en el conflicto, y en los términos que
definiera Tailandia. Un portavoz de PULO señaló
que las precondiciones para abrir una negociación eran que estuviesen facilitadas por un tercero, que la delegación de los movimientos insurgentes fuera
considerada como oficial por parte del Gobierno
tailandés, y que debía garantizarse la inmunidad para los miembros de dicha delegación. Medios de comunicación tailandeses señalaron también que ya se habían realizado varias reuniones informales entre miembros del Gobierno tailandés y los musulmanes del sur en algunas ciudades europeas. Según la agencia nacional de noticias malasia estos grupos habrían acordado retirar sus demandas de independencia a cambio de amnistía, desarrollo económico para la región y el fomento del uso de la lengua malaya en las escuelas. No obstante,
y a pesar del cambio del clima político en el país, los asesinatos de civiles y los enfrenamientos entre fuerzas de seguridad y grupos armados de oposición continuaron. Esto podría deberse a la falta de autoridad sobre los militantes en Tailandia por parte de los dirigentes exiliados en Malasia dispuestos a negociar, dado que éstos en su mayor parte pertenecían a una generación anterior.
El Gobierno declaró estar considerando la posibilidad de introducir determinados elementos de la Sharia en las tres provincias meridionales de mayoría musulmana como parte de su estrategia de
gestión del conflicto en el sur del país. A mediados de
abril de 2007 el primer ministro, Surayud Chulanont, declaró públicamente su disponibilidad a ofrecer una amnistía a los miembros de los grupos armados secesionistas que operaban en el sur del país, y rechazó la ayuda militar ofrecida por el Gobierno
de EEUU para gestionar el conflicto, por considerar
que era una cuestión interna y que el Gobierno estaba capacitado para resolverla. El Gobierno tailandés mantuvo contactos exploratorios con la insurgencia en Ginebra y Estocolmo. En esta última ciudad residía exiliado el vicepresidente y responsable de asuntos internacionales del PULO, Kasturi Mahkota. Tras la formación de un nuevo Gobierno, a principios de 2008 el ministro de Interior declaró que el Gobierno se planteaba conceder cierto grado de autonomía a las provincias sureñas de mayoría musulmana, aunque sin especificar
ninguna medida. El ministro también declaró que la región autónoma china de Xinjiang, también de mayoría musulmana, podría servir de modelo.
A finales de mayo de 2009, el viceprimer ministro
tailandés, Suthep Thaugsuban, declaró que en el sur de Tailandia habían entre 4.000 y 5.000 insurgentes
activos y que la solución al conflicto no pasaría
exclusivamente por la represión militar y policial, sino por incrementar el desarrollo y la calidad de vida de las provincias meridionales. Tras serios enfrentamientos en los últimos meses del año, una visita de representantes de Naciones Unidas y de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI) para conocer de primera mano la situación del sur del país provocó que el Gobierno negara cualquier intervención de ambas organizaciones en la
resolución del conflicto, tal y como habían apuntado algunos medios locales. A finales de octubre, el primer ministro tailandés, Abhisit Vejjajiva, apoyó con cautela la sugerencia realizada por el primer ministro malasio, Najib Razak, quien propuso la concesión de una cierta autonomía a las provincias del sur de Tailandia como parte de una estrategia
para poner fin a la escalada de la violencia en la
zona. Por otra parte, el vicepresidente del PULO, se mostró favorable a dialogar con el Gobierno sobre alguna forma de autonomía para el sur del país,
con la mediación de una tercera parte (que según varias fuentes podría ser Malasia). En 2010, un informe de ICG consideró que para hacer frente a las demandas de los grupos armados y a los agravios de la población del sur, el Gobierno debería iniciar un diálogo político, descentralizar el poder y reformar las estructuras político-administrativas, reconocer la identidad cultural, religiosa y étnica de la población malayo-musulmana del sur.
Durante el año 2013, lo más destacado fue que se produjo una aproximación del Gobierno con el grupo armado Barisan Revolusi Nasional (BRN). En marzo, el Gobierno de Tailandia y el BRN iniciaron conversaciones de paz exploratorias facilitadas, por primera vez, por el Gobierno de Malasia. Según un comunicado conjunto, ambas partes acordaron los términos de referencia del diálogo, intercambiaron información, y sentaron las
bases para generar la suficiente confianza mutua
para reducir los niveles de violencia y resolver el
conflicto que afecta al sur del país. La delegación
gubernamental estuvo presidida por el secretario general del Consejo de Seguridad Nacional de Tailandia, Paradorn Pattanatabut, mientras que la del grupo insurgente estuvo liderada por Ustaz Hassan Taib. Según algunas fuentes, el BRN habría planteado la retirada de tropas del sur del país, una amnistía para los insurgentes y la creación de una zona administrativa especial para el sur del país, pero el Gobierno pretendía centrar las conversaciones en la reducción de la violencia.
A finales de abril, se celebró la segunda ronda de
negociaciones de paz. El día anterior al inicio de la misma, en Kuala Lumpur (Malasia), el BRN difundió un vídeo en el que solicitaba cinco demandas al Gobierno tailandés, entre ellas, la designación del Gobierno de Malasia como mediador (y no como facilitador), la presencia en las conversaciones de miembros de ASEAN y de la Organización de la Conferencia Islámica como observadores, la liberación de todos los insurgentes detenidos y la retirada de cargos contra ellos, y la consideración del grupo como un movimiento de liberación nacional. En el vídeo, también se mencionaba la continuación de la lucha insurgente para deshacerse de la dominación y opresión colonial, así como el deseo de obtener un estado propio para la nación Pattani. Algunos analistas consideraron que las demandas del BRN eran inasumibles para el Gobierno y que, por tanto, podían ser consideradas como una estrategia
para poner fin a las negociaciones, mientras que
otros estimaron que la petición de demandas maximalistas formaba parte de la estrategia negociadora del BRN. Bangkok dio un mes de margen al BRN para que demostrara su representatividad y control del movimiento insurgente y redujera el número de ataques violentos. Durante el mes de
abril, el Gobierno mostró su convencimiento de que más grupos insurgentes deseaban unirse a las conversaciones de paz. Por otra parte, el Gobierno de Indonesia descartó involucrarse en el proceso de paz, tal y como ya había hecho tímidamente en el pasado y como habían solicitado algunas voces.
Tras la finalización de la tercera ronda de
negociaciones, el 14 de junio, el BRN hizo públicas sus demandas al Gobierno, a cambio de decretar un cese de hostilidades durante el ramadán, que se inició el 10 de julio. La demanda que tuvo mayor repercusión política y mediática fue la de que las Fuerzas Armadas se replegaran en sus bases militares. El vice primer ministro, Chalerm Yubamrung, ya descartó claramente dicha posibilidad, alegando que el BRN no podía controlar las acciones de sus miembros en el terreno y que el Estado debía garantizar la seguridad en el sur del país. Por su parte, Paradorn Pattanatabut señaló
que esperaría a recibir, oficialmente, las propuestas
del BRN a través del mediador malasio, para hacer cualquier declaración pública sobre el contenido de las mismas. Sin embargo, declaró que el Gobierno de Tailandia debía responder a las demandas de la población del sur de Tailandia, y no solamente a las peticiones de un grupo en particular. El representante de los rebeldes, Hassan Taib, pidió
paciencia y advirtió que el fin de la insurgencia
violenta podía tardar años en llegar, pero que las negociaciones eran la única vía del Gobierno para llegar a garantizar la paz.
A pesar de que durante el tercer trimestre no se celebró ninguna ronda de conversaciones formales entre el Gobierno y el grupo armado de oposición BRN, ambas partes sí mantuvieron un contacto constante e incluso acordaron una reducción de la violencia durante el mes del ramadán. A mediados de julio, tras una intensa presión por parte del Gobierno de Malasia y después del llamamiento de más de 640 imanes del sur del país instando a las partes a avanzar en el proceso de paz, el facilitador de las conversaciones anunció que ambas partes habían alcanzado un acuerdo de entendimiento (que, posteriormente, sería conocido como Iniciativa de Paz del Ramadán) para reducir los niveles de violencia en el sur del país durante 40 días, incluido el ramadán, que este año se celebraba entre el 10 de julio y el 18 de agosto. También en julio,
el Gobierno de Indonesia se mostró dispuesto a participar en el proceso de paz si así se lo solicitaba el Gobierno de Tailandia. En este sentido, el ministro de Exteriores declaró que su eventual rol no pasaría necesariamente por participar directamente en las conversaciones de paz, sino por compartir
su experiencia en la resolución de conflictos
en Indonesia, como el de Aceh. Por su parte, la Organización de la Conferencia Islámica (OCI)
también expresó su total apoyo a las negociaciones en curso, aunque sin hacer referencia a una de las demandas planteadas públicamente por el BRN: la participación de la OCI como observadora en las negociaciones de paz.
A principios de agosto, el BRN hizo público un vídeo en el que anunciaba que suspendía su participación en las negociaciones de paz por considerar que el Gobierno no atendía ninguna de sus demandas.
Durante el mes de octubre, trascendió que otros dos grupos armados (el PULO y el BIPP) habrían expresado su voluntad de participar en el proceso de paz y que incluso se habrían producido varias reuniones entre el Gobierno y la cúpula del PULO en Suecia, donde están exiliados buena parte de los líderes de dicho grupo. Por su parte, a principios de octubre, el BRN comunicó a Malasia que ejercía las tareas de facilitación, un cambio en sus representantes en las negociaciones de paz, aunque no trascendieron los detalles ni los motivos. El Gobierno hizo pública su intención de reanudar el diálogo con el grupo armado de oposición BRN en el mes de noviembre, después de que, a mediados de octubre, hubiera pospuesto indefinidamente las conversaciones de paz. A principios de diciembre, el Gobierno disolvió el Parlamento ante las protestas generalizadas en el país, que pedían la dimisión del primer ministro.
El proceso de paz en 2014
Las nuevas autoridades surgidas del golpe de Estado perpetrado a finales de mayo declararon su intención
de reanudar las conversaciones de paz con el BRN bajo la facilitación del Gobierno de Malasia. Dichas conversaciones se hallaban bloqueadas desde hacía varios meses, en parte, por la crisis política que atravesaba el país y, en parte, por el proceso que llevó a la destitución en el cargo de la ex primera ministra, Yingluck Shinawatra, al que algunas voces criticaron que hubiera puesto en marcha un proceso
de paz superficial y con prisas. Shinawatra habría
concedido inmunidad a los negociadores del BRN, además de reconocer a este grupo como actor político. Según algunas fuentes, la nueva estrategia de las autoridades militares pasaría por incentivar las rendiciones y deserciones de combatientes y por minimizar o desoír las demandas de mayor autonomía e incluso independencia. También habría puesto en
marcha canales no oficiales para dialogar con los
grupos armados. Por otra parte, en el mes de junio, el Consejo Nacional para la Paz y el Orden, órgano que regía el país bajo el liderazgo del jefe de las Fuerzas Armadas, anunció una profunda reestructuración de las instituciones encargadas de canalizar y resolver
el conflicto en el sur de Tailandia. Tras esta reforma, las Fuerzas Armadas tendrán un claro control sobre el curso de las eventuales negociaciones de paz, así
como sobre el aparato burocrático-institucional. En los últimos años, se habían detectado desajustes importantes entre las instituciones civiles y militares
que lidiaban con el conflicto armado, así como entre la planificación de las políticas desde el Gobierno
central y su ejecución en el sur del país. Tres de las instituciones que hasta entonces lideraban la
respuesta gubernamental al conflicto armado y
que estarán más afectadas por la reestructuración anunciada por la junta militar eran el Consejo de Seguridad Nacional, el Centro de Administración de las Provincias Sureñas Fronterizas y el Comando