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C. Commentary on the Paragraphs of the Proposal

2- Paragraph Two

3. A pesar de que, por ejemplo, en 1 ,1 1 Copérnico, refiriéndo­ se a los movimientos de la Tierra, diga " quo tamquam principio et bypothesi utcmur in demonstrationibus aliorum”.

a varios astrónomos del siglo x v i, com o Pedro Apiano (1501-1552). Más tarde Kepler la publicó.

Osiander dice:

N o d u d o de qu e algunos sabios — p uesto que ya se ha extendido el ru m or de lo revolucionario de las h ip ó­ tesis de esta ob ra qu e pone a la Tierra co m o m ó vil y al S ol, al contrario, co m o in m ó vil en e l centro d el univer­ so — se indignarán y pensarán qu e n o d eb en introducir­ se cam bios en las disciplinas liberales qu e hace mucho tiem p o están sólidam ente establecidas. P ero si exam inan esta obra con atención, verán qu e su autor n o ha hecho nada qu e merezca censura. E n e fecto: es obligación d el astrónom o explicar, m ediante una observación diligente y háb il, la historia de lo s m o vim ien to s celestes. D esp ués buscar sus causas o b ien — ya qu e de ninguna manera puede señalar las verdaderas — imaginar o inventar unas hipótesis cualesquiera co n cuya ayuda se pueda calcular exactam ente, conform e a las reglas de la geom e­ tría, el valor de esos m ovim ientos. A m b o s ob jetivos los ha conseguido el autor de m o d o adm irable, ya q u e, en efecto, n o es necesario que estas hip ótesis sean verda­ deras ni siquiera verosím iles. Basta co n u na sola cosa: que perm itan realizar cálculos que concuerden con la observación. A m enos que no se sea tan ignorante en óptica y geom etría que considere co m o real el epiciclo de V en u s y crea que es la causa por la cual V en u s pre­ cede o sigue al S ol (en sus elongaciones) en una distan­ cia de 4 0 ° . Si adm ite esto, necesariamente en el perigeo el diám etro de la estrella aparecería co m o cuatro veces m ayor que en el apogeo y el cuerpo de la m ism a, die­ ciséis. P ero a esto se opone toda la experiencia de los siglos.

E n esta ciencia hay otras cosas absurdas que n o es necesario exponer aquí. E s sabido que este arte ignora por com p leto la causa de los m ovim ientos irregulares de los fenóm enos celestes. Y si inventa algunos en la ima-

ginación, co m o ciertamente inventa u n gran núm ero, n o lo hace en m o d o alguno para convencer d e qu e tal es la realidad sino para fundar en ellos u n cálculo exac­ to . P ero para explicar u n solo y m ism o m ovim ien to existen, a veces, distintas hipótesis — tal ocurre co n el m o vim ien to d el S o l, la excentricidad y el e p ic ic lo — , d e aquí que el astrónom o adopte preferentem ente la que es m ás fácil de com prender. E l filósofo exigirá, tal v e z , adem ás, la verosim ilitu d; nad ie, sin em bargo, co m ­ prende o enseña nada cierto a m enos de qu e esto le venga revelado por D io s . D e je m o s, p ues, que estas n ue­ vas hipótesis se conozcan ju n to con las antiguas, n o por­ qu e sean m ás verosím iles, sino p orque son adm irables, fáciles y vienen acompañadas d e u n tesoro inm enso de observaciones. Q u e nadie, en lo que a hipótesis se re­ fiere, crea que la astronom ía le dé algo cierto, ya q u e ésta n o lo p retende, y si tom a p or verdaderas las cosas hechas con otro fin, saldrá de este estud io m ás tonto que antes d e em pezarlo.

P o r c o n tr a , en la carta d e d ic a to ria a P a u lo I I I , C o p é r - n ico m u e str a creer e n la re a lid a d d e la s te o r ía s q u e e x p o n e y n o te m e fijar p o r e scrito su s id ea s s o b r e e l m o v im ie n t o d e la T ie r r a :

. . . lo que más m e incitó a buscar otro m o d o de deducir los m ovim ientos de las esferas d el m und o fu e e l darme cuenta de que los matem áticos n o están de acuerdo en­ tre ellos en el m odo de conducir sus investigaciones. E s ­ tán tan inseguros de los m ovim ientos d el Sol y de la Luna que no pueden ni deducir ni observar la duración eterna d el a ñ o ;4 luego, al establecer lo s m ovim ientos de estos astros y de los cinco planetas no utilizan ni los m ism os principios y supuestos (assum ptionibus) ni las

4 . Alude al problema, candente en aquel entonces, de la refor­ ma del calendario en que tan interesada estaba la Santa Sede.

mismas demostraciones de las revoluciones y de los mo­ vimientos aparentes. Unos sólo utilizan esferas homo- céntricas, otros excéntricas y epiciclos por medio de los cuales no consiguen por completo aquello que buscan... Como medité mucho sobre la incertidumbre de las doc­ trinas de los matemáticos con respecto a la composición de los movimientos de las esferas del mundo, me fati­ gué al ver que los filósofos, que tan en detalle han es­ tudiado las cosas más ínfimas concernientes a este mun­ do, no tienen ninguna explicación segura sobre los movimientos de la máquina del Universo que ha sido construida por el mejor y más perfecto de los artistas. Por eso procuré leer los libros de todos los filósofos que pude obtener...

Sigue con la enumeración de textos que ha leído, dta textualmente el pasaje de Plutarco5 en que expone las teo­ rías de Filolao, Heráclides de Ponto, Ecfanto, y sigue:

A partir de aquí yo mismo he empezado a pensar en la movilidad de la Tierra. A pesar de que me parecía absurdo, como antes que a mí se había permitido a otros imaginar cualquier tipo de círculos para deducir los fenómenos de los astros, pensé que también a mí se me permitiría experimentar si, admitiendo algún movi­ miento de la Tierra, se podría encontrar una teoría más sólida de las revoluciones de los orbes celestes. Así, ad­ mitiendo los movimientos que más abajo en mi obra atribuyo a la Tierra, descubrí por fin, después de largas y numerosas observaciones, que si los movimientos de los planetas se referían al movimiento de traslación de la Tierra y éste se tomaba como base de la revolución de cada uno de los astros, no sólo se deducían los movi­ mientos aparentes de éstos, sino también el orden y las dimensiones de todos los astros y los orbes, y que en el 5. De placitls phüosophorum, 3 ,1 3 .

cielo existían tales conexiones que no se podía cambiar nada sin que surgiese el desbarajuste en todas las partes y en el universo entero.

Es decir, el mérito de su obra radica según el propio Copérnico en haber podido dar unas leyes homogéneas y válidas para todo el sistema, para toda la máquina6 del universo. Y esas leyes tienen la ventaja de que explican bien “ et apparentiae salvari possint, si ad terrae motus conferantur” los valores observados. Por eso, añade:

No dudo de que los matemáticos ingeniosos y doctos estarán de acuerdo conmigo si — así como la filosofía exige en primer lugar — quieren estudiar y examinar, no superficialmente sino de modo profundo, la demos­ tración de todas esas cosas que doy en mi obra. Pero si está seguro de lo que dice, también sospecha que puede ser atacado por los ignorantes y por ello dedi­ ca el libro

A tu Santidad, puesto que, incluso en este rincón remoto de la Tierra en que vivo, se te considera como la persona más eminente, tanto en cuanto a dignidad como por el amor a las letras e, incluso, a las matemáti­ cas, para que con tu autoridad y juicio puedas reprimir las mordeduras de los calumniadores; por más que ya se sabe que no hay remedio contra sus acometidas. Si, a pesar de todo, hubiera quienes sin saber nada de matemáticas se permitieran juzgar estas cosas en base a

6 . E l nuevo sistema no es, sin embargo, más fácil de entender que el tolemaico y ni tan siquiera, a pesar de que tal vez lo creye­ se (véase lo que dice al fin del Commentariolus), más económico, es decir, con empleo de menor número de círculos.

algún pasaje de la Escritura7 “ male a i suum propositara de tortura” , es decir, cambiando su sentido recto y atacar su obra, de ésos “ no me preocupo y desprecio su juicio com o temerario. Ya que sabemos que Laclando,8 célebre escritor, pero por lo demás mal matemático, habló de m odo pueril de la forma de la Tierra burlándose de los que habían descubierto que tenía forma de esfera. Los doctos no se extrañarán si tales gentes se burlan de nos­ otros” .

La primera edidón deNurem berg (1543) fue seguida por las de Frankfurt (1566) y Amsterdam (1617). Esta última bajo el título Astronomía instaurata fue acompa­ ñada de notas explicativas de Nicolás Mullerus y es la me­ jor de las publicadas hasta entonces.9 Las tres sirvieron a Delambre para el estudio que consagró a Copérnico en su Histoire de l’astronomie moderne. La obra debía tener, inicialmente, ocho libros, pero en el curso de la redacdón la dejó en seis. Incluso parece que nunca se terminó, pues

le falta una conclusión g e n e ra l.

Los once primeros capítulos del libro I del De revo- lutionibus han sido los más frecuentemente traducidos y editados, ya que son una suma de cosmografía de gran va­

7 . V . g. Salmos, 9 , 9 ; 1 2 ,1 2 ; y Eclesiastés, 2 5 ,2 5 . 8 . De divinis institutionibus, 3 ,2 4 .

9 . Para la bibliografía véase H . Baranowski, Bibliografía Ko- pernikowska 1509-1955 (Varsovia, 1958) y el suplemento de la mis­ ma (1956-1972), publicado en 1973. E l manuscrito ha sido repro­ ducido fotográficamente de modo cuidadosísimo en el vol. I (Lon- dres-Varsovia-Cracovia, 1972) de la Opera omnia publicada por la Academia de Ciencias Polaca con motivo del quinto centenario de la muerte de Copérnico. La traducción completa del De revolu- tionibus más abundante en nuestras bibliotecas es la de Ch. G . W a- llis publicada por la Encyclopedia Britannica (Chicago, 1952) en la colección “ Great books of the western w orld” , 16. Esta traducción ha sido objeto de críticas por parte de O . Neugebauer, Isis, 46 (1 9 5 5 ), pp. 69-71 y 157. Traducción castellana por Manuel Tagüeña Lacorte y Carlos Moreno Cañadas (México, 1969).

lor epistemológico y de escaso o nulo aparato matemáti­ co.10 11 Tras una breve digresión lírico-científica pasa a pos­ tular ( 1 ,1 ) que el mundo es esférico bien porque ésta es la forma más perfecta de todas y no necesita uniones o porque es el cuerpo que a igual superficie presenta el máximo volumen, lo cual le hace especialmente apto para contener a la creación; puede ser que tenga esa forma puesto que todas las cosas, v. g. las gotas de agua,11 tien­ den a adoptarla. La Tierra es esférica como se deduce de que la estrella Canope (a Carinae) sea visible en Egipto y no en Italia — este tipo de ejemplo era caro a nuestros an­ tepasados — y que un buque, al alejarse de la costa, des­ aparezca progresivamente empezando por la quilla y ter­ minando por el palo mayor. La Tierra ( 1 ,3 ) forma un único globo con las aguas. Discute el volumen respectivo de tierras y aguas y hace una rápida alusión al descubri­ miento de América. La Tierra no es ni plana, ni cilindrica ni tiene más forma geométrica que la de una esfera per­ fecta. De nuestro mundo pasa al cielo (1 ,4 ) y sigue a Aris­ tóteles12 cuando afirma que el movimiento propio de la esfera consiste en girar en redondo ya que el movimiento circular es el único movimiento uniforme que puede se­ guir de m odo indefinido en un espacio finito. Esto es im­ portante puesto que de aquí se deduce que el universo co- pemicano tiene límites, aunque éstos sean enormes en comparación con el medieval. Esos movimientos circula­ res y uniformes, combinados entre sí, nos pueden parecer desiguales com o consecuencia de las excéntricas y epici­

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