3.6 Multi-centralization
4.1.1 Parallelization of local partition refinement methods
Mostrando estas manifestaciones de la gracia no se resuelve, sin embargo, el problema de la salvación bajo la economía de la ley mosaica, y esto constituye un problema.
A. La posición del Pacto
La teología del pacto, con todo lo abarcante del pacto de la gracia, no tiene la solución. Dicha teología tiene el aliado de la simplicidad, porque nada pudiera ser más simple, aparentemente, para preservar la unidad de la Biblia que decir que todos los hombres son salvados exactamente de la misma manera durante todas las edades. Y esto es lo que la teología del pacto dice. Veamos el dogma de Hodge: «El mismo Salvador, la misma condición, la misma salvación.»22 Un escritor reciente dice con la misma vena: «Hay un
solo Testamento unificado, un solo plan de salvación divina, por el cual Cristo ofrece una redención que es igualmente efectiva para los santos de ambas dispensaciones.»23
Estas declaraciones, solas, no parecen ser del todo desacertadas hasta que uno comprende lo que los teólogos del pacto incluyen siempre en su fe conceptual en Cristo. De nuevo Hodge afirma: «No fue una mera fe o confianza en Dios, o piedad, solamente lo que se requería, sino fe en el Redentor prometido o fe en la promesa de redención por medio del Mesías.»24 Juan 8:56; Salmo 16:11 y Job 19: 25-26 se mencionan siempre como textos
para probar esto, y se usan mucho las ilustraciones de redención en el sistema sacerdotal del Antiguo Testamento. Sin embargo, poco se dice de cuanto los israelitas comprendieron lo que esas ilustraciones representaron. La razón es muy simple: es muy difícil, si no imposible, probar que el israelita promedio comprendió la gracia de Dios en Cristo. Aun Payne, quien se esfuerza en el citado libro para probar la percepción por parte de los santos del Antiguo Testamento para dar fuerza al dogma de unidad de la salvación, admite en otro libro suyo: «Que, para satisfacer a Dios, el Salvador debe morir para que los hombres puedan heredar a Dios; estar con Dios era incomprensible bajo el conocimiento seminal de la Trinidad, la encarnación y la crucifixión seguidas por la resurrección.»25 ¡El puede
aparentemente ver más desde una perspectiva teológica que lo que puede verse desde un punto de vista histórico!
Lo obviamente incorrecto en la solución que el teólogo del pacto ofrece al problema es que se trata de un enfoque a priori que ha producido resultados artificiales. Se asume que todo lo relacionado con la salvación debe ser lo mismo; por lo tanto, el objeto consciente de la fe de los santos del Antiguo Testamento debe de ser Cristo. Esto no implica que los teólogos del pacto no reconocen una limitación de la revelación del Antiguo Testamento, pero hacen todo lo posible por borrar los efectos resultantes que cualquier limitación en cuanto a la revelación pudiera tener en la doctrina de la salvación del Antiguo Testamento.
B. La posición dispensacional
La respuesta de los dispensacionalistas es ésta: La base de la salvación en cualquier edad es la muerte de Cristo; el requisito para la salvación en cualquier edad es la fe; el objeto de la fe en cualquier edad es Dios; el contenido de la fe cambia en las diversas dispensaciones. Este último punto distingue al dispensacionalismo de la teología del pacto, pero no es suficiente para demandar la acusación de enseñar dos modos de salvación. Tal acusación deja de manifiesto la falta de reconocer la revelación progresiva. Cuando Adán miró las cubiertas de piel con que Dios le vistió a él y a su esposa, no vio lo que el creyente ve hoy al mirar atrás a la cruz del Calvario. Y tampoco vieron los otros santos del Antiguo Testamento la que nosotros podemos ver hoy. Tiene que haber dos lados en este asunto: lo que Dios ve desde Su parte y lo que el hombre ve desde la suya. Esto es lo que significa la declaración doctrinal del Seminario de Dallas cuando afirma, en relación con este asunto de la salvación:
Creemos que de acuerdo con el «eterno propósito» de Dios (Ef. 3:11) la salvación en los cálculos divinos es siempre «por gracia, por medio de la fe» y descansa sobre la sangre derramada por Cristo. Creemos que Dios ha estado siempre lleno de
gracia, sin importar la dispensación dominante, pero que el hombre no ha estado siempre bajo una administración de la mayordomía de la gracia como la encontramos en la presente dispensación... Creemos ... que el principio de fe prevaleció en las vidas de todos los santos del Antiguo Testamento. Sin embargo, creemos que era históricamente imposible que hubiesen tenido, como objeto consciente de su fe, al encarnado y crucificado Hijo, el Cordero de Dios (Juan 1:29), y que es evidente que no comprendieron como nosotros que los sacrificios señalaban la persona y obra de Cristo.26
Para Fuller, esta declaración del Seminario es un gran problema.27 Pero realmente es un
problema que no existe sino por su propia creación. Simplemente no ha distinguido la base de la salvación (que es por gracia) del contenido de la revelación (que no fue el mismo bajo la ley como lo es hoy). Como ha sido indicado, a pesar de que Dios siempre está lleno de gracia, no siempre revela la gracia de la misma manera o en la misma cantidad. Una diferente revelación no afecta Su carácter. Uno debe ver dos aspectos en todo este asunto: la base incambiable de la salvación en la gracia de Cristo, y el contenido cambiante de la revelación que afecta el objeto consciente de la fe. El teólogo del pacto no ve lo último y consecuentemente crea sus propios problemas; por ejemplo, cómo responder a pasajes bíblicos que hablan de la gracia que opera ahora como distinta de la gracia de Cristo; pero eso significa que, en comparación con la gracia de Cristo, todas las revelaciones previas de la gracia fueron insignificantes. El teólogo del pacto no puede armonizar esta aguda antítesis con su doctrina unificada de la gracia y su concepto de la unidad de la Biblia. Primera de Pedro 1:10 no significa ausencia de gracia antes de la venida de Cristo, sino que hubo una gracia que no fue experimentada por los santos del Antiguo Testamento durante sus vidas. Sólo el dispensacionalismo puede armonizar estos dos aspectos de la verdad. Otra razón por la que los teólogos del pacto no comprenden la respuesta dispensacional es que confunden las pruebas de una dispensación con el camino de salvación. Capitalizando en el hecho de que la mayoría de los dispensacionalistas consideran cada dispensación como teniendo una prueba, los teólogos del pacto igualan la prueba con el camino de salvación. Por lo tanto, le es fácil concluir que ya que cada dispensación tiene su propia prueba, y ya que hay varias dispensaciones con sus diferencias obvias, el dispensacionalista debe creer que hay varios modos de salvación. Hubo un modo de salvación revelado en cada dispensación y la respuesta del hombre a esa revelación particular fue una prueba en esa economía. Pero hay muchas otras pruebas en cada dispensación. Cada trozo de revelación conlleva una prueba a la que el hombre respondería negativa o positivamente a la cosa particular que es revelada. Un lado de la moneda es la revelación o dispensación y el otro lado es la responsabilidad o mayordomía.
La respuesta a la revelación en cuanto a la manera de aceptación ante Dios no es sino una prueba más en cualquier dispensación. La respuesta a otros aspectos de la economía implica otras pruebas. Bajo la ley, Dios proveyó un modo por el cual el hombre puede ser eternamente aceptable ante El. (Los detalles específicos de este modo no han sido aún discutidos.) También proveyó modos por los cuales el hombre puede ser temporalmente aceptable ante El. Romper el sábado era castigado con la muerte. Guardar el sábado significaba continuar en la vida presente. Pero guardar el sábado no quería decir vida eterna. Por lo tanto, es totalmente armónico decir que el medio de salvación eterna era por medio de la gracia, y los medios de vida temporal eran por medio de la ley, y que la revelación (a pesar de que trae los mismos resultados cuando se cree) no era la misma revelación dada a partir de la encarnación de Cristo. Así pues, la revelación en cuanto a la salvación durante la economía mosaica implicaba la ley, aunque la base de la salvación siguió siendo la gracia.
Este tiene que ser el caso, contradictorio como parece. La ley no podía salvar; no obstante, era la revelación de Dios para aquel tiempo. Que la ley no podía salvar es perfectamente claro. Los hombres fueron salvos durante la economía de la ley, pero no por la ley. La Escritura es clara en su revelación respecto a este hecho: Rom. 3:20 y 2.a Cor. 3:6-7. Y aun así la ley contenía la revelación que condujo a los hombres a una comprensión de que su fe debe ser puesta en Cristo el Salvador. ¿Cómo hubo de hacerse esto? Principalmente por medio de la adoración instituida por Dios a través del sistema sacrificial. Los sacrificios eran parte de la ley. Guardarlos no salvaba, pero un hombre podía responder a lo que enseñaban para efectuar la salvación eterna.
C. El propósito de los sacrificios
Es necesario, entonces, examinar más cuidadosamente este «énfasis evangélico» en el sistema sacrificial. ¿Es éste lo suficientemente claro como para ver la «misma promesa, el mismo Salvador, la misma condición, la misma salvación» como el teólogo del pacto cree? ¿O no está él también limitado a cambiar el contenido de la fe como dice el dispensacionalista? Para poner la pregunta teológicamente, solamente diremos: ¿Cuál fue el contenido cristológico del sistema sacrificial de la ley mosaica y qué relación tuvo, si alguna, con la salvación del Antiguo Testamento?
Tres puntos de vista se han mantenido generalmente tocante a la eficacia de los sacrificios que fueron instituidos bajo la ley.
1) Algunos mantuvieron que su eficacia se extendía a la remisión plena de pecados (ya que no había virtud inherente en los sacrificios mismos).
2) Otros creen que la eficacia de los sacrificios levíticos se extendía sólo a la remisión de las penalidades temporales involucradas en la organización gubernamental teocrática de la nación de Israel. Esta remisión temporal era automáticamente efectiva en cada ocasión en que quien ofrecía hacía un sacrificio y no dependía en su fe. Era «salvado» de penalidades temporales mientras trajera las ofrendas.
3) El tercer punto de vista combina ideas de los dos primeros y mantiene que los sacrificios fueron automáticamente eficaces para el perdón teocrático, pero se relacionaban con la salvación espiritual sólo cuando se ofrecían con fe. El grado de conocimiento involucrado en esa fe no está determinado.
Sin dudas, el Antiguo Testamento atribuye eficacia a los sacrificios. Una y otra vez las Escrituras declaran que cuando los sacrificios eran ofrecidos de acuerdo con la ley, «serían aceptados para hacer expiación por él» (Levítico 1:4; 4:26-31; 16:20-22). En ninguno de estos pasajes hay indicación alguna de que la efectividad de los sacrificios dependía del estado espiritual de la persona que los ofrecía. Ni las Escrituras sugieren que el que ofrece tiene que tener algún vislumbre de comprensión del propósito prefigurativo de estos sacrificios para que le sean efectivos. La interpretación normal de estos pasajes ve una expiación genuina por los pecados en los sacrificios simplemente porque fueron ofrecidos y no porque el que los ofrecía fuese digno en sí mismo, ni porque estuviese consciente de que los sacrificios representasen algo.
Por otra parte, el Nuevo Testamento afirma enfáticamente que no es posible que «la sangre de toros y de los machos cabríos» quitara el pecado (Heb. 10:4), y «la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan» (Heb. 10:1). Tales declaraciones parecen ser contradictorias a las del Antiguo Testamento.
La solución de esta dificultad aparente radica en distinguir el significado primordial del pecado en el Antiguo y el Nuevo Testamento. Bajo la ley, el israelita por nacimiento estaba relacionado con Dios por medio del estado teocrático. Mantenía esta relación a pesar de su
estado espiritual, y su relación con el gobierno tenía que incluir cierta relación con el jefe de tal gobierno: Dios. No había manera por la cual un israelita podía desasociarse a sí mismo, y mientras el gobierno fuera teocrático, tenía que haber una relación con Dios. Cuando alguien pecaba, se consideraba como una ofensa gubernamental y, a la vez, espiritual, debido a la naturaleza de una teocracia. Así, el pecado de un israelita tenía que ser visto como «afectando la posición y los privilegios de la parte ofensora como miembro de la... mancomunidad de Israel».28 Todos los israelitas estaban relacionados
teocráticamente con Dios. Algunos estaban relacionados espiritualmente. Traer los sacrificios restauraba al ofensor a la posición perdida como adorador judío y a su relación teocrática.
En la presente economía no hay teocracia, de modo que no hay relación teocrática entre el pueblo y Dios. Todas las relaciones son directas y espirituales, en contraste con la gubernamental. Hoy el pecado de una persona debe ser visto en relación directa con Dios. El escritor del libro de Hebreos no dice que los pecados no fueron perdonados por los sacrificios del Antiguo Testamento, pero dice que esos sacrificios fueron inadecuados para remover absoluta y finalmente la culpa espiritual de una persona ante Dios. Esto fue hecho sólo por la muerte de Cristo y no por las ofrendas levíticas. Las ofrendas mismas no podían automáticamente efectuar la salvación espiritual.
Pero, ¿fue este arreglo teocrático el único propósito de las ofrendas? Aparentemente no, porque parecía haber algo en las ofrendas que señalaba al adorador un mejor sacrificio que podría resolver finalmente todo el asunto del pecado. Esto podría llamarse una eficacia ulterior en los sacrificios que no pertenecieron a ellos como sacrificios, sino como prefiguraciones de una solución final del pecado. Sin embargo, no puede sugerirse que el israelita comprendió cuál sería la solución final. Puesto que si hubiera tenido suficiente profundidad en cuanto a ver y creer la obra terminada de Cristo, entonces hubiera descansado confiadamente en lo que vio en la prefiguración. Si el sacrificio hubiera dado una clara visión de Cristo, entonces el que ofrece hubiera comprendido la verdad de una expiación completada y no hubiera tenido consciencia alguna de pecado todos los años. Pero ya que la Escritura dice que tuvo consciencia de pecados, entonces él no debe haber visto claramente «la misma promesa, el mismo Salvador, la misma condición y la misma salvación» como lo ve el creyente hoy. Y si es así, entonces la posición del pacto es un anacronismo histórico, una lectura de la revelación del Nuevo Testamento aplicada al Antiguo, y un fracaso de reconocer el progreso de la revelación y las distinciones de las economías divinas. Cristo no fue el objeto consciente de la fe del creyente del Antiguo Testamento, a pesar de haber sido salvado por fe en el Dios, quien se reveló a sí mismo principalmente a través de los sacrificios que instituyó como parte de la ley mosaica.
Esta conclusión refleja exactamente la enseñanza del Nuevo Testamento. En el Aerópago, Pablo resumió la comprensión del Antiguo Testamento en cuanto a la salvación y denominó aquel período «tiempos de esta ignorancia», la cual Dios «pasó por alto» (Hch. 17:30). Esto no refleja una comprensión muy clara del contenido teológico de la fe. Pablo, de nuevo resumió la situación concerniente a la salvación en el Antiguo Testamento como «remisión de pecados que han pasado por la paciencia de Dios» (Romanos 3:25). La comprensión del israelita promedio en relación con el Mesías en la época en que Jesús anduvo en la tierra era muy somera (Jn. 1:21; 7:40), y aun los profetas carecían de comprensión (1.Ped. 1:10-11). Estos pasajes imposibilitan el decir que los santos del Antiguo Testamento bajo la ley ejercieron fe personal en Jesucristo.