El argumento de la Eneida avanza hacia la indefectible instauración del nuevo orden romano, mediante el establecimiento simbólico de las bases de lo que será la eterna ciudad de Roma150. Frente a la incertidumbre del destierro, desencadenado por la súbita obliteración de Troya, y los peligros presentes en las travesías por tierras y mares hostiles, el lector cuenta con una certeza:
his ego nec metas rerum nec tempora pono: imperium sine fine dedi…
(Aen. 1.278-279).
Las palabras de Júpiter, garante del destino, certifican la solidez de los cimientos de esa urbe, que se encuentra en el horizonte de expectativas de lectores y personajes por igual: una ciudad exenta de los vaivenes de la fortuna, eterna en el tiempo y absoluta en su poderío151.
La trascendencia de la empresa fundacional se evidencia en su temprana mención como objetivo de los sobrevivientes troyanos:
multa quoque et bello passus, dum conderet urbem inferretque deos Latio…
(Aen. 1.5-6).
150 Hardie 1998, 64 expresa el sentido teleológico de la empresa de Eneas: “…the foundation of the city of
Rome lies far beyond the chronological limit of the primary narrative, but is in an important sense the telos
or goal of the poem. The Aeneid is thus a specimen of the ‘ktistic’ (foundation) epic popular in the
Hellenistic period as an expression of national pride and antiquarian curiosity”.
151 Sin embargo, no desestimamos la interpretación disidente que considera la existencia de dos líneas
teleológicas coexistentes y opuestas: “In the voices of Jupiter and Aeneas, two competing historical visions emerge and coexist contemporaneously in the poem. The former envisions the historical development of Rome along a teleological line that spreads from its beginning towards the termination of history and the foundation of a new (eternal) era –that of Rome’s unlimited empire (…) From Jupiter’s perspective, the history of Rome is an end-directed narrative that finds its perfect narrative medium in the epic genre. By contrast, Aeneas’ vision is triggered by a tragic dialectic, in which the constant antithesis between rise and fall produces numberless beginnings and numberless ends. The tension between these two temporal/historical and generic visions (…) becomes key to the interpretation of the poem” (Rossi 2007, 36-37).
tantae molis erat Romanam condere gentem
(Aen. 1.33).
El establecimiento de la ciudad de Roma es simbólico. Si bien ya en el séptimo verso de la obra se habla de sus murallas (altae moenia Romae) y en el trigésimo tercero se refiere a sus pobladores mediante el gentilicio “romano”, Roma es la tercera ciudad fundada por la dinastía de los enéades, más de trescientos años después de Lavinium (urbe efectivamente erigida por Eneas) y Alba Longa (obra de Ascanio, luego de tres décadas). Sin embargo, el proceso simbólico que la vitaliza inicia en el tiempo mítico de la Eneida, con el programa heroico de su protagonista, que, en el colofón, cumple la tarea que le fuera fatídicamente asignada y, matando a su rival, inaugura un nuevo orden152:
hoc dicens ferrum aduerso sub pectore condit
feruidus…
(Aen. 12.950-951).
La reiteración del mismo verbo para retratar el objetivo de la misión de Eneas, en los albores de la obra, y la muerte de Turno, en su cierre, es posible gracias a la riqueza semántica de condo, que abarca acepciones sumamente dispares153, y sirve para vincular
los dos extremos, bajo la premisa que la escena final consuma el proyecto delineado al comienzo. La ciudad se funda con una muerte154.
152 Sobre el empleo de violencia en el acto fundacional, remitimos al capítulo de Wunenburger 2000, 23:
“La naissance de la ville est enfin contemporaine d’une violence assumée et dépassée, comme si l’ordre nouveau ne pouvait résulter que d’un désordre majeur vaincu”. Campelo Issaly & Cardigni Morales (2001) tratan el tema de la fundación como consecuencia de una sucesión o cadena de muertes que fundamentan la consecución del rito. Su lectura se basa en el concepto de la mors genetrix, muerte generadora.
153 En los fragmentos del primer canto, donde se lo utiliza para referir la fundación de Roma, el sentido de
condo más apropiado sería el de su décima entrada en el OLD, 395: “To found, establish (a city or state)”.
En cambio, en el caso de la muerte de Turno, el verbo se inclina hacia otras acepciones, como la séptima: “…to plunge, bury (a weapon in an opponent’s body)”, sin desmedro de la anterior, que coexiste, dotando a la acción de Eneas de un claro matiz fundacional. James 1995, 626 considera que este segundo sentido es una innovación virgiliana, ya que “…condere was historically applied to rather slow, time-consuming acts, which usually occur in peacetime settings…” La autora señala que las cinco oportunidades donde se lo utiliza en relación con acciones violentas coinciden en dos aspectos: la víctima es italiana y el victimario muere poco tiempo después (con excepción de Eneas) “…thus becoming victims of the Aeneid’smarch towards empire”. Y concluye: “[Vergil] …uses the new violent meaning of condere to create a reminder for his readers of the cost of the establishment of Rome. Each time condere is used of a fatal stabbing, Vergil shows Rome’s founding as partly accomplished by and dependent upon the violent death of one of Rome’s ancestors…” (James 1995, 635-636). El matiz sacrificial de la muerte de Turno será abordado en el capítulo de esta tesis dedicado al rútulo.
154 Numerosos autores se dedicaron al tema del sacrificio en la Eneida, que serán incorporados en lo
sucesivo, donde la temática lo exija. La mayoría basa sus estudios en un tema particular (por ejemplo: la muerte de Laoconte, objeto de los artículos de Bodoh 1987 y Smith 1999), en tanto algunos intentan dar cuenta de la problemática global del sacrificio, presentando lecturas aplicables a múltiples episodios de la obra. Entre estos últimos, Dyson es un exponente. En su libro dedicado a indagar los secretos del ritual del
La anterior aseveración no constituye un hecho aislado ni una innovación virgiliana. En el imaginario mítico de todos los pueblos existen patrones constantes en torno a la necesidad de cimentar las creaciones materiales humanas ofrendando una vida en sacrificio. El episodio legendario de la fundación de Roma, en el que participan los gemelos Rómulo y Remo, tampoco escapa de este patrón. Roma comienza a existir marcada por la sangre de Remo, que es asesinado por su hermano debido a una infracción en el ritual fundacional.
En el capítulo dedicado al espacio sagrado, Eliade asevera que toda fundación repite simbólicamente el ritual de la cosmogonía, que siempre involucra una lucha de poderes y la sumisión de las fuerzas caóticas como requisito inaugural del futuro:
Si los dioses han tenido que abatir y despedazar un Monstruo marino o un Ser primordial para poder sacar de él el mundo, el hombre, a su vez, ha de imitarles cuando se construye su mundo, su ciudad o su casa. De ahí la necesidad de sacrificios sangrientos o simbólicos con motivo de las construcciones… (Eliade 1967, 56).
Los postulados de Girard [1972], otro relevante especialista en materia sacrificial, complementan la lectura de Eliade, al destacar la ubicuidad de la violencia tanto en la ejecución del ritual como en las circunstancias que lo motivan. Girard arma un constructo teórico basado en la idea de que el sacrificio encarna una forma de violencia purificadora, que impide la propagación de una violencia impura, cuyo carácter contaminante amenaza con corroer los cimientos mismos de la sociedad (situación que califica como crisis sacrificial):
La sociedad intenta desviar hacia una víctima relativamente indiferente, una víctima «sacrificable», una violencia que amenaza con herir a sus propios miembros, los que ella pretende proteger a cualquier precio (Girard 1995, 12).
rex nemorensis (2001), la autora advierte acerca del actual estado del arte en torno a los estudios sobre la
práctica sacrificial en la Eneida, distinguiendo los dos grandes grupos que se dedican a este tema y las irreductibilidades en sus aproximaciones: los críticos literarios, obstinados en tratar el sacrificio en términos metafóricos, y los estudiosos de la religión antigua, consagrados a describir los aspectos formales del ritual, sin profundizar en su lectura. Como la autora resume con gran agudeza: “Literary critics tend to set aside the technical issues as irrelevant to the poem’s larger themes, and scholars of religion tend to set aside the larger themes as irrelevant to the technical issues” (Dyson 2001, 12). Su lectura supera la dicotomía. Otro ineludible crítico en aplicar la teoría sacrificial a la Eneida es Bandera (1981), quien se sirve de los estudios de Girard [1972] para iluminar de manera global el desarrollo de la obra virgiliana. Este último sostiene, como uno de los principios rectores de su teoría: “La violencia y lo sagrado son inseparables. La utilización «astuta» de determinadas propiedades de la violencia, en especial de su aptitud para desplazarse de objeto en objeto, se disimula detrás del rígido aparato del sacrificio ritual” (Girard 1995, 27).
Si bien parecen analizar situaciones diversas (Eliade, trabajando desde el terreno del mito, se dedica al sacrificio fundacional, necesario para inaugurar un orden social con buenos portentos; Girard, asentado en la tragedia Ática155, consagra su estudio a las prácticas sacrificiales surgidas en el seno de una sociedad azotada por un conflicto con un altísimo impacto destructivo, que solo puede sanearse recurriendo a la selección de una víctima sustituta o chivo expiatorio), en realidad las dos lecturas confluyen. El sacrificio expiatorio, delimitado como objeto de estudio por Girard, no contradice los postulados de Eliade, en tanto la situación caótica que precede a todo acto fundacional se caracteriza por la presencia masiva de agentes destructivos o violentos, cuya eliminación (previa individualización como responsables de la realidad vigente) restituye el orden. Así, establecida o no la sociedad, el sacrificio organiza una situación que, producto de una violencia desmedida, conduce potencialmente a la destrucción total. Este panorama puede ser atribuido a una fundación mitológica, donde es necesario eliminar monstruos para asegurar los asentamientos de los hombres, pero también a una sociedad en extremo belicista, cuya pulsión marcial amenaza con devorarla. En consecuencia, ambos aportes son aplicables a la trama de la Eneida, porque el sacrificio fundacional final, la muerte de Turno, sienta las bases de la futura ciudad histórica de Roma (amalgamando a Turno con los monstruos míticos de Eliade), pero también actúa como un freno de emergencia frente a la desmedida escalada de violencia de la guerra (convirtiendo al mismo personaje en un chivo expiatorio).
En estas páginas nos dedicaremos preponderantemente a la práctica sacrificial fundacional y relegaremos el análisis en términos de Girard para el capítulo dedicado a Turno, quien concentra, de manera significativa, las dos corrientes teóricas en torno a este complejo ritual.