Para la promoción del desarrollo del concepto de ALFIN y en este caso AMI, a lo largo de los años, se ha requerido el surgimiento de diversos programas de ALFIN que respondan a las necesidades de los diferentes grupos de destinatarios, tanto a nivel escolar como universitario y profesional.
Mireles-Cárdenas, en la obra de Tarango-Ortiz y Mendoza-Guillén (2012) define un programa de ALFIN como un:
proceso continuo, sistemático y organizado de actividades de enseñanza-aprendizaje que se llevan a cargo de forma gradual, con la finalidad de lograr una transición del usuario en: a) el uso de los servicios bibliotecarios y b) el uso de la información donde quiera que se encuentre y en cualquier formato (p. 258).
Los programas de ALFIN son estructuras que se establecen en las organizaciones informacionales como bibliotecas y centros de información y para su realización están presentes diferentes normas y estándares que permiten evaluar adecuadamente el desarrollo e impacto de estos programas en la población meta.
La generación de programas de ALFIN en la sociedad actual tiene sus orígenes en países como Reino Unido, Portugal, Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos, con el surgimiento de las primeras normas y estándares de evaluación, principalmente al inicio del siglo Veintiuno.
A continuación, se desarrollarán brevemente cada uno de estos países:
Estados Unidos de América (USA): Según Uribe-Tirado (2009) las primeras normas y estándares norteamericanas gestadas para la evaluación de programas de ALFIN surgieron en el año 2000 realizadas por la Association
of Collage and Research Libraries (ACRL) y la American Library Association
(ALA). Esta norma titulada Information Literacy Standars for Higher
Education fue dirigida a la población escolar de educación superior, con el fin
de promover el uso de la información en el proceso de formación educativa trazando un camino para el desarrollo de su conocimiento.
La norma, según ACRL/ALA, contiene cinco estándares, que se muestran en la siguiente figura, en idioma inglés:
Figura 13. Norma ACRL/ALA: estándares (2000)
Fuente: https://www.slideshare.net/IFLA_InfolitRef/li-rethinking-i
En el año 2001 las asociaciones ACRL y ALA redefinieron su norma del 2000 y surgió la norma Information Literacy Instruction: A Model Statement for
Academic Librarians.
En la actualidad, diferentes normas, han surgido a partir de las anteriores, como el Programa de Alfabetización Informacional para Bibliotecas Públicas (Stripling, 2018) y el Programa de Alfabetización Informacional en las universidades, tal es el caso de la Universidad de Albany (Regalado, 2017). Reino Unido, Inglaterra: En 2001 la Sociedad de Bibliotecas Colegiales,
nacional y Universitarias (SCONUL, por sus siglas en inglés), que representa a todas las bibliotecas universitarias del Reino Unido e Irlanda, formuló las normas de evaluación de ALFIN denominada Modelo de 7 columnas o pilares.
Estas normas, promovidas, según Uribe-Tirado (2009, p. 37), en 1998 por acuerdo del Consejo Ejecutivo de SCONUL, se componen de siete pilares o estándares, distribuidas en dos líneas de acción.
Australia y Nueva Zelanda: En el año 2001, el Council of Australian University
Librarians (CAUL) promovió las primeras normas y estándares para la
evaluación del proceso de ALFIN en Australia y Nueva Zelanda. Entre 2003- 2004 estas normas fueron actualizadas y tituladas The Australian and New
Zealand Institute for Information Literacy, conocidas como ANZIIL por sus
siglas en inglés.
2.6.1.1.1. Componentes de un programa de ALFIN
De acuerdo con Martí-Lahera, en su obra del 2007, la formulación de un programa de ALFIN requiere que el personal especializado en información demuestre su importancia y el significado para las personas que lo van a recibir.
Un programa de ALFIN, según la autora, debe estar basado en el denominado Ciclo del aprendizaje, compuesto por seis etapas, por saber: 1. Analizar – 2. Definir – 3. Diseñar – 4. Impartir – 5. Evaluar y 6. Implementar.
La figura 14 muestra este ciclo del aprendizaje, según Martí-Lahera:
1. Analizar 2. Definir 3. Diseñar 4. Impartir 5. Evaluar 6. Implementar
Figura 14. Ciclo del Aprendizaje
Martí-Lahera (2007, p. 53-54), establece que un programa de ALFIN debe poseer los conocimientos, habilidades y valores necesarios, entre sus características se pueden indicar:
Proceso que se lleva a cabo es de desarrollo. Proceso es constante.
Proceso es penetrante. Proceso es dinámico.
Proceso que enseña a los estudiantes a ser reflexivos. Proceso es inclusivo de otros procesos de aprendizaje.
Mireles-Cárdenas, en la obra de Tarango y Mendoza-Guillén (2012), indica que un programa de ALFIN consta de tres etapas de planeación:
1. Comprensión de la situación. 2. Creación de la propuesta. 3. Ejecución.
La tabla 7 resume cada una de las tres etapas de planeación:
Tabla 7. Etapas y componentes de un Programa de ALFIN
Etapa Pasos o Componentes
1. Comprensión de la situación
a. Análisis interno, institucional, externo b. Estudios de usuarios.
2. Creación de la situación
c. Justificación. d. Objetivos.
e. Elección de un modelo pedagógico f. Planeación y elaboración de actividades. 3. Ejecución g. Implementación y difusión del programa.
h. Evaluación y retroalimentación. i. Documentación.
j. Difusión de resultados.
Por su parte, González-Valiente, Sánchez-Rodríguez y Lezcano Pérez, en su artículo de 2012, establecen como elementos de un programa de alfabetización informacional, las siguientes: 1. Misión y visión. – 2. Objetivos. – 3. Metas. – 4. Planificación. – 5. Apoyo administrativo e institucional. – 6. Articulación con el plan de estudio. – 7. Colaboración. – 8. Pedagogía. – 9. Personal. – 10. Extensión. – 11. Valoración/Evaluación.
De acuerdo con lo establecido por los teóricos y combinando los pasos, además las partes presentadas, para efectos de este trabajo se establece como elementos para realizar un programa AMI, los siguientes:
1. Justificación. 2. Misión y Visión. 3. Objetivos.
4. Elección del modelo pedagógico
5. Planeación y elaboración de actividades. 6. Recursos.
7. Evaluación. 8. Cronograma. 9. Bibliografía