Vemos a Luisa tumbada en el sofá del salón de su casa, leyendo. La decoración es una mezcla de muebles variopintos. Con algunos objetos comprados y otros de segunda mano o hallados por acaso. En el centro hay una mesa pequeña de buena madera y dos sillas enfrentadas. Suena su móvil y dejando el libro sobre el peco atiende la llamada Es su novia Cristina.
-Luisa: Ah, hola. ¿Que ya has aterrizado y estás yendo hacia la puerta de salida? Vale. ¿Dónde, si no? En casa. Hasta ahora.
Retoma la lectura pero al cabo de unos minutos oímos otra vez la sintonía de su telefonillo. Extiende una mano perezosa y contesta.
Luisa:Esperando en la cola de los taxis, ya. A tope. Normal, Cris, es la hora punta. De acuerdo, hasta luego.
Deja el libro sobre el apoyabrazos del sofá, se despereza y va hacia la cocina.
Estamos en la cocina, de regular tamaño y muy aseada. Luisa se apresta a preparar la comida. Corta verduras en juliana sobre la tabla de madera. Vuelve a sonar el móvil. Sale apresuradamente hacia el salón.
Salón.
-Luisa: Vienes de camino. ¿Atasco? Como de costumbre... Oye, sube helado para el postre. Ya sé que soy de piñón fijo, pero si no es de vainilla, chica... Pues para ti de fresa, tú misma.
Regresa a la cocia. Cocina.
Ha decidido preparar filetes de ternera en salsa y está abriendo el bote de tomate triturado, las cebollas y los pimientos ya finalmente cortados en tiras. Elige de la alacena conjunta al poyo una cacerola que le parece adecuada y cuando va a quitarla de la pila se desploman todas las demás, con tan mala suerte que la caída arrastra los ingredientes y el jugo de tomates se esparce a diestra y siniestra.
-Luisa: ¿La Madre, menudo estropicio, y ahora toca limpiar! ¿Dónde habré puesto la fregona? (Rebufa, busca a su alrededor.) Menudo pringue, no te joroba...
Escuchamos el sonido del móvil proveniente del salón y Luisa se reprocha no haberlo llevado consigo a la cocina, por algo se llama móvil. Casi corre para que no se corte la llamada.
-Luisa (agitada): Estás en la heladería, entendido. Cuando llegues me echas una mano, el suelo de la cocina está de pena y los azulejos ni te cuento.
Volvemos a la cocina. Luisa está enfadada consigo misma, con la vida, con el mundo. Resopla mientras enjuaga con papel de rollo los churretes rojizos. Enciende la radio, canta Shakira y eso la anima un tanto. Tras un cuarto de hora de trajín suelo y azulejos están impecables, la salsa bulle y se dispone a echar los filetes dentro de la cacerola.
Una media hora más tarde oímos como se abre la puerta de la calle. Es Cristina. Apenas entra en el salón haciendo equilibrio con el periódico, la cartera, su chaqueta y un paquete de heladería marca una tecla de su móvil.
Comienza a sonar el móvil de Luisa. Como después de todo se lo había olvidado en el sofá, la vemos entrar corriendo y responder. Comprobamos que pese a estar frente a frente ni siquiera se miran.
-Cristina (hablando al móvil):¡Por fin en casa, no veas la caravana de la autopista, imposible” ¿Dónde dejo el bendito helado? Se me está derritiendo encima.
-Luisa (ídem) Pues en la cocina, digo yo. Es más, hasta estaría bien en l nevera. -Cristina (riendo forzada): Estamos graciosilla esta noche...
Cristina va hacia la cocina con el telefonillo en su mano. Luisa se queda extendiendo el mantel sobre la mesa. Suena su móvil.
Luisa: Ya ves, se me resbaló la olla e improvisé otra salsa. ¿El helado en el congelador no, se pondrá durísimo!
Luisa continúa aprestando la mesa. Cristina regresa de la cocina. No se dirigen la palabra. Suena el móvil de Luisa. Ésta no atiende y Cristina la mira con cara de desconcierto. Finalmente Luisa contesta.
-Cristina: Voy a darme una ducha, estoy molida. -Luisa: No tardes mucho, la cena casi está lista.
Cristina se adentra por el pasillo. Luisa, entrando y saliendo del salón a la cocina, coloca los platos y cubiertos.
-Luisa: ¿La guarnición para los filetes? ¿Alguna idea, genio de las finanzas? ¡Ni hablar, ahora no me pongo a freír papas, si gustas, ya sabes como se hace!
Corta con cara de pocos amigos y se deja caer en el sofá. Ésta desazonada, inquieta y... triste. Respira hondo, se incorpora y vuelve a la cocina.
Salón.
Vemos aparecer a Cristina con ropa de casa, secándose el pelo con una toalla, siempre con su teléfono en la mano. Marca la tecla de Luisa.
-Cristina: Una ensalada estaría bien. Pero no le pongas cebolla, a ti te gusta pero a mí me da gases. Se sienta en un sillón individual de cretona florida y abre el periódico. Está inmersa en la página financiera cuando la conocida tonada de su sintonía se hace oír. Responde.
-Cristina: Jo, cari, acabo de llegar y estoy derrengada, la reunión con los jefazos duró cinco horas. Oye, oye, que yo también soy mujer, no me recites el manifiesto de reivindicaciones feministas... (Disgustada) de acuerdo, de acuerdo, ya voy.
Cocina. Luisa está rebanando el pan, Cristina entra mal encarada. Recoge una bandeja con los platos servidos y sale a salón.
Salón.
Vemos a Cristina aposentar los platos, uno frente al otro. Entra Luisa y ambas se sientan a cenar. Luisa deja su telefonillo al lado de su copa de vino y su novia lo lleva en la mano, como una extensión de su cuerpo, haciendo equilibrios con el tenedor. No se miran casi, salvo alguna vaga sonrisa de compromiso. Cristina marca una tecla, habla con la boca llena:
-Cristina: La próxima vez dile a tu carnicero que les cante a sus vacas una de Alejandro Sanz, lo mismo se enternecen y la carne se hace más comestible.
terneras muertas y troceadas, ya me contarás si tienen orejas con que escuchar...
Cristina corta contrariad. Comen en silencio. Luisa aparta su plató a poco de comenzar, suspirando angustiada.
Coge su móvil. Cristina responde a su mano.
-Luisa: Cris, esta situación no puede continuar, tenemos que hablar a fondo, nuestra relación no funciona. Y no lo niegues, porque es tan evidente como que hoy es hoy.
-Cristina: Ya estamos. Móntate en un avión a las ocho de la mañana, trágate el viaje de ida y vuelta en el mismo día, llega a casa a las mil, ponte a cenar tranquilamente y vuelta y dale con la cantinela. De verdad, no te entiendo.
-Luisa: ¿Pero es que no te das cuenta de que no hay comunicación entre nosotras? Esto no puede seguir así, de verdad, carece de sentido. No somos ni la sombra de lo que éramos cuando nos conocimos. (La congoja la atenaza) Nos dijimos: somos dos mujeres, vamos contracorriente, nada va a ser igual, inventemos un mundo nuevo...
-Cristina (conciliadora, la boca colmada de lechuga): no dramaticemos, no dramaticemos... ¿Somos un matrimonio cualquiera como los del piso de enfrente? Para nada. ¿OK? Este fin de semana nos vamos al campo y hablamos todo lo que quieras. ¿Contenta, churrri?
-Luisa (la imita con sarcasmo): Churri, churri... ¿Quién habrá puesto de moda esa palabreja? Hasta de dentera... <<rrrrrri>>.
Corta enfadada. Cristina sigue comiendo como si tal cosa. Tras unos momentos habla por su móvil.
-Cristina: ¿Hay queso? -Luisa: No sé si queda...
-Cristina: ¿Te importaría traerlo? Estoy agotada, de verdad...
Luisa corta la llamada sin decir una palabra y permanece sentada. Cristina suspira entre resignada e indiferente y va a la cocina. Regresa con una envuelta de aluminio. Comienza a cortar el queso y cuchillo en mano marca una tecla de su móvil. Luisa extiende desganada la mano hacia su
telefonillo.
-Cristina (con forzada paciencia): A estas horas te aseguro que mi cabeza no da más de sí... -Luisa: Traduciendo que me calle.
Cristina corta enfadad, se pone de pie arrastrando su silla y desaparece por el pasillo. Luisa se queda mirando el móvil como quien pierde los ojos buscando algo entre la nada. Media hora más tarde estamos en su dormitorio.
Ambas en la cama. Leen, cada cual a la luz de su lámpara. No se miran, no se tocan, no logran concentrarse en sus lecturas. Cristina apaga su luz, pero antes usa su móvil.
-Cristina: Hasta mañana, cari, que duermas bien. -Luisa (a su móvil): Y tú.
Luisa también cierrra el iterruptor de su lámpara. En la oscuridad escuchamos una llamada. -Luisa (angustiada): decididamente no podemos seguir así, YO (enfatiza) no puedo seguir así. Somos dos planetas lejanos sin nada que decirnos la una a la otra.
para otro día? ¡Tengo un dolor de cabeza horroroso y lo único que deseo es dormir! Tras unos momentos suena el móvil de Luisa.
-Cristina: Lu, disculpa el tono de antes, estoy un poco tensa. ¿Me perdonas?
-Luisa: Siempre estás tensa, ó con prisas, u ocupada. Odio autocompadecerme y es lo que estoy haciendo. Cris, escúchame, me gustaría...
-Cristina (interrumpiéndola): ?Te hace que el fin de semana nos vayamos de excursión?
-Luisa: Ya lo hemos echo otras veces y no ha servido de nada. Además... ¿Qué te hace suponer que alejarse de la ciudad es la panacea a todos los males? Si quieres, por mí hablamos ahora mismo, nos llee el tiempo que nos lleve, quisiera decirte...
-Cristina (cortante); Tengo sueño, mucho, mucho sueño. . ¿No quieres salir este fin de semana? Pues no vamos.
Silencio, penumbra. Al cabo de unos pocos minutos nueva llamada. -Cristina (entresueños): ¿Sí, señor Director?
-Luisa (en un susurro dolido): ¡Es alucinante, que servil te has vuelto! Soy yo, tu amantísima mujercita objeto. Se acabó, ya no te amo. Va completamente en serio.
-Cristina (furiosa): ¿Sabes qué te digo? Estas pesadísima, que no me entiendes en absoluto y tampoco me permites dormir. ¿No me amas<' ¡Pues hala, vete al quinto pino!
Silencio. Llanto manso de Luisa. Suenan los dos móviles a la vez pero ninguna responde. La mañana del día siguiente es luminosa, celeste. Cristina está sola en la cama. Apenas abre los ojos marca la tecla de Luisa.
-Cristina (adormilada): Buenos días, cari ¿Has tenido buenos sueños? Si estás preparndo tostadas yo paso, sólo quiero café, tomaré algo de camino. (Súbitamente despierta se incorpora en la cama, estupefacta): ¿Qué estás dóooonde?
A partir de este momento veremos dos escenarios: el dormitorio y una estación de tren. Estación de tren. Luisa está facturando sus maletas en la consigna.
-Luisa (móvil en mano, con socarronería): Me estoy yendo, <<churri>>. Ignoro por donde cae el quinto pino, pero siguiendo tus sabios consejos voy a conocerlo, veamos qué tal se está por ahí... Dormitorio. Cristina con el móvil pegado a su oreja.
-Cristina: ¿A qué viene está escenita mañanera? ¿Puedo saber qué pretendes? Si es por lo de anoche te prometo que...
Estación de tren. Luisa camina por el andén y habla.
-Luisa: Calla y escucha por última vez. Te ame como mujer por ser mujer, pero eres un macho con la piel equivocada, y me deseo a mí misma un amor con mayúsculas con otra mujer con
mayúsculas.
Dormitorio. Cristina habla, se rasca la cabeza incrédula, no sabe a qué atenerse. -Cristina (conciliadora): Estás histérica, Lu, tranquilízate, podemos...
Estación de tren. Notamos a Luisa relajada, segura de sí misma.
-Luisa: Te dejo, están anunciando mi salida. Adiós, <<churri>> (más sorna. Hasta más ver. Avanza ligera y resuelta por el anden y en un impulso arroja su móvil a una papelera como si marcara un tanto de baloncesto. Una sonrisa ilumina su cara cuando monta en el vagón.
Dormitorio. Cristina sentada en su cama.
-Cristina: ¿Sí? ¿Oye? ¿Luisa? ¿Luisa? ¿Me escuchas? ¡Por favor, di algo!
De un salto se pone de pie, las lágrimas anegando sus ojos. Percibimos su furia, su frustración, la ira que la embarga. Agita frenéticamente el aparato.
-Cristina: ¡¡No puede ser, es increíble, joder, joder, joder, me va a dar un infarto, lo peor que podía sucederme y me ésta sucediendo...!! ¡¡Se me averió la batería y no tengo recambio en casa!!
TELÓN