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175 passing of a questionable constitutional reform in April 2017, which would give

Una de las distinciones que cabe establecer entre los diferentes significados que se imputan al concepto de evaluación es el que hace referencia a la diferencia entre evaluación informal y evaluación sistemática. Como las propias palabras elegidas para caracterizar a cada uno de estos tipos bien sugiere, la evaluación informal es la que se realiza sin seguir ningún plan previamente establecido; es decir de manera natural e improvisada. La evaluación sistemática, en cambio es aquella que se atiene a pautas y protocolos previamente establecidos que se siguen de manera estricta.

La evaluación informal, como ya hemos indicado en el párrafo anterior, no se realiza siguiendo pautas o patrones establecidos, sino que, al contrario, se pone en práctica de manera espontánea e improvisada. De esta carácter poco sistemático no debe inferirse que su importancia sea menor, ya que según y para qué no es necesariamente así, tal y como vamos a intentar establecer en las siguientes líneas.

Si nos situamos en la perspectiva de que evaluar es informar al aprendiz sobre la calidad de su conducta con el fin de que éste pueda ir regulando progresivamente sus esquemas de actuación habrá que concluir que la evaluación informal juega un papel muy importante en este proceso. El proceso de aprendizaje, que es, como ya hemos dicho varias veces, un proceso necesitado de regulación, no puede darse sin la evaluación que lo acompaña y gradúa, pero pretender que toda esa información de tipo evaluativo que el docente trasmite al aprendiz esté protocolizada y sistemáticamente organizada es simplemente imposible. La mayor parte de esa información se produce de manera espontánea e improvisada y surge de manera natural en las interacciones que mantienen los aprendices y sus instructores. Palabras, gestos, miradas, que se cruzan e intercambian informan acerca de la opinión que merece al docente la actuación del estudiante y son el elemento del que se nutre esta denominada evaluación informal. Este tipo de información tiene una doble función y finalidad recíprocas para el docente y sus estudiantes. Porque además de informar al aprendiz sobre los pasos a dar para regular sus aprendizajes sirve para que conozca mejor a su instructor y las concepciones educativas que éste tiene, porque al actuar de manera natural, espontánea e improvisada el docente expresa su manera de concebir la educación probablemente más que en otras situaciones de comunicación que establece con los estudiantes, ya que es bien sabido que los profesores, como sucede también con el resto de personas, solo concede importancia a aquellos aspectos de la conducta de los estudiantes que son relevantes según su manera de entender la enseñanza y el aprendizaje. Aquellas cuestiones que consideramos menos sustantivas las solemos dejar pasar sin mayor comentario y, en general, no insistimos mucho sobre ellas. Aquellas que consideramos, en cambio, fundamentales y básicas las subrayamos y evaluamos repetidamente y nos resistimos a dejarlas pasar sin comentar. Además la acumulación de este tipo de información, producto de una convivencia cercana e intensa, crea en el docente una imagen del estudiante y de sus capacidades, que suele ser en la mayoría de los casos más ajustada a la realidad que la que puede obtenerse por ningún otro método. El tiempo pasado en común, las interacciones que en el mismo se producen, los consejos, los comentarios, las correcciones, los mensajes de ánimo, las peticiones de mayor atención, y un largo etc. de interacciones que forman parte de la vivencia educativa entre docentes y estudiantes tienen carácter evaluador y sirven para ir construyendo progresivamente una imagen de la manera de ser y actuar tanto de unos como de otros. Son bastantes los docentes que cuando los resultados de una prueba, en la que de manera más organizada y sistemática se pretende evaluar el conocimiento de los estudiantes, no coinciden con la imagen previa que tenían de sus estudiantes tienden a desconfiar de la validez de la misma y este hecho indica que en el fondo se fían más de la imagen que han ido construyendo de sus estudiantes que de los resultados de una prueba.

La evaluación informal es una parte fundamental de los procesos de enseñanza- aprendizaje y como tal debe considerarse dándole toda la relevancia que se merece, que es mucha. Podemos dar incluso un paso más para afirmar que la competencia docente tiene mucho que ver con la competencia para realizar juicios

rápidos e improvisados sobre la calidad de las respuestas de los estudiantes y que la experiencia profesional y la intuición bien entrenada juegan, en este ámbito de la evaluación, un papel primordial. Hay que tener en cuenta que el proceso de enseñanza-aprendizaje se desarrolla en unas condiciones en las que es imposible prever todas las variables contextuales que van a aparecer en los diferentes momentos de su desarrollo y que, sin desmerecer la importancia de la planificación y de la sistematicidad, no tiene sentido fiar toda la obtención de información a los protocolos que se creen para su recogida. La evaluación informal es compañera de la evaluación sistemática y lo más inteligente es saber usarlas de manera complementaria.

Tarea de autoevaluación 2.1.

¿Qué importancia le ha dado usted a la evaluación informal que hacían sus profesores de su trabajo? ¿Recuerda algún caso en la que ésta haya sido especialmente relevante para usted?

Consulte los comentarios que sobre esta tarea encontrará en el icono "Tareas de

autoevaluación" de la asignatura.

Se denomina evaluación sistemática aquella que actúa de manera organizada con la finalidad expresa de obtener información tanto sobre el proceso como sobre los resultados del aprendizaje. La evaluación sistemática suele tener lugar dentro del currículo y en instituciones que se ocupan de su desarrollo, tiene, por lo tanto, un carácter organizado e institucional que la evaluación informal no tiene necesariamente. Como ya hemos dicho en los párrafos anteriores de este epígrafe no debe considerarse como opuesta a la evaluación informal, sino que debiera utilizarse para completar la información obtenida. Una de las características más importantes de la evaluación sistemática es que produce documentos que materializan los resultados de aprendizaje y por lo tanto permiten una valoración compartida por más agentes que la evaluación informal. En primer lugar porque el tipo de información que se produce en la evaluación informal es evanescente y resulta casi imposible documentarla, en segundo lugar porque fuera del propio contexto en el que se produce pierde mucho de su sentido. En muchas situaciones los profesionales de la educación se encuentran con la necesidad de justificar las evaluaciones que hacen, sobre todo cuando éstas tienen consecuencias de tipo social (aprobar o suspender materias, cursos, etc.), en estos casos no suele ser suficiente con la opinión contrastada de la experiencia y los afectados por la evaluación suelen exigir que los juicios se documenten con pruebas que avalen esa opinión. Esta es, sin duda, una de las razones que impulsa la recolección sistemática de datos relativos a la evaluación y uno de los motivos que explica la profusión de pruebas escritas tipo examen final y/o la existencia de tribunales formados por varias personas, en los que la asistencia es pública, en el caso de

exámenes orales. A todos deja más tranquilos disponer de documentos que avalen los juicios y estos documentos suelen ser producto de las evaluaciones sistemáticamente organizadas.

La evaluación sistemática, puede serlo tanto del proceso como del resultado, y no debiera confundirse con la realización de exámenes. La evaluación sistemática tiene que ver con la acumulación ordenada de pruebas documentales que deben servir de base para el juicio evaluador y de testigo de la veracidad de esas informaciones. La evaluación sistemática se basa en el uso de protocolos y procedimientos establecidos que organizan el proceso de evaluación. Con relación a la distinción realizada en el epígrafe anterior hay que decir que la evaluación informal suele utilizarse, fundamentalmente, durante el proceso de aprendizaje y que no se suele expresar en forma de calificación. La evaluación sistemática puede y debe usarse tanto durante el proceso de aprendizaje como a la hora de evaluar el resultado del mismo. No es necesario que la evaluación sistemática derive a una calificación y puede expresarse por medio de un juicio evaluador no constreñido en una escala. La utilización de notas como expresión de la evaluación calificadora suele tener más que ver con la edad de los estudiantes, siendo habitual que a partir de una cierta edad hacia arriba (10-12 años) las evaluaciones tomen la forma de notas (calificaciones), que con el tipo informal o sistemático del proceso de recogida de la información que es a lo que hace referencia esta clasificación. (informal, sistemática).

La evaluación sistemática suele formar parte del resto de documentos curriculares y tiene, lógicamente, adjudicada la función de coordinar los diversos procesos que se llevan a cabo en un centro educativo de cara a la evaluación del alumnado. La evaluación informal, a pesar de todas la virtualidades que ya le hemos asignado, no sirve para organizar colectivamente los procesos de evaluación y suele considerarse más bien del ámbito individual de cada docente que del ámbito colectivo. Si bien no es necesario planificar excesivamente todo aquello que se refiere a la evaluación informal, resulta del mayor interés que la evaluación sistemática este bien regulada y planificada para que todos los esfuerzos confluyan sinérgicamente.

2.3. La evaluación vista desde el