Es importante no olvidar que el tratamiento de la contradicción por parte de Hegel en la Lógica termina con lo absoluto mismo, y que éste es identificado -en el sentido especulativo de Hegel- con el no-ser de lo finito. Cuando se llega a lo absoluto de Hegel, hay una tendencia a hipostasiar, a reificar, a convertirlo en una en- tidad positiva de alguna manera existente con anterioridad al mundo e independiente de él, como la existencia del Dios cristia- no antes de la creación del mundo. Aunque en esta interpretación hay una parte de verdad, las pruebas textuales también apoyan otra lectura de lo absoluto hegeliano, una lectura más estrecha- mente alineada con el psicoanálisis, una lectura que permite utili- zar el pensamiento de Hegel para el análisis y la crítica de las con- tradicciones de la realidad social de hoy en día.
Para Hegel, un único significado de cualquier término puede debatirse sólo a riesgo de perder el significado completo que el término tiene como no otra cosa que una diversidad de momen- tos interrelacionados. Teniendo en cuenta esta limitación, intenta- ré, sin embargo, basándome en la sección sobre la contradicción de la Lógica de Hegel, delinear la idea de una contradicción de las relaciones, y luego la emplearé para tratar sobre lo absoluto como negatividad, lo absoluto como lo otro del orden social.
Una contradicción de relaciones
Se suele pensar que la contradicción implica un concepto, sus- tancia o atributo y su negación, y de hecho Hegel se ocupa de ta- les formas de contradicción, considerándolas en niveles concep- tuales distintos, en diferentes niveles de reflexión. Pero estos análisis implican en último término el nivel de reflexión en el cual surge lo que llamamos una contradicción de relaciones. Esta con- tradicción adopta formas como la unidad y la diferencia (la uni- dad negativa) o la determinación y la indiferencia recíprocas. Esto lo encontramos incluso con la realidad finita, donde la autocon- tradicción autocontenida significa que un objeto finito como una casa, por lo que a su mismo ser se refiere, está envuelto en dos relaciones contradictorias entre dos partes de sí mismo, por ejem- plo, entre su infinita multiplicidad y su esencia. Una formulación de la contradicción de las relaciones aparece en el parágrafo que abre el análisis que Hegel hace de la contradicción en la Lógica:
La distinción [Unterschied] en general contiene sus dos lados como momentos [Momente]; en la diferencia [Verschiedenheit] es- tán indiferentemente separados entre sí; en la oposición [Gegen-
satz] como tal son lados de la distinción, determinados el uno por medio del otro, y por consiguiente sólo momentos; pero están determinados del mismo modo en sí mismos, indiferentes entre sí, y excluyéndose recíprocamente: las determinaciones reflexivas autónomas (Werke, 6, p. 64 [ed. cast. cit.: p. 3791).
El concepto de distinción está compuesto de dos relaciones contradictorias entre sus momentos: la determinación y la indife- rencia recíprocas. El análisis de la distinción se mueve en el pla- no de la reflexión, que implica relaciones, más que entidades concretas. Formalmente expresado como «A & ~ A» (donde la «in- diferencia» significa «no-determinación»), la «A» representa una re- lación. Son estas relaciones las que, en cuanto los esenciales com- ponentes conflictivos de la contradicción, por un lado son encarnados en uno y el mismo todo, una y la misma «sustancia» (en paralelo con el papel de la sustancia que, para Aristóteles, subyace a los diferentes sentidos en la contradicción sofística) y por otro constituyen a éstos. Es decir, que esta entidad autocon- tradictoria, esta sustancia, es por un lado aquello de lo que se
predican dos relaciones conflictivas y por otro aquello que está ello mismo constituido por estas relaciones contradictorias: una formulación por lo general consistente con el análisis que de la sustancia lleva Hegel a cabo en la Lógica, donde lo que subyace es visto como a la vez independiente de sus predicados y deter- minado por éstos (véase Werke 6, p. 219 [ed. cast. cit.: p. 492]). En los ejemplos de contradicción que pone Hegel, es también en el plano de las relaciones donde en último término se en- cuentra el análisis explicativo. En la tercera observación de la sec- ción sobre la contradicción, Hegel introduce lo que él llama «los más triviales ejemplos» -«arriba y abajo, derecha e izquierda, pa- dre e hijo— para demostrar una «oposición en uno»: «Arriba es lo que no es abajo; arriba está determinado sólo como siendo aba- jo, y tiene ser fistj sólo en la medida en que un abajo tiene ser
fist], y viceversa; dentro de uno la determinación es su opuesto»
(Werke 6, p. 77 [ed. cast. cit.: p. 387]). Podría parecer que la cues- tión es simplemente que algunas cosas necesariamente contienen y se refieren a sus opuestos. El análisis por parte de Hegel de la oposición entre padre e hijo, sin embargo, deja claro que se tra- ta de un nivel diferente de análisis. Este análisis comienza en bue- na medida del mismo modo que aquel sobre el arriba y el abajo. «El padre es el otro del hijo y el hijo el otro del padre, y cada uno tiene ser [istj sólo en cuanto este otro del otro...». Pero entonces, continúa Hegel: «Y, al mismo tiempo, una determinación tiene ser
[ist] sólo en referencia a la otra; su ser [Sein] es una existencia
[Bestehen]». La «existencia única» aquí mencionada indica lo que en esta estructura desempeña el papel paralelo al que la sustan- cia desempeña en la teoría aristotélica de la contradicción. Para Aristóteles, los predicados de una sustancia no se contradirán al mismo tiempo. Para Hegel, sin embargo, esta sustancia (si así la llamamos) implica una contradicción.
Uno podría pensar que la contradicción encontrada en la uni- dad o sustancia de la que aquí se trata resulta de los dos individuos que se contradicen entre sí. La siguiente frase, sin embargo, deja claro que la base de la contradicción no es la formulación de una sustancia o unidad que contenga al padre y al hijo como momen- tos esencialmente relacionados entre sí -el padre se relaciona esencialmente con el hijo y el hijo con el padre, donde el padre se relaciona con el hijo como con alguien que se relaciona con el padre-, sino que más bien la contradicción consiste en el pa-
dre que se relaciona con el hijo de un modo contradictorio, a sa- ber: su existencia está constituida por una unidad de dos relacio- nes contradictorias: «El padre es también algo para sí mismo fue- ra de la relación con el hijo; pero así no es padre, sino un hombre en general [ein Mann überhaupt]; lo mismo que arriba y abajo, derecha e izquierda son también algo cuando se reflejan en sí mis- mos fuera de la relación, pero [lo que son es] sólo lugar en gene- ral». El momento del padre, pues, está constituido por una contra- dicción, siendo independiente (por consiguiente, indeterminado) y al mismo tiempo determinado por la relación con el otro. Esto pro- cura una explicación conceptual del hecho de que nuestra más única autoidentidad está vacía de determinación y es sinónima de «humano en general», mientras que nuestra identidad concreta está constituida por lo que somos en relación con algún subconjunto de la humanidad: clase, raza, sexo, profesión, nacionalidad, etcé- tera. Hegel concluye este parágrafo señalando que cosas opuestas como padre e hijo, arriba y abajo, contienen una contradicción -¿necesito advertir que el padre no contradice al hijo, ni arriba con- tradice a abajo?- debido a sus contradictorias relaciones: «Las enti- dades opuestas contienen la contradicción en la medida en que bajo uno y el mismo respecto son cosas que se relacionan entre sí negativamente o cosas que se eliminan recíprocamente y cosas in- diferentes entre sí» (Werke 6, p. 77 [ed. cast. cit.: p. 387]). Que dos cosas sean a la vez indiferentes y no indiferentes entre sí constitu- ye una contradicción de las relaciones.
El empleo por Hegel de la expresión «bajo uno y el mismo respecto» parece marcar la forma de la contradicción que Aristó- teles insistía en rechazar, más que en reformular de un modo no- contradictorio -por ejemplo, empleando los términos separados «A» y «B>*-, como sí hacía la contradicción sofística, que no esta- ba matizada por «al mismo tiempo», «bajo el mismo respecto», et- cétera. Pero ¿la contradicción de Hegel tiene que ser o bien una contradicción sofística o un enunciado sin sentido? ¿Hay una ter- cera posibilidad? La indiferencia y la determinación recíproca en la contradicción hegeliana la distinguen de la variedad sofística por cuanto estos términos son aspectos de una unidad integral- mente relacionados y mutuamente condicionantes. Por ejemplo, el famoso enunciado de Hegel: «La naturaleza es el ser-otro del espíritu ¡Geistb (véase, por ejemplo, Werke 5, p. 127 [ed. cast. cit.: p. 107]; Werke 9, p. 24 [ed. cast.: Enciclopedia de las cienciasfi-
losóficas, Madrid, Alianza, 2000, pp. 305 ssj) captura en una uni- dad dos relaciones contradictorias y sin embargo integrales, pues la naturaleza es externa al espíritu (y externa en sí misma) preci- samente por estar puesta como tal por el espíritu. En esta unidad constituida por una contradicción de relaciones, la indiferencia de la naturaleza con respecto al espíritu está esencialmente determi- nada por el espíritu, pues es puesta como tal por éste.
Otra manera de ver esta unidad aparece en el análisis que hace Hegel del tercio excluso. Aparte de «+A» y «~A», está el tercio (su- puestamente excluso) iWerke 6, p. 74 [ed. cast. cit.: p. 385]). Ade- más de la A afirmada y la A negada, está también la A que encar- na las determinaciones de la afirmación y la negación en una sola unidad, una sola sustancia (en el sentido indicado más arriba). La A común a +A y a ~A puede verse como una abstracción con res- pecto a la determinación o como el todo concreto que contiene las relaciones contradictorias. Lo último constituye la autocontra- dictoria realidad. La «A» que engloba a «+A» y «~A» no es una cosa específica, ni existe independientemente de las contradictorias re- laciones que constituyen su contenido. «A» es una contradicción en la forma. «~A» está al mismo tiempo recíprocamente determinada por «+A» y es indiferente a ésta. El tercio excluso, A, es «la unidad de la reflexión a la que la oposición regresa como a su razón o base [Gnindh (Werke 6, p. 74 [ed. cast. cit.: p. 385]).
El ejemplo del padre y el hijo confirma también esto. El pa- dre es determinado en oposición al hijo, pero es también algo fuera de esa relación: humano en general. La contradicción que envuelve al padre y al hijo consiste en el hecho de que el pa- dre es una determinación de la sustancia «humanidad» (como +A de A). Esta unidad, el tercio excluso, no existe en abstracto. Exis- te solamente como el esencial no-ser de los momentos en con- flicto, y consiste en sus simultáneas indiferencia y determina- ción recíproca. Esta unidad es una «sustancia» que no es ninguna cosa ni una definición abstracta de la esencia, sino una contra- dicción de relaciones. Así que la sustancia humana sería la uni- dad de las concretas relaciones contradictorias de indiferencia y determinación recíproca entre los diversos momentos de la rea- lidad humana.
La contradicción en el ser finito
Las cosas finitas están marcadas en su misma existencia por su negación, su limite: en latín, «finis». Como dice Hegel: «El no-ser constituye la naturaleza, el ser [de las cosas finitas]» (Werke 5, p. 139 [ed. cast. cit.: p. 115]). «La hora de su nacimiento es la hora de su muerte» (Werke 5, p. 140 [ed. cast. cit.: p. 115]). Su misma exis- tencia está marcada por un ser que es esencialmente no-ser. Ya no tienen un ser afirmativo independiente de su desaparición. «La finitud es», escribe Hegel, «la categoría más obstinada del enten- dimiento», porque está marcada en su misma esencia por una oposición directa al ser (Werke 5, p. 140 [ed. cast. cit.: p. 116]).
Cuando lo finito es aprehendido especulativamente, su límite
[Grenze] llega a verse como una barrera [Schranke]; esto es, algo que apunta más allá de sí mismo: «El mismo límite de algo, pues- to así por él como algo negativo que es al mismo tiempo esen- cial, no es sólo un límite como tal, sino más bien una barrera
[Schranke]» (Werke 5, pp. 142 ss. [ed. cast. cit.: p. 117]). Esta ba- rrera es en sí misma una contradicción concreta, es a la vez el lí- mite de algo y su otro, apunta más allá del límite. Dondequiera que hay una barrera, hay un más allá. Y el más allá es la base de un deber ser. Como Hegel pone de relieve en la sección de la Ló-
gica titulada «Barrera y deber ser» [die Schranke und das Sollen]: «Lo que debe ser es y al mismo tiempo no es. Si fuera, no debe- ría meramente ser. De manera que el deber ser posee esencial- mente una barrera» (Werke 5, p. 143 [ed. cast. cit.: p. 118]).
Hegel construye este deber ser como una contradicción de la diversidad formal: «El ser-en-sí [Ansichsein] de algo se reduce, por tanto, en su determinación al deber ser porque aquello que cons- tituye su ser-en-sí es bajo uno y el mismo respecto no-ser» (Wer-
ke 5, p. 144 [ed. cast. cit.: p. 118]). La barrera no es solamente una barrera; eliminarla constituye un deber: «Algo tiene una barrera en la medida en que tiene la negación en su determinación, y esta determinación es también el estado de ser superado de la barre- ra [Aufgehobenseinh (Werke 5, p. 144 [ed. cast. cit.: p. 118]). Aquí el ser finito forma con lo infinito un par relacional que constituye una contradicción de relaciones.
Examinemos la frase de Hegel. «El no-ser de lo finito es el ser de lo absoluto» [Werke 6, p. 80 [ed. cast. cit.: p. 389]). Lo finito, visto en su verdad, es lo absoluto, la contradicción de relacio-
nes, el sujeto que, en cuanto nada, subyace a lo finito. En el ám- bito del entendimiento [Verstand], la desaparición de lo finito se toma simplemente como no-ser. En este respecto, el ser finito se caracteriza por la expresión «zugrundegehen» en uno de los as- pectos que Hegel atribuye a la expresión: «El lenguaje unifica... el significado de la desaparición [Untergang] y la base [o «razón de», Grund\...<> (Werke 6, p. 128 [ed. cast. cit.: p. 4251). Para el en- tendimiento, la realidad es vista en su finitud y «desaparece en la contradicción» [geht in dem Widerspruch zugrunde]{Werke 6, p. 76 [ed. cast. cit.: p. 387]) según la contradicción expresada en «lo fi- nito es». Vista en sí misma, la contradicción de la realidad finita es simplemente su limitación. Es determinada desde fuera, su con- cepto se lo da otro, y por tanto es limitada. Vista de este modo, no se corresponde con su concepto. Aceptando el papel del orden social, el espíritu mismo es finito. Pero cuando lo finito es visto como poniendo su propio concepto, el concepto es su otro; en- tonces su falta de correspondencia es un deber ser, un más allá, y su contradicción es su verdad y su libertad. Así que con la razón
[Vernunft], la negación de lo finito se convierte en la sustancia, la contradicción de relaciones que subyace a la realidad finita.
En cierto sentido, los seres finitos deben corresponder a su concepto, o ni siquiera existirían en absoluto. Corresponden en la medida en que contienen en sí mismos el más allá de la ba- rrera en la forma de una carencia (correspondiente a la sterésis de Aristóteles). Por ejemplo, un niño posee la racionalidad como carencia, existiendo como todavía sólo en la forma de potencia- lidad. Éste es el ímpetu para el desarrollo y el cambio. Y, en la medida en que esta correspondencia existe, una realidad mala es potencialmente buena. Como dice Hegel, incluso el peor Estado político, en la medida en que existe, no deja de guardar alguna relación con la idea y no deja de ser su manifestación. Incluso en el peor Estado político, «los individuos no dejan de obedecer a un poderoso concepto» (Werke 6, p. 466 [ed. cast. cit.: p. 667]). El individuo es moldeado por el Estado político y se relaciona con éste de dos modos. Por una parte es determinado por sus leyes, siquiera inadvertidamente, y refleja su estructura -dialécti- camente, esto significa que él y el Estado están siendo prepara- dos para un cambio-, y por otra es la negación del orden actual; es esta negación en virtud de que tiene el potencial de actuar, de efectuar un salto en la cuadrícula en la que la realidad ad-
quiere significado, y por tanto posibilita el surgimiento de un nuevo concepto social, y por ende un nuevo orden social. Y la cuestión es que en cualquier caso es la libre elección de un indi- viduo aceptar el orden dado o llevar a cabo el acto simbólico y pronunciar un simple «¡No!». Cuando hace esto, lo finito, lo poten- cialmente infinito, se hace realmente infinito. Según yo desarrolla- ría lo que Kant dice sobre el origen del mal en La religión dentro
de los límites de la mera razón (B39 ss. [ed. cast.: Madrid, Alianza, 1969, pp. 49 ss.]), la primera elección libre es siempre la elección de actuar o no actuar según la causalidad de la libertad, de actuar o no actuar libremente. Análogamente, Hegel nos diría, mutatis
mutandis, que el esclavo, al elegir la esclavitud, es también libre. Pero de nuevo, como Lacan nos ha dicho implícitamente, renun- ciar a la realeza y aceptarla, aunque ambas alternativas tienen im- plicaciones simbólicas, tienen el mismo estatus ontològico; para decirlo simplemente, en una hay un cambio, mientras que en la otra las cosas se quedan como están. Nosotros existimos dentro de los límites de orden social, pues hay un un orden social que con- tradice parte de nuestro ser y nos obliga a renunciar a nuestro de- seo. Pero, al rechazar la verdad de uno, uno ha elegido libremen- te y sigue siendo la fuente radical, el otro inconsciente, sobre lo que el orden social se apoya. No importa lo malo que sea el orden social, no importa lo poco que reconozca al individuo como su fuente, el individuo sigue siendo su fuente en la elección de acep- tarlo. En esta elección, la libertad radical no consigue realizar su verdadero potencial y efectuar un cambio simbólico; se manifies- ta solamente como una distorsión por parte de la fantasía de la auténtica elección de la libertad, como la diversión de ese po- tencial, el frenesí de la destrucción al azar llevada a cabo por los Estados Unidos en Afganistán e Irak o, más sutilmente, como la pa- labra olvidada, el nombre olvidado, la escena olvidada en la cur- va de la carretera.
Contradicción y libertad en lo absoluto
Hegel distingue entre una forma de ser que es capaz de com- prender su contradicción subyacente, su principio de la vida y del movimiento, y por tanto está viva y en movimiento, y otra que no puede aprehender esta contradicción como su principio,
sino que, más bien, desaparece en la contradicción [geht in dem
Widerspruch zu Grunde] (Werke 6, p. 76 [ed. cast. cit.: p. 387]). Hegel llama «pensamiento especulativo» a aquel que se mantie- ne firme en el sostenimiento de esta contradicción y no es do- minado por ella (como en el pensamiento que acepta acrítica- mente los datos de los sentidos). Aquí Hegel emplea asimismo la expresión «bajo uno y el mismo respecto», que indica la con- tradicción formal rechazada por Aristóteles. Extendidas más allá del mero sentido biológico, la sustancia y la vida humanas in- cluyen dos sentidos conflictivos: lo que soy en cuanto miembro de la sociedad según las leyes empíricas del orden social y lo que soy con independencia de este orden social. Mi ser incluye mi existencia finita lo mismo que algo infinito, aquello que no es determinado. Estas dos facetas de la existencia humana constitu- yen la contradicción de las relaciones. Soy independiente del or- den social finito, y también estoy con éste en una relación de de-