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Patterns of interaction in triads

4.2 Practices of a blended collaborative approach to writing

4.2.3 Patterns of interaction in triads

a) Introducción

Tal y como indica Hervás (2009) una de las áreas más importante y de gran impacto social dentro de la psicología positiva es el estudio de las bases del bienestar psicológico, o lo que es lo mismo, el origen y causas de lo que comúnmente llamamos felicidad. Este tema resulta relevante por dos motivos:

• Por ser la felicidad una de las principales metas vitales del ser humano;

• Por las consecuencias derivadas del bienestar psicológico para la salud mental y física de las personas.

b) Evolución histórica en el estudio del bienestar

El constructo teórico de bienestar ha sido estudiado, investigado y analizado por corrientes filosóficas y sociológicas. También ha estado este término influido, refieren Vielma y Alonso (2010), por las reflexiones derivadas de las tradiciones espirituales de Oriente y Occidente: cristianismo, budismo, hinduismo, taoismo, etc. Es en las últimas décadas del siglo XX cuando el bienestar psicológico se ha convertido en objeto de estudio e interés científico para la psicología.

Sin embargo, no existe dentro de la comunidad científica en esta disciplina un consenso sobre la definición del concepto de bienestar. Siguiendo a Ballesteros y colaboradores (2006) el uso generalizado del término bienestar en la investigación psicológica ha generado controversias y ha dificultado el consenso en su definición y también en su estudio al utilizar este término como sinónimo de constructos como “calidad de vida”, “felicidad”,

“funcionamiento positivo” “auto-concepto”, “locus de control interno”, “salud mental”, “resiliencia” y “motivación”, cuando sus significados no coinciden exactamente.

De hecho, la poca claridad conceptual ha hecho que el término bienestar se relacione e iguale históricamente con el termino “felicidad”. Es así como los pensadores y filósofos de la época de la Grecia clásica denominaban el bienestar desde la “buena vida”, la cual consideraban una virtud. Aristóteles (véase Fernández-Aguado, 2009), por ejemplo, escribió en profundidad sobre la eudaimonia (felicidad o plenitud), proponiendo que la felicidad era el propósito de la vida, y que vivir de acuerdo a las propias virtudes era la forma de lograr la felicidad. Y en la psicología moderna, la investigación empírica del constructo teórico de bienestar psicológico ha estado precedida por la investigación científica de la felicidad. Por ejemplo, y como mencionábamos al hablar de la psicología positiva, en las décadas cincuenta y sesenta del siglo XX representantes del movimiento humanista como Abraham Maslow y Carl Rogers, recuperaron una visión positiva del ser humano, ahondando en conceptos como la auto-actualización, la madurez y el funcionamiento pleno, interesándose por los procesos y variables relacionados con la consecución de la felicidad, en la línea de la “buena vida” o “eudaimonia” definida por Aristóteles. Estas iniciativas implicaron fuertes refutaciones y cuestionamientos por los defensores del paradigma mecanicista, que como también referíamos ya, iban inicialmente dirigidas a la falta de validez y fiabilidad de los procedimientos metodológicos empleados.

Con el tiempo, y pese a estas dificultades, podemos afirmar, como hace Csikszentmihalyi (1998) que se ha renovado e incrementado notablemente el interés por estudiar el bienestar, su explicación y medición, haciendo un especial énfasis en la comprensión de la dinámica subjetiva de la experiencia individual, en su primacía fenomenológica, en la descripción e interpretación del mismo además de su carácter universal.

En un intento por resumir las diferentes iniciativas que a lo largo de la historia se han interesado por el estudio del bienestar, nos gustaría exponer la propuesta que los autores Ryan y Deci (2001) hacen de dos tradiciones o escuelas diferentes en la evolución histórica de la investigación sobre este constructo, el cual, como decíamos, tradicionalmente se ha identificado con el estudio de la felicidad.

Se trata de dos líneas o áreas de estudio diferentes, aunque relacionadas: una vinculada con la felicidad como indicadora de la calidad de vida - escuela hedónica-, y otra ligada al desarrollo del potencial humano -escuela eudaemónica-. Estaríamos hablando, tal y como señalan Díaz y cols. (2005), de dos enfoques relativamente distintos aunque no necesariamente opuestos ya que las tradiciones hedónicas y eudamónicas representan concepciones del mismo proceso psicológico, relacionadas desde un punto de vista teórico pero que se diferenciarían en su vertiente empírica.

Perspectiva hedónica

El hedonismo tiene sus raíces en los filósofos griegos, siendo Epicuro su máximo representante (McMahon, 2006). La principal idea del hedonismo radica en experimentar la mayor cantidad de placer posible (orientado al disfrute y a actividades nobles) y la felicidad sería, por tanto, la suma de momentos placenteros. La continuidad de la filosofía hedónica estuvo en los escritos de filósofos como Hobbes, Sade o la corriente utilitarista en la que se basó la nueva economía del s. XVIII.

En el marco de la psicología moderna, el enfoque hedonista suele identificar el bienestar con el placer y se basa en las experiencias emocionales básicamente satisfactorias, consistiría, por tanto, en un balance subjetivo entre experiencias placenteras y displacenteras (Haybron, 2008).

El bienestar hedónico (Díaz y cols., 2006) es conocido en la investigación científica como

bienestar subjetivo (Diener, 1984, 2000, 2009; Kahneman y cols. 2003; Cuadra y

Florenzano, 2003). Diener (1994) atribuye al bienestar subjetivo tres características: subjetividad, presencia de indicadores positivos - y no únicamente ausencia de indicadores negativos- y valoración global de la vida. Posteriormente este mismo autor ha definido el

bienestar subjetivo como “una amplia categoría de fenómenos que incluye las respuestas

emocionales de las personas, la satisfacción con los dominios y los juicios globales sobre la satisfacción con la vida” (Diener, Suh, Lucas y Smith, 1999, p. 277).

Esta definición contiene los dos componentes principales del bienestar subjetivo: las respuestas emocionales de las personas o balance afectivo - resultado de restar a la frecuencia de emociones positivas, la frecuencia de emociones negativas (Kahneman, 2003)-

, y la satisfacción vital percibida, más estable y con un componente cognitivo (Lucas, Diener, & Suh, 1996). Se pueden diferenciar así dos grandes dimensiones: la dimensión cognitiva y la dimensión emocional o afectiva (Diener, Suh, Lucas y Smith, 1999).

Ambas dimensiones tiene marcos temporales distintos: la satisfacción vital es un juicio global de la propia vida, mientras que el balance afectivo hace referencia a la frecuencia relativa de afectos placenteros o displacenteros en el momento inmediato (Keyes, Shmotkin, & Ryff, 2002)

La revisión de los estudios científicos sobre el bienestar subjetivo confirma que existe acuerdo entre los distintos investigadores con respecto a los elementos que componen su estructura, esto es, la satisfacción con la vida, el afecto positivo y el afecto negativo.

Por su parte, existen instrumentos de medición tanto para la satisfacción con la vida (Diener, Emmons, Larsen & Griffin, 1985; Pavot y Diener, 1993, 2008) como para los dos tipos de afecto, por ejemplo las escalas PANAS y PANAS-X (Watson, Clark Y Tellegen, 1988; Watson y Clark, 1999) traducidas y adaptadas al español (Robles & Páez, 2003). Los estudios realizados con estas herramientas reflejan que las dimensiones de satisfacción vital y afectos positivo y negativo son tres entidades relacionadas pero diferentes, lo que permite corroborar el constructo de bienestar subjetivo.

La perspectiva hedónica cuenta con más tradición en la literatura científica que la perspectiva eudaimónica que expondremos a continuación, y desde ella ha habido mucho interés en la relación entre el bienestar con lo que las personas piensan y sienten acerca de sus vidas.

Ejemplo de algunas investigaciones recientes en este sentido sería el trabajo de Tarazona (2005) que aplica la Escala de Satisfacción con la Vida de Diener y colaboradores a estudiantes de escuelas pública y privada. Los resultados mostraron una correlación significativa entre la autoestima y el grado de satisfacción de los participantes, y se observó cómo para ambas variables los varones alcanzaban un nivel más alto de bienestar subjetivo que las mujeres en la escuela privada, mientras que el resultado de hombres y mujeres pertenecientes a la escuela pública era de un nivel bajo de bienestar subjetivo.

variables que se asociaron en este trabajo fueron, sobre todo, resentimiento, satisfacción de vida, maltrato, dependencia y apoyo social. Sus resultados muestran que el resentimiento fue el factor más asociado a la satisfacción de vida, seguido del nivel de instrucción, el apoyo social recibido, el consumo de sustancias psicoactivas, y el maltrato familiar.

Debemos, por último, señalar que a pesar de contar con una prolífera literatura científica en torno al bienestar hedónico o subjetivo, se echa en falta un mayor desarrollo teórico sobre este constructo.

Perspectiva eudaimónica

Tal y como exponen Avia & Vázquez (1998) el principal referente de esta perspectiva fue Aristóteles, que en su Ética a Nicómaco, invitaba a los hombres a vivir de acuerdo con su

daimon, ideal o criterio de perfección hacia el que uno aspira y que dota de sentido a su

vida. Todos los esfuerzos por vivir de acuerdo con ese daimon y hacer que se cumplan y logren las propias potencialidades se considera que darán lugar a un estado óptimo, la

eudaimonia.

El enfoque eudaimónico defiende un concepto de bienestar que trasciende el estado de felicidad. El bienestar consiste así en algo más que sólo sentirse bien o presentar un estado positivo de afectividad o satisfacción en un determinado momento, o en la maximización de experiencias positivas y la minimización de experiencias negativas (Ryan & Deci, 2001). En este sentido Ryan y Deci (2001) defienden que lograr las cosas valoradas no siempre lleva a obtener bienestar, independientemente del placer que produzca ese logro.

Esta perspectiva considera que el bienestar se sustenta en la actualización de las potencialidades humanas (Deci y Ryan, 2006), enfatizando los procesos de maduración y desarrollo personal y aquellos aspectos relacionados con la salud mental que devienen en un estado de funcionamiento pleno –cognitivo y afectivo– del sujeto (Díaz y cosl. 2005). Desde este punto de vista, el bienestar no es un estado final o un resultado, sino un proceso de realización con una inherente intención hacia la vida (Deci y Ryan, 2006).

El concepto central del enfoque eudaimónico sería el de bienestar psicológico, propuesto por Carol Ryff en su modelo multidimensional de bienestar psicológico (Ryff y Keyes, 1995), y que define como “el desarrollo del verdadero potencial de uno mismo y “el

esfuerzo por perfeccionar el propio potencial (Ryff, 1989, p, 36; 1995, p. 725),”. Este será el concepto que utilicemos para el desarrollo empírico de esta tesis.

Ryff (1989) considera que los postulados del bienestar subjetivo planteados desde la perspectiva hedónica han olvidado importantes aspectos del funcionamiento positivo. Para superar esta limitaciones, esta autora propone el termino de bienestar psicológico en contraposición al termino de bienestar subjetivo. Con este nuevo constructo pretende hacer una clara distinción entre el estado hedonista de sentirse bien, y el proceso eudaimónico de crecimiento y desarrollo.

Además, critica esta autora, que las medidas del bienestar han adolecido históricamente de una escasa base teórica, por lo que elaboró una medida de evaluación del constructo de bienestar psicológico de acuerdo a su definición y modelo teórico, que permitiera suplir esta carencia histórica. Más adelante se expondrá en detalle el modelo teórico y escala de evaluación propuestos por esta autora –pp.74-.

Por otro lado, la teoría de la autodeterminación que proponen Ryan & Deci (2000) también liga la idea de eudaimonia a la de autorrealización, como un aspecto central en la definición del bienestar. Esta teoría se basa en una de las premisas básicas del humanismo, que sostiene que el bienestar es fundamentalmente consecuencia de un funcionamiento psicológico óptimo. Este funcionamiento psicológico sano implica una adecuada satisfacción de tres necesidades psicológicas básicas (autonomía, competencia y vinculación), además de un sistema de metas congruente y coherente (Deci & Ryan, 2000).

En relación con la investigación científica del bienestar psicológico, referir que se han empleado estos últimos años una gran variedad de alternativas metodológicas para su investigación, tanto de tipo cualitativo como cuantitativo.

• De tipo cualitativo (Bisquerra, 2000): biografías, historias de vida, auto- descripciones verbales, técnica de entrevista en diferentes modalidades, encuestas y cuestionarios.

• Instrumentos cuantitativos: miden uno o varios componentes del bienestar psicológico. Como ejemplo: Escala de Bienestar Psicológico (Sánchez- Cánovas, 1994), Satisfaction with Life Scale (SWLS; Diener, 1984), Escala para Evaluar el

Nivel de Bienestar Psicológico en Adultos (BIEPS-A; Casullo, 2002), Escala para evaluar el Nivel de Bienestar Psicológico en Adolescentes (BIEPS-J; Casullo, 2002), y la Escala de Bienestar Psicológico y de Factores Multidimensionales (SPWB; Ryff, 1989), con una versión adaptada al español por van Dierendonck (2004) y otra más reciente validada y adaptada por Díaz et ál (2006).

En relación con las variables asociadas con el bienestar eudaimónico, tal y como refieren García-Viniegras y González (2005) la literatura científica ha identificado características

personales vinculadas a este constructo como son: poseer un nivel adecuado de autoestima y

auto-eficacia, tener la habilidad para adaptarse a las exigencias de una situación imprevista o novedosa, ser tolerante a la frustración, poder manejar adecuadamente el estrés, demostrar capacidad afiliativa y de iniciativa, ser optimista, poseer objetivos vitales y proyecto de vida. Por su parte, también hay estudios que han revelado fuertes críticas hacia esta definición del bienestar, al ignorar otros de sus componentes, como son la ausencia de malestar o la presencia de trastornos psicológicos.

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Una vez diferenciadas las perspectivas hedónica y eudaimónica en la evolución histórica en torno al bienestar, conviene referir que algunas de las dificultades en el estudio científico del este constructo teórico han estado en el hecho de que los términos de “bienestar subjetivo” y “bienestar psicológico” no han sido aceptados como únicos a nivel mundial. Algunos psicólogos han cuestionado, por ejemplo, la redundancia de utilizar el calificativo “subjetivo” ya que, a su juicio, en el término bienestar ya está implicada de manera obvia la experiencia personal (García-Viniegras y González, 2000). Otros, por su parte, proponen prestar especial atención, al hablar de bienestar psicológico, a su condición de ser una “experiencia subjetiva” para diferenciarlo de otras manifestaciones psíquicas, como el bienestar “espiritual”, “social”, “colectivo”, “laboral”,“familiar” o de “pareja”; o para resaltar las diferencias entre el “bienestar individual” y el “bienestar de los demás” (Vielma y Alonso, 2010).

Además, la relación entre el bienestar psicológico y el bienestar subjetivo ha mostrado ser compleja y se ha encontrado que ambas líneas de investigaciones están conceptualmente relacionadas pero son empíricamente distintas. Y parece ser que la combinación de estos

constructos se relaciona de diferente forma con variables de personalidad y con factores sociodemográficos. Una de las investigaciones que confirma esto último es el estudio realizado por Compton, Smith, Cornish y Qualls (1996) donde utilizaron 18 indicadores de bienestar y salud mental. Identificaron dos factores, uno que parecía reflejar el bienestar subjetivo, y otro, el crecimiento personal. Resultados similares han sido encontrados por King y Napa (1998) quienes al preguntarles a personas sin experiencia en el tema del bienestar, sobre las características para una buena vida, comprobaron que tanto los afectos positivos asociados a la felicidad como el sentido de vida, eran importantes, por lo que se hace necesaria la complementación de ambos constructos para una definición completa del bienestar.

Una propuesta actual para intentar salvar estas dificultades y acercar ambos constructos, - bienestar psicológico y bienestar subjetivo-, es la que realizan Vielma y Alonso (2010) que sugieren el término de bienestar psicológico subjetivo, partiendo de los puntos de encuentro en vez de resaltar las diferencias entre ambas definiciones. El bienestar psicológico

subjetivo consideran que debe incluir los siguientes componentes:

a. Un eje afectivo-emocional, que comprende la frecuencia y el grado de intensidad del afecto positivo (placer y felicidad) y la ausencia de emociones negativas (depresión y ansiedad) asociados a motivaciones inconscientes.

b. Un eje cognitivo-valorativo (García-Viniegras y González, 2005; Diener, 1984), referido al grado de satisfacción vital mantenido por un período de tiempo más o menos estable, y según los juicios valorativos de la persona y sus metas determinadas de forma consciente (pensamientos y actitudes).

c. Un eje social, vincular o contextual de la personalidad (Cuadra y Florenzano, 2003) relacionado con los rasgos de la personalidad, las interacciones sociales y las condiciones del contexto histórico, social, y cultural en el que se desarrolla la vida cotidiana del individuo.

En esta misma línea, ya en el año 2000 el modelo teórico propuesto por Keyes también consideraba la inclusión de ambos constructos como dimensiones integradas en un mismo concepto de bienestar -véase página 74- (Keyes, 2000; Keyes, Shmotkin y Ryff, 2002).

felicidad y del bienestar, la definición y medida de este constructo dentro del campo de la psicología todavía en su etapa inicial, aunque sí que se aprecia un importante avance e impulso en los últimos años en su investigación y desarrollo teórico.

c) El bienestar como funcionamiento psicológico positivo

Como podemos deducir del apartado anterior, todavía no existe un consenso dentro de la comunidad científica para una definición global e integral del término de bienestar, en el cual se incardinen las características definidas por las perspectivas hedónica y eudaimónica.

Es por ello que en esta tesis hemos preferido, para su estudio y análisis en el contexto penitenciario, el constructo de bienestar desde una perspectiva eudaimónica, esto es, como

funcionamiento psicológico óptimo o bienestar psicológico.

La mayor parte de las influencias en la definición actual del concepto de bienestar

psicológico provienen de modelos de desarrollo y de ciclo vital, de modelos motivacionales

y de la propia psicología positiva, como se observa en las construcciones teóricas de Bradburn (1969), Ryff (1989), Ryff y Keyes (1995); Keyes (2000; 2005), Vaillant (2000) y Cuadra y Florenzano (2003).

Algunas de las definiciones actuales del término bienestar psicológico serían las siguientes:

• La clave del bienestar psicológico está para Waterman (1993) en la realización de actividades congruentes con valores profundos y que suponen un compromiso pleno, con el que las personas se sienten vivas y auténticas.

• González-Méndez (2005) define el bienestar psicológico en relación con el estado mental y emocional de una persona, que determina su funcionamiento psíquico óptimo de acuerdo a su paradigma personal y al modo de adecuarse a las exigencias internas y externas del entorno físico y social. También relaciona el bienestar con las creencias que orientan las acciones de las personas y el significado atribuido a sus experiencias previas.

• Salotti (2006) y Salanova y cols. (2005) señalan que el bienestar psicológico es el resultado de la percepción sobre logros alcanzados en la vida y el grado de satisfacción personal con lo que se ha hecho, se está haciendo o puede hacerse.

• Para Ryan, Huta & Deci (2008) el bienestar psicológico se refiere a vivir de forma plena o dar realización a los potenciales humanos más valiosos.

• Vázquez y colaboradores (2009) entienden el bienestar psicológico como consecuencia de un funcionamiento psicológico pleno a partir del cual la persona desarrolla todo su potencial.

Todas estas definiciones son posteriores y tienen como referencia la propuesta de Carol Ryff con su modelo multidimensional de bienestar psicológico, y tienen mucho en común con el modo en que esta autora entiende el término bienestar psicológico.

Es por ello que la definición que nosotros hemos considerado para el desarrollo de esta tesis es la que la propia Carol Ryff (1989) hace del constructo bienestar psicológico, considerándolo como “el desarrollo del verdadero potencial de uno mismo, el esfuerzo por perfeccionar el propio potencial” (Ryff, 1989, p. 35 ; 1995, p. 725). De este modo, el bienestar psicológico tiene que ver con que la vida adquiera un significado para uno mismo, con ciertos esfuerzos de superación y con conseguir metas valiosas. Así, la tarea central de las personas en su vida es reconocer y realizar al máximo todos sus talentos.

Ryff hizo hincapié en la responsabilidad del individuo en encontrar el significado de su existencia, incluso frente a realidades adversas. De entre las diferentes situaciones adversas que una persona puede afrontar a lo largo de su vida, el encarcelamiento supone una de las