3 Patterns of working, income and expenditure
3.1 Patterns of working
En los primeros años del siglo XI se difundió por Europa un nuevo estilo artístico: el románico. Raúl Glaber relata cómo los antiguos templos prerrománicos fueron reconstruidos de acuerdo con un nuevo lenguaje arquitectónico y decorativo “despojándose de su vetustez” y dando lugar a “un blanco manto de iglesias”186
. Sin embargo, a tenor de los edificios conservados, en Galicia no se inició esta renovación hasta el último tercio del siglo XI. Tan notable retraso se puede explicar por la difícil situación que se vivía en el Noroeste peninsular: por un lado, debido a los continuos ataques de los piratas normandos que, periodicamente, asolaban las costas e incluso penetraban en las tierras del interior, donde arrasaban y saqueaban todo a su paso187
, y porque el panorama político era igualmente conflictivo, pues incluso los nobles gallegos llegaron a desafiar la autoridad real; como lo prueba que en el año 986 algunos señores se sublevaron contra don Bermudo, rey de León, que logró derrotarlos. Entre ellos se encontraban cuatro de los más poderosos señores de Galicia: Galindo y Osorio Díaz, Suero Gundemáriz y Gonzalo Menéndez, quienes perdieron todas sus propiedades. Despechados, varios de los vencidos se dirigieron a Córdoba con promesas para incitar a Almanzor a emprender una expedición al Noroeste a través de Portugal188
. El caudillo árabe penetró en Galicia en el año 997, capitaneando una devastadora razzia, destruyendo todas las ciudades que encontraba a su paso hasta llegar a Santiago, que corrió igual suerte. Sin embargo, respetó la tumba del Apóstol y al monje que a su lado se encontraba, según relata la Primera Crónica General de
España, atribuida a Alfonso X el Sabio189.
Las obras de reconstrucción de la basílica compostelana y demás edificios destruidos se iniciaron en seguida, y en ellas desempeñó un importante papel el obispo
186
Recogido por YZQUIERDO (1995), p.160.
187
El primer ataque documentado se produjo en el año 846, y se repitieron a lo largo de esa centuria y la dos siguientes. Sobre este tema, véase FALQUE (1994), p. 74; MORALES (1997), pp. 89-132.
188
Sobre la expedición de Almanzor, recogida en el capítulo 754 de la Primera
Crónica General de España de Alfonso X el Sabio, redactada en 1270, véase ALMAZÁN
(1997), pp. 185-186 y 190-193. Véase también VICETTO (1871), pp. 240-244; FALQUE (1994), p. 75; RECUERO (1997), pp. 148-153.
189
compostelano San Pedro de Mezonzo, hasta su fallecimiento en el año 1003190
. Las directrices artísticas empleadas durante la restauración responderían todavía al arte de repoblación, dilatando así el empleo de unas soluciones arquitectónicas y decorativas que en otras zonas de la Península ya se habían abandonado, lo que fue la tercera causa de la tardía implantación del románico en Galicia.
Durante el reinado de Fernando I se produjo el afianzamiento del poder real, iniciándose así una época de paz y bienestar que facilitó la introducción del nuevo estilo artístico. La labor del obispo don Cresconio fue también significativa en este período, ya que expulsó a los normandos que seguían saqueando Galicia, y construyó las defensas necesarias en el curso del río Ulla y en la ciudad de Santiago para tener protegido el territorio contra nuevas incursiones191
.
Pero un factor de enorme importancia en la introducción del románico en territorio gallego fue la consolidación experimentada por el Camino Francés, que se convirtió en el principal eje de comunicaciones del norte peninsular. Desde mediados del siglo XI la peregrinación a Santiago adquirió gran importancia, y fue impulsada no solo por el clima de paz que se vivía en los reinos cristianos de la Península, desde que el avance de la Reconquista había conseguido llevar más al sur la frontera con los árabes, sino también por la influencia de los monjes de Cluny, que gozaron del favor de Alfonso VI, y por el deseo de engrandecimiento de la propia Iglesia de Santiago.
Durante el reinado de Alfonso VI se implantó definitivamente el románico en Galicia. Se conservan pocos ejemplos de la arquitectura de esta etapa inicial, lo que no quiere decir que no se hubiesen podido construir otros, pero actualmente no se conservan. El edificio más destacado es el comienzo de la catedral compostelana, a partir de 1075 o 1078192
, durante el obispado de Diego Peláez, cuya primera campaña
190
Sobre la vida y obra de San Pedro de Mezonzo, véase CEBRIÁN (1997), pp. 64- 67.
191
FLÓREZ (1765), p. 149; FALQUE (1994), Lib. I. cap. II, p. 76; MORALES (1997), pp. 141-144.
192
Sobre la fecha de incicio de las obras de la catedral de Santiago, el libro V, capítulo IX del Códice Calixtino indica que “se comenzó en la era MCXVI”, que corresponde al año 1078; MORALEJO (1993), p. 570. La Historia Compostelana es más explícita, ya que también precisa el día en el libro I, capítulo LXXVIII: “Fue comenzada la nueva iglesia de Santiago,
finaliza con la destitución de éste en 1088. Sin embargo, en los años finales del siglo XI se construyeron varias iglesias: San Antoíño de Toques (Toques, A Coruña), San Xoán de Vilanova (Miño, A Coruña), San Bartolomé de Rebordáns (Tui, Pontevedra) y parte de San Martiño de Mondoñedo (Foz, Lugo).
De su estudio se deduce que en las experiencias románicas de Galicia convivían dos tendencias arquitectónicas diferenciadas: en primer lugar, se observa una corriente de influencia lombado-catalana, que se emplea en las cabeceras de Toques, Vilanova y la cabecera de Mondoñedo. Se caracteriza por el empleo de sillarejo en los lienzos murales, la presencia de ventanas de medio punto con doble derrame, rematadas en arcos con despiece radial y longitudinal, y también por la colocación de arquitos ciegos de medio punto bajo los aleros de los ábsides que, en Toques, se proyectaron también en la nave, aunque no se llegaron a construir. Pero aunque estas tres iglesias estaban vinculadas a monasterios o a sedes episcopales, la corriente constructiva a la que responden no tuvo repercusión ni continuidad.
La segunda orientación que se advierte en estas primeras obras románicas de Galicia es de procedencia francesa, y es la que se empleó en las obras de la catedral de Santiago. La primera campaña repercutió escasamente en la arquitectura gallega, pero las siguientes tuvieron una gran importancia a lo largo del siglo XII.
Las iglesias de Toques y Vilanova inician pues este estudio sobre el románico de la zona oriental de la provincia de A Coruña. A pesar de su aparente similitud y sencillez, se trata de dos edificios diferentes no sólo por su organización en planta, sino también en ornamentación: San Antoíño de Toques es un pequeño templo de nave y ábside rectangulares al que se accede por un arco triunfal de escasa luz, siguiendo una concepción espacial ligada a la tradición prerrománica. En diferentes partes del templo
preclara y singular, en la era M.C.XVI (año 1078) el 11 de julio”; FALQUE (1994), p. 189. Sin
embargo, López Ferreiro fecha el inicio de las obras en 1074 o 1075: “En la escritura de
concordia con el Abad de Antealtares, San Fagildo, fechada el 17 de Agosto de 1077, se da a entender que la obra ya estaba comenzada, y por lo tanto en construcción (...). Si colocamos el comienzo de la obra en 1074 o 1075, que es la fecha que también resulta de lo expuesto en la Escritura de Concordia, se verifican casi con rigurosa puntualidad los tres diversos cómputos del Códice de Calixto”, (se refiere a las fechas de defunción de Alfonso I de Aragón, Enrique I
se encuentran elementos decorativos y constructivos altomedievales que conviven con otros propios de la arquitectura del primer románico; es el caso del arco de acceso al presbiterio, que presenta basas y capiteles cuyos modelos y talla están en relación con la de talleres hispanovisigodos activos en la zona; algunas piezas de la cornisa también están vinculadas a esos talleres mientras que otras, como los ladrillos con dientes de engranaje, son propias del siglo X. Este alero está sostenido por arquitos de medio punto que responden al modelo utilizado en otros edificios románicos del siglo XI. Algunas de las peculiaridades de Toques no se encuentran en ninguna otra obra de Galicia, entre otras cosas porque el propio emplazamiento de la iglesia no facilitó su difusión.
La iglesia de San Xoán de Vilanova también tiene una sola nave e incorpora una cabecera novedosa, alejada de planteamientos altomedievales, ya que es de planta semicircular, la más antigua de las iglesias de esta tesis y quizá la primera del románico gallego. Además, en este templo se introduce un concepto espacial distinto por medio de la construcción de un arco triunfal de grandes dimensiones que permite una fluida comunicación entre nave y ábside. Llama la atención en el interior su sencillez y sobriedad decorativas. Por el exterior, el ábside está dividido en paños por medio de lesenas, elemento característico del primer románico meridional que en Galicia sólo aparece en Vilanova, y están enlazadas en la parte superior por una arquería ciega, realizada con un planteamiento distinto a las de Toques y San Martiño de Mondoñedo, ya que en Vilanova los arquitos están tallados en el sillar y en los otros dos casos tienen despiece en dovelas. Tampoco faltan en San Xoán los elementos escultóricos en el exterior de la iglesia, localizados en la cornisa del presbiterio, adornada con entrelazo, y en la septentrional de la nave, con decoración vegetal y figurada.
San Martiño de Mondoñedo no se analiza en este estudio por encontrarse en la provincia de Lugo; sin embargo, es preciso señalar que se trata de un edificio más complejo que los dos anteriores, ya que es de tres naves y otros tantos ábsides semicirculares. Se inició en el último tercio del siglo XI y terminó en el siglo XII193. Sin embargo, será necesario aludir a ella en diferentes ocasiones, ya que presenta
193
puntos en común con Toques y Vilanova, especialmente con la primera, lo que induce a pensar que aunque estos edificios están bastante alejados, tienen vínculos arquitectónicos y estilísticos.
SAN ANTOÍÑO DE TOQUES
Historia
La antigua iglesia monasterial, hoy parroquial, de San Antolín o Antoíño de Toques194
, está situada en el monte Bocelo, en una profunda depresión por cuyo fondo desciende un río que pasa por debajo del antiguo cenobio, formando un fuerte salto a poca distancia. Las gentes del lugar la conocen también como "A Capela", ya que se cuenta que antes de este monasterio existía otro en la cumbre del monte, donde había una iglesia de menores proporciones de la que todavía se ven los restos: un edificio de planta rectangular, con orientación litúrgica, de diez metros de largo por cuatro de ancho aproximadamente, en torno al cual quedan vestigios de unos muros de mampostería que podrían pertenecer a desaparecidas construcciones monásticas. La tradición y la historia se dan la mano, pues se dice que "estuvo este monasterio al
principio en lo más alto de un monte; después los monjes le bajaron a otro sitio más acomodado para la vivienda humana (...). Hoy día se ven los vestigios del monasterio
194
Son numerosas las alusiones bibliográficas y de muy diverso tipo; véanse, entre otras: GONZÁLEZ DÁVILA (1645), p. 180; FLÓREZ (1765), p. 201; RISCO (1796), p. 174; MADOZ (1847-1850), T. 15, p. 20; LOPEZ FERREIRO (1868), p. 39; LÓPEZ FERREIRO (1901-1902), pp. 45-58; ÁLVAREZ (1907-1909), pp. 40-44 y 68-71; BALSA (1910), pp. 109-112; VAAMONDE (1915), doc. IX, pp. 45-46; CARRO (1933), pp. 251-322; TABOADA (1933), pp. 135-250; GAYA (1948), pp. 341-342; OSABA (1949), pp. 59-91; SANCHEZ BELDA (1953), doc. 160, p. 81; FERREIRA ARIAS (1955), p. 89; YEPES (1960), T. II, pp. 68-69; PITA (1961), pp. 2-11; PITA (1962), pp. 137-153; PITA (1963), pp. 35-56; ARIAS (1966), p. 43; GUERRA (1967), pp. 135-145; CHAMOSO (1969), pp. 49-55; PITA (1969, 1), pp. 85-108; PITA (1969, 2), pp. 56-83; SA BRAVO (1972), pp. 94, 164 y 348-351; CHAMOSO (1973), pp. 220; SAINT-JEAN (1973), pp. 63-64; NÚÑEZ RODRÍGUEZ (1978), pp. 207, 255 y 277-286; CHAMOSO (1979, 1), p. 500; CARRE (1980), Vol. VI, pp. 102-104; CASTILLO (1980), pp. 864-865 y 868-869; BROZ (1982), pp. 4-19; LÓPEZ FERREIRO (1983), T. III, p. 288 y T. V, p. 63; PLATERO (1983), s.p.; VALLE (1984), pp. 293-294; BANGO (1987), pp. 28-31; CASTILLO (1987), pp. 603-604; PALLARES Y GAYOSO (1988), p. 327; SA BRAVO (1988), pp. 144-150; GONZÁLEZ GARCÍA (1989), p. 8; CASTIÑEIRAS (1989-1990), pp. 77-90; BROZ (1992), pp. 59-76; FORNOS (1994), pp. 84-85; YZQUIERDO (1995), pp. 167-168; CARRILLO (1997, 1), pp. 47- 60; DOMINGO (1998, 1), p. 263; FREIRE (2000), pp. 1233-1254; LUCAS ÁLVAREZ (2001);FREIRE (2002), pp. 1233-1254; FERNÁNDEZ DE VIANA (s.a.), p. 100; VALLE (s.a., 2), pp. 100-101.
antiguo y un lugar, que servía de iglesia; estaba arrimado a dos grandes peñas, y en la una está pegada el altar mayor y junto al templo o ermita estaba la morada de los monjes, como parece por los cimientos que aún ahora se descubren."195 Lo que desconocemos es la fecha en la que se produjo el cambio de ubicación del cenobio.
Sobre la remodelación del antiguo monasterio se sabe poco, pero parece relacionada con una importante donación de bienes y derechos jurisdiccionales que realizó el rey de Galicia don García a Toques y a su abad Tanoi en febrero de 1067, refrendada por Fagildo, abad de Antealtares: “ut non intret ibi sagione de nulla
persona pro homicidio, nec pro rausso, nec pro fossataria nec pro annutuua nec pro qualequmque suposita mata. Notum die sexta feria IIekalendas marcias, era ICV”196
. Sin duda, la fundación del cenobio fue anterior, aunque la fecha exacta no se conoce. Los autores que se han ocupado de este aspecto no llegan a un acuerdo: Pallares y Gayoso indica que fue en 1060; Yepes afirma que se fundó en el 1076, y González Dávila es menos concreto, opina que el monasterio de Toques debió de crearse entre los años 1059 y 1080, período que corresponde con los tiempos del obispo Vistriaco o Vistruario de Lugo197
.
La donación de don García fue la primera de una serie de dádivas reales, pues más tarde realizaron otras Alfonso VI, los condes de Galicia don Ramón y doña Urraca, el emperador Alfonso VII198, Fernando II199 y Alfonso IX. Posteriormente tales donaciones fueron confirmadas por Fernando III y Enrique III200
. El resultado fue la obtención de un gran coto y una amplia jurisdicción por parte del monasterio, lo que
195
YEPES (1960), T. II, p. 199.
196
LÓPEZ FERREIRO (1868), p. 39; SÁNCHEZ BELDA (1953), doc. 160, p. 81; VAAMONDE (1901), pp. 45-46; RISCO (1796), p. 174.
197
YEPES (1960), T. II, p. 69 y T. III, p. 199; PALLARES Y GAYOSO (1988), p. 327; GONZÁLEZ DÁVILA (1645), T. III, p. 180.
198
El 17 de noviembre de 1126, Alfonso VII concedió al monasterio de Toques la jurisdicción temporal sobre el coto homónimo y confirmó otros privilegios de sus predecesores. Citado por LUCAS ÁLVAREZ (1948), p. 114.
199
Fernando II confirma los privilegios que le habían sido concedidos a Toques con anterioridad. LUCAS ÁLVAREZ (1948), p. 118.
200
El monarca ratifica los privilegios referentes a la exención de tributos que sus antepasados habían otorgado a Toques. LUCAS ÁLVAREZ (1948), p. 125.
demuestra la importancia que alcanzó durante la Edad Media201
.
Nada se sabe de su historia durante los últimos siglos medievales pero se supone que, al igual que los demás de Galicia, habría sufrido no sólo un decaimiento espiritual sino una merma en sus posesiones, por lo que a principios del siglo XVI fue anexionado a San Paio de Antealtares, según el plan de reforma del monacato gallego ordenado por los Reyes Católicos202. Posteriormente pasó a ser priorato de San Martiño Pinario, cuando el último abad de Toques, Fray Jácome de Sangiás o San Xiao, renunció a su dignidad en manos del abad de San Martín203
.
Una curiosa noticia la proporciona González Dávila cuando indica que, en el año 1602, abriendo un cimiento en el monasterio fue hallada una moneda de oro que en una cara representaba a un rey entronizado, con corona y la espada desenvainada en una mano y el cetro en la otra, acompañado de la leyenda "Carolus Dei Gratia
Francorum Rex"; en el reverso, se distinguían tres flores de lis y las palabras "Christus Regnat, Christus Vincit, Christus Imperat"204
. El escritor aunque no aclara su procedencia ni cómo llegó allí, lo considera una irrefutable prueba de la antigüedad del asentamiento del cenobio en ese lugar.
Hacia 1750 sólo habitaban el convento un fraile y cuatro criados, y la iglesia se había convertido en parroquia a cargo del cura de Santa Mariña de Brañas205.
En el siglo XIX se llevaron a cabo obras de mantenimiento y ampliación de la iglesia, prolongando los muros laterales de la nave y reconstruyendo la fachada oeste; en los años anteriores a la desamortización conservaba privilegios y cobraba rentas. Luego, el edificio del priorato fue vendido y se instaló en él una fábrica de puntas de la
201
CARRILLO (1997, 1), p. 49.
202
PALLARES Y GAYOSO (1988), p. 403. Esta anexión se recoge en las bulas de Julio II y León X, de 1504 y 1516, respectivamente.
203
YEPES (1960), T. III, p. 199; LÓPEZ FERREIRO (1968), p. 174. El antiguo abad de Toques acabó sus días viviendo en el monasterio de Santa María de Mezonzo, gracias a un convenio firmado con Fray Rodrigo de Valencia, que había sido nombrado por los Reyes Católicos reformador de la orden de San Benito en Galicia, Castilla y el Bierzo. Este documento se transcribe en ZARAGOZA (1993), pp. 430-433.
204
GONZÁLEZ DÁVILA (1645), p. 180.
205
que hoy quedan todavía algunos restos, la cual quebró al poco tiempo debido a la mala administración y problemas para el transporte. Las gentes del lugar indican que la causa del cierre de esta industria fue otro, puesto que el director de la misma no iba a misa y hacía funcionar el volante aunque molestase durante las celebraciones litúrgicas; un día, al alzar durante la Consagración, salió el volante por los aires y desde entonces no se volvió a abrir la fábrica206. En ese mismo siglo, el arreglo parroquial de la Diócesis de Mondoñedo, realizado en 1891 por el obispo Gregorio María Aguirre, convirtió a San Antoíño de Toques en curato. Sin embargo, según indica la Guía eclesiástica de la diócesis de Lugo publicada en 1915, la parroquia de Toques, citada como Santa María de Capela, pertenecía al arciprestazgo de Abeancos de la diócesis lucense y era matriz de Santa Eufemia de Monte207
.
Ya en el siglo XX, San Antoíño de Toques pertenecía a la encomienda de Ulloa y tuvo jurisdicción civil y criminal sobre ocho iglesias y setenta y tres lugares. Sus numerosas rentas fueron motivo de discordia entre el abad de San Martiño Pinario y el Arzobispo de Santiago, pleito que se falló a favor del primero208.
En la actualidad, del antiguo monasterio benedictino sólo queda en pie el templo junto con las ruínas de las dependencias monásticas, situadas al norte, bajo las cuales discurre un pequeño río que cerca de allí origina un fuerte salto.
Planta e interior
La iglesia de San Antoíño de Toques presenta una nave y un ábside rectangular, siguiendo un modelo antiguo en planta, ya que en otros edificios altomedievales gallegos, como Santa María de Loio (Paradela, Lugo) y la capilla del Ciprés (Samos, Lugo), entre otros, tienen cabecera recta, lo que permite la creación de espacios compartimentados, característicos de la arquitectura anterior al románico.
206 CARRO (1933), p. 256, nota 5. 207 CARRILLO (1997, 1), pp. 34 y 50. Guía (1915), pp. 49-50. 208 CARRO (1933), p. 256.
Vista del interior
Basa Al ábside se accede por un arco de
medio punto ligeramente peraltado. Llama la atención la escasa luz que presenta, similar a la triunfales de edificios de tradición prerrománica, como la citada capilla del Ciprés de Samos o San Miguel de Celanova (Ourense); sus dimensiones dificultan la visión del interior del presbiterio, diferenciando perfectamente la cabecera de la nave.
El arco triunfal de Toques está
sostenido por un par de semicolumnas adosadas de fustes lisos y monolíticos en uno de los cuales aparece la inscripción posterior FRAY FRANCO. DE RO FIET209, que pudiera aludir a alguna obra realizada por un monje del monasterio. Las basas, compuestas por tres molduras en forma de toro que aumentan de diámetro según se aproximan al suelo, siguen un modelo semejante al de las más exteriores del arco triunfal de Santa Comba de Bande (Ourense), tienen la misma organización y producen un efecto de robustez; la diferencia con las de la iglesia orensana es que éstas sostienen columnas, mientras en A Capela son semicolumnas.
Como el suelo de la nave de Toques fue recrecido unos treinta centímetros, las basas quedan bajo el nivel del piso actual, ocultas por un entarimado de madera. Esta circunstancia provoca que al contemplar el arco de acceso al presbiterio de Toques las perspectivas estén alteradas, pareciendo que es más bajo de lo que es en realidad, y lo mismo ocurre con el interior del propio ábside.
Los capiteles son entregos y no tienen ábaco ni collarino; las cestas, trapezoidales, son mucho más grandes en la parte superior y están decoradas en toda su