Si bien el mandato de Dorrego se caracterizó por dedicarse a la cuestión de la seguridad de la frontera, teniendo siempre en mente el acordar tratados de paz con los indios y ello sin perjuicio de aspirar a efectuar en un futuro una gran expedición al margen del río Negro, los sucesos del año 1829 desembocaron en un desorden
166 Registro Oficial de la República Argentina que comprende los documentos espedidos desde 1810 hasta 1873. Tomo secundo 1822 á 1852, Imprenta especial de obras de La República, Buenos Aires, 1880, p. 202 (Registro 2.200).
167Ibídem, p. 214. (Registro 2232)
168 Véase la interesante crónica del diario de viaje del ingeniero militar Parchappe en su calidad de topógrafo de la expedición comandada por Julián Perdriel para sentar este nuevo “Mojón de civilización”, en Parchappe, Narciso, Expedición fundadora del fuerte 25 de mayo en Cruz de Guerra. Año 1828, Eudeba, Buenos Aires, 1977.
169 Este fuerte fue proyectado originariamente con un doble carácter: para seguridad de la frontera con los indios, constituyendo un hito que se establezca “más allá del río Salado” en el “país del diablo” (Huccu Mapu), y como baluarte contra las ambiciones expansivas de países como Brasil e Inglaterra, ya que salvo Carmen de Patagones, las costas de nuestro país se encontraban desguarnecidas ante un eventual avance en la Patagonia.
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Registro Oficial de la República Argentina que comprende los documentos espedidos desde 1810 hasta 1873. Tomo secundo 1822 á 1852, Op. Cit., p. 223-224 (Registro 2253).
institucional, dentro del cual las fuerzas militares de Lavalle produjeron su derrocamiento y posterior fusilamiento, junto a la huida de Rosas a Santa Fe.
Como consecuencia de la revolución del 1° de septiembre y el ulterior fusilamiento de Dorrego trece días después, la lucha entre las facciones de los unitarios y los federales, tuvo momentos virulentos al menos hasta noviembre de 1831, en donde Facundo Quiroga venció en Tucumán a Lamadrid en la acción de Ciudadela.
Dentro de este caos, las fuerzas de la campaña tomaron partido por uno u otro bando y, acompañando a los mismos, los “indios aliados” combatían reforzando uno u otro lado según el mejor postor, siendo un ejemplo de ello la ejecución por “deguello” tras una emboscada propiciada por Rosas, del “héroe de la frontera” el coronel Rauch (partidario de Lavalle), quien fuera ejecutado en las Vizcacheras a finales de marzo de 1829 por aquellos indios a los que en su momento férreamente aborreció y combatió.
Luego del efímero cese de las hostilidades estipulado en la Convención de Cañuelas, el 8 de diciembre de 1829 la Junta de representantes de la provincia de Buenos Aires, nombra Gobernador y Capitán General a Juan Manuel de Rosas, quien asumió el mando con gran prestigio y expectativas sobre su cabeza, considerándose por la opinión popular como el hombre que por excelencia, pacificaría el país acabando con la guerra civil, para oportunamente lograr la paz con los indios díscolos de la campaña.
Los malones de indios, aprovechando estas zozobras políticas y la encarnizada guerra entre los dos partidos políticos antagónicos, la cual producía un descuido de la vigilancia fronteriza, desde 1829 en adelante intensificaron su accionar en las provincias de Mendoza, San Luis y Buenos Aires.
Dentro de este período, en 1831 Mendoza fue invadida por un gran malón, a sabiendas que la frontera sur se encontraba desguarnecida, cayendo sorpresivamente sobre los fuertes San Rafael y San Carlos y produciendo un gran número de muertes, cautivas y robo de ganado. A poco de ello, los malones arremetieron contra la capital mendocina, que por muy poco se salvó de ser invadida gracias a la oportuna intervención de la Guardia Nacional, al mando del coronel de la República de Chile José Albino Gutiérrez, quien pese a que perdió la vida en dicha oportunidad, su auxilio a los escuadrones de caballería de línea de Mendoza posibilitó repeler la invasión.171
En los últimos días de marzo y abril de 1832, San Luís había sufrido tres invasiones, que acarrearon una gran perdida de vidas y el robo de 12.000 cabezas de ganado, con varias familias cautivas de la zona de río Quinto, Morro y Renca.172Innumerables también fueron las depredaciones en la provincia de Buenos Aires, como fue el caso del asedio de la Fortaleza Argentina en Bahía Blanca, o el malón que llegó hasta Luján en 1832 y que fuera repelido por las fuerzas militares conducidas por Félix Aldao.
171 Comando General del Ejército…Política seguida con el aborigen (1820-1852), Op. Cit., t. II, vol. 3 (vols. 669-670-671), p. 40-41.
En todas estas provincias y sobre todo en Buenos Aires, los estancieros y pobladores de las zonas aledañas asistían al robo de su hacienda y destrucción de sus propiedades, como también al secuestro de cautivos, que en su gran parte eran mujeres que, si no eran rescatadas o recuperadas a la brevedad, cual un Síndrome de Estocolmo173 sufrían (salvo excepciones) una relación de esclavitud y dominio en las tolderías de los indios, que les impedía luego reinsertarse fácilmente en la sociedad, en virtud del daño psicológico ocasionado.
Es importante destacar que en 1832, el ejército de línea de Chile al mando del general Bulnes, persiguió a los indios en la zona cordillerana, derrotando a la tribu de los Pincheira, lo que trajo algo de alivio a la zona de Mendoza. Respecto a Córdoba y San Luís, básicamente los recursos defensivos de la frontera seguían siendo los mismos que los establecidos hasta 1810.
Hasta el final de su primer mandato, Rosas, quien dominaba la lengua de los indios, parlamentó y negoció con ellos muchos acuerdos de paz, suministrándoles todo tipo de vituallas y hasta vacunas, como fue el caso de la vacuna de la viruela,174 a cambio de mantener la seguridad de la frontera consolidada, en lo que se conoció como “el negocio pacífico con los indios” y también, dicho sea de paso, colaborar con la persecución y captura de los enemigos políticos del unitarismo, que solían buscar refugio en los toldos de los indios amigos.
Esta paz negociada con los indios, no impidió que Rosas le escriba a Facundo Quiroga en abril de 1831, manifestándole la necesidad de reunirse en un futuro cercano, en un punto céntrico para proyectar en conjunto “una formal expedición con todos los indios que hostilizan nuestra frontera”, como tampoco impidió que Rosas, próximo a
terminar su primer mandato, remitiera a la legislatura de Buenos Aires un proyecto de expedición contra los indios con el objeto de extender la frontera hasta el río Negro.