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CHAPTER 4: SAMPLE CHARACTERISTICS AND DESCRIPTIVE FINDINGS

4.4 DESCRIPTIVE ANALYSIS OF THE MEASUREMENT VARIABLES

4.4.4 Perceived behavioural control (PBC)

El spinozismo de Kant está relacionado con dos grupos de ideas que están terminológicamente conectadas entre sí, aunque son conceptualmente diferentes. El término que agrupa a ambos conjuntos es “Dios”. No obstante ello, los conceptos de Dios implicados no son los mismos.

El primer concepto de Dios que Kant conecta con el nombre de Spi- noza es una idea práctica. Según la Crítica de la Razón Práctica (CRPr), y todavía en OP, Dios es la idea de un ente que es Ens summum, summa

intelligentia y summum bonum,20 cuya existencia fuera de nosotros

estamos autorizados a postular en la medida en que así lo exige la expec- tativa de felicidad de una voluntad que se somete al cumplimiento de la ley moral en la forma de un imperativo categórico.21 Así, se postula la

existencia de Dios a fin de hacer posible la idea de un mundo en el que los hombres virtuosos sean felices. Ahora, la frase ya mencionada de “intuir todo en Dios”, en tanto se relaciona con el nombre de Spinoza, señala una revisión de este concepto (práctico) de Dios. Por ejemplo:

Según el idealismo trascendental de Spinoza, nos intuimos en Dios. El imperativo categórico no supone una substancia suprema que comanda en tanto está afuera de mí sino que yace en mi razón.22

En este pasaje, el imperativo categórico postula también la existencia suprema de Dios, aunque no ya como algo externo a mí, sino subyacente a mi razón.23 Como nunca en una obra publicada, Kant es aquí muy

enfático al afirmar que Dios no es una sustancia fuera de mí24 sino el

supremo legislador en mí, que me da la ley internamente.25 A partir

de esto, queremos sugerir que el nombre de Spinoza en OP aparece conectado con una primera tendencia de modificación de la filosofía kantiana en dirección a una unificación de Dios con la razón práctica. Muy significativamente, Kant afirma:

20 Ibid., pp. 48, 49. Además: Ibid., pp. 52, 53, 54, 60, 61, 62, 105, 106,108, 112, 115, 116, 118, 119, 127; y XXI, pp. 12, 13.

21 AA, XXII, p. 48-9. Además: ibid., XXI, pp. 25, 49, 64; pp. XXII, 105, 106, 112, 115-6. 22 Ibid., XXII, p. 56. Además: ibid., p. 61 y XXI, 12. 15.

23 Cf. ibid., XXII, pp. 108, 119; XXI, pp. 15, 20. 24 Ibid., XXI, pp. 21, 26, 27; XXII, pp. 52-53, 55. 25 Ibid., XXI, p. 37.

Dios no es un ser fuera de mí, sino un mero pensamiento en mí. Dios es la razón moral/práctica que se da a sí misma la ley. Así, sólo Dios en mí, alrededor de mí y sobre mí.26

Atendamos simplemente a que la unificación aquí implicada no asume todavía una identificación entre Dios y la naturaleza27 o entre

Dios y el sujeto. La identidad de Dios con la razón práctica deja afuera tanto al sujeto teóricamente considerado, como sujeto cognoscente, como al entero reino de la naturaleza.28 Ahora, a partir de esta sinoni-

mia, la razón práctica asume el puesto del Ens summum, y desaparecen no sólo el concepto de lo sagrado más allá de la razón (práctica), sino también elementos con los cuales estaba relacionados Dios en la CRPr; fundamentalmente, como hemos dicho, la idea de un mundo en el que los hombres virtuosos sean felices.29

En segundo lugar, hay, como hemos adelantado, otro grupo de ideas que Kant conecta con el “Dios de Spinoza” en OP que delinean una segunda tendencia de alteración de su filosofía previa. En este caso, el “Dios de Spinoza” refiere al espíritu humano en general. Además de la frase que ya hemos mencionado al principio, “el espíritu del hombre es el Dios de Spinoza”, en otros lugares Kant sugiere expresamente esta idea: La autonomía de la posibilidad de la experiencia, en general, como la abso- luta unidad del sujeto que se constituye a sí mismo a priori y sintéticamente como un objeto de pensamiento, siendo el autor de su propia existencia (Dasein). El Dios de Spinoza, que no tiene objeto externo ni objeto de percepción.30

La idealidad transcendental del sujeto que se piensa a sí mismo hace de sí mismo una persona. La divinidad del mismo. Yo soy el ser supremo (höchsten Wesen). Me veo a mí mismo (según Spinoza) en Dios, que en mí es legislativo.31

26 Ibid., p., 145. Véase además: ibid., p. 49; y XXII, p. 118.

27 Kant señala expresamente que, si pretendiéramos tomar el concepto de Dios de la experiencia, toda su moralidad desaparecería y sólo restaría el despotismo. Ibid., XXII, p. 412.

28 Cf. ibid., p. 49.

29 La circunstancia de que Spinoza o el Dios de Spinoza no logre vincular la virtud con la felicidad es motivo de crítica en la CFJ. Véase: Ibid., V, 458/9.

30 Ibid., XXI, 101.

Así, nos damos la existencia, como personas, mediante la acción de ponernos como objeto de pensamiento. Consecuentemente, para decirlo en los términos del Spinoza histórico, somos causa sui, causa y efecto de nosotros mismos. Kant hace, de esta manera, de “nosotros”, el “espí- ritu humano”, la divinidad, el ser supremo. Somos Dios porque somos seres originarios,32 autores de nosotros mismos,33 sin referencia a objeto

externo alguno. Puesto que el espíritu humano o el yo no es aquí una mera condición de posibilidad, un supuesto que acompaña a todas mis representaciones, sino un principio que se da a sí mismo la existencia, se registra una tendencia de cambio de la filosofía de Kant, a través, nuevamente, de la figura de Spinoza, en dirección a los idealismos, en su época, nacientes.

32 Ibid., XXII, pp. 82, 115-6. 33 Ibid., pp. 54, 22.

Influencias spinozistas en la noción