D. Ratio of exports against imports
5. CHAPTER FIVE: EMPIRICAL RESULTS, PRESENTATION AND DISCUSSION
5.5. The perceived effect of the change from the MIDP to APDP
La demolición en este caso exige el empleo de un sistema que evite ocasionar daños a los muros conservados. Además el proceso de derribo debe garantizar que tampoco sufrirán lesiones las edificaciones colindantes.
Algunos autores, cuando se conserva la fachada y se vacía el interior suelen englobar este tipo de demolición dentro de las denominadas “demoliciones parciales”, que se ejecutan en actuaciones de rehabilitación o refuerzo de estructuras, en las que no se elimina todo el inmueble existente (De Benito Sanjuán, et al., 2003). Y de forma evidente como ya se ha ido enunciando en este tipo de demoliciones serán necesarios los medios auxiliares pertinentes para asegurar la estabilidad de aquellas partes del inmueble que se conservan. Concretamente en el caso objeto de estudio los medios auxiliares deberán garantizar la estabilidad de las fachadas conservadas.
Por lo general, en todos los casos analizados el proceso de derribo seleccionado ha sido el manual. Es decir, se ha ejecutado con herramientas manuales “como palas, picos, mazas, rastrillos, espuertas, carretillas, etc.,” (De Benito Sanjuán, et al., 2003). Aunque también se emplea pequeña maquinaría de accionamiento manual como son “los martillos picadores, martillos rompedores, perforadores e incluso pequeñas pinzas hidráulicas” (De Benito Sanjuán, et al., 2003). Esto genera que el rendimiento y el tiempo que conlleva el derribo manual, suponga un coste mayor a que si se optará por procedimientos mecanizados. No obstante, existen tareas que pueden complementarse con máquinas autopropulsadas de pequeño tamaño como son minicargadoras y miniexcavadoras, a estas se le pueden también disponer de acoples que permitan la realización de diversos trabajos. Pero es necesario mencionar que generalmente estas suelen usarse solo para evacuar los residuos generados durante el derribo. Y que debe desestimarse adoptar como la técnica de empuje directo con dicha maquinaria si se quiere no ocasionar daños a la fachada conservada (Monjo, et al., 2001).
Teniendo en cuenta que se suele emplear tanto el término demolición como derribo se hace necesario definir brevemente la forma idónea de emplear dichas expresiones, aunque son comúnmente aceptadas ambas. La palabra demolición suele utilizarse cuando se requiere más maquinaria y medios técnicos, y en definitiva cuando se requiere de un proceso más tecnificado. En contraposición el derribo alude a un proceso de ejecución manual y menos tecnificado, donde se recuperan los elementos construidos (Monjo, et al., 2001). Sin embargo, no deja de ser un proceso más técnico y estudiado el desarrollo de un proceso deconstructivo que atienda al orden inverso de la ejecución del edificio y permita la recuperación de todos aquellos materiales
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empleados para su posible reutilización, debido a que se deben de conocer los procesos constructivos comunes.
Evidentemente aunque se hable constantemente de demolición manual, conviene destacar que el desarrollo de la pequeña maquinaria a permitido sustituir la fuerza muscular por la fuerza mecánica, “dignificando el trabajo de los operarios y permitiendo un menor desgaste físico” (Monjo, et al., 2001). Por lo que generalmente, los picos y mazas en la medida que es posible se sustituyen por “martillos rompedores movidos por aire comprimido (herramientas neumáticas) o motores eléctricos” (Monjo, et al., 2001).
Antes de explicar el procedimiento genérico conviene destacar que en función de la tipificación de las estructuras, anteriormente realizada en el punto 4, lo normal será que la estructura objeto de derribo este formada por muros de carga y forjados de viguetas de madera con entrevigado de revoltones y relleno de mortero. Raros aunque no imposibles serán los casos en que los forjados se compongan de viguetas metálicas. Independientemente de esto el proceso de derribo manual se realizará de arriba hacia abajo, manteniendo los trabajos en el mismo nivel y evitando la ejecución de diferentes acciones en el plano vertical para evitar posibles riesgos (García Valarce, et al., 1995). Además antes de llevar a cabo el derribo se deberá redactar un proyecto de derribo que recoja tanto los agentes afectados, el objeto del proyecto, las soluciones adoptadas, la justificación del derribo en base a las normativas urbanísticas y básicas de aplicación, los datos relativos del edificio o la estructura interna a derribar y un pliego de condiciones administrativas y técnicas en el que se defina el proceso a seguir durante el derribo, así como los planos oportunos y el presupuesto de derribo. Pero convendrá también elaborar un plan de seguridad en el que se definan los equipos de seguridad que deberán llevar los operarios y las medidas de seguridad, colectivas e individuales, que deben tomarse en todo momento durante la ejecución de los trabajos de deconstrucción. Algunos de los equipos de seguridad que deben llevar los operarios para trabajar con maquinaria de accionamiento manual son (Cusa, 2002):
“Utilización de casco
Utilización de protectores de audición si se superan niveles de ruido de 90 dB.
Llevar gafas de seguridad en todo momento para proteger sus ojos contra el
polvo, virutas, pequeños fragmentos resultantes de la fragmentación de los materiales, etc.
Usar guantes de piel
Llevar botas de piel o gomo de horma ancha, para pasar fácilmente sobre los
escombros y proteger los pies y extremos inferiores de las piernas contra pequeños impactos.
Usar chaleco reflectante si se va a trabajar en la vía pública.”
En cuanto al proceso de derribo seguido siempre se deberán tener según Juan de Cusa se deben de tener las siguientes precauciones:
Aligerar la carga que puede ser soportada por cualquier elemento portante
antes de su derribo.
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Apuntalar aquellos elementos volados que se cree pueden infringir daños, de
no tomar dicha medida.
Disponer de los arriostramientos y medios auxiliares necesarios.
Atendiendo a la primera premisa, lo primero que deberá realizarse durante el proceso de derribo será levantar carpinterías, mobiliarios y desmontar tabiquerías o fábricas no estructurales. Seguidamente se continuará con el derribo de abajo a arriba desmontando la cubierta y tomando como precaución el desmontaje previo de la cornisa o el alero o bien su apeo. Evidentemente a la hora de desmontar la cubierta, se seguirá el proceso inverso a su ejecución, realizando dicho desmontaje desde la cumbrera a los aleros de forma simétrica (Cusa, 2002). Durante tal acción los operarios deberán tomar las prescripciones relativas en cuanto a trabajos en altura y conocer si es factible desarrollar los trabajos desde el tejado, es decir, si este aguantará tal acción sin venirse abajo, de no ser así se deberá trabajar desde “una plataforma exterior que se acomode al desarrollo de la operación” (Cusa, 2002).
Durante el desmontaje de la cubierta, donde habitualmente la estructura que se suele encontrar en los edificios que se interviene es de madera, será necesario cortar las vigas y viguetas de madera que suelen conformar la estructura. Para ello se emplearan herramientas de corte como sierras manuales o sistemas de corte con disco “donde el tamaño del disco deberá seleccionarse en función de la profundidad de corte” (Monjo, et al., 2001).
Una vez desmantelada la cubierta se procederá a derribar uno por uno aquellos elementos estructurales que componen la planta, es decir, muros y tabiques. Seguidamente se procederá con el derribo del forjado inferior al nivel de cubierta donde se derriba el entrevigado desde una plataforma de seguridad y después desde el nivel inferior al igual que en la cubierta desde un andamio borriqueta o similar que permita alcanzar la altura requerida se cortan las vigas y viguetas de dicho forjado. En caso en que estas fueran metálicas “se podría practicar el corte mediante un sistema de corte con chorro de agua, que consiste en la proyección de un fino chorro de agua a alta presión que genera el corte en el material” (Monjo, et al., 2001). No obstante, también se podría emplear el sistema de corte mediante disco, empleando el disco adecuado, o realizar el corte mediante soplete manual.
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Para realizar el corte tanto en las viguetas como en las vigas, no se realizará el corte sin tener presente que se encuentran descargados dichos elementos. Y para derribar la viga se cortaran primero aquella zona que puedan levantarse cortando o desmontando seguidamente sus extremos. Convendrá, en el caso de las viguetas como ya se ha mencionado, dejar las cabezas embebidas en el muro si estas se encuentran en buen estado para no ocasionar excentricidades de carga en la fachada conservada. En caso en que las viguetas no recaigan a la fachada y el edificio se encuentre entre medianeras podrán dejarse las viguetas como medida de apeo hasta la ejecución de la nueva estructura. Así mismo, durante la realización del corte “podría ser oportuno apear el elemento o sostenerlo en suspensión para evitar caídas bruscas que se transmitan por toda la estructura” (García Valarce, et al., 1995).
Fig.5.2.37 Viguetas dejadas tras la ejecución del derribo de un inmueble situado en el barrio de Velluters (Valencia).
Después de derribar el forjado se procederá de igual forma a derribar aquellos elementos estructurales que componen la planta como por ejemplo los muros de carga o bien posibles pilares o machones de ladrillo macizo, que serán aquellos elementos más típicos que podrán encontrarse en dicho nivel.
En cuanto a las escaleras, lo habitual será proceder a su derribo antes de la eliminar el forjado donde se apoya soliendo emplearse una plataforma que cubra el hueco de la misma. Si se trata de escaleras a la catalana se retirará primero el peldañeado y posteriormente la bóveda de ladrillo.
Se procederá del mismo modo en los niveles inferiores hasta eliminar la totalidad de los forjados y la estructura interna. Conviene destacar, que durante este proceso podría ser necesario el apuntalamiento interior de aquellos niveles sobre los que no se esté actuando, en función del estado de la estructura. De darse este caso, el apuntalamiento se irá retirando conforme se disminuya de nivel.
Resultará también imprescindible, a la hora de proceder con el derribo, que no se produzcan vibraciones excesivas en el muro conservado o bien en las zonas inmediatas a las medianeras. Para ello, se debe de tener en cuenta que las herramientas neumáticas “pueden trabajar en vacío, cuando el pistón cambia el sentido de su movimiento en un colchón de aire en ambos extremos del cilindro, reduciendo sustancialmente las vibraciones” (Cusa, 2002). Por ello en muchos casos se habla de
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emplear maquinarias neumáticas o hidráulicas. Estas últimas “suelen ser máquinas neumáticas accionadas por un motor a gasolina, que incorporan un sistema hidráulico sellado para transmitir el movimiento al martillo o taladro” (Cusa, 2002).
Más adelante, en el apartado 6 se podrá observar y se estudiará el proceso de derribo seguido de forma más completa para la intervención que se esté analizando.
El derribo traerá consigo la necesidad de realizar una adecuada gestión de todos aquellos residuos procedentes de la demolición. Para ello deberá realizarse el pertinente estudio y plan de gestión de residuos, que suele realizarse de forma conjunta al de la nueva construcción. Para la gestión será necesario emplear los medios de evacuación de escombros pertinentes.
La disposición de huecos que faciliten el vertido de los escombros hasta planta baja no será adecuada, deberán disponerse canaletas y conductos verticales de desescombro que circulen por esos huecos o bien por el exterior de la fachada, si la disposición del estabilizador lo permite. Además estos huecos deberán estar protegidos con barandillas (García Valarce, et al., 1995). En ningún caso, se sobrecargaran los forjados de los niveles inferiores sobre el que se esté actuando con un excesivo peso de escombro. Se deberá tener en cuenta que será necesario al menos ubicar un contenedor en las inmediaciones del inmueble que permita el traslado de los residuos hasta este, para su posterior carga sobre el camión que los transporte hasta la central de gestión de residuos o el vertedero controlado pertinente. Sin embargo, se destaca en este apartado que son muchas las empresas de demolición que aprovechan aquellos residuos generados durante la demolición para su posterior reciclaje y venta. Siempre con el consentimiento del poseedor de los residuos. Cuando no sea posible almacenar los mismos sobre el contenedor podrán emplearse sacos de gestión de residuos.
El correcto tratamiento de los materiales procedentes de la deconstrucción, así como su reciclaje es un importante concepto ecológico (Cusa, 2002). Pues la transformación de un material para su reaprovechamiento supone un ahorro considerable de materias primas y “evita el agotamiento de los recursos naturales” (Cusa, 2002).