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3.4 Adaptive Gaussian mixture learning

3.5.2 Performance

Pieza de difícil adscripción, constituye un ejemplo más de la progresiva introducción de nuevos valores formales en el repertorio romanista hasta su total superación, en un proceso habitual y común a todo periodo artístico. De esta forma, pese a que iconográficamente la obra se encuadra de lleno en la estética manierista, se atisba ya un primer y tenue naturalismo que hace que la situemos cronológica- mente en los años iniciales del siglo XVII. Las condiciones de depósito, poco apropiadas, no nos permi- ten valorarla en su justa medida, aunque es evidente que se trata de una más que aceptable realización, cuya autoría habría que situar nuevamente en algún maestro regional.

2. BARROCO

Momento estelar, desde la perspectiva que nos ocupa, para otras escuelas nacionales, el panorama es sin embargo algo distinto en la provincia guipuzcoana. Cierto es que existe un aumento muy considerable en cuanto a la representación del periodo en cuestión con respecto al Renacimiento, pero ello no es óbice para indicar las evidentes limitaciones que la escultura del periodo posee. Aspecto ciertamente destacable es la curiosa falta de con- cordancia entre las realizaciones aquí analizadas y la imaginería policromada inserta en retablos, de muy superior calidad ésta. Pese a que no es posible llevar hasta sus últimas consecuencias esta distinción, sí que sorprende la merma de entidad apreciable, con las lógicas excepciones claro está, en las obras destinadas a salir en procesión en Semana Santa. El hecho de que el grueso de piezas catalogadas en este apartado pertenezca a la segunda mitad del setecientos puede servir para explicar esa realidad, pues sabemos que se trata de un intervalo temporal poco generoso en cuanto a maestros destacables en el mencionado territorio. De todos modos, conviene tener presente esa dualidad, por la tras- cendencia que desde una óptica general posee, en la medida que complementa nuestros conocimientos sobre la escultura barroca en la provincia.

Un periodo artístico tan amplio como es el barroco demanda algún tipo de división que facilite el seguimiento de sus contenidos. Nosotros nos hemos decantado por una clasifica- ción en base a siglos, de tal forma que distinguiremos entre el XVII y el XVIII, conscientes de que no resulta completamente académica. Lo cierto es que los contenidos así lo demanda- ban, puesto que, como tendremos ocasión de comprobar seguidamente, hay algunos pequeños vacíos justificatorios de nuestra decisión. Conocidas son las peculiaridades, por llamarlas de algún modo, de las primeras realizaciones pertenecientes cronológicamente al Neoclásico, cuyo carácter tardobarroco la mayor parte de las veces se justifica por un deci- dido apego a fórmulas que no habían caducado aún. Por ello, y dadas las peculiaridades de las piezas aquí estudiadas, nos hemos decantado por incluir en este apartado a compo- siciones cuya factura se halla muy próxima al cambio de siglo, siempre en consideración a sus caracteres formales, aceptando en suma una realidad ciertamente habitual en la historia del arte.

2.1 Siglo XVII

Limitándonos a los presupuestos propiamente barrocos —dejando consiguientemente a un lado el romanismo imperante en los inicios de esta centuria—, este es el momento que menor representación posee dentro del estudio, incluso por debajo de lo que veíamos en el Renacimiento. A primera vista sorprende este dato, sin que sea fácil hallar una explicación satisfactoria. Una posible respuesta podría ser la pérdida de obras efectuadas en esta cen- turia, incluso quizá la falta de entidad que el fenómeno de las procesiones de Semana Santa podría tener en estas tierras. Sin embargo, ambos planteamientos nos parecen insatisfacto- rios, dada la falta de verdadera argumentación con la que nos hallamos. Tendremos que contentarnos, por tanto, con la fría realidad del dato. Afortunadamente, la calidad se impone a la cantidad. Sin alcanzar cotas extremas dentro de la estatuaria del periodo, sí que hay realizaciones que merecen el calificativo de sobresalientes, aunque sea dentro de un con- texto propio de la zona. De hecho, no faltan intervenciones, a nuestro juicio, foráneas, si bien no es fácil otorgarles un centro de procedencia. Además, el anonimato cobra carta de natu- raleza en nuestro trabajo a partir de este momento, debiendo esperar hasta el siguiente siglo para encontrarnos con las excepciones que han de confirmar la regla. Escasez numérica y relativa entidad artística son, en suma, las principales notas de este apartado.

Antes de entrar a desgranar su contenido, conviene señalar brevemente las principales generalidades del conjunto. En cuanto a los temas representados, es el del Crucificado el de mayor presencia, con cinco exponentes, seguido de San Juan Evangelista, con tres. No sor- prende la primacía del primero, siendo como es momento culminante dentro de la doctrina cristiana. Por otro lado, la única localidad que cuenta con más de una figura es Renteria, cir- cunstancia un tanto engañosa, por cuanto se trata de un Calvario, aunque aquí nos hayamos decantado por dar tratamiento individualizado a cada uno de sus componentes. Resaltable es también la Flagelación existente en Azpeitia, pues la presencia de dos sayones le otorga un carácter narrativo que resulta insólito para el conjunto examinado. Predominan, por consi- guiente, las imágenes individualizadas, en un proceso extensible igualmente al resto del catálogo.

IGNACIO CENDOYA ECHANIZ

16. Cristo en la Cruz. Aizarnazabal. 17. San Juan Evangelista. Arrasate.

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