4.2 Materials and methods
4.5.1 Performance of hybrids and inbred lines
LA ADOPCIÓN DE JESÚS como el Me- sías esperado por la religión judía, tiene serias implicaciones tanto para el dispensacionalismo como para la teología del pacto (teología reforma- da), en el marco de la teología y esca- tología cristianas. Por ejemplo: Ante el ineludible hecho de que cier- tamente con la figura histórica de Je- sús no se estableció el reino mesiáni- co esperado por la religión judía, las opciones son las siguientes:
1) Jesús no fue el Mesías esperado por la religión judía (opción adoptada por las distintas expresiones del ju- daísmo, a excepción de los modernos “judíos mesiánicos”).
2) Jesús ciertamente fue el Mesías es- perado por la religión judía, pero como la nación hebrea no lo aceptó como tal, el reino davídico y mesiáni- co fue aplazado hasta una realización futura con la segunda venida de Cris- to (opción característica del dispensa- cionalismo clásico o normativo), pues según el dispensacionalismo, las pro- fecías del Antiguo Testamento apun- tan al Israel físico y étnico, no a la iglesia.
3) Jesús ciertamente fue el Mesías es- perado por la religión judía, el reino ciertamente fue establecido por él, sólo que como las profecías del Anti- guo Testamento apuntaban más bien hacia la Iglesia (como el Israel espiri- tual, no al Israel físico y étnico); lo que ha ocurrido es un real y efectivo reemplazo del Israel físico y étnico por la iglesia (postura tradicional de la teología del pacto).
no fue el Mesías que ellos aún es- peran y por lo tan- to no hubo con Je- sús de Nazaret un reemplazo del Is- rael étnico por la iglesia; más bien se originó con Je- sús (o más bien a partir de él), por un lado, una nueva religión muy dis- tinta a la religión judía; y por el otro, una nueva comunidad de fe muy distinta del pueblo hebreo, lla- mada la iglesia.
Me parece perti- nente aquí la opi- nión de Rudolf Bultmann, citado por Juan José Ta- mayo Acosta («Para comprender la escatología cris- tiana»), cito: “La
tradición sinóptica no deja ningún lugar a du- das de que la vida y obra de Jesús, de acuerdo con las ideas tradicionales, no fueron mesiáni- cas” (página 153).
Finalmente, respetamos la adhesión total y completa de cualquier persona a uno de estos dos sistemas teológicos (dispensacionalismo y teología del pacto); pero una postura más bíbli- ca y coherente con la historia tanto de la Biblia misma como de la religión judía y la religión cristiana, nos ha de poner en guardia frente a las más amplias pretensiones de los dos siste- mas en cuestión, así como frente a las posturas reduccionistas de los mismos. R
del adoptar a Jesús como el Mesías esperado por la religión judía a pe- sar de no verse concretado con él, el reino mesiánico y davídico esperado por la religión judía; se explican los malabares del dispensacionalismo en establecer una distinción (¿obli- gada?) entre el Israel étnico y la iglesia, por un lado; y los malabares de la teología del pacto, por otro, con su teoría del reemplazo del Is- rael étnico por la iglesia.
De todos modos, pienso que la vita- lidad, persistencia y subsistencia de la religión judía hoy, favorece en parte la distinción dispensacionalis- ta entre el Israel físico (étnico) y la iglesia; aunque ciertamente no tanto la teoría del aplazamiento del reino. De todos modos, desde la perspecti- va de la religión y esperanzas ju- días, la respuesta a la teoría del aplazamiento del reino (característi- ca del dispensacionalismo), es sen- cillamente que Jesús no fue el Me- sías que ellos aún esperan y por lo tanto no hubo con Jesús de Nazaret un aplazamiento del reino, más bien con él nunca se estableció el reino davídico esperado por la fe judía. Por otro lado, la vitalidad, persisten- cia y subsistencia de la religión ju- día hoy, al mismo tiempo pone bajo cuestionamiento la teoría del reem- plazo característica de la teología del pacto.
Además, desde la perspectiva de la religión y esperanzas judías, la res- puesta a la teoría del reemplazo del Israel físico (étnico) por la iglesia (característica de la teología del pacto), es que sencillamente Jesús
Historia y Literatura
publicado el fruto de esos estudios. No conozco de este autor más que el artículo que aquí cito, publicado en la revista
Cuadernos de Literatura, Madrid, mar- zo-junio 1948, p. 109.
5.- Menéndez y Pelayo. Estudios y Dis- cursos de Crítica Histórica y Literaria.
Tomo I, pp. 327-328.
6.- Persiles y Segismunda. Libro I, cap. XVIII, p. 1701 de sus Obras Completas.
7.- Citado por María Antonia Sanz Cua- drado en Doce Opiniones sobre el Quijote, Cuadernos de Literatura, mar- zo-junio 1948, p. 288.
8.- Juan E. Nieremberg. Diferencia entre lo Temporal y lo Eterno. Buenos Aires 1945, p. 59.
9.- Américo Castro. El pensamiento de Cervantes. Madrid 1925, p. 254.
10.- Luis Astrana Marín. Estudio crítico a la edición IV Centenario del Quijote. Ediciones Castilla, Madrid, p. 40.
11.- Teófilo Antolín, O.F.M., artículo ci- tado.
12.- Joaquín Casalduero, La composición del Quijote, en Cuadernos de Insula, nú- mero 5 de 1947, p. 49.
13.- Estas palabras figuran en las prime- ras páginas de un ejemplar de la Biblia que la laureada poetisa chilena regaló en 1919 a la Biblioteca del Liceo de Niñas número 6 de Santigo de Chile.
14.- Comedia El Rufián Dichoso, jorna- da segunda, p. 379 de sus Obras Comple- tas.
15.- Comedia El Rufián Dichoso, jorna- da segunda, p. 379 de sus Obras Comple- tas.
16.- Agustín González de Amezúa y Mayo. Cervantes, creador de la Novela Corta española. Consejo Superior de In- vestigaciones Científicas, Madrid 1956, Tomo I, p. 48.
17.- José Llamas, O.S.A.. Biblia Medie- val Romanceada Judío-Cristiana. Con- sejo Superior de Investigaciones Científi- cas, Madrid 1950, Tomo I, p. 9.
18.- Fray Bartolomé de Carranza, citado por José Llamas, o.c., p. 11.
19.- José Llamas, O.S.A., obra citada, p. 12.
20.- José Llamas, O.S.A., obra citada, p. 12.
21.- Menéndez y Pelayo. Historia de los
heterodoxos españoles. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Santander, 1948. Tomo II, p. 226.
22.- Menéndez y Pelayo, obra citada, tomo VII, pp. 225-227.
23.- José Llamas, O.S.A., obra citada, tomo VII, pp. 12-13.
24.- José Llamas, O.S.A., obra citada, tomo VII, pp. 12-13.
25.- Citado por José Llamas, obra citada, p. 10.
26.- José Llamas, O.S.A., obra citada, p. 55.
27.- José Llamas, obra citada, p. 10. 28.- Versiones castellanas de la Biblia,
por Juan C. Varetto, en Comentario Bí- blico de Abingdon, tomo I, p. 81, Argen- tina, 1937.
29.- Juan C. Varetto, o.c., p. 85.
30.- Cervantes en la evolución de su épo- ca, por Rafael Benítez Claros, en Cuader- nos de Literatura, marzo-junio 1948, p. 216.
31.- Fitzmaurice-Kelly. Historia de la Li- teratura Española. Madrid 1926, p. 176. 32.- Menéndez y Pelayo. Estudios y dis- cursos de Crítica Histórica y Literaria. Tomo I, p. 347.
33.- Menéndez y Pelayo. Historia de los heterodoxos españoles. Tomo III, p. 229. 34.- Menéndez y Pelayo. Historia de los heterodoxos españoles. Tomo III, pp. 255 y 258.
35.- Menéndez y Pelayo. Historia de los heterodoxos españoles. Tomo III, pp. 255 y 258.
36.- Menéndez y Pelayo. Estudios y dis- cursos de crítica histórica y literaria.
Tomo I, p. 330.
37.- Menéndez y Pelayo. Historia de los heterodoxos españoles. Tomo III, p. 286. 38.- Menéndez y Pelayo, obra citada, tomo III, p. 286.
39.- Menéndez y Pelayo, obra citada, tomo IV, p. 130.
40.- Menéndez y Pelayo, obra citada, tomo IV, p. 130.
41.- Hazael T. Marroquín. Versiones cas- tellanas de la Biblia. México, 1959, p. 150.
42.- Menéndez y Pelayo, obra citada, tomo IV, pp. 141 y 143.
43.- Menéndez y Pelayo, obra citada, tomo IV, p. 176.
44.- Menéndez y Pelayo, obra citada, tomo IV, p. 106.
45.- Menéndez y Pelayo, obra citada, tomo IV, p. 106.
46.- Estas traducciones son mencionadas por don Felipe Scío de San Miguel en su traducción de la Vulgata, tomo I, pp. 20-22, Barcelona.
47.- W. E. Browning. Los libros sagra- dos del Cristianismo. Argentina 1928, p. 252.
48.- Carrol O. Gillis. Historia y Literatu- ra de la Biblia. Estados Unidos 1954, p. 91.
49.- Jonás García. La Biblia, nuestra he- rencia. Estados Unidos 1936, apéndice. 50.- Menéndez y Pelayo, o. c., tomo IV, p. 434.
51.- Citado por Astrana Marín, estudio mencionado, pp. 56 y 69.
52.- Ídem.
53.- Citado por Alberto Sánchez en Histo- ria y poesía en el Quijote, Cuadernos de Literatura, marzo-junio 1948, p. 157. 54.- Citado por Angus y Green. Los li- bros de la Biblia. Madrid 1928, p. 220. 55.- Alberto Sánchez, artículo citado, p. 220.
56.- En Compendio Manual de la Biblia, de Henry L. Halley, Costa Rica, p. 19.
57.- Francisco Navarro y Ledesma. El In- genioso Hidalgo Miguel de Cervantes Saavedra. Argentina 1948, p. 327. Colec- ción Austral.
58.- Paolo Savj López. Cervantes. Edito- rial Calleja, Madrid, p. 71.
59.- En De Crítica Cervantina, Madrid 1917, p. 28.
60.- Obra citada, Madrid 1917, p. 28. 61.- Mencionado por Astrana Marín, estu- dio citado, p. 56.
62.- Samuel Taylor, mencionado por As- trana Marín. Estudio citado.
63.- Ramiro de Maeztu. Don Quijote, Don Juan y La Celestina. Argentina 1952. Colección Austral, p. 72.
64.- Agustín Basave, obra citada, p. 276.
65.- Miguel de Unamuno. Vida de Don Quijote y Sancho. Colección Austral, Madrid 1956, p. 19. R
Ciencias bíblicas y Apología
Héctor Benjamín
Olea Cordero
Biblista y teólogo protes- tante. Profesor universita- rio de he- breo, griego, estudios bíblicos y teoló- gicos. También es el pre- sidente y fundador del Instituto Dominicano de Ciencias Bíblicas IDCB, Inc. Fue miembro del equipo de estudiosos de las lenguas bíblicas que trabajó en la versión de la Biblia llamada La Nueva Traducción Viviente.
JESÚS COMO MESÍAS,
ALGUNAS
OBSERVACIONES
Un enfoque crítico
LA ADOPCIÓN DE JESÚS como el Me- sías esperado por la religión judía, tiene serias implicaciones tanto para el dispensacionalismo como para la teología del pacto (teología reforma- da), en el marco de la teología y esca- tología cristianas. Por ejemplo: Ante el ineludible hecho de que cier- tamente con la figura histórica de Je- sús no se estableció el reino mesiáni- co esperado por la religión judía, las opciones son las siguientes:
1) Jesús no fue el Mesías esperado por la religión judía (opción adoptada por las distintas expresiones del ju- daísmo, a excepción de los modernos “judíos mesiánicos”).
2) Jesús ciertamente fue el Mesías es- perado por la religión judía, pero como la nación hebrea no lo aceptó como tal, el reino davídico y mesiáni- co fue aplazado hasta una realización futura con la segunda venida de Cris- to (opción característica del dispensa- cionalismo clásico o normativo), pues según el dispensacionalismo, las pro- fecías del Antiguo Testamento apun- tan al Israel físico y étnico, no a la iglesia.
3) Jesús ciertamente fue el Mesías es- perado por la religión judía, el reino ciertamente fue establecido por él, sólo que como las profecías del Anti- guo Testamento apuntaban más bien hacia la Iglesia (como el Israel espiri- tual, no al Israel físico y étnico); lo que ha ocurrido es un real y efectivo reemplazo del Israel físico y étnico por la iglesia (postura tradicional de la teología del pacto).
Ciencias bíblicas y Apología Ciencias bíblicas y Apología
EL CENTURIÓN Y
SU MUCHACHO
Diccionario
Bíblico
Crítico
Renato Lings
Doctor en teología, traductor, intérprete y escritor. Fue profesor en la Universidad Bíblica Latinoamericana (Costa Rica) e investigador en la Queen’s Foundation for Ecumenical Theological Education (Reino Unido). Es miembro de varias asociaciones interna- cionales dedicadas a la investigación académica de la Biblia.CON CIERTAfrecuencia leemos en los comentarios que Jesús, según los cua- tro evangelios, no tiene nada que decir sobre el tema de la homoafectividad. Sin embargo, se trata de una afirma- ción discutible. En parte los teólogos tienen razón puesto que los libros pri- marios del Testamento Griego no abordan el tema de manera directa o concreta. Y en parte se equivocan ya que la redacción de algunos textos nos invita a suponer alguna alusión sutil al amor homoafectivo. En efecto, deter- minadas palabras, situaciones y refle- xiones incluidas en los evangelios nos permiten entrever que los narradores, y con ellos Jesús, sí pueden haber te- nido en mente este aspecto de la vida humana.
Por ejemplo, en Lucas 17,34 el Maes- tro se refiere a dos seres, posiblemente varones, que comparten una cama. Acto seguido habla de otras dos per- sonas, probablemente mujeres, que es- tán moliendo en la misma piedra. Por supuesto que es legítimo preguntarse si estas breves anotaciones no son una simple referencia a las antiguas cos- tumbres que permitían a las personas del mismo sexo dormir en la misma cama o trabajar en parejas. Ciertamen- te tal posibilidad existe. Sin embargo, no hay que excluir otras interpretacio- nes.
Un relato en dos versiones
Al menos en dos casos concretos, el
1/3
Lucas 7, 2
Cierto centurión tenía un esclavo apreciado que estaba enfermo…
Mateo 8, 5-6
Se le acercó un centurión y le rogó: “Señor, mi muchacho está en casa paralítico…”
Testamento Griego se refiere a una re- lación amorosa entre varones. A con- tinuación vamos a analizar uno de es- tos casos. Se trata de un relato corto que aparece en dos versiones casi idénticas, una en el evangelio de Lu- cas y otra en el de Mateo. En el capí- tulo 7 de Lucas leemos sobre un ofi- cial militar y un joven que habita en su casa. A este último el narrador ori- ginal le pone el calificativo de doulos, palabra griega que significa “escla- vo”. El oficial está desesperado por- que el esclavo está gravemente enfer- mo y agonizando. Aparentemente los médicos de la zona no han podido cu- rarlo porque el militar pide a algunos amigos judíos que se comuniquen con Jesús con el fin de solicitar su inter- vención urgente.
Jesús acepta la propuesta y se encami- na a la casa. Antes de cruzar el um- bral de la puerta, sin embargo, recibe del centurión un nuevo mensaje. Indi-
ca que el Maestro no necesita presen- ciarse en su domicilio ya que para res- tablecer la salud del joven enfermo bastará con una sola palabra de su boca. Es probable que el romano quie- ra evitar a Jesús la molestia ritual que impone la ley mosaica a los judíos or- todoxos que tienen trato con la comu- nidad gentil que los rodea. Sucede que las normas religiosas de la época com- plican bastante la interacción social entre ambos grupos. Este tema se hace candente en el capítulo 10 del libro de los Hechos. Aquí el apóstol Pedro se niega inicialmente a cometer la impu- reza de entrar en la casa de un oficial romano llamado Cornelio. Sólo acepta la misión encomendada tras escuchar tres veces una voz insistente que le habla desde el cielo.
Por tanto, si Jesús en el relato lucano hubiera pisado la vivienda del centu- rión, después le habrían podido acusar de haberse hecho impuro. No obstan- te, el mismo Jesús no parece estar preocupado. Al enterarse de las pala- bras del militar romano, el Maestro exclama que nunca ha visto tanta fe en el pueblo de Israel. Transcurridos unos breves instantes, el esclavo que- da completamente sano.
Dicho sea de paso, sorprende que en Lc 7 sean precisamente judíos los que intervienen como mensajeros o inter- mediarios entre el anónimo centurión y Jesús. De otras fuentes literarias e
históricas se sabe que los judíos que residen en la Palestina de la época se sienten oprimidos por la ocupación militar romana que comenzó a raíz de la conquista del territorio en el año 63 a. C. Durante la época helenística el descontento popular creció hasta tal punto que surgieron movimientos ar- mados de resistencia judía contra el poder colonial.
Sobre esta base es de imaginarse que el ambiente de entendimiento y armo- nía que se respira en el relato del cen- turión romano y Jesús puede haber causado una considerable irritación a determinados lectores y oyentes. No obstante, se desprende de Lc 7 que el romano se lleva bien con sus vecinos judíos y que los trata con empatía y respeto. Este hecho lo subrayan ante Jesús los intermediarios diciéndole que el oficial incluso ha contribuido a la edificación de una nueva sinagoga. Estos datos no figuran en el relato pa- ralelo de Mt 8. Además, en la versión de Mateo es el oficial el que se acerca personalmente a Jesús sin la media- ción de terceros.
La homoafectividad
Uno de varios detalles extraordinarios en este relato es la preocupación que demuestra un oficial militar por la sa- lud de un esclavo. En el evangelio de Lucas, las personas suelen acudir a Je- sús para pedir ayuda en favor de un
familiar como, por ejemplo, un hijo (7,12) o una hija (8,42). Pero en esta sociedad la situación de los esclavos es distinta ya que se venden y com- pran como una mercancía. Cualquier hombre con buenos ingresos puede ir al mercado más cercano para proveer- se de los esclavos que necesite. En este panorama social, la muerte de un esclavo significa ante todo una pérdi- da monetaria para su dueño. Ahora bien, en Lc 7 el aspecto económico es apenas perceptible y tal vez no tenga importancia alguna. La clave del pa- saje hay que buscarla en otra parte: este esclavo ocupa un lugar especial en el corazón del centurión. Según 7,2 el siervo es “querido”, “apreciado” o “tenido en alta esti- ma” (griego entimos).
Tomando en cuenta los datos esboza- dos, algunos comentaristas han suge- rido en años recientes que la historia del militar romano y de su esclavo bien puede interpretarse desde la perspectiva de una relación pederásti- ca. Históricamente este enfoque lleva siglos de estar completamente ausente de la hermenéutica ya que los intér- pretes en su inmensa mayoría han he- cho caso omiso de cualquier alusión al homoerotismo en Lc 7 y Mt 8. He- mos tenido que esperar hasta finales del siglo XX para que los teólogos comiencen a sentirse con libertad para hablar del tema. Debido al largo silencio en el pasado, el nuevo análi- sis deja hoy por hoy asombrados, y a veces preocupados, a numerosos lec- tores de la Biblia.
De todos modos cabe recalcar un he- cho importante: a un oficial romano, representante en Palestina de las fuer- zas de ocupación imperiales, no se le ocurrirá en circunstancias normales humillarse hasta el punto de solicitar ayuda a un súbdito pobre. Todavía menos va a esforzarse por salvar la vida de un esclavo. No obstante, es justamente lo que hace el centurión al dirigir una súplica a un predicador ju- dío itinerante llamado Jesús. Crea así una situación inaudita a nivel social, cultural y político. Algo le motiva para dar un paso tan extraordinario. (continuará). R
Ciencias bíblicas y Apología Ciencias bíblicas y Apología
EL CENTURIÓN Y
SU MUCHACHO
Diccionario
Bíblico
Crítico
Renato Lings
Doctor en teología, traductor, intérprete y escritor. Fue profesor en la Universidad Bíblica Latinoamericana (Costa Rica) e investigador en la Queen’s Foundation for Ecumenical Theological Education (Reino Unido). Es miembro de varias asociaciones interna- cionales dedicadas a la investigación académica de la Biblia.CON CIERTAfrecuencia leemos en los comentarios que Jesús, según los cua- tro evangelios, no tiene nada que decir sobre el tema de la homoafectividad. Sin embargo, se trata de una afirma- ción discutible. En parte los teólogos tienen razón puesto que los libros pri- marios del Testamento Griego no abordan el tema de manera directa o concreta. Y en parte se equivocan ya que la redacción de algunos textos nos invita a suponer alguna alusión sutil al amor homoafectivo. En efecto, deter- minadas palabras, situaciones y refle- xiones incluidas en los evangelios nos permiten entrever que los narradores, y con ellos Jesús, sí pueden haber te- nido en mente este aspecto de la vida humana.
Por ejemplo, en Lucas 17,34 el Maes- tro se refiere a dos seres, posiblemente varones, que comparten una cama. Acto seguido habla de otras dos per-