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Chapter 2: Designing Community-Aware Charging Networks for Electric

2.5 Case study and computational experiments

2.5.4 Performance measures

rjxttc Siyptúuv BoXiaiei itúXotc, y el titulado «Sobre la ejecución capital»: 'Pfjeov ú m Soífiova...; m¿Xuv... xtóvoc éljavurUpcav.

bien abiertas sobre el lomo de los caballeros” : imagen mítica en reali­ dad, pues estos lobos feroces se lanzan sobre víctimas famosas” ; parece que estas víctimas son incluso humanas (eXotfot) en el culto de Zeus Li- calos —éstos gXatpoi podrían ser perfectamente comparsas con máscaras de animales” — . Finalmente, Diomedes, antes de matar al propio Reso, ejecuta a doce de sus compañeros —número que retenemos al menos por valor ritual” .

Pero volvamos a Dolón. Como fracasa, es preciso que muera. En efecto, se le corta la cabeza. Existen otras maneras de acabar con uri lobo, pero parece ser que todas tienen un modelo ritual. Digamos en seguida el porqué: el lobo aparece como un outlaw (forajido), en el do­ ble sentido de la palabra, según los datos facilitados por el culto arca- dio. Por una parte, el Lobo recién promovido realiza enseguida una se­ cesión, alejándose de la sociedad humana. Por otra, el santuario de Zeus Licaios es un lugar de asilo, habiéndose podido conjeturar que la noción de lobo estaba relacionada, una vez más, con la del desterrado o con la del v a r g r esta palabra escandinava quiere decir friedlos (in­ quieto), término —o tabú— que sirve, tanto en germánico oriental co­ mo occidental, para designar al lobo” . Se da en ello un engranaje se­ mántico bastante curioso, que se puede incluso considerar como anti­ nómico; sea como fuere, estamos ante papeles que parecen intercam­ biables: el animal es, a la vez, perseguidor y perseguido. ¿Qué se puede concluir?

Por parte germánica disponemos, ya que no de un término de com­ paración, sí al menos de una sugerencia bastante útil. Se ha podido ver sucesivamente una estrecha relación entre la ejecución capital y el sacri­ ficio humano” , así como —y ello nos interesa más— entre los ritos que acompañan a una y a otro y el ceremonial de iniciación en las «so­ ciedades secretas»” . Pero estas cofradías con máscaras (cofradías guerre- 51 * * * * * * 58

51 Un «motivo» análogo, como séllala Goosscns, se halla en el sueAo de Hccuba

(Héc., 90 sq.), en que la victima del lobo es una ccrvatilla (tXa^oc).

” Además de los lobos de Athamas (supra), se pensará en los lobos que atacan los rebaños del Sol (HekOd.. IX. 9}*. cfr. Co o k, o. c., pp. 409 sq .) y en la historia de Dánao (Paus . II, 19, 4).

» Conjetura de Co o k. o. e., p. 67, n. 3. El escepticismo de W. R. Hailiday,

The ereek Questions o f ¡Hutarth, p. 172, parece excesivo.

” K, 488. Seria demasiado parangonar con este número el de los «Monstruos de los Doce Dias»; lo que por lo menos aparece claro —aqui como en la venganza de Aquiles— es un esquema religioso.

” O . Grupee, Griecb. Myth. u. Rehgionsgesch., p. 918, n. 7. La interpretación había sido indicada ya: cfr. Immerwahr, o.

c.,

p. 22; véase igualmente G . Glotz, La so­ lid, de la fam. dans le dr. erim. en Grlce, p. 23.

Wild a, Strafiecht der Germ., p. 396. Véase, en último lugar, Klein, en Arch. f Religionswiss., XXVIII (1931). p- 171.

” K. V. Amira, «Die germ. Todessuafe», en Abhan di. der hayer. Atad. d. W'iss.,

XX XI, 3. 1922.

58 L. Wh ser-Aa u, «Zur Geschichte der altergm. Todesstrafc», en Arch. f. Religions- wiss., X X X (1933). pp. 209-227.

ras entre los germanos) se caracterizan eminentemente por su relación con el mundo de los muertos: la denominación de exereitus feralis, que aparece en Tácito (Germ., 43) designa una de las que más importancia tienen. Detengámonos sobre esto un poco.

Es un hecho universal el que las máscaras hagan especial referencia al mundo infernal. Por lo que toca al género de los «Centauros», M. Du- mézil ha tratado ya bastante bien el tema. Por lo que toca al Lobo, más concretamente, y al mundo mediterráneo, se puede sostener que el personaje de Dolón nos ofrece un avatar literario más o menos cómico, con indudables relaciones con las representaciones del más allá39. El haber identificado por mediación del personaje de Eurípides una espe­ cie determinada de prehistoria permitirá, en primer lugar, esclarecer un poco cierto aspecto mitológico. La "AiSo? xuvrj o «casquete de Hades» hace invisible a quien lo lleva59 60. ¿De dónde proviene este capricho? ¿Del hecho de que Hades sería, según la etimología popular, el Invi­ sible?61 Es posible que la etimología popular haya jugado un impor­ tante papel en ello. Pero esta respuesta se queda corta; pues, en reali­ dad, Hades es invisible por virtud de un objeto. Objeto que es señal de poder y como marca de investidura: los Cíclopes —cofradía mítica— lo entregaron a Plutón al inicio de su reinado, a la vez que entregaban el rayo a Zeus y el tridente a Poseidón62 *. Se trata de un tocado animal que, como vio perfectamente Salomón Reinach65, era un sucedáneo o abreviación simbólica de la representación de un dios o demonio vesti­ dos de lobo. Esta representación se utiliza a veces en la misma Grecia para con el dios infernal64, a que hacen eco el ejemplar típico del ge­ nio etrusco y el D ispater galo65. Los representantes del mundo de Tos muertos, hombres-demonios vestidos de animales, tienen buenas razo­ nes para pertenecer al ámbito de lo invisible: en cuanto disfrazados y —si se puede decir así— demonízados, son irreconocibles. Y lo son por haber perdido su antigua personalidad; no es mera casualidad el que.

59 Cfr. Roscher, en Abhandl. d. phd.-hissor. Kt. d. kón. ¡achí. GeseUsch., 1897, pp. 44 sq ., 60 sq. Sobre las relaciones entre los Lupercos y los espíritus infernales, A. Piganiol, Recherches sur íes jeux rommtts, p . 103; cfr. F. Althbm. Terra Mater,

pp. 48 sq. (Maskc u. Totenkult); L. Weiser-Aall, o. c., p. 212; el Apolo de Sócrates es un dios infernal (Wissowa, o. c., p. 238).

60 [HesIODO], Escudo, 227: ... "AiSoc xuvái) vuxróc t<S?ov aívóv lj(ooaa. Es con este «casco» con el que se cubren Atenea y Hermes para volverse invisibles (E 4 3 ); Robert. o. c., 223); es igualmente el tocado de Petseo (Apolod., II, 38). verdadera Tamkappe

que curiosamente, dio lugar, en las representaciones figuradas, a algunas variantes Ins­ tante imaginativas y caprichosas (cfr. GtOTZ, en Dks. des Ant., art. Perseas, p. 403).

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