5.4 FACTORS FACILITATING LEARNING AND TECHNOLOGICAL CAPABILITIES
5.4.6 Performance Rewards System
En el marco veterotestamentario se pueden ubicar expresiones que remiten al fenómeno de la conversión. Algunas fórmulas se refieren a la actitud de hombre que busca deliberadamente a Dios: «buscar a Yahveh» (Am 5,4; Os 10,12), «buscar su rostro» (Os 5,15; Sal 24,6; 27,8), «humillarse delante de él» (1Re 21,29; 2Re 22,19), «fijar su corazón en él» (1Sa 7,3).76 El término en hebreo
que mayor uso tiene en el Antiguo Testamento para referirse a este fenómeno es šûḇ (בוּש).77 Su
significado puede variar dependiendo del contexto en el que se utilice. En su connotación más
75 Al respecto, seguimos la advertencia de Rambo cuando afirma que: “Scholars in the human sciences, almost without
exception, neglect, trivialize, or totally reject the role of religion and/or spirituality in their theories of conversion (see Renard, 1996). This stance is erroneous in that it avoids to ‘‘what’’ one converts. Religion and spirituality are important to conversion processes in two distinct ways. First, various religious/spiritual traditions provide models, guidelines, or theologies for a valid conversion. Within a tradition, there is a ‘‘good’’ and ‘‘bad’’ or a ‘‘right’’ and ‘‘wrong’’ conversion. Particular rituals are required, motives are evaluated, beliefs are expected, and outcomes are prescribed. Thus, the nature of a person’s conversion experience is, to some degree, informed, shaped, and structured by the myths, rituals, and symbols of a particular tradition”. Rambo, “Theories of conversion: Understanding and
Interpreting Religious Change”, 264.
76 Giblet y Grelot, «Penitencia, conversión», en Léon-Dufour, X. Vocabulario de teología bíblica, 672
77 “La raíz de שׁוּב aparece 1075 veces en el Texto Masorético (TM) y tiene mayor recurrencia en los libros de Jeremías (92X), Salmos (69X), Ezequiel (53X) e Isaías (50X) en los que se insiste en que la conversión del individuo a Dios tendrá lugar cuando Dios le otorgue un corazón y un espíritu nuevos.” Casas, “La conversión como condición de posibilidad del seguimiento del Señor a partir del evangelio de Marcos”, 133.
general, expresa un cambio de dirección, «volverse hacia», «regresar», «volver sobre los propios pasos».78
Su significación está ligada a la del término “penitencia”.79 El pueblo de Israel imploraba el perdón
a Yahveh con diversas prácticas penitenciales (ayunos, rasgar los vestidos y vestirse de sayal, sentarse sobre ceniza o cubrirse con ella la cabeza, acostarse en el suelo, etc.)80, y ello le confería
una oportunidad de manifestar su tristeza y sentido arrepentimiento, y su deseo de conversión. En este sentido la conversión significaba una opción sincera por el Dios de Israel, “una reanudación de la alianza tras la infidelidad y el pecado”81. No es de extrañar que sea precisamente en la
predicación profética en donde se encuentra con mayores ocurrencias.82
No obstante, el pueblo de Dios por sí solo no logró procurar las condiciones para mantener la Alianza. Durante el exilio se realiza un cambio de perspectiva sobre la conversión y pone entre paréntesis la utilidad de los ritos penitenciales justificados en sí mismos, sin que vayan “acompañados de una práctica sincera de la piedad y la justicia, la única capaz de obtener el favor de Dios”.83 El pueblo de Israel entonces comprende que es precisamente su Dios, siempre fiel y
misericordioso, quien opta por él, y ese “retorno a la Alianza se hace imposible si Dios no cambia
78 Alonso, La conversión cristiana, estudios y perspectivas, 26. Ben-Yashar y Zipor, al respecto afirman que “the verb
itself is to be understood in its usual meaning «return»”. Ben-Yashar, M. y Zipor, M. «šûḇ», en Botterweck, J. y
Ringgren, H. y Fabry, H-J. Theological dictionary of old testament, V. XIV, 295.
79 Giblet y Grelot, «Penitencia, conversión», en Léon-Dufour, X. Vocabulario de teología bíblica, 672. “Pero el término más empleado, el verbo šûḇ, traduce la idea de cambiar de rumbo, de volver uno sobre sus pasos. En contexto religioso significa que uno se desvía de lo que es malo y se vuelve a Dios. Esto define lo esencial de la conversión, que implica un cambio de conducta, una nueva orientación de todo el comportamiento. En época tardía se distinguió más entre el aspecto interior de la penitencia y los actos exteriores que determina.”
80 Alonso, La conversión cristiana, estudios y perspectivas, 31. 81 Ibid., 30
82 Ibid., 44 “Un estudio terminológico muestra cómo en el libro de Jeremías la raíz aparece en 111 ocasiones, a través de 48 términos hebreos que expresan los distintos sentidos de su amplio campo semántico: retorno físico (Jr 8,6), retorno moral como abandono del mal y vuelta al bien (Jr 23,14; 26,3; 36,7…), retorno del «mal camino» (Jr 15,7; 18,11; 25,5…), vuelta del exilio, vuelta a Yahvé (Jr 4,1) y a su templo, arrepentimiento y conversión interior (Jr 5,3; 8,5), retorno de Israel y retorno de Judá.”
el corazón del ser humano”.84 La conversión es, entonces, dependiente de la gracia. No existe
conversión sin gracia.
En el Antiguo Testamento, así, la conversión aunque es un «volver» a Dios, no supone un primer movimiento o motor en la persona, sino en la voluntad divina que a través de la gracia, capacita al ser humano para volverse hacia Él. La conversión tiene un carácter integral, pues el movimiento de la persona no consiste solamente en la dimensión “moral o intelectual”, sino que implica una integración de todo el ser.85 Así, la conversión tiene también un carácter soteriológico, pues ofrece
la posibilidad de salvación. Tanto como sea posible la renovación de la Alianza con Dios, tanto posible será la conversión del corazón del hombre.86
Para la traducción de la versión de los LXX, el término šûḇ hebreo fue reemplazado por diferentes verbos. De ellos, dominaban aquellos de la forma stréphein (στρἐφ-ω / ειν), particularmente destaca epistréphein (ἐπιστρἐφω, ἐπιστροφἠ). Este verbo significa “convertir”, “cambiar” (a alguien). Aparece 39 veces en el NT, la mitad de las cuales están en los escritos lucanos.87 Se
refiere a una “vuelta”, “desviar la atención hacia”. Otro término referido a la conversión es
metanoéîn (sust. metánoia) que “sirve con frecuencia para referir en su sentido más fuerte y técnico
84 Casas, “La conversión como condición de posibilidad del seguimiento del Señor a partir del evangelio de Marcos”, 133.
85 Alonso, La conversión cristiana, estudios y perspectivas, 72. “Para los profetas la conversión consiste en un sincero y genuino retorno a Dios concretado en tres puntos: la obediencia a su voluntad, la confianza plena en Él y el rechazo de las malas obras. Una expresión que sintetiza esta idea la encontramos abundantemente en el texto sagrado, viniendo a convertirse como el leitmotiv de la conversión veterotestamentaria: «Convertirse de todo corazón, con toda el alma» (cf. Si 48,10; Jl 2,12; Jr 3,10-12; 24,7; 2Re 23-25. Cf. Lm 3,40; Si 48,10; Tb 13,6; Sal 85,8; 2Cr 6,37; 30,6; 36,13…).” 86 Ibid., 74. “La conversión bíblica apunta, en resumen, a una permanente actitud de fidelidad hacia Dios, que se distingue por sus tres elementos esenciales: la radicalidad y la totalidad de sus implicaciones en el hombre, la religiosidad, como contexto en el que se inscribe su entero desarrollo, cuyo principio motor es la gracia divina; y el humanismo, pues la conversión constituye «un retorno a casa, es decir a la propia identidad, a la propia originalidad: convirtiéndose el hombre no se pierde, sino que se encuentra», así como también la recuperación del pueblo de Israel de su propia idiosincrasia, a través de un retorno a la tierra, el Templo y a la Ley.”
87 Bertram, «ἐπιστρἐφω, ἐπιστροφἠ», en Kittel, G. y Friedrich, G. Theological dictionary of the New Testament, V. VII
(Σ). 726. “Half of the instances are in Luke’s writings. Again about a half have a spatial reference and denote physical movement.”
la idea de conversión moral o religiosa, como un cambio de mentalidad exigido por la vuelta a Dios”.88
En su forma metanoéo (μετανοἐω) aparece 34 veces en el NT.89 En su forma metanoéîn
(μετανοεῖν) significa un “cambio de corazón”, bien sea de manera general o respecto a un pecado específico, mientras que en metamélesthai (μεταμἐλεσθαι) significa “experimentar remordimiento”.90 En ese sentido se comprende cómo el término de metánoia está ligado al de
“penitencia”, sin embargo mantiene una relación estrecha con la liberación que produce el separarse del pecado a través del arrepentimiento.91 Sólo se puede ser llamado por Dios, y en este
sentido vuelve a aparecer la semántica del término que indica la necesidad de la voluntad divina manifestada través de la “gracia”.
Encuentra la conversión una voz en Juan el Bautista, que con una predicación profética, la hace parte fundamental de su mensaje, pero abierta a la humanidad pues el reino de Dios está cerca.92
En Juan el Bautista se comienza a expresar la conversión con los términos metánoia y metánoeo, como sustitución de las palabras con la raíz strepho usadas en la traducción del šûḇ hebreo. En la predicación de Jesús “la conversión no es una condición para la salvación, sino una respuesta lógica y gozosa ante la Buena Noticia que [él] proclama.”93 En este sentido, la conversión sufre
88 Alonso, La conversión cristiana, estudios y perspectivas, 27-28. “…no deja de sorprender que en la versión de los LXX no se utilice metanoéîn-metánoia para traducir šûḇ. Ello puede deberse, en primer lugar, a que ambos términos tienen poca presencia en el griego clásico y helenístico.; y en segundo lugar, a la cierta oposición entre el sentido noético de los dos primeros, y el sentido dinámico de šûḇ, verbo de movimiento”.
89 Guerra, El idioma del Nuevo Testamento. Gramática, estilística y diccionario estadístico del grigo bíblico, 130. 90 Michel, «μεταμἐλομαι, ἀμεταμἐλετος», en Kittel, G. Theological dictionary of the New Testament, V. IV, 626-628. Al respecto muestra la diferencia de significación entre los dos términos: “In remorse (μεταμἐλεσθαι) a man sees the
bitter end of sin, in repentance (μετανοεῖν) he breaks free from it. Remorse comes itself at the end of a sinful and foolish way. But a man is called to repentance by the one who brings the divine Word (μεταωοεῖτε, Mk 1:15)”.
91 Morlan, Conversion in Luke and Paul: an exegetical and theological exploration, 65. “Nave undertakes the
painstaking process of analyzing every occurrence of μετἁνοια and μετανοἑω in ancient literature from 500 BCE to 100 CE. Nave’s conclusions were that there were four different types of μετἁνοια/μετανοἑω: (1) to express a cognitive change of thinking; (2) to evoke strong feelings of regret; (3) to describe repentance in order to avoid judgement; and (4) to aid in the reconciliation of individuals.”
92 Alonso, La conversión cristiana, estudios y perspectivas, 76. 93 Ibid., 79.
una ampliación de sentido pues ya no se trata del “retorno a la obediencia de una ley sino en la obediencia a su propia persona, es decir que estará ligada directamente con el seguimiento.”94
Una significación que no puede dejarse de lado, resulta de la relación existente entre la conversión y la filiación divina. Ésta última, por ser una categoría característica de la recomprensión de la relación entre el ser humano y Dios dada en Jesús, amplía considerablemente la perspectiva, pues convertirse es, “ante todo, volver a depositar la confianza en Dios Padre. Hacerse niño ante Dios es la actitud fundamental de la conversión neotestamentaria”.95 Aunque esta relación que se
presenta tiene un componente de voluntad tanto humano como divino, es claro que la gracia es prerrequisito de la conversión.
El mismo Pablo experimenta su “conversión” dentro del judaismo.96 Se puede afirmar que la vive
dentro de su propia tradición religiosa. Al respecto pueden observarse dos tradiciones que hablan sobre la experiencia de Pablo, una en la literatura lucana y otra en las cartas paulinas. Como ya se ha anotado, Lucas usa términos que remiten necesariamente a la significación de conversión. No obstante, debido a que no se da precisamente en Pablo un cambio de religión, se ha entendido últimamente la experiencia de Pablo en el camino de Damasco “en el sentido de una llamada a ser
94 Casas, “La conversión como condición de posibilidad del seguimiento del Señor a partir del evangelio de Marcos”, 135.
95 Alonso, La conversión cristiana, estudios y perspectivas, 88. Agrega además a esta consideración entre las páginas 90 y 92 que “…en la perspectiva cristiana la conversión es siempre fruto y consecuencia de la acción salvífica de Dios. De nada puede gloriarse el hombre, pues nada posee que no haya recibido de Dios (1Co 4,7). Dios tiene siempre la iniciativa: suscita el cambio de corazón en el hombre y lleva a cumplimiento la obra buena que en él ha comenzado (Flm 1,6)… …la respuesta humana resulta necesaria para que la gracia llegue al hombre y produzca en él sus efectos. Tenemos así que la conversión cristiana es el resultado de una acción totalmente de Dios y totalmente del hombre o, por expresarlo con la terminología clásica, una respuesta totalmente humana, pero precedida por la gracia proveniente de Dios… …Ello no implica contradicción sino que, al contrario, expresa la estructura única y extraordinaria de toda relación de Dios con el hombre y del hombre con Dios.”
96 No se podría decir que Pablo autodenomina su experiencia como una “conversión” sino más bien como una “vocación”. No obstante, su nueva orientación lo lanza a comprender su misión evangelizadora de los gentiles y a emprender la constitución de comunidades que luego serán reconocidas en sus cartas. Sin duda, el camino de Damasco representó un punto de inflexión (turning point) en su historia y el inicio de la reorientación que experimentó en su propósito existencial.
Ápostol de los gentiles… …y no [la] de una transformación inducida por una experiencia interior de culpa o desesperanza”.97
No obstante, es evidente la transformación que sufre Pablo en su orientación existencial, tanto que ese propósito vocacional dirige su praxis vital durante el resto de sus días. En él, teológicamente se construye una nueva idea de la conversión que “tiene como núcleo la fe en Jesucristo, entendida ésta como adhesión libre y total al misterio del evangelio. La fe no es tanto una consecuencia de la penitencia-conversión sino su principio”.98 Existen tres ejes que articulan la teología de la
conversión de Pablo: “la fe, principio fundamental de la conversión; el bautismo, nacimiento a una vida nueva por la participación en el Misterio pascual de Cristo; y la existencia cristiana, cuya forma se modela según la dinámica de la conversión.”99
Durante la época en que surgieron estas primeras comunidades, la praxis de transformación consistía más en un “convertirse a Cristo” que al cristianismo o a un sistema ideológico o doctrinal en particular.100 De esta manera, este fenómeno reviste una significación abierta en el mundo
neotestamentario como una condición que posibilita el seguimiento de Jesús, y el volverse a Dios, sin el problema que significaba para los no-judíos la hermeticidad del judaismo. El Reino de Dios se había donado gratuitamente y sin fronteras infranqueables e invitaba al ser humano a dejarse transformar el corazón por la acción de la gracia, con la exigencia de su voluntad y determinación en el seguimiento de Cristo.
97 Alonso, La conversión cristiana, estudios y perspectivas, 98. Al respecto, afirmará en la página 101 que “El giro que tomó la vida de Saulo no fue fruto de un proceso psicológico de maduración intelectual o moral, sino resultado de un encuentro con Cristo. «En este sentido -apunta Benedicto XVI- no fue sólo una conversión, una maduración de su «yo»; fue muerte y resurrección para él mismo: murió una existencia suya y nació otra nueva con Cristo resucitado. De ninguna otra forma se puede explicar esta renovación de san Pablo»”.
98 Ibid., 110. Agrega en la página 111 que “«El cambio de la comprensión de la existencia, que él no llama “conversión”, aunque lo sea, se encuentra para él en la fe en el crucificado, con el que el cristiano tiene que ser crucificado para ser resucitado también con él. Quien no haya realizado conscientemente este paso hacia la fe, no se haya decidido a vivir con Cristo, no ha llegado aún, según la comprensión paulina, a la conversión».”
99 Ibid., 125
100 Casas, “La conversión como condición de posibilidad del seguimiento del Señor a partir del evangelio de Marcos”, 132.