Carter Piece
Apologetics 1: Structure
4.3 Performances
Psicoanalista. Doctora en Estudios Latinoamericanos y Directora
del Programa de género de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano Correo electrónico: [email protected]
Fecha de recepción: septiembre 2008
Fecha de aceptación y versión final: noviembre 2008
Resumen
Este artículo discute las dimensiones problemáticas de las formas en que la noción de individuo ha sido y es movilizada por una parte importante del feminismo en América Latina. La presen- tación aborda los avatares de su recepción teórica y política, además se detiene en las consecuen- cias que este modo de comprensión tiene en el ámbito de la producción de conocimientos y en el de los procesos de institucionalización estatal (políticas públicas). El texto argumenta que este uso de la noción de individuo conduce a una imposición normativa que empobrece la reflexión sobre las sociedades latinoamericanas así como permite, de manera indeseada y paradójica, que partiendo de horizontes utópicos se aporte a las nuevas formas de dominación contemporáneas.
Palabras clave: Feminismo latinoamericano, individuo, producción de conocimientos, institu-
cionalización, modos de dominación.
Abstract
This paper addresses the problematic dimensions of the use given to the notion of the individ- ual by a significant number of Latin American Feminism. The text analyzes the theoretical and political reception of the notion as well as the consequences of this type of understanding in two main areas: the production of knowledge and of the processes of state institutionalization (public policies). The main argument is that the non critical use of the notion of individual leads to its normative overdetermination contributing to the impoverishment of the reflections on Latin American societies, triggering the paradox that pursuing feminist utopian horizons of emancipation, new modes of domination might arise.
Keywords:Latin American Feminism, the individual, production of knowledge, institutionaliza-
tion, modes of domination
Feminismo e Individuo
La noción de individuo es una vieja conocida en las discusiones del Feminismo. Ciertamen- te, y en eso más vale partir aguas rápidamente, de uno de los Feminismos: aquel que de ma- nera temprana se situó, reivindicó y exigió su legitimidad en el marco de los valores de la modernidad (García y Valdivieso 2006). El Feminismo ha sido un temprano y sensible soporte para el individuo, para el valor de la noción y para lo que la encarna. ¿Por qué? Por- que éste, el individuo, ha sido desde muy tem- prano, a la vez, su meta normativa, su herra- mienta política y su campo de acción privile- giado.
El individuo se constituye en su meta nor-
mativa,en vinculación estrecha con el objeti-
vo político de reconocimiento e incorporación de las mujeres a la polis. Dos premisas que se nutren mutuamente contribuyen a ello. Por un lado, la convicción que remontar la discri- minación y exclusión de las mujeres pasa prio- ritariamente por su reconocimiento como ciu- dadanas. En segundo lugar, la estrecha asocia- ción entre una noción afirmativa de individuo y la noción de la ciudadanía, es decir, de indi- viduos como ciudadanos: portadores de dere- chos y obligaciones, los que derivan de su per- tenencia a un cuerpo político y del hecho que les es atribuida autonomía personal, en conse- cuencia, responsabilidad por sus acciones (O’Donnell 2002:308). De este modo, el individuo como modelo y como encarnación es un objetivo central para el feminismo por- que la ciudadanía de las mujeres es una meta política prioritaria.
El individuo fue constituido en su herra-
mienta política, en la medida en que fue reco-
nocido como dimensión principal a movilizar para el cambio. Es a este nivel, el individual, que el feminismo definirá de manera impor- tante al agente político de la transformación social. El individuo como herramienta política ha estado vinculado con la apuesta señera de este movimiento social por una manera de
producir el lazo político y la incitación a la acción que pasaba por la toma de conciencia individual.
Finalmente, el individuo concebido como
su campo de acción, se ha vinculado con la no-
ción de que la transformación social es resulta- do del trabajo del sí sobre el sí de cada uno de los miembros de los grupos oprimidos de la sociedad, esto es, que la emancipación será re- sultado de una recuperación de poder indivi- dual. Para el feminismo, el individuo es un fo- co privilegiado de su acción en tanto es conce- bido como materia con capacidad auto-trans- formativa.
La noción de individuo ha estado, así, fuer- temente asociada con el carácter emancipatorio del feminismo. La figura del individuo es cons- titutiva de su horizonte normativo. La noción de individuo y la utopía feminista han ido de la mano, en un acuerdo que ha hecho muy di- fícil la puesta en cuestión de esta alianza.
Por cierto, no se me escapa al señalar lo anterior, que desde las canteras posmodernas y deconstructivistas ha habido una constante crítica a la convicción moderna de este Fe- minismo, así como una puesta en cuestión al individuo concomitante, interogación cuyo foco se ha centrado en la noción de identidad. Como sabemos, esta concepción identitaria del individuo ha sido contestada ya sea en tér- minos del nomadismo del sujeto (Braidotti 2000) o del carácter puramente performativo de la identidad (Butler 2006), para nombrar algunas posiciones. No obstante, es necesario recordar que en todos los casos, y esto es sin- tomático, llegado el punto en que se ha inte- rrogado la validez política de estas posiciones críticas, se ha impuesto lo que podemos consi- derar un retorno al individuo. Esto por la vía de propuestas como la del uso político estraté- gico de la identidad (Spivak 1997; Weeds y Schor 1997) o del reconocimiento de la legiti- midad y eficiencia posible de la lucha desde y por la identidad (Butler 2006).
En el caso de América Latina esta vincula- ción entre feminismo e individuo ha sido con-
Kathya Araujo
temas
servada más celosamente que en el mundo noroccidental, si hacemos caso a las discusio- nes y producciones en las dos áreas geográfi- cas. En el caso de América Latina no ha habi- do discusiones de peso que pusieran en cues- tión a la figura del individuo como horizonte normativo del feminismo. A pesar de que pue- den movilizarse marcos explicativos diversos, en última instancia el horizonte normativo es mantenido. Ejemplos de ello pueden ser encontrados en lecturas históricas (Mannarelli 2003, 1999), en perspectivas sociológicas o antropológicas (Bonder 1998; Guzmán 2003, 2002; Aguirre 1998; Heilborn 2004; León 2004, 1997; Valdés 2000) o sicológicas (Burin 1996). ¿Cuáles son las razones que explicarían esta lealtad? Proponemos dos líneas explicati- vas. La primera de orden político, la segunda de orden teórico.
Presencia política del individuo en el Feminismo
La fidelidad a esta alianza con el individuo puede ser explicada por el diagnóstico de la realidad política y social que marcará las inter- pretaciones y acciones del movimiento femi-
nista latinoamericano1.
Las exigencias de la realidad social latinoa- mericana, harán leer de manera específica las urgencias y definirán de manera importante los objetivos estratégicos del feminismo en la región. El déficit de ciudadanía de las mujeres es amplificado por la realidad de un continen- te con largas restricciones a su acceso y con una escasa tradición en el otorgamiento de contenidos reales a la ciudadanía formal (Molyneaux 2001; Jelin 1997, 1996). Las de- mandas específicas de las mujeres son leídas
por el feminismo latinoamericano en el marco de la insuficiente preocupación regional por lo que hoy conocemos como derechos económi- cos, sociales y culturales. Estas lecturas, ade- más, son permeadas por la conciencia de que se está frente a un continente en el que las con- diciones mínimas para una vida digna no son contempladas para grandes segmentos de la población. Es también la particularidad regio- nal la que llevará a definir como un objetivo estratégico primordial para la defensa de los intereses de las mujeres, llegada la década del noventa, intervenir y fortalecer la instituciona- lidad estatal. Este objetivo surge en el encuen- tro con un distorsionado/desdibujado rol del Estado: su débil o impositiva presencia, según el caso, su corrosión por las prácticas corrup- tas, clientelares, absolutistas, etc. Todas estas especificidades de la región son elementos cen- trales del diagnóstico implícito y explícito, que dará forma progresivamente a las luchas del fe- minismo latinoamericano a partir de los años setenta hasta nuestros días.
El diagnóstico de la situación regional deri- va en que la ciudadanía de las mujeres se cons-
tituya en un fin político central2. Es un objeti-
vo, un argumento, una evidencia. El abordaje del problema de la ciudadanía es realizado a partir de estrategias diversas pero que pueden agruparse centralmente en dos tipos. En primer lugar, aquellas destinadas a promover las trans- formaciones necesarias para el otorgamiento, reconocimiento y ejercicio de la ciudadanía for- mal y real de las mujeres. En esta perspectiva, frente a los desafíos de la región, y luego de la cerrada desconfianza que caracteriza la relación
Individuo y feminismo. Notas desde América Latina
1 Elegimos aquí plantear una línea común que puede extraerse del trayecto seguido por este movimiento, aunque con certeza es posible establecer acentos dife- rentes en un diagnóstico que abarque, por una parte, las décadas del 70 y del 80 y, por otra, la década del 90 en adelante.
2 Véase por ejemplo, Machicao, X., 2006, “Educación ciudadanía y derechos de las mujeres”, en: http:// www.choike.org/nuevo/informes/4908.html; García,
Ana Isabel y Gomáriz, Enrique, Género y ciudadanía en
Centroamérica: Otra mirada al horizonte, en: http://www. iigov.org/iigov/pnud/biblite/revista/revis- ta5/docs/arti_54.htm. También presentes en las líneas o declaraciones de principios de articulaciones regio- nales feministas como MARCOSUR, www.mujeres delsur.org.uy o REPEM (Red de Educación Popular entre mujeres de América Latina y el Caribe), www. repem.uy.
del feminismo latinoamericano con el Estado en las décadas del setenta y ochenta, éste deven- drá progresivamente en un aliado potencial
indispensable sobre el que es necesario operar3,
en un camino, es cierto, plagado de contradic-
ciones4. En segundo lugar, el objetivo de la ciu-
dadanía de las mujeres considerará el trabajo de influencia transformativa sobre las mujeres mis- mas, ya sea desde la inicial propuesta de aplica- ción de la modalidad de “auto-conciencia” (Barring 1998) o desde las posteriores y exten-
didas propuestas de educación en ciudadanía5.
En breve, para el feminismo latinoamerica- no dado el diagnóstico de la región y de las premisas políticas que lo animan, se trata de procurar el reconocimiento/otorgamiento de la ciudadanía real a un cierto grupo de la población, pero también de la producción de quienes puedan encarnarla. La producción de ciudadanía es sinónimo de producción de ciu- dadanas. La tarea es, así, la de generar las con- diciones para la ciudadanía de las mujeres al mismo tiempo que al individuo que la encar- ne. Ahora bien, producir ciudadanas, dado el horizonte utópico normativo del feminismo, es apoyar la constitución de individuos carac- terizados por su capacidad de encarnar los principios de autonomía, independencia y au- todeterminación. Individuos, por tanto, ca- paces de sostener el modelo de ciudadanía imaginada-esperada. De esta manera, la tarea de producción de ciudadanía es al mismo tiempo, de manera relevante, la empresa de producción de las mujeres como individuos y
como individuos modernos6.
El individuo como horizonte teórico del feminismo
Dado el objetivo político mencionado, la pro- ducción de conocimientos del feminismo lati- noamericano, profundamente anclado en la tradición crítica y, por lo tanto, sostenido en la convicción de que el conocimiento es un hecho político (Guzmán y Hola 1996), hará del individuo una de las orientaciones princi- pales de sus indagaciones. Ya sea que se trate de estudiar el ámbito de la representación política, de la violencia intrafamiliar, de las sexualidades, de las relaciones de pareja o del mundo del trabajo será movilizada permanen- temente la pregunta por el grado en que las condiciones estructurales o las relaciones sociales aportarán, o no, a la constitución o despliegue de las mujeres como individuos autónomos, autodeterminados, independien-
tes, responsables7. La medida para la lectura y
el juicio provendrá del propio carácter eman- cipatorio del feminismo y estará dada por el horizonte normativo relativo al individuo deseable que éste promueve. Lo anterior, orientará a los estudios feministas hacia temá- ticas y enfoques poco corrientes en las ciencias sociales latinoamericanas, abriendo campos es- casamente explorados por ellas.
Una razón para esta estrategia es, sin duda, el convencimiento del feminismo respecto a una de las tesis más difundidas respecto al individuo en nuestra región: la noción amplia- mente aceptada que, en estas latitudes, el indi- viduo en el sentido moderno noroccidental era, y es, ante todo un proyecto. Esta concep- ción está íntimamente vinculada con las discu- siones sobre modernidad latinoamericana; una discusión en la que con frecuencia se constru-
Kathya Araujo
temas
ciudadanía de las mujeres, en: http:// www. eclac.org/ mujer/proyectos/gobernabilidad/documentos/Tiemps. pdf
7 Véase, por ejemplo, textos de Sharim 1998, 1996; Ruiz Bravo 1999; Tarrés 1998; Correa 2001; Heilborn 2004; Dides 2002. O los trabajos de Abramo y Valen- zuela 2005 y Montaño 2003.
3 Para una presentación y discusión sobre los procesos de institucionalización del género en el Estado, véase Guzmán 2003 y Barrig 1998.
4 Para una presentación de estas tensiones véase Vargas 2005; Ríos 2000; Alvarez 1998; Barrig 1998; Salazar de la Torre 2005.
5 Machicao 2006; Valdés 2000, 1992.
6 Expresivos de esta asociación son los trabajos de Guz- mán 2002, 2003; Jelin 1997, 1996; Tarrés 1998; Val- dés 2000, 1992; Vargas 2006, 2005; entre otras. Para una discusión sobre ciudadanía de género y gobernabi- lidad asociada a los procesos de producción del indivi- duo, ver Barquet, Mercedes, Tiempos de ciudadanía:
yó una perspectiva analítica que ponía énfasis en la distancia entre nuestras realidades y el modelo noroccidental acompañado de supues- tos normativos, entre ellos, por cierto, la no- ción de individuo. Lo anterior en dos grandes versiones. Por un lado, la que se centra en subrayar la brecha entre la realidad social de América Latina y el modelo noroccidental, asociada a la aspiración de remontar esta dis- tancia. En este sentido, el individuo se consti- tuye en un proyecto inconcluso pero en mar- cha. Por el otro, la que pone en el centro el carácter particular de la región, cuya expresión más acabada y reciente son los trabajos sobre la especificidad de la modernidad latinoameri-
cana8. Desde aquí el individuo en el sentido
moderno aparece como un falso proyecto. Mientras que una posición puso el acento en lo que hacía falta a las sociedades y a los individuos para encarnar el modelo moderno, la segunda leyó las especificidades de los pro- cesos en la región, proponiendo otras estrate- gias de constitución y mantenimiento de lo social y de los individuos. No obstante, en ninguno de los dos casos hubo un enfoque sig- nificativo respecto a los procesos concretos de producción de individuos o procesos de indi- viduación. De hecho, los trabajos que podrían considerarse como más cercanos a una indaga- ción a este nivel, con escasas excepciones, se han centrado principalmente en el problema de la identidad y han estado más bien orienta- dos a responder preguntas relacionadas con la
construcción nacional, comunitaria o grupal9.
En otras palabras, más interesados en respon- der preguntas relativas a la acción política y la pertenencia o cohesión social que a acercarse a la especificidad de los modos de producirse como individuos o sujetos en las realidades estudiadas.
La producción de conocimientos feminis- ta, principalmente agrupada en el ámbito de
los estudios de género, pondrá parte impor- tante de su interés en el estudio de las subjeti- vidades e identidades, así como dimensiones vinculadas al ámbito de la intimidad o priva- cidad, teniendo como motor implícito la pre- gunta por el individuo y su constitución. Lo anterior, estrechamente derivado de las apues- tas políticas de esta posición: por un lado, el papel otorgado al individuo y su transforma- ción; por el otro, la politización de lo priva- do/doméstico y de la intimidad como núcleo de sus propuestas de comprensión e interven-
ción en lo social10. Se crea, de este modo, un
campo de conocimientos que difiere de las corrientes más hegemónicas de las ciencias sociales latinoamericanas, fuertemente centra- das en perspectivas más institucionales o polí- ticas sistémicas.
El individuo como problema en el feminismo
Si bien el impulso que da al feminismo el lugar político que ocupa el individuo puede ser con- siderado positivo, en cuanto abre perspectivas y temáticas renovadoras en las ciencias socia- les, las modalidades en que ello se cristaliza son bastante más problemáticas: la acción del horizonte utópico normativo del feminismo en el abordaje de estos estudios tendrá como consecuencia procesos de deslizamiento y tras- vase conceptual.
La estrecha vinculación que hace el femi- nismo latinoamericano entre ciudadanía y producción del individuo desemboca en desli- zamientos entre niveles, lo que estará en la base del trasvase de contenidos de una dimen- sión a otra. La asociación entre la tarea de la construcción de la ciudadanía y la producción
Individuo y feminismo. Notas desde América Latina
8 García Canclini 1999, 1995; Martín Barbero 2001, 1989; Cornejo Polar 1994; Sarlo 1988, entre otros. 9 Solo para tomar el caso de Chile: Bengoa, 2006;
Larraín, 2001, entre otros.
10 En el abordaje de esta problemática serán tres las prin- cipales fuentes teóricas movilizadas: el disposicionalis- mo (Bourdieu), las tesis de la individualización (espe- cialmente autores como Beck y Giddens), y la perspec- tiva del sujeto, fuertemente influida por Foucault y el psicoanálisis.
del individuo tiene como efecto que los estu- dios o intervenciones del feminismo, en su mayor parte, y con una gradual pero constan- te acentuación, van a partir de una definición preestablecida de individuo y van a hacer de ella la medida interpretativa de la realidad social en cuanto esta definición previa funcio- na como su horizonte normativo.
Para tratar de aclarar este punto es necesa- rio empezar por diferenciar, aunque sea breve- mente, los niveles en juego en la utilización de la noción de individuo. Esta noción no es compacta ni unívoca. Sin ser exhaustiva, se pueden al menos diferenciar cuatro niveles cuando nos referimos al individuo.
En primer lugar, solemos designar con él a lo que podemos llamar el individuo de hecho. Es decir, la unidad material elemental, el “todo concreto ‘atómico’” (Legros 2006:78), que podemos reconocer como nuestro semejante. Se trata de un uso que podemos situar a un
nivel descriptivo indicativo.
En segundo lugar, la denominación indivi- duo suele ser utilizada para designar la unidad mínima pasible de reconocimiento normativo asociado a la pertenencia a una comunidad política, el individuo fundamento de la ciuda- danía. En este caso nos encontramos en un
nivel normativo abstracto.
En tercer lugar, la noción de individuo se utiliza para apelar a la unidad elemental social, la que normalmente ha sido concebida como un conjunto atributivo dinámico más o menos definible, el que tendría una función explicati- va importante respecto a las modalidades o naturaleza de la acción a nivel social, se apun-
ta a un nivel descriptivo dinámico situado histó-
ricamente.
En este último caso, es indispensable dis- tinguir dos de las entradas teóricas más usua-