della Camorra. Barcelona: Debolsillo
Ur vio , Re vista Latinoamer icana de Se gur idad Ciudadana. No . 7, Quito , Ma yo 2009: © FLA CSO
Reseña
comprensión, un dedo que apunta a un destino ya establecido del que no son culpables los protagonistas, sino el lugar. Hay detrás de este libro una ciudad corrupta, determinada por su nacimiento, por su situación estra- tégica. Es Nápoles y eso es simplemente atroz. Roberto Saviano, de apenas 30 años de edad, es obviamente napolitano. Esa caracte- rística y la capacidad de expresarse sin reparos en el uso sangriento de la palabra son los únicos requisitos imprescindibles para ser el autor de este libro. Su experiencia en perio- dismo le reporta la redacción documentada necesaria para explicar con certeza la realidad de esa maraña extensa que es la Camorra.
Saviano ha reabierto el debate sobre el crimen organizado en Italia, cosa que le ha revertido en amenazas de muerte. La publicación de Gomorra –y sus más de dos millones de copias vendidas– le ha costado a Saviano un exilio forzoso que se desarrolla entre escoltas permanentes que velan por su vida y el miedo de saber que la Camorra nunca olvida y mucho menos, perdona.
Una guerra convencional
En la medida en que se avanza en la lectura, uno reconoce la descripción de una verdadera guerra convencional en pleno corazón de Europa. Es una guerra entre clanes, los Di Lauro contra los secesionistas que establecen sede en España tras la subida al poder de uno de los hijos del anterior rey de la mai a Di Lauro. Los cambios en la generación del poder, la decisión de rejuvenecer las cús- pides son motivos más que sui cientes para comenzar a asesinar.
El resultado son chiquillos soldados que ya no ven en la escuela un recurso de futuro. Cuerpos carbonizados, lenguas cortadas, cabezas que explotan y un sinfín de torturas y muertes en las que nadie está exento. Estar en la calle en pleno tiroteo expone al peligro de balas perdidas que atentan contra la vida de adolescentes que, casualmente, estaban allí. Ser socio de un familiar de alguien rela-
cionado con el otro bando de la guerra es motivo sui ciente para morir de dos tiros en la nuca; ser vista en la moto del enemigo te con- vierte en culpable y víctima de torturas indes- criptibles. Y uno imagina esa guerra, escucha el ruido de las Vespas, el gris de las calles en las que nadie quiere llamar la atención, donde todos se miran las caras atentamente en horas de guerra fría y se lamentan cuando la misma guerra acoge la temperatura de la sangre.
Saviano describe una guerra conven- cional: con dos bandos bien dei nidos que se desmiembran en la búsqueda del poder
cuando un nuevo capo toma el relevo del
anterior; con estrategias despiadadas de ataque frontal; y localizada en territorios marcados por orii cios de bala en los cristales y unos verdugos que en cualquier momento pueden pasar a ser víctimas.
Es una guerra sin treguas, con cargadores vacíos y baterías de fuego que entierran un listado de nombres que quedan en el recuerdo. Emanuele Leone, 21, tiro en la cabeza; Giu- seppe Peccella, 31; Antonio Scafuro, 26… Giulio Ruggiero, decapitado con una sierra e incendiada su cabeza con gasolina. Toda una serie de descripciones donde la abundante sangre y los trozos de carne pueden resbalarse de entre las páginas.
Pero el autor va mucho más allá de meras descripciones de crímenes. Saca a la luz cada uno de los canales que sostienen la estructura de la mai a. A través de cientos de personajes, el libro presenta el verdadero puerto de Nápoles que vive en una frenética actividad de entrada y salida de productos ilegales que nutren sus fábricas textiles. Esta es la base que mantiene tiendas en todo el mundo de las marcas más prestigiosas de la moda (con clara mención a algunos ejemplos como Versace). Los puntos de venta internacional superan como negocio al de la droga y son el máximo exponente del desvarío y los entresijos de una organización que ostenta poder mundial.
La mayor fuente de entrada de dinero es la industria textil pero donde realmente se vislumbra una organización que atañe a todas
Reseña
las capas sociales es la venta de droga. Los bajos sueldos en fábricas ilegales empujan a los mismos trabajadores hacia un sistema de accionariado de la cocaína.
Todos participan invirtiendo; el poder llega al pueblo y lo arriesga por participar en la búsqueda necesaria de un sobresueldo “pensionistas, trabajadores y pequeños empresarios daban dinero a algunos agentes que lo reinvertían en la compra de alijos de droga”. Invierten una pensión de 600 euros y ganan o pierden. Pero no solo invierten sino que almacenan en sus propiedades y abonan un terreno plantado de pequeñas cantidades, organizadas por grupos que las recogen y trai can y empleados vigilantes que solo observan y dan el chivatazo; un organigrama en el que todos son culpables pero no todos pagan de igual manera las consecuencias ni reciben los mismos benei cios.
Vigilantes y palis, cajeros y coordina- dores de los camellos, camellos, almacena- dores, cada uno recibe su sueldo semanal. Todo dentro de una monotonía y obviedad brutal. Colas de coches (400 dosis de cocaína diarias en una sola plaza) son el resultado. Al describir el negocio, el autor no olvida a los parias de la droga. Describe la crueldad que reciben los drogodependientes de la heroína, el habitual trato de cobaya humana. Se prueba en ellos la pureza de la droga para ase- gurarse así de que la mezcla es consumible. “Pruebas de alergia”, lo llaman.
Toda esta compleja estructuración del mundo interno de la mai a se intercala con historias personales que ayudan a entender la composición humana de la Camorra.
Manù tiene 15 años; no es más que un joven atracador al que los carabineros des- hacen con once balazos. Con la muerte de Manù, como lo llaman cariñosamente sus amistades, su pueblo protesta construyendo un mausoleo por el alma del chiquillo. Son las mismas autoridades las que lo destruyen sin consideración ante la violencia irrefre- nable de un pueblo que ya ha visto morir a muchos hijos. Son órdenes de un alcalde que
no puede permitir que se eleve un “altar a un golfo”.
Pasquale es un modisto dotado de exce- lencia que enseña a empleados chinos cómo coser. Se presenta como un amigo del autor, conoce a su familia y su dolor por la frus- tración. La pasarela de la alta moda pasa por sus manos a diario y acumula méritos fuera de la región condenando a esta a la oscu- ridad necesaria de la ilegalidad. Ha vestido a Angelina Jolie en Hollywood pero solo él lo sabe. Uno de los mejores costureros del mundo es camionero de la Camorra pero sus éxitos son asumidos y escondidos en el puerto de Nápoles.
Inmacolata Capone, representante del matriarcado de la Camorra, iba siempre acompañada por dos guardaespaldas vestidas al estilo de Uma h urman en Kill Bill. Aún y así, es asesinada a quemarropa en plena calle quedando demostrado que la inmunidad de las mujeres ya nunca más sería respetada dentro de la organización. Capone no quiso ser una esposa más que espera la seguridad social de la Camorra, la pensión mensual por viudez o encarcelamiento del marido.
Así, Saviano cuenta decenas de historias, de miedos, de muertes, mientras devela los caminos más oscuros que sigue el dinero negro en Europa. Y lo presenta en “un lugar donde las oportunidades no se presentan; se arrancan con los dientes o se compran”.
Destacado
El año pasado se estrenó la adaptación cine- matográi ca bautizada con el mismo nombre, dirigida por Matteo Garrone y producida por la productora Fandango. La película se situó entre las más vistas del año en Italia y con- siguió el Gran Premio del Jurado en el Fes- tival de Cannes. Fue en los Premios del Cine
Europeo de 2008 donde Gomorra consiguió
cinco galardones: mejor película, director, actor, guión y fotografía. El libro fue elegido por la RAI como el mejor del año 2008 en Italia.
Reseña
Antonio Villarruel1
C
uando en estos días seescribe y se investiga sobre el crimen orga- nizado, resulta acaso un tanto ingenuo no tomar en cuenta la variedad de maneras de representación que se han ela- borado dentro del imaginario mediático y el l ujo de posturas que se intercambian entre la verdadera mai a y la i cción, cualquiera sea su género. Las mai as no solamente han adquirido sus propios hábitos y formas de identii cación mediante las atrocidades que cometen en sus lugares de operación, sino también en la pro- yección que se fragua de ellas en los circuitos cinematográi cos, literarios, televisivos o en las publicaciones periódicas de quiosco. Estas son incorporadas por el crimen organizado como si fuesen suyas desde un principio: jergas en el habla, maneras de matar, lugares donde vivir o formas de nombrar a sus miembros, tal como lo menciona Vargas Llosa a propósito de un análisis sobre Gomorra, el libro por el que el escritor napolitano Roberto Saviano fue sen- tenciado a muerte y al continuo exilio por una parte de la mai a italiana.2
La cultura, y en especial la industria del entretenimiento, siempre ha mostrado una debilidad por retratar al crimen organizado:
1 Narrador y profesor universitario. Economis- ta. y egresado de la Maestría en Desarrollo de la Ciudad por FLACSO, sede Ecuador.
2 Mario Vargas Llosa (2008). Gomorra y Nápoles.
Diario El País, 21 de septiembre de 2008.
solo hace falta pensar en los primeros mob
i lms, uno de los cuales, Scarface, de 1932 y cuya reversión la haría célebre Al Pacino, permanece como referente. Desde entonces, pasando por el Film noir hasta la serie h e Sopranos o la asombrosa h e Departed, el cine y otras producciones artísticas o de entrete- nimiento han invertido buena parte de sus temáticas en explorar y representar el crimen organizado: su estética, la posibilidad de jus- ticia dentro de sus códigos morales, su eco- nomía política del bien y del honor.
El terreno de los libros no ha quedado
apartado de esto: la misma Gomorra de
Saviano, que se ha vuelto un éxito editorial y una oleada social y política en Europa, da prueba de ello. Las publicaciones alrededor del mundo de la mai a siciliana, la Camorra napolitana o la ‘Ndrangheta calabresa, poseen un potencial de ventas inmenso, así como los textos que exploran el crimen organizado