El concepto de red es hoy en día acogido de manera amplia en la disciplina histórica debido a su eficaz capacidad explicativa al momento de esbozar dinámicas sociales en las que el sujeto es puesto en el centro del análisis al lado de una aproximación macro histórica, es decir, no se descuida al sujeto a causa de la escala de análisis y tampoco se pierde la potencia analítica de fenómenos sociales mayores al asumir al sujeto como objeto de estudio. En un segundo plano, el estudio de redes permite desarrollar la investigación tanto cualitativa como cuantitativamente en la medida que combina necesariamente el análisis tanto en la calidad y tipo de relaciones intersubjetivas e informales subyacentes a las instituciones y narrativas oficiales, como en los patrones relacionales expresables en magnitudes matemáticas y más que todo visuales.
Explicado esto, el tercer capítulo de esta investigación se concentra en la descripción y análisis de las redes sociales del coronel Anselmo Pineda, por medio de la extracción de indicadores y la creación de visualizaciones de sus redes en diferentes momentos de su vida, para lograr analizar la manera en que esos espacios de relaciones informales intersubjetivas facilitaron, en primer lugar, la conformación de redes de agencia que obedecen a la singularidad de sus convicciones ideológicas nacionalistas así como a sus intereses en preeminencia política y ascenso social. En últimas, se pretende mostrar como el sujeto construye su propio ambiente social. Y, en segundo lugar, cómo su red social está de igual manera determinada por las condiciones de los saberes que circularon durante la primera mitad del siglo XIX granadino, y por las demás redes intersubjetivas imbricadas e implicadas en los procesos históricos abordados en el primer capítulo.
El enfoque de redes sociales no es nuevo en las ciencias sociales y encuentra sus primeras bases en las pretensiones positivistas de Auguste Comte quien esperaba formalizar un saber social capaz de descubrir las leyes que gobiernan la sociedad. Y 50 años más tarde, el sociólogo Émile Durkheim postuló que las sociedades humanas eran semejantes a los sistemas biológicos cuya propiedad es la funcionalidad por medio de la interconectividad de sus componentes y, de esta manera, las regularidades sociales pueden ser encontradas en las estructuras sociales en las que los individuos están incrustados y no en las motivaciones individuales de estos. Más tarde, a comienzos del siglo XX, el enfoque de redes sociales emergió, y fueron desarrollados formalmente sus primeros métodos y conceptos para explicar, desde el saber psicológico y sociológico, un fenómeno social local en Estados Unidos en 1932: la huida de varias jóvenes en zonas rurales aparentemente sin relación, los resultados probaron que si existía una relación y un patrón detrás de las huidas295.
Para 1940, los modelos de este enfoque, por sus notorias facultades para resolver problemas y adelantar análisis exactos, fueron incorporados a la psicología, la ciencia política y economía, especialmente en esta última disciplina se usa bastante en estudios de mercado hoy en día. Durante los años 60, la antropología asumió este análisis con los estudios de Radcliffe Brown y S.F. Nadel
295 Borgatti, Stephen P. et al. “Network Analysis in the Social Sciences”. Revista: Science, New Series. Vol. 323. No. 5916 (2009). 892-895.
quienes comenzaron a estudiar a la sociedad como el resultado de redes con patrones de relacionamiento entre actores y su capacidad de asumir roles entre sí, a lo que se le añaden los aportes de Claude Lévi-Strauss concernientes a los sistemas de parentesco y, en 1973, del sociólogo Mark Granovetter sobre la “fuerzade los lazos débiles” en una red como fuente predilecta de nueva información y nuevas oportunidades para los actores miembros de una red social. Todo lo cual arrojó como resultado la idea de que si hay patrones estructurales subyacentes al aparente caos de las organizaciones sociales. Esta misma idea serviría para desarrollar años más tarde la teoría sobre el capital social. También en la década de 1970, el reconocido psicólogo social Stanley Milgram, quien estudió la obediencia, preocupado por descubrir las predisposiciones de la población europea y estadounidense para obedecer a la autoridad y así facilitar, con una suerte de complicidad, las atrocidades de la segunda guerra mundial, también descubrió basado en los modelos matemáticos de Kochen de 1950, que cada persona en Estados Unidos puede ser rastreada dentro de un rango relacional promedio de 6 individuos, por ejemplo, si a un individuo cualquiera llamado B, se le pregunta si conoce al individuo llamado A o si conoce a alguien que probablemente si lo conozca, lo más probable es que no lo conozca y continúe la cadena con el individuo C y este con el D, conservando la tendencia hasta el individuo F, quien con una alta probabilidad si será capaz de reconocer al sujeto A, este patrón fue bautizado como la noción de los seis grados de separación. El análisis de redes cobró relativa independencia como subdisciplina en la década de 1980, con publicaciones seriadas especializadas e instituciones dedicadas en su aplicación como la organización “International Network for Social Network Analysis” (INSNA). En 1990, el Estado norteamericano incorporó este tipo de análisis en la planeación de políticas públicas en temas como sanidad y seguridad urbana, también en el desarrollo de inteligencia militar con efectividad comprobada desde que fue aplicado en la captura de Saddam Husein en 2006296. En el campo de la economía goza de preeminencia el estudio de redes para analizar las dinámicas de los mercados globales.
Hoy en día, existen numerosos software de dibujo capaces de graficar redes y de cálculo para medir las magnitudes geodésicas propias de una red social y permitir el análisis de grandes cantidades de datos. Los programas que serán usados en este capítulo son, en primer lugar, Excel para la compilación de la información, UCINET para fabricar las matrices y Netdraw para graficar las redes
El epistolario de Anselmo Pineda es la principal fuente para la reconstrucción de sus redes sociales durante el siglo XIX, y también medio para aproximarse necesariamente a las prácticas de cultura escrita, en general, y a la práctica epistolar, en particular. Por ende, si la principal fuente en esta investigación es el enorme epistolario de cartas mayormente recibidas y otras no tan numerosas enviadas, junto con algunas más entre terceros, abordar el epistolario desde el punto de vista del proceso de formación de las redes de agencia es un primer paso obligado para identificar las prácticas intelectuales en Colombia en este período.