Chapter 4 Results
4.2 Personal attributes
Las mujeres toleran relaciones extremadamente dañinas y muchas no vislumbran otro tipo de convivencia debido, entre otras cosas, a lo siguiente: a) la internacionalización de valores sociales según los cuales la subordinación femenina es algo "natural"; b) la aceptación de normas culturales que regulan la vida en pareja y los roles de esposa y madre; c) la idealización de la familia y del matrimonio, y d) las presiones sociales que las llevan a cumplir con los mandatos culturales dominantes (Rico, 1992). En el libro “Violencia de Géneros: un problema de derechos humanos”, se plantea que la denuncia por parte de las mujeres de las agresiones y maltratos, de las que son víctimas en el hogar, es un fenómeno nuevo que obedece, por una parte, a la creación de instituciones en las que pueden solicitar ayuda policial y legal y por otra, a la mayor conciencia de las mujeres de sus derechos como personas y ciudadanas. Aunque las denuncias son cada vez más comunes aún no corresponden a la realidad; en general las víctimas no solicitan intervención legal por motivos inhibidores tales como el temor a ser responsabilizadas de la disolución de su familia, el miedo a represalias por parte del esposo, la vergüenza de verse expuestas públicamente, así como porque no se sienten respaldadas por las instancias policiales y jurídicas que las mujeres no perciben como 25 eficaces (Rico, 1996, p. 25). En una publicación de la ONU, llamada “Rights Talk and the Experience of Law: Implementing Women’s Human Rights to Protection from Violence, Human Rights Quarterly, algunos analistas señalan que el fenómeno de las mujeres que retiran las denuncias impuestas hacia el agresor, se debe a su falta de confianza en el sistema de justicia y a su incapacidad para procurarse una vida para ellas y sus hijos lejos de la situación de violencia. Es así, que quienes trabajan en el sistema de justicia deben ser conscientes de las dificultades que se les plantean a las mujeres y prestarles el debido apoyo a fin de que sepan que tienen una alternativa efectiva a la vida en un hogar violento y pueden tomar medidas para empezar una vida nueva, con seguridad y dignidad. La cuestión que ha de plantearse no es por qué la mujer sigue con su maltratador, sino qué opciones
tiene; no es por qué el hombre continúa maltratándola, sino por qué no lo ponen a disposición judicial (Sally Engel Merry, 2003).
También se presenta la paradoja de que las mujeres suelen culparse por desencadenar los episodios violentos, debido a que las normas culturales les indican que son las responsables de garantizar el funcionamiento armónico del grupo familiar, por lo que deben hacer mayores sacrificios y cualquier falla o trasgresión puede dar lugar a un castigo.
Aunque las mujeres agredidas por su esposo / compañero buscan refugio temporal con familiares o con el Estado, para inducir la disminución de los actos violentos, regresan después de un periodo de tiempo generalmente muy breve, a vivir con el agresor. Los estudios de Pollack concluyen que ciertas políticas de corto plazo, como por ejemplo la reacción autoritaria de la policía frente a las quejas por violencia en el hogar pueden disminuir su probabilidad de ocurrencia y de paso reducir la incidencia de violencia del compañero íntimo en las futuras generaciones (Pollack, citado en Fernandez y Giraldo, 2006, p. 19).
La legitimación social de la violencia como forma de relacionarse entre los individuos, su aceptación cultural como medio de educación y corrección, la percepción de que esta es un asunto privado que le incumbe únicamente a los miembros de la familia por lo que denunciar un caso de violencia intrafamiliar implica una intromisión y violación a los límites de la familia, son barreras culturales de denuncia y registro, compartidas por el grueso de la sociedad. En lo individual se identifican como barreras de denuncia y registro: el temor fundado en las amenaza del victimario, la vergüenza, la codependencia afectiva o económica con el agresor, la falta de conocimientos sobre las instancias encargadas de atender los casos de violencia intrafamiliar establecidas por la ley, el desconocimiento de sus derechos y la desconfianza en la justicia.
Según lo estipulado en el “Proyecto de ampliación del observatorio de violencia” de la Alcaldía Mayor de Bogotá, a diferencia de la violencia hacia el menor, los otros casos de violencia intrafamiliar son delitos querellables, es decir que la victima tiene la facultad de retirar la denuncia. Este es el caso de la violencia hacia la mujer, en donde en muchas ocasiones la codependencia afectiva y económica, imposibilita que ella denuncie y pueda salir de ese núcleo de violencia, dejándole como alternativa, la resignación y aceptación de las agresiones de las que es víctima (Fernández y Giraldo, 2006, p. 83).
En Colombia, en la visita que realizó la relatora especial de las Naciones Unidas, en el año 2002, constató la invisibilidad de la violencia contra las mujeres en el espacio doméstico diciendo que en este país se seguía considerando a la violencia como una cuestión privada, por lo que no se solían hacer efectivas las denuncias de los sucesos violentos ocurridos al interior de un hogar, por esto no se lograba determinar el alcance total del problema. Además, afirmó que según la información recibida por la Comisión interamericana de Derechos Humanos, eran menos de la mitad las mujeres maltratadas que buscaban ayuda y sólo el 9% ellas presentaban una denuncia formal ante las autoridades (Coomaraswamy, citada en Red Nacional de mujeres, 2005, p. 16).
La Encuesta Nacional de Demografía y Salud 2005 mostró que solo el 24% de las 14,156 mujeres que declararon haber sufrido de violencia en el hogar en Colombia acudió a alguna institución a demandar o a buscar ayuda, cifra similar a la encontrada en Bogota D.C. que fue del 22%. Las razones para no demandar al agresor o no buscar ayuda o consejo fueron: Daños no fueron serios 27.3 %. Puede resolverlo sola 21.0%. Miedo a mas agresión 12.3%. Cree que no vuelve a ocurrir 11.1%. Es parte de la vida (normal) 10.5%. No desea dañar al agresor 8.8%. Miedo a separación 4.7%. Siente que merece abuso 4%. Vergüenza / Humillación 4.1%. No sabe donde ir 3.7%. No cree en la Justicia 2.9%. Experiencia negativa con denuncio 0.4%. Otras 13.3%. (Fernandez y Giraldo, 2006, pp. 83)
Para el año 2005, el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, evaluó 37.666, es decir el 61.2% de casos por denuncias relacionadas con violencia de pareja. Durante el año 2004, las lesiones por maltrato de pareja que, oportunamente fueron denunciadas y dictaminadas por el Instituto ascendieron a 31.659; para el año de 2005, se dictaminaron 37.660 casos, determinándose que el aumento de los casos puede estar relacionado con las denuncias hechas oportunamente y que la diferencia que se presentó entre los años 2004 y 2005 es de 6.001 casos, es decir el 19,0%. El maltrato de pareja, a partir de la información dada por las víctimas a la institución, se presentaba por el mal manejo de sus conflictos y crisis, con una tensión no definida con claridad que terminaba en caos familiar. Los meses en que más alta era la ocurrencia de los casos de violencia, eran el enero con 3.717, es decir un 9.8%; febrero con 3.364, es decir un 8.9%; y mayo con 3.255 casos, es decir un 8.6% (Medicina Legal, 2005, p. 25).
En conclusión, se debe decir que comúnmente, las estadísticas sobre agresiones, atentados y criminalidad se basan en el número de denuncias que son mínimas en comparación con la
magnitud real del problema. Estos problemas de subregistro se observan en todos los sistemas de información como lo demuestra el estudio de Restrepo y Cuellar hecho en el año 2005, según el cual la Policía tiene serias falencias en el registro de los delitos, lo que resulta grave, si se tiene en cuenta que esta institución recibe entre el 70% y el 75% de las denuncias. Eso soportado en el hecho de que el número de delitos se mantiene constante durante 2 décadas, que el número de delitos registrados por la policía es mínimo al compararse con el número de delitos que llegan al sistema penal, e incluso al contrastarse con el porcentaje de delitos registrados en otros países con menores índices de criminalidad (Restrepo y Cuellar, citado en Red Nacional de mujeres, 2005, p. 17).
Adicionalmente, las sobrevivientes de la violencia, particularmente de la violencia contra las mujeres en el ámbito familiar a menudo siguen estando expuestas a sufrir los abusos de su pareja. Y es habitual pensar que la violencia contra las mujeres es culpa de ellas por decidir quedarse con su pareja a pesar de ser violenta.
2. CAPÍTULO II: LA PUBLICIDAD COMO UNA HERRAMIENTA QUE