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Personal Cloud Security Requirement Analysis As the security for personal cloud is still in its

University of Texas at Dallas

2. Personal Cloud Security Requirement Analysis As the security for personal cloud is still in its

Max arrastró la pequeña carretilla por el campamento por quinta vez. Le dolían los hombros, la parte posterior de su cuello quemado estaba a flor de piel y su piel picaba en todas partes donde la arena se incrustaba en su ropa, en sus calcetines, en el cabello y las orejas. Sus piernas temblaban, los músculos se habían convertido en gelatina por el aire húmedo, el supurante calor y el estrés. Rachel la esperaba junto a la barrera de sacos de arena que habían construido alrededor de la trinchera, con bolsas de veinticinco kilos de arroz. Rachel no se había quejado, no había renunciado, aunque cada vez que colocaba una de las pesadas bolsas de arroz, en la parte superior de la pila sobre las otras, sus brazos temblaban visiblemente. Max le habría ordenado que se metiera en la carpa si no hubiese pensado que Rachel no se iría sin pelear, pero era poco probable. Y tenía que admitir, necesitaba su ayuda —Este es el último.

—No puedo decir que lo lamento— murmuró Rachel —Nunca pensé que podía odiar tanto a un objeto inanimado, pero nunca voy a comer arroz nuevamente.

Max se rio. El sonido le lastimó la garganta reseca por la arena, pero algo de humor ayudaba a aliviar la tensión que estaba volviendo sus músculos en bandas de acero.

— ¿Qué hacen para ducharse por aquí?

—Tenemos unas duchas portátiles detrás de la carpa-hospital. Siempre garantizaban que estaba tibia— una sombra pasó por el rostro de Rachel —Debe haber un montón de agua almacenada. Hoy debió haber sido día de ducha.

Max no tenía que ser una adivina para saber que Rachel estaba pensando en aquellos que no lo habían logrado. De alguna manera, darle a Rachel cierta comodidad, incluso una distracción, parecía tan importante como mantenerla físicamente segura. Por lo general, su trabajo terminaba cuando la sangre dejaba de fluir o los heridos eran cargados en el transporte para su traslado al hospital de la Base. Rara vez había tenido tiempo o motivo para preocuparse por las pérdidas que éste lugar había traído, más allá de unos pocos minutos de consuelo en el campo de batalla. Las palabras que todos repetían muchas veces, ella apenas las escuchaba. No te preocupes, tropa. No se ve tan mal. Nada derriba a un infante de marina por mucho tiempo. Vas a estar bien. Mentiras misericordiosas y no se arrepentía de ninguna de ellas, pero quería más que un poco de tranquilidad para Raquel. No tenía ninguna y se sintió deficiente —Yo diría que nos hemos ganado una ducha.

El rostro de Rachel se iluminó y algo de la tristeza se alejó de sus ojos — ¿Podemos? Quiero decir…— un poco de color regresó a sus mejillas —… ¿es seguro?

—Vigilaré para ti si tú vigilas para mí— una fugaz imagen de Rachel bajo el agua, bañada por la luz del sol y el agua cayendo por la pendiente de su espalda y sobre la curva de su trasero, vino a la cabeza de Max. Asustada por un segundo de que Rachel pudiese leer su mente, dijo rápidamente —Prometo no mirar.

Rachel le miró a través de sus párpados entrecerrados —Bajo otras circunstancias podría considerarlo un insulto.

La sonrisa divertida de Rachel atrapó a Max desprevenida. Tal vez Rachel había leído su mente, pero eso no le daba ninguna pista. Si se hubiesen conocido en algún otro lugar en el mundo, probablemente Rachel no le hubiese dado ni un pensamiento. Sus vidas eran tan diferentes como las arenas áridas del desierto y las brillantes luces del Times Square —Bajo otras circunstancias, probablemente no te importaría.

—No estés tan segura— dijo Rachel —No pareces saber….

— ¡Max!— el grito de Amina cortó el aire con la fuerza de un arma de fuego — ¡Max!.

— ¡Al suelo!— Max empujó a Rachel al suelo y se agachó sobre ella, su rifle en su hombro. Ella enfocó el perímetro, esperando que salieran las fuerzas rebeldes o una lluvia de disparos. Nada se movió. Escuchó. Nada — ¡Despejado! Vamos.

Tan pronto como Max le permitió levantarse, Rachel cogió su rifle y corrieron a la carpa. Max irrumpió en el interior, en busca del enemigo. Amina estaba arrodillada junto a Grif, las dos manos presionando el muslo. Rojo escarlata veteaba sus brazos.

— ¿Qué pasó?— Max dejó caer su rifle y se puso en cuclillas frente a Amina. —Se despertó y comenzó a revolverse. El sangrado comenzó tan rápido...— Amina contuvo la respiración —Es demasiado.

—No te muevas— Max acercó su estuche de medicinas y buscó los fármacos y vendajes. Ambas cosas se estaban agotando.

Grif se sacudió, casi tirando Amina a un lado y gritó — ¡Contacto! ¡Tenemos contacto con el enemigo!.

—Está bien, Grif— dijo Max con calma —Estoy aquí. Estás bien.

Grif empujó su corpulento cuerpo con una fuerza sorprendente, apoyándose en sus brazos. Se quedó mirando a una y a otra, con los ojos vidriosos por la confusión. El sudor rodó por su rostro, ríos de lágrimas corrían a través de la palidez y suciedad —Están disparando. Mierda. Disparando por todas partes ¡Deuce!.

—Estoy aquí. Mantén tu cabeza abajo, compañero. Estás bien— Max preparó una ampolla de Demerol, la metió en la intravenosa y empujó hasta el fondo —Todo está bien. No voy a dejar que te pase nada.

Por un instante, los ojos de Grif se aclararon y se centró en Max —Joder, Deuce. No quiero morir aquí.

—No vas a morir.

—Dile a Laurie que la amo.

—Joder, no— Max lo agarró de los hombros, su rostro cercano al suyo y lo empujó hacia abajo. Lo miró a los ojos mientras el Demerol comenzaba a calmarlo —Vas a tener que hacer eso tú mismo. No me gustan ese tipo de cosas.

—Sí. Como si supieras.

Los párpados de Grif se cerraron y su cuerpo se relajó. Secándose el sudor de los ojos, Max se desplazó hasta donde Amina presionaba con las dos manos en el muslo. La sangre brotaba entre sus dedos y se encharcaba en el suelo. Se estaba quedando sin tiempo —Rachel… ¿puedes traer la luz de propano de esa mesa de allí y averiguar cómo hacer que funcione?

Rachel se agachó a pocos metros de distancia, sus pupilas negras y grandes como monedas de diez centavos. El pulso martilleaba en su garganta —Sí.

Su voz era firme.

—Bien. Mantenla en esa silla.

Por una vez, Rachel no tuvo ni una pregunta. Se inclinó sobre la linterna, encendió el gas propano y lo trajo de regreso — ¿Qué vas a hacer?

Max casi sonrió ante la pregunta, dándole la bienvenida a algo familiar en medio del caos —Necesito hacer una pequeña cirugía en esta herida y lograr detener el sangrado. Necesito que ambas me ayuden.

— ¿Aquí?— preguntó Amina —En ésta carpa.

—Créeme, me gustaría tener una buena cama limpia en una sala de operaciones donde ponerlo y tener instrumentos relucientes, pero no podemos moverlo. Ahora mismo, lograr detener el sangrado es nuestra prioridad número uno.

—Lo siento— dijo Amina.

—No lo sientas— Max sabía que sonaba brusca pero no tenía tiempo para preocuparse al respecto —Le has salvado la vida.

— ¿Qué podemos hacer?— dijo Rachel.

Max se quitó la chaqueta y su equipo y los dejó caer al lado de su rifle —Encuentra ese paquete de instrumentos médicos que trajimos desde el hospital. Ábrelo a mi lado.

Mientras Rachel buscaba los instrumentos, Max abrió el contenedor de Betadine, se mojó los antebrazos y sacó unos guantes de su caja —Amina, prepárate para tomar las tijeras y cortar el vendaje. Mantén presionado hacia abajo en el centro de su muslo con tu otra mano. Rachel, ponte un par de guantes y abre los paquetes de gasa. Necesito que mantengas el área libre.

—Yo...— Rachel miró el rostro de Grif — ¿Él se dará cuenta?

—No está consciente, pero podría reaccionar. Si él empieza a moverse, quiero que te arrodilles sobre sus pantorrillas y las mantengas inmóviles.

—Está bien— susurró Rachel.

—Necesito que hagas exactamente lo que te diga cuando te diga que lo hagas. —Lo haré.

Max miró a Amina. Tenía la mandíbula tensa, su boca era una línea delgada y apretada — ¿Estás lista?

—Sí.

— ¿Ves los dos pequeños retractores en ángulo recto que parecen pequeñas bolas de dos pulgadas de ancho?

—Sí.

—Vas a utilizarlos para mantener la herida abierta para que yo pueda ver el interior— entre menos tiempo les diera para pensar en lo que estaban a punto de hacer, menos propensas estarían a ponerse nerviosas —Voy a quitar las vendas, poner los retractores en la herida y tú vas a mantenerlas separadas. Necesitas jalar. No le harás daño. Vamos a salvar su vida.

Amina tragó visiblemente —Está bien.

—Bien. Ahora— Max retiró el vendaje y de la arteria inmediatamente brotó sangre color rojo brillante y se derramó por el muslo de Grif. Max deslizó el retractor de ángulo recto en el centro de la abertura, manijas de ocho pulgadas salían a cada lado —Amina, tómalas y jala. Rachel, mantén el área tan seca como sea posible. Sólo limpia hacia arriba.

—Sí— dijo Rachel —Lo tengo.

Max agarró una pinza hemostática y una gasa y estudió la profundidad de la herida. Las balas habían pasado a través de los espesos músculos internos del muslo, a un lado del hueso. La arteria femoral corría entre los músculos, que cursaban desde la ingle hasta la rodilla donde se ramificaba para suministrar a la pantorrilla y el pie. La profunda rama femoral salía de la arteria principal a unas pocas pulgadas por debajo del pliegue de la ingle para suministrar a todos los grandes músculos del muslo. Esa tenía que ser la que estaba sangrando. Sólo tenía que encontrar el desgarro de la arteria y arreglarlo.

La clave para encontrar la hemorragia en medio de un charco de sangre y desmenuzar el músculo era mirar… ver, distinguir el límite entre lo dañado y lo que estaba en buen estado. Allí, en el borde de la destrucción, los pliegues naturales del cuerpo mantenían, incluso en el peor trauma, capas cristalinas radiantes hacia fuera de la lesión. Con cuidado, limpió con el algodón, haciendo caso omiso de los pequeños vasos sangrantes que eventualmente se detenían por su cuenta. Ella identificó los distintos músculos, trazando el curso de la arteria en su mente. Debía estar aquí, moviéndose bajo los aductores del fémur, pero no estaba. La ronda de balas probablemente había tocado un segmento junto a una parte considerable de músculos. Tendría que mirar más adentro para encontrar el extremo proximal, uno que conducía a la arteria principal. Si podía controlar eso, la gasa hemostática y el vendaje de presión podrían al fin hacerse cargo del resto del sangrado hasta que pudieran meterlo en la sala de operaciones y limpiar la herida. No podía arreglarlo si no podía verlo.

—Amina, jala con más fuerza.

Amina tomó aire e hizo lo que Max le pidió. Grif gimió y su muslo se tensó. Los músculos intactos se flexionaron, la sangre brotó a chorros y el área desapareció bajo un charco rojo.

—Rachel…— espetó Max —… sostenlo.

Rachel se sentó a horcajadas en la parte inferior de las piernas de Grif, con una rodilla a cada lado de sus pantorrillas y lo sujetó hacia abajo con su cuerpo. Inclinándose hacia adelante, lo limpió, los guantes se empaparon de sangre. Max metió un dedo profundamente en la herida, sacando un colgajo irregular de músculo y amplió su campo de visión, dejando que los hilos tenues de la fascia separaran una banda de músculo de la otra, guio sus ojos a lo largo de los planos originales. Un pequeño anillo de la anchura de un lápiz, pulsaba en la profundidad de la herida como un pequeño corazón —Aquí estás. Sólo con cinco milímetros de ancho, la arteria flexible saltaba con cada latido del corazón de Grif, bombeando la sangre en un flujo constante. Max deslizó las fauces abiertas de la pinza hemostática a cada lado del vaso roto y lo enganchó para cerrarlo. Inmediatamente el sangrado disminuyó.

—Oh, Dios mío— murmuró Rachel — ¿Listo? ¿Lo lograste?

—Casi— Max mantuvo la mirada fija en el extremo del frágil vaso y

apoyó el instrumento en su palma. Si Grif se retorcía nuevamente, esa arteria podría triturarse como un pañuelo mojado —Sólo mantenlo quieto un minuto más.

—Lo haré.

—Rachel, el paquete azul. Pásamelo— Max abrió el paquete de sutura de nylon #4,0, descansado suavemente la pinza hemostática en el muslo de Grif y aseguró la aguja curvada en las fauces del aparato que la sostendría. Manteniendo la hemorragia constante otra vez, pasó la sutura a través del vaso por encima de la hemorragia, trajo los extremos del nylon alrededor del instrumento y los anudó. Cuando aflojó la presión, el tronco de la arteria seccionada se llenó de sangre y palpitó como si estuviese viva y tratando de escapar. Pero la ligadura la contuvo y la hemorragia se detuvo.

—Te tengo, bastardo— Max tomó la primera respiración completa que había tenido en cinco minutos. Encontró otro vendaje hemostático y lo envolvió en la herida. Después de envolverle el muslo, le dio otra dosis de antibióticos. Miró de Rachel a Amina. Ambas parecían un poco aturdidas —Lo hicieron muy bien. Ambas. Rachel, ahora puedes bajar de sus piernas. Estará inconsciente por un tiempo.

Rachel se levantó y tiró de sus guantes cubiertos de sangre —Está muy caliente aquí ¿verdad? Yo… no siento... .

Max le agarró cuando empezó a balancearse —Tranquila. Estás bien. Sólo algo de exceso de sol.

—Estoy bien— murmuró Rachel, inclinándose contra el costado de Max —Por lo general, yo no….

—Esto no es habitual. Ven. Túmbate aquí— Max mantuvo su brazo en la cintura de Rachel y le guio hasta el catre —Eso es. Cierra los ojos.

Rachel levantó la mirada hacia ella —No puedo creer que hicieras eso. Fue…increíble.

Max sonrió —Gracias, pero realmente no lo es. Es lo que hago. — ¿Todo el tiempo?

—Sí.

—Eso es horrible.

—Lo sé. Lo es— Max sacó una bolsa de intravenosa de los suministros que había traído anteriormente —Está deshidratada. Voy a darte algo de líquido. Te sentirás mejor cuando despiertes.

—No quiero dormir.

Max entendía. La mayor parte del tiempo, ella tampoco —Entonces no tienes que hacerlo. Pero tienes que quedarte aquí hasta que la intravenosa haga su trabajo ¿Es un trato?

Rachel frunció el ceño —No creo que me gusten tus tratos. Creo que están amañados de alguna manera.

—Bueno, hasta que averigües cómo, sólo hazlo— Max deslizó la vía intravenosa y conectó el líquido. Cuando terminó de acomodarla, Rachel ya estaba dormida.

—También deberías descansar— dijo Amina al lado de Max.

—Lo haré…— Max miró de Rachel a Grif —… cuando salgamos de aquí, conseguiré una gran comida, un enorme vaso de whisky y dormiré durante una semana.