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How Can We Transparently Intercept Mobile Requests and Redirect them to the Cloud?

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3. How Can We Transparently Intercept Mobile Requests and Redirect them to the Cloud?

Rachel se enderezó despertándose, rodeada por el traqueteo y el estruendo de los disparos y rotores de helicópteros, el sabor de arena en su boca, el olor de la pólvora, el olor dulce a sangre fresca. Un terror tan profundo que creyó le envolvería. Sobre ella, el sol se desdibujaba detrás de las espesas nubes de polvo. Dolor y miedo atenuaban su visión. Tomó un respiro y se apoyó con las dos manos en la orilla del catre. El cuarto le dio vueltas y más recuerdos se agolparon. Los angustiados gritos de dolor de Grif, los ojos acusadores de Dacar, la mirada letal de Max sobre el cañón de un rifle de asalto. Max. Otro respiro a través de su garganta. La mano de Max en su espalda, constante y segura, la ternura en sus ojos que intentaba ocultar, la certidumbre y la delicadeza de sus manos mientras atendía el cuerpo lastimado de Grif.

Rachel se centró en sí misma. Estaba en la carpa. Estaba viva. El errático latido de su corazón se estabilizó en una cadencia constante. Le dolía su antebrazo derecho y levantó su mano. Un tubo de plástico se unía a un catéter pegado encima de su muñeca. Una bolsa de intravenosa estaba acomodada junto a ella, en la parte posterior de una de las sillas de madera. Tragó saliva. Su garganta estaba seca, sus ojos le dolían. La náusea era una compañera constante.

Pero estaba viva —Max.

—Estás despierta— dijo Amina — ¿Cómo te sientes?

Rachel volteó la cabeza y miró a Amina como otras tantas veces en su carpa… temprano en la mañana antes de levantarse y tarde en la noche antes de ir a dormir, cuando ambas susurraban algunos minutos sobre las cosas más allá del calor y la opresión de esta torturada tierra. Amina hablando largamente con nostalgia de su familia y amigos, sus esperanzas y sueños y Rachel escuchando. Tenía pocas cosas personales que compartir e intentaba no pensar en lo que decía acerca de su vida. Si Amina notaba su silencio, nunca le presionaba. Sus hermosos ojos oscuros, entonces y ahora, siempre habían sido cálidos, relajantes y comprensivos.

Esta noche, Amina estaba tendida en un catre frente a ella, acostada de lado, su cabeza apoyada en su codo, como siempre lo hacía. Mechones de su cabello de ébano se habían escapado de su trenza y caían en su nuca, suelto sobre sus hombros. Rachel no podía recordar haber visto a Amina con un solo cabello fuera de lugar, pero nada era como había sido y muchas cosas por las que alguna vez se había preocupado ya no importaban. Lo que importaba era la comida y agua y que todos se mantuviesen a salvo. Lo que importaba era Grif, tumbado en una camilla improvisada en un espacio entre ellas. Él parecía estar durmiendo. Eso esperaba.

—Estoy bien— dijo Rachel. — ¿Realmente?

Rachel rio irónicamente —No, en realidad me siento terrible. Siento como si tuviese dentro de mi cabeza un tambor. Pero estoy bien, tomando en cuenta todo ¿Cómo estás tú?

—Creo que también estoy bien, supongo— Amina miró a Grif —Estoy tan triste por Dacar y por los otros. Tan triste y tan enojada.

—Sí. Yo también— la ira, noto Rachel, era mucho más aguda que la tristeza… como un cuchillo cortando a través de ella, opacando el dolor aplastante de la pérdida. No olvidaría a los muertos, ni dejaría de llorarlos, pero mantendría su ira por la fuerza que encontraba en ella. Amina no era ajena a la pérdida. Tanto su padre como su hermano mayor habían muerto por algún tipo de conflicto entre clanes cuando ella era sólo una jovencita. Tal vez ella había reemplazado el dolor con empatía, canalizando su dolor en el programa de ayuda y la pasión por la justicia. Rachel no creía poder encontrar ninguna empatía para quienes mataban por poder, lujuria y codicia. No… tenía que mantener su ira y por el momento, su rifle. Recorriendo la carpa con la vista, su estómago se tensó.

— ¿Dónde está Max?— preguntó Rachel.

—Dijo algo sobre un reconocimiento. Salió hace veinte minutos.

— ¿Sola?— Rachel hizo una mueca —Por supuesto que sola. No hay nadie más aquí ¿Cuánto tiempo he estado durmiendo?

—No mucho. Una hora, tal vez.

Rachel se sentó a un lado del catre y los latidos en su cabeza desaparecieron en un torrente de adrenalina —No debería estar allá afuera sin apoyo ¿Por qué no esperó por mí?

—Ella es soldado— dijo Amina suavemente. —Es médico.

—Y tú estás muy deshidratada. Sigue habiendo un centenar de grados allá afuera. —Voy tras ella— Rachel aflojó el adhesivo en su muñeca, cerró el paso de la intravenosa y retiró la aguja de su brazo.

Amina se levantó, abrió un paquete de gasa y cubrió con una porción cuadrada y doblada el sitio en que la intravenosa estuvo en la muñeca de Rachel —No creo que deberías ir. No somos soldados.

—Creo que ahora lo somos— Rachel abrazó a Amina rápidamente y le soltó — Cuida de Grif. No dejaré el campamento, pero no puedo quedarme sentada aquí esperando.

—Pronto será de noche. Al menos estará más fresco.

—No estoy preocupada por la temperatura— Rachel no quiso decir lo que ambas estaban pensando. Que cuando cayera la noche, podrían ser rescatadas. O los rebeldes podrían regresar. No lo sabía y no había respuestas. Toda su vida, había buscado respuestas… por qué su padre se preocupaba más por el poder y el prestigio que por la felicidad, por qué nunca conoció a una mujer por quien podría correr el riesgo de abandonar el estatus social por amor, por qué no importaba lo que había alcanzado, todavía se sentía inquieta e insatisfecha. De repente las preguntas parecían autocomplacientes y las respuestas ya no importaban. Lo que importaba era lo que podía

hacer en este momento. Lo que importaba era el ahora. Sacudió la cabeza mientras tomó su rifle de asalto y salió al campamento. Max la estaba convirtiendo en un soldado, después de todo. Al realizar una búsqueda por el campamento y no encontrarla, la tensión en su centro se acrecentó. Alejando una ola de miedo al pensar que Max pudiese estar en peligro, se preguntaba qué más le estaba haciendo Max a ella.

***

Max se detuvo en el primer claro que pudo encontrar donde realmente pudiese ver el cielo a través de la densa selva. El sol era un intenso punto rojo en el oeste y calculaba que faltaba solo una hora antes que oscureciera. Intentó otra vez la comunicación por el satélite.

—Foxtrot Charlie, éste es Fox MD2, solicitando rescate inmediato. Cambio. Como todas las otras veces que había intentado más cerca al campamento, sólo recibió estática en respuesta. Repitió el mensaje y esperó.

…D2... repita...

Max se apoderó de la radio y su pulso saltó —Foxtrot Charlie, Soy Fox MD2, solicitando rescate inmediato. Cambio.

... cuál es su estado...

—Cuatro para transportar. Tenemos un herido. Cambio. Estática.

Max apretó la radio, quería gritar. Constante y clara, ella dijo —Foxtrot Charlie, adelante. Cambio.

Nada más que silencio.

Max esperó otros diez minutos, repitiendo su mensaje y ya no hubo más respuesta. Revisó su brújula y emprendió su rumbo hacia el campamento, el cansancio, el hambre y la preocupación se desvanecieron un poco. Ése fragmento de contacto, el sonido de una voz amigable desde casa, era casi tan alentador como el zumbido de los rotores acercándose. Las tropas en Djibouti… su familia más allá de la madre y el padre con demasiados niños y sin suficientes medios o interés para cuidarlos… sabían que ella estaba aquí y la ayuda vendría. Nunca lo había dudado, pero la insidiosa sensación de estar aislados y abandonados se escondía en su interior, emergía cuando ella estaba más débil. No saber cuándo o si otro ataque vendría, le había atormentado todo el día. Le había dicho a Rachel que no importaba lo que viniera… lo único que importaba era estar preparadas y encararlo de frente. No estaba preocupada por sí misma. Nunca había sentido la ansiedad de ser extraída, pero tenía a dos civiles y a un marino severamente herido y faltaba al menos unas horas más para esperar que los Halcones Negros regresaran. Si hubiese una competencia entre los Halcones Negros y los rebeldes para llegar a ellos, ella apostaría por los Halcones Negros.

El ataque de ésa mañana había sido un asalto desorganizado por unos rebeldes que probablemente tropezaron con el campamento por accidente. La pequeña fuerza de exploradores pudo haber atacado sin saber la identidad del contingente de la Cruz Roja.

Dudaba que a los insurgentes les hubiese importado la neutralidad de los trabajadores de la Cruz Roja, aunque lo hubiesen sabido, tomando en cuenta que asaltaban a los locales cada vez que los aldeanos o ganaderos se acercaban a territorio rebelde. La principal fuerza rebelde probablemente todavía estaba muy lejos. Los sobrevivientes rebeldes estarían heridos y para cuando llegaran a su base… incluso si otro ataque fuese planeado… les tomaría tiempo organizar las fuerzas y regresar. Un ataque en respuesta ni siquiera sería una prioridad… a menos que tuviesen un objetivo específico. Justo como el que ella había tenido. Rachel.

Dos Halcones Negros habían sido enviados específicamente para rescatar a Rachel. Rachel había evitado hablar de ello, pero alguien con poder había arreglado algo así. Si ella era el objetivo del ataque esta mañana, los rebeldes regresarían por otro intento. Max exhaló fuertemente. Pensar en Rachel en manos de los rebeldes bloqueaba su razón. Necesitaba concentrarse en lo que sabía y en lo que podía hacer. Había sido escuchada en la Base. La ayuda estaría en camino y hasta que llegara, tenía que estar lista para pelear nuevamente. Inició el regreso al campamento, contenta de llevarle buenas noticias a Rachel. A Rachel, Amina y a Grif.

El sendero era apenas reconocible al principio, apenas lo suficientemente ancho para una hiena mucho menos para ser humano y entonces lo piso antes de darse cuenta. El sendero corría paralelo al campamento, casi cincuenta metros dentro de la selva y era solo uno de los cientos que entrecruzaban la zona, recorrida por los cazadores, pastores y las tribus nómadas… y, en los últimos meses, por fuerzas rebeldes que usaban la selva como un santuario de ataques aéreos y terrestres. Esta probablemente había sido la ruta de los rebeldes, que habían atacado el campamento ésta mañana. Por el aspecto del sendero, no era una vía de acceso principal. Nada sugería un transporte mecanizado o incluso un gran volumen de tráfico a pie.

Su estómago se tensó, se quedó inmóvil y buscó señales en la tierra a su alrededor por alguna perturbación. Inteligencia obtuvo informes de los somalíes, que indicaban que la tierra a todo lo largo de los senderos de la selva estaban minados. Si perdía un pie o una pierna aquí, moriría al estar expuesta, o por un ataque de animal o una infección si no se desangraba primero. Amina y Rachel probablemente sobrevivirían sin ella hasta que llegara la ayuda, siempre que los rebeldes no atacaran otra vez. Ambas eran fuertes y llenas de recursos, pero Grif estaba en estado crítico. Él podría empeorar en cualquier momento y sin un médico nunca lo lograría.

Caminó lentamente, regresando con cuidado sobre sus pasos a lo largo de la ruta que había tomado desde el campamento. Apenas pudo distinguir el primer descanso indicando el borde del campamento cuando las ramas golpearon directamente hacia ella y donde la brisa no podía penetrar. Se agachó detrás de un tronco de árbol y apuntó hacia donde había percibido movimiento. Cinco minutos. Nada. Se arrastró más de cerca, con la boca seca y el martilleo en su corazón ¿Los rebeldes le habrían rodeado? ¿Ya estarían en el campamento? ¿Se habría equivocado en todo? ¿Las fuerzas rebeldes estarían más cerca de lo que había calculado? ¿Habrían regresado antes del anochecer? ¿Rachel, Amina y Grif ya estarían muertos?

Se detuvo justo en la orilla de la selva y exploró el campamento. Todo tranquilo. Con precaución, corrió hacia un lado de una de las pequeñas carpas, usándola para

cubrirse. Escuchó el crujido de las piedras detrás de ella y se giró. Rachel estaba de rodillas en una carpa adyacente, su rifle de asalto formando un ángulo contra su pecho. Ella miró con Max.

—Podría haberte disparado ¿sabes?— dijo Rachel.

La bravuconería de Rachel era tan genuina, que la ansiedad de Max se había evaporado en una ola de alivio. Ella sonrió —Eso es bastante arrogante ¿no crees?

—No dije que sólo tomaría una bala— Rachel se enderezó, sus ojos se estrecharon aun parpadeando — ¿Estás bien?

Max se encogió de hombros, la molestia resurgió ahora que sabía que Rachel estaba a salvo —Por supuesto que estoy bien ¿Qué diablos estás haciendo aquí afuera?

—Iba a preguntar lo mismo— con la mandíbula apretada, Rachel se acercó hacia ella — ¿Qué estás haciendo, yendo sola en la selva?

Max sintió subir sus cejas —Pensé que sería una buena idea asegurarme que el perímetro estuviese razonablemente seguro.

— ¿Y qué hubieses hecho si te hubieses encontrado en medio de un puñado de rebeldes? ¿Luchar contra todos tú sola?

—Habría venido a toda velocidad hasta aquí ¿Cuál era tu plan si una docena de ellos hubiesen irrumpido en el campamento mientras estabas aquí afuera jugando a la patrulla?

—Lo que me enseñaste. Apuntar y disparar. Mucho.

Max sofocó otra sonrisa. Rachel había hecho lo mismo que ella hubiese hecho. Tomar un arma y salir a revisar. De todos modos, ella estaba preparada para morir. Quizás Rachel también lo estaba, pero no iba a permitir que eso sucediera. Pensar en Rachel herida enronqueció su voz — ¿Qué estás haciendo fuera de la cama?

—No soy un paciente— espetó Rachel —Y tú no eres Rambo. Deja de tomar riesgos.

—Lamento haberte preocupado.

Los dientes de Rachel le dolían por apretar su mandíbula. La mujer era exasperante ¿Realmente pensaba que era invencible, o simplemente no le importaba si algún sicópata le disparaba o, peor aún, arrastrarla para primero torturarla? Todos los escenarios que podría imaginar pasaron por su mente mientras esperaba alguna señal de Max. Tan sólo la advertencia anterior de Max de no internarse en la selva debido a las minas, le había mantenido dentro del campamento. Eso y el no haber querido dejar sola a Amina. Cuando Max apareció a través de la selva, quiso gritar de alivio y correr hacia ella. Ahora sólo quería estrangularla ¿Y si no hubiese regresado? ¿Y si nunca le hubiera visto otra vez? La sensación de ansiedad en su estómago fue mucho peor que el temor que sentía ante la idea de que los rebeldes regresaran. Tenía un rifle… podía pelear. Lo único con lo que no podía pelear era con la muerte. Max tomaba muchos riesgos y eso le asustaba de una manera que nunca había temido anteriormente —No me preocupaste. Sólo me hiciste enojar.

—Bueno, eso no es nada inusual— Max miró hacia el cielo como si buscara algo. Cuando bajó la mirada hacia Rachel, el sorprendente azul de sus ojos atrajo a Rachel y sólo un instante, la guerra, la muerte y el miedo desaparecieron.

— ¿Encontraste algo allá afuera?— preguntó Rachel, decidida a romper el hechizo. Max de Milles podría ser una mujer atractiva… de acuerdo, una asombrosa mujer atractiva… pero también tenía un complejo de superioridad que probablemente haría que fuese asesinada. Y era controladora y autoritaria y simplemente frustrante en todos los niveles. Así que olvidarse de sus increíbles ojos azules y su hermosa sonrisa era una muy buena idea.

Max vaciló —Un sendero atraviesa bastante cerca del campamento. Creo que es el camino por donde los rebeldes llegaron esta mañana. Ahora no hay señales de ellos.

Rachel suspiró, su alivio teñido de molestia —Maldita sea, Max. Pudiste toparte con ellos.

—También me comuniqué con la Base— — ¡Oh Dios mío! ¡Por qué no lo dijiste antes!.

Max se rio —Lo habría hecho, pero no has dejado de regañarme. Rachel se apoderó del brazo de Max — ¿Van a venir?

—Te dije que lo harían— dijo Max —La transmisión se cortó, pero saben que estamos aquí. Vendrán.

La alegría de Rachel se apagó y miró hacia la carpa — ¿No se sabe cuándo? —No ¿Amina y Grif están bien?

—Sí. Amina dice que sus signos vitales están estables. Él estaba durmiendo cuando salí.

— ¿Y tú? ¿Cómo te sientes?

—Hambrienta, pero pensar en otro paquete de pollo pre-cocido no es realmente atractivo— Rachel se dio cuenta que todavía sostenía el brazo de Max y la soltó —Y todavía estoy molesta contigo.

—Uh-huh. Tenemos un poco de luz y la zona está despejada ¿Ayudará si hago guardia mientras te das una ducha?

Rachel le estudió —No estoy segura que dos minutos bajo un chorrito de agua tibia vaya a ser suficiente para disolver mi molestia.