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En octubre de 2006 presentamos nuestro trabajo de investigación para la obtención del Diploma de Estudios Avanzados con el título que lleva este apartado y con unos contenidos que hemos incorporado y ampliado muy considerablemente para el desarrollo de nuestra Tesis. Ahora (abril de 2008) ha llegado a nuestras manos un interesantísimo trabajo titulado Les exclus de l’Antiquité que recoge con este epígrafe las ponencias presentadas en el Colo- quio de Lyón de fechas 23- 24 de septiembre de 2004 y editado en 2007 por C. Wolff. Algunas de las apreciaciones vertidas en los diferentes textos ya las habíamos propuesto. Otras nos han resultado muy útiles para poner al día nuestra reflexión sobre el personaje de Tersites, en particular, y para comple- tar la visión de conjunto de esta tarea de investigación.
La ponencia de G. Courtieu 147 que abre el volumen dedica al Tersites ho- mérico siete páginas para analizar su figura como la de un excluido, tras ini- ciar su trabajo con la precisión de que la noción de exclusión social no existía para Homero y que, de haber considerado a algún héroe como excluído, éste sería Aquiles, por su desmesura (p. 9, n.3). Sigue afirmando que la Ilíada pre- senta grupos homogéneos de individuos que basan su unión en valores intan- gibles exaltados por la nobleza y que hay sólo tres sujetos que afirman su ori- ginalidad rechazando estos mismos valores: Tersites, Polidamante y Dolón. Continúa enumerando las características que los diferencian y que determi- nan su posición marginal:
- status social poco definido por el poeta.
- contestación a los valores de la sociedad homérica
- diferenciación de los demás por su aspecto, por sus actos y, sobre todo, por sus palabras
- actitud provocativa que recibe respuesta más o menos brutal por parte de la autoridad y de la mayoría, con lo que se establece aún más claramente su exclusión.
Continúa Courtieu sus propuestas afirmando que la visión de Tersites como caricatura, como arquetipo de la fealdad es moderna, pero Homero se sirve de trazos gruesos en el retrato físico del personaje para acentuar su ignominia moral. En cuanto al nombre, se limita a afirmar que Tersites no es
147 G. Courtieu, «Thersite et Polydamas: le masque et le trouble des héros», Les exclus dans l’Antiquité.
Actes du Colloque organisé à Lyon les 23-24 septembre 2004, pp. 9-25.
nadie, que carece de patronímico y de región de origen, que se distingue de la nobleza y que pertenece al pueblo y, además, que se opone a los héroes más prestigiosos. De algunos de estos asertos nos permitimos discrepar y ofre- cemos nuestros argumentos al respecto más abajo. Pero sí coincidimos en la apreciación de que el castigo ejemplar que le inflige Odiseo “confirme l’ extreme bássesse de son statut…il subit des coups, suscite des rires, est ridiculisé par des allusions sexuelles et sombre par absence de dignité dans le grotesque : la caricature du kakos est ici complète et devait satisfaire les attentes des publics aristocratiques de l’épopée” . (pp. 11-12). A partir de las diversas interpretaciones que ha suscitado este individuo, Courtieu se inclina por entenderlo como un chivo expiatorio, no como un bufón depositario de una cierta libertad de palabra ni como un Inocente, individuos que no debían ser fulminados por el poder autocrático bajo pena de sacrilegio (p. 13).
Concluye su análisis de la figura de Tersites afirmando que éste ofrecía al público de la Ilíada el espectáculo de una concepción de oposición a la auto- ridad, una oposición brutal y primitiva en su expresión y su represión que conduce a la violencia y al ridículo y que no lleva a ninguna parte, a pesar de fundarse en razones de peso. Sin embargo, Tersites enriquece el debate acerca de la “democracia homérica” y muestra que los oyentes de la Ilíada, en algún lugar del Asia Menor, en torno al siglo VIII a. C. eran capaces de entender, de reflexionar, de apreciar, incluso de reírse, con la exposición de razones progresistas. El público que podía chancearse con Tersites era contemporáneo y actor de grandes cambios políticos, de una transición hacia otro modelo social y político.
Por nuestra parte, comenzábamos nuestro estudio sobre la figura de Tersites señalando que entre los héroes homéricos su personalidad es la excepción a todas las reglas. La sociedad homérica debía contar con más sujetos de esta laya, pero sólo éste nos es conocido con bastante detalle, ya que se muestra en las fuentes más variadas. Una vez repasadas éstas centrábamos nuestro enfoque del personaje a partir de los discursos que han puesto en su boca Homero y Quinto de Esmirna, respectivamente.
Homero introduce en el mundo heroico esta figura, la presenta con una actitud ajena a todos los conceptos relativos a la grandeza moral, y la encaja en una sociedad que se estructuraba sobre tres clases sociales: nobles, de- miurgos y thetes. La nobleza, que sería minoritaria en el cómputo de la po- blación, estimaba junto a la pureza de sangre, la riqueza. Esta estaba consti- tuída por la posesión de tierras, ganado, despensas bien repletas de grano, vino y aceite, lingotes de bronce y de hierro, cofres llenos de ropas bordadas, copas preciosas y armas148. En la escala social, tras los nobles aparecen los de- miurgos, quienes ejercen oficios casi siempre hereditarios que desempeñan
con carácter público. Unos son artesanos, otros podrían definirse como pro- fesionales “liberales”: adivinos, heraldos, médicos y cantores.
Tersites aparece en el canto segundo de la Ilíada en un episodio de sobra conocido. Para W. Jaeger “la escena de Tersites en la Ilíada, que expone a la risa pública al repugnante y odioso agitador, es una escena auténticamente popular, una pequeña comedia entre las múltiples tragedias que contiene la epopeya homérica”149. Señala W. Nestle que en Tersites coinciden “la fealdad física y la vulgaridad anímica”150. Y W. Jaeger (op. cit. p. 34) apunta: “Tersites es la única caricatura realmente maliciosa en la totalidad de la obra de Ho- mero.”
En la Introducción a Homero (pp. 342-3) dice R. Adrados: “…sobre todo, junto a los “reyes nacidos de Zeus”, que representan a la aristocracia, a su “entourage” y a las gentes situadas fuera de la protección normal de la so- ciedad, tenemos al pueblo. Es el que forma la masa de los combatientes, aunque toda la narración de los combates esté hecha con la idea de quitar importancia a su actuación. Son hombres libres, evidentemente propietarios de tierras o ganados, y que desempeñan un papel en la vida política, puesto que constituyen la Asamblea. Su papel en ésta es limitado, pero no des- preciable…no pueden levantarse a hacer propuestas y cuando uno de ellos, Tersites, lo hace, Ulises le reduce golpeándole con su cetro, lo que parece a todo el mundo una cosa excelente… La posición de Homero es, por supues- to, estrictamente aristocrática: Tersites es el más feo de los griegos, es incapaz de kósmoso disciplina: Odiseo le acusa de ser “peor” que los reyes o nobles.”
Si sólo supiéramos de Tersites por lo que nos relata Homero, este in- dividuo podría inspirarnos una cierta ternura. Su físico poco agraciado, su manera de hablar insolente y su audacia cuando se destaca entre los demás guerreros para enfrentarse a los caudillos aqueos no cesan de provocar una mezcla de rechazo y admiración. Rechazo porque no resulta simpático ni atractivo, y admiración porque su arrogancia preludia la democracia (y la demagogia) asamblearia en la que cualquier individuo puede tomar la pala- bra y exponer sus argumentos de igual a igual. Pero no debemos olvidar que Tersites no habla en términos de equidad con Agamenón ni con Odiseo, ni es un ciudadano en una polis. En el ejército de los Atridas es sólo un soldado raso, arrastrado a una guerra que quizá no le concierne en exceso y que ve cómo el provecho inmediato de las acciones bélicas va a parar a otras manos. El resultado de su intervención, la contundencia de su fracaso y la risa que suscita su derrota entre sus conmilitones, nos dejan un regusto amargo. Des- de nuestra perspectiva, no carece de razones para tomar la palabra, y el cas- tigo que recibe se nos antoja excesivo y humillante.
149 W. Jaeger. Paideia, Madrid.1982, p. 326.
Pero la literatura griega nos ha transmitido más datos sobre este sujeto. A partir de éstos nuestra primera perspectiva, indulgente, se transforma de for- ma radical, pues descubrimos en Tersites a un perfecto malvado, un ser co- barde y traicionero. Arctino en su Etiópida habría dedicado muchos versos al episodio de Aquiles y Pentesilea, que el resumen de Proclo sintetiza así: “La amazona Pentesilea, hija de Ares, tracia de origen, llega junto a los troyanos, dispuesta a combatir como aliada de ellos. Cuando destacaba en la batalla, la mata Aquiles y los troyanos la sepultan. Aquiles mata a Tersites, al ser objeto de las injurias de éste y por haberle echado en cara un supuesto amor por Pentesilea. Después de eso surge una disputa entre los aqueos a propósito de la muerte de Tersites” 151.
La obra dramática de Queremón titulada Tersites o bien Aquiles matador de Tersites es probable que fuera una sátira (Nauck fr. 782). Luciano asimila a Tersites con un orador cínico popular (Vit. Dem. 61); lo compara con un cuervo e incide en su vena oratoria (Fug. 30) al decir que su palabra era con- fusa y sin orden. También lo equipara con el rey de los persas (Hist.14 ss.). Quinto de Esmirna (1. 720 ss.) pone en boca de Tersites una diatriba contra Aquiles, enamorado de la muerta Pentesilea, acusándole de mujeriego. Lico- frón, en su Alejandra (1000 ss.) se refiere a él como “el necio y feo Tersites” y relata que ultrajó la agonía de Pentesilea, que le dio una lanzada en el ojo y que Aquiles lo mató. Libanio le dedica uno de sus ejercicios retóricos (Enco- mio de Tersites), en una tentativa de reivindicar su figura tan denostada, pero no parece ser sino eso: un ejercicio retórico teñido de ironía. Sin embargo, es quizá el único testimonio con el que la Antigüedad tardía rindió tributo a este antihéroe “cuyo valor simbólico no supo captar la democracia ateniense en sus momentos de apogeo”152. Entre los latinos, Juvenal (11, 30 ss.) presenta un enfrentamiento entre Tersites y Aquiles.
Su biografía, aparte de los episodios que lo oponen a Agamenón y Odi- seo, por una parte, y a Aquiles, por otra, cuenta con algunos otros hechos no- torios referidos por distintos autores. Ninguno de ellos es un motivo de ho- nor o de gloria para el personaje y uno de ellos (la confrontación con Aquiles tras la muerte de Pentesilea) le acarreará su propio fin.
A partir de estos testimonios abordaremos a esta figura, considerando sus orígenes, el significado de su nombre, su aspecto físico, su catadura moral, su actuación antes y durante la guerra de Troya, su muerte y su pervivencia post mortem.
151 Fragmentos de épica griega arcaica.BCG Madrid 1979, p. 141. Trad. de A. Bernabé.
152 Luis Gil. “El cinismo y la remodelación de los arquetipos culturales griegos” RUC 1980/1 pp. 43-78, p. 76.
Orígenes
Por su origen Tersites es de procedencia etolia. Nieto de Portaón (que en Homero Il. 14. 115 ss. aparece como Porteo) y Éurite; hijo de Agrio (el “rústi- co” o “salvaje”) y de Día, a la cual se cita aquí como la última descendiente de Portaón. Sus hermanos eran Onquesto, Prótoo, Celéutor, Licopeo y Melani- po (Schol a Il. 2. 212). Su origen etolio lo confirma también Tzetzes (Schol. Licofrón 999).
Apolodoro (Bibl. I. 7, 10, 2) nos informa de que Portaón y Éurite eran los padres de Agrio y de Eneo, entre otros; Eneo, según Pausanias (II. 25, 2) era un rey etolio que fue expulsado del trono por los hijos de Agrio, y se refugió en Argos con Diomedes, que le ayudó en su venganza. De Eneo nació Tideo y de éste Diomedes. El propio Diomedes se jacta en Ilíada 14. 113 ss. de su ilustre progenie: hijo de Tideo, nieto de Eneo y biznieto de Porteo. Se inserta así la figura de Tersites en una familia distinguida, aunque sus allegados más próximos, como ya se va apuntando y veremos más abajo, no destacaron nun- ca en acciones nobles, sino que se vieron envueltos en episodios violentos y en discordias fraternas. Quizá por ello Tersites no se ufanaba de su parentela. Según Libanio recibió una buena educación siendo niño y no rehuyó parti- cipar en la expedición de los Atridas contra Troya (Libanio, Encomio de Tersites 8, 4, 1 3 ss.).
Su parentesco con Diomedes aparece resaltado, asimismo, en Quinto de Esmirna (I. 769 ss.). Antonino Liberal (37) relata que Diomedes, tras la caída de Troya, marchó a Calidón, mató a Agrio y a sus hijos y entregó el poder real a su abuelo Eneo. Eustacio destaca su estirpe ilustre y su parentesco con Diomedes153.
El nombre
Había un antiguo dios laconio llamado Θηρίτας o Θηρεῖτας (Hesiquio) que también Pausanias recoge (III. 19, 8) como denominación laconia de un san- tuario dedicado al dios Ares. La raíz doria θερσ- que se modifica en θηρ-es- taría en el nombre de éste. El escolio a Il. 2. 212 relaciona el apelativo de Ter- sites con el eolio θέρσος / θάρσος. Así pues, parece claro, que Tersites se for- ma sobre esta raíz, emparentada con el sánscrito dharsh (“arriesgar”) y con el avéstico darshi, (“fuerte”), que nos acercan al latín fortis, “valeroso”. Del con- cepto de exceso de valor o de un valor en un sentido extremo, el Etym. Mag (24, 38; 447, 22, de θερεῖν deriva “excitarse”, “acalorarse”, el significado más amplio de “vehemente”, “descarado” e “insolente,” traducción que sigue Curtius (Etymologie), mientras que Wecklein (Sóf. Phil. 442) prefiere “audaz”
Luis Gil, al analizar el encomio que Libanio hizo del personaje154 resume el significado del nombre remitiendo a tharsos y al atrevimiento.
J. Ebert sostiene que el nombre de Tersites (“insolente”) es de origen te- salio y que algunas pinturas de vasos representan a Tersites con rasgos no- bles, lo que le lleva a proponer que primitivamente no era el ser innoble que Homero presenta. En las Ciprias se producía un motín promovido por Ter- sites, pero como la acción de la Ilíada exige que la armada reencuentre de golpe su combatividad, el poeta hacía del incitador al amotinamiento la ima- gen del ridículo y de la abyección155.