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Chapter 7 Phase analysis of amplitude mask structures 1D and 2D

7.3 Phase evolution from corner structure (2D)

ella? El último supuesto que discutiré es que sí quedará algo. Por supuesto, existe aquí el peligro de una paradoja, porque el supuesto de que la teología no es esencial para la teoría neoclásica es en sí mismo un supuesto teológi- co. Pero si esta dificultad fuera fatal, también lo sería el hecho de que es imposible una ciencia de cualquier Üpo libre de valores.

El contenido esencial de la teoría económica neoclásica es que los agentes individuales siguen patrones predecibles de una conducta regular y que su ambiente se ajusta a sus decisiones en una forma que produce cier- to tipo de equilibrio general. Joan Robinson fue un crítico estridente de d i - cha teoría por cuando menos dos razones. La primera era la patente falta de realismo de la mayoría de los supuestos de la economía neoclásica, ¡o cual se ha discutido bastante en este ensayo. La segunda razón fue el uso de la teoría económica neoclásica para apoyar la teología económica del l a i s s e z - f a i r e , lo cual era para ella, como discípula de Keynes, perverso. Ella fue incapaz de ver cómo podría desprenderse la teoría neoclásica, en alguna forma, de la teología del l a i s s e z - f a i r e . Esto es completamente comprensi- ble, porque es sólo en algunos de los más recientes desarrollos en la teoría económica y en la teoría de los juegos que se está empezando a hacer posi- ble tal desprendimiento. Este ensayo abordó algunos de ellos, pero de nin- guna manera todos, puesto que elegí concentrarme en la forma como po- dría modificarse la teoría walrasiana del equilibrio general para relajar algunas de las afirmaciones más polémicas que subyacen a la teología del l a i s s e z - f a i r e .

Sin embargo, como se empieza a hacer claro con la discusión de la sec- ción 21, hay todavía muchos problemas cuando se trata de escapar de la teoría walrasiana y abordar seriamente el problema del poder monopólico de la corporación moderna. Además, es probable que el poder monopóli- co aporte ultimadamente la mejor explicación teórica para el fenómeno keynesiano de precios y salarios nominales rígidos en el (muy) corto plazo, sobre todo cuando se reconoce que los fijadores de precios no están menos expuestos a la racionalidad limitada que cualquier otra clase de agente eco- nómico (véase por ejemplo, Kalecki, 1971; Nikaido (1975), Negishi, 1979; Hart, 1982; Akerlof y Yellen, 1985b, y Roberts, 1987). Los problemas de la competencia imperfecta y el desequilibrio keynesiano fueron con los que Joan Robinson luchó toda su vida. M i fracaso en discutirlos con mayor pro-

fundidad refleja parcialmente el hecho de que este ensayo ya es largo, pero las dificultades inherentes a estos problemas lo son mucho más. Estuvo bien que Joan Robinson se dedicara a no permitir que se olvidaran de ellos por largo tiempo, así como a incomodar tanto como friera posible a los in- clinados a la teología siempre que trataran de esconder bajo la alfombra ta- les problemas inconvenientes.

Quizás sea menos afortunado que sus objeciones legítimas a la ideolo- gía neoclásica no le permitieran entender que algunos de nosotros aún po-

dríamos tener el deseo de buscar una teoría neoclásica purgada de teología. Sobre todo, nunca pareció darle crédito a la idea de Hicks (1946) sobre equilibrio temporal, como fue actualizada por Grandmont (1982, 1983) y otros. Esto permite que la historia juegue un papel en la determinación del resultado de equilibrio de la economía y no es la acostumbrada idea estéril de un estado estacionario o un equilibrio de largo plazo que ella, correcta- mente, objetaba con mucha frecuencia. En realidad, parece que su justifica- da hostilidad a los supuestos conductuales de la teoría neoclásica conven- cional —racionalidad ilimitada, previsión ilimitada, etc.— era tan fuerte que la cegaba completamente sobre la posibilidad de tener modelos útiles de equilibrio de una economía, sobre todo con fines predictivos, sin todo el bagaje neoclásico. Y si esto ciertamente es una falla, ella de seguro hubiera deseado que yo lo señalara —preferiblemente hace tiempo, cuando todavía hubiera habido tiempo para que ella respondiera— porque como escribió en el primer volumen de sus Collected E c o n o m i c Papers, dedicado a sus es- tudiantes: " Y o no agrego las reservas usuales al reconocimiento de mis estudiantes, porque pienso que ellos deberían ser responsables por cual- quier error que me hayan permitido mantener."

Ni aun las duras críticas recientes de Weintraub (1985) están fuera de lugar, aunque sólo cuentan una parte pequeña de la historia completa. Los economistas contemporáneos no pueden permitirse olvidar lo que Joan Ro¬ binson defendió, a menos que estén contentos de permanecer como escla- vos de los intereses mercantiles. Sobre todo, nuestras enseñanzas de teoría económica, especialmente de economía del bienestar o de lo que se entien- de por una buena política económica, es claro que necesita salir del estado actual, que todavía está demasiado cerca de lo que Joan Robinson describió hace veintiocho años en el E c o n o m i c Weekly de Bombay:

El estudiante serio es atraído a la economía por un sentimiento humanitario y por patriotismo: desea aprender cómo escoger la política económica que au- mentará el bienestar humano. La teoría ortodoxa desvía estos sentimientos al árido desierto de la llamada Economía del Bienestar, un sistema de ideas basado en una psicología mecanicista de la persecución totalmente individualista del placer y la evasión del dolor, que nadie cree que sea una descripción correcta de la naturaleza humana, presentada en fórmulas algebraicas que ni siquiera pre- tenden ser aplicables a la información real. Conforme profundiza en la materia, lee a algunos autores sutiles y brillantes que bajan del pedestal al tema y mues- tran concluyentcmente que su metodología es Inadmisible. Para la mayoría, ésta es una pastilla muy amarga de tragar y se aferran desesperadamente a algunos restos de lo que han aprendido porque no se les ofrece otra forma de formular los vagos sentimientos benevolentes con que empezaron.

El estudiante serio estaba esperando, también, aprender algo que lo ayudara a decidirse sobre la gran pregunta abierta a los países en desarrollo:

TEOLOGÍA DE LA TEORÍA ECONÓMICA NEOCLÁSICA 73