La presente investigación profundizó en las categorías de construcción de paz, violencias y voces y capacidades en la Primera Infancia, que se expondrán a continuación:
Construcción de paz.
Para esta investigación se considera la construcción de paz como una visión y un proceso de construcción colectiva. Visión entendida como una nueva manera de ver la
dinámica social y los conflictos, por tanto, supone metodologías diferenciadas y énfasis diferentes y complementarios con otros abordajes. Como proceso de construcción supone un orden de etapas que conllevan a establecer relaciones sociales reestructuradas donde es interesante ver a los niños y niñas desde sus habilidades y capacidades y saber si son o no capaces de construir paz por ellos mismos, de esta forma se constituye en un proceso de transformación cultural, social y emocional en determinado grupo.
Es muy pertinente en este momento tomar la postura de Jean Paul Lederach (2008) donde enfoca la construcción de paz entendida como aquel “intento de desplazar las relaciones de aquellas definidas por el temor, la recriminación mutua y la violencia hacia las caracterizadas por el amor, el respeto mutuo y el compromiso proactivo”. Asi mismo es necesario reconocer y construir espacios relacionales que no existían o que deben ser reforzados en distintos escenarios, contextos y niveles de una sociedad (p. 131-132; 139).
La fundación PLAN, en su documento “Niñas y niños: determinantes en la
construcción de paz territorial, estable y duradera” (2015) define la construcción de paz así:
Es un conjunto de acciones (en el corto, medio y largo plazo) que permiten a una sociedad prevenir, gestionar y resolver el conflicto -a través de sus propias capacidades- sin recurrir al uso de la violencia. Es un camino para alcanzar la estabilidad estructural y su correspondiente nivel de Seguridad Humana y trabaja
para eliminar las causas estructurales de los conflictos violentos y fortalecer las sociedades y su convivencia pacífica. (p.98)
Violencias en la infancia.
Si bien el desarrollo armónico de los niños y las niñas en todos sus aspectos está directamente relacionado con el contexto en el que crecen, no siempre este es sano o positivo, y es dependiendo de las relaciones que se tejen entre el donde se puede favorecer y potenciar su desarrollo o por el contrario perjudicarlo. Una de las
experiencias que representa mayor riesgo para los niños y las niñas en sus primeros años de vida es la violencia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la define como:
El uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones. (p.14).
Cabe destacar que existen diferentes formas de violencia que pueden afectar a los niños y niñas de manera directa (aducen al maltrato infantil por medio de golpes, castigos, amenazas, insultos, descuidos, entre otros) o indirecta (las consecuencias que conlleva cuando los menores atestiguan violencia en su hogar). El “Estudio de las Naciones Unidas sobre la Violencia contra los Niños” que la ONU emprendió en el año 2002 comprobó que la violencia contra las niñas y los niños “existe en todos los países
del mundo, independientemente de las culturas, las clases sociales, niveles educativos, ingresos y orígenes étnicos” (ONU, 2006, p. 5).
Por las características propias del contexto que rodea el colegio y por las dinámicas en las que se mueven los niños y niñas es relativo señalar al sociólogo noruego Johan Galtung sobre los años noventa, nos refiere tres formas de violencia: la directa, la estructural y la cultural. Siendo la directa correspondiente a la violencia física, verbal o ambas; la cual se puede identificar fácilmente. La violencia estructural es cuando se generan condiciones de explotación, discriminación, marginación, dominación e injusticia social basadas en un sistema inequitativo en el cual los recursos son mal distribuidos, ejemplo de ello es la pobreza y en tercer lugar la violencia cultural que aduce al ataque de la identidad de una persona o comunidad, ejemplo de ello es el
rechazo que tienen los desplazados por diversas personas de la sociedad. (Galtung, 1998, p. 168).
Voces y capacidades.
Los niños y niñas son invisibilizados y muchas veces sus voces u opiniones no trascienden a las ideas de los adultos, por ello es importante verlos como sujetos activos de la sociedad, capaces de pensar y actuar de diversas formas dependiendo su contexto inmediato. Veamos entonces algunos autores que apoyan la premisa de ser humano poseedor de habilidades y capacidades.
Desde el enfoque de la Acción sin Daño trabajado desde el 2011 en un esfuerzo para la construcción de paz por medio de varias agencias para la paz y la Universidad
Nacional de Colombia, las capacidades locales para la paz aparecen como aquellos aspectos de la vida que siguen uniendo a las personas aun cuando el contexto violento amenaza con destruir todas las relaciones que no estén basadas en la intención de
imponer los propios intereses por medio del uso de la violencia directa.(Rodríguez, 2009, p. 37).
Las capacidades locales para la paz se refieren a aquellos elementos y sistemas que todas las sociedades poseen “para manejar las diferencias y las tensiones sin violencia… para limitar y acabar con la violencia si ésta surge, y todas cuentan con individuos que afirman la paz aunque domine la guerra” (Anderson, 1999, p. 36). Así, las capacidades locales para la paz aparecen como aquellos aspectos de la vida que unen a las personas en medio de contextos conflictivos, y su reconocimiento por parte de las agencias de ayuda humanitaria, de desarrollo y del Estado es de vital importancia en la medida en que pueden promover soluciones locales a los conflictos.
En la Convención de los Derechos del Niño en 1989 se reconoció el derecho de los niños y niñas a ser escuchados, a opinar y a difundir ideas. A partir de esto, Allison James, ha cuestionado cómo desde el campo de la política o desde la academia, se ha
insistido en el deseo colectivo de hacer que las voces y miradas de los niños y las niñas sean escuchadas y reconocidas por el mundo adulto (citada por Sosenksi, 2016)
En su artículo “Dar casa a las voces infantiles, reflexiones desde la historia” Sosenksi (2016) argumenta sobre esta categoría que:
Las voces de las niñas y niños son parte del patrimonio cultural, de la memoria colectiva de nuestros pueblos; constituyen la prueba tangible de que los niños y niñas han sido, son y serán actores sociales, es decir, sujetos fundamentales de la historia. Es necesario pensar en la voz infantil como un documento que puede enmarcarse en diversos géneros discursivos. Es decir, las niñas y los niños son autores de discursos y de documentos. Porque su voz no sólo puede ser escuchada, sino también leída y vista. De tal forma, si reconocemos a los niños y niñas como sujetos con libertad de expresión, capaces de formar juicios propios, con el
derecho a difundir informaciones e ideas ya sea oralmente, por escrito o impresas, en forma artística o por cualquier otro medio elegido por el niño o niña -como lo señalan los artículos 12 y 13 de la Convención-, debemos reconocer en ellos y ellas la posibilidad ser autores y de crear documentos. El documento puede ser cualquier producción infantil, es multiforme, puede adoptar diversas
materialidades: diarios infantiles, cuadernos escolares, cartas, escritos, poemas, canciones, vídeos, fotografías. Los documentos incluso pueden adoptar formas no materiales: la tradición oral, la memoria, la música. (p.45)