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3. Methodology

3.6 Data: information analysis

3.6.2 Phase one interview analysis

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John Wimber, “Facing the ‘90s’ ”, Equipping the Saints, verano de 1989, p. 22.

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Richard C. Lockwood, correspondencia personal, 16 de abril de 1990.

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Algunos de los jugadores claves en una estrategia de oración de guerra bien elaborada para una ciudad serán intercesores. Con el propósito de que el trabajo se realice bien, es necesario identificar, alentar y liberar a los intercesores dotados para el mismo a fin de que estén en la bre- cha.

Todo cristiano desempeña un papel en la oración en general y en la intercesión en particular, pero Dios ha escogido a algunos creyentes y les ha dotado con un don especial de intercesión. Si esto le parece extraño, compárelo con el cometido que cada cristiano tiene como testigo mientras sólo un pequeño número son evangelistas. Todo el cuerpo no puede ser ojo, sólo a algunos de los miembros les corresponde serlo.

En mi libro Your Spiritual Gifts Can Help Your Church Grow [Sus dones espirituales pueden contribuir al crecimiento de su iglesia] describo el don de la intercesión y lo enumero entre los 27 dones, pero admitiendo francamente que la Biblia no hace ninguna referencia expresa al mismo. Aunque puede que algunos disientan, estoy lo bastante seguro de que tal don existe, basándome en la simple observación a lo largo de los años, que puedo definirlo:

El don de intercesión es la capacidad especial que [p 212] Dios concede a ciertos miembros del cuerpo de Cristo para que oren durante largos períodos de tiempo en forma regular y vean contes- taciones frecuentes y específicas a sus oraciones en un grado mucho mayor que el que se espera del cristiano medio.15

Algunos estudios bastante amplios que he hecho sobre los intercesores, y que describiré en de- talle en otro libro de esta serie, muestran que los poseedores de ese don oran por lo general entre dos y cinco horas diarias. Mucho de su tiempo lo pasan escuchando a Dios. Con frecuencia se di- cen unos a otros en una especie de lenguaje interno: «Es maravillosa, ella sí que oye a Dios», y tienden a valorarse más por lo que escuchan que por lo que dicen.

Cindy Jacobs ve a los intercesores como aquellos que hacen entrar en vigor la voluntad de Dios en la tierra. El Señor ha elegido que su voluntad se lleve a cabo por medio de nuestras peticiones y nuestro ejercicio de la autoridad. Cindy dice: «Al tomar autoridad sobre las obras de Satanás en el mundo y orar en el nombre de nuestro Rey, establecemos su voluntad en la tierra como en el cie- lo».16

Hay intercesores en casi todas las iglesias y ciertamente en cada ciudad que tenga un número razonable de congregaciones. Muy pocos pastores son al mismo tiempo intercesores, de modo que unos y otros resultan necesarios para orar eficazmente por una ciudad. Los pastores funcionan mayormente en un papel de autoridad y los intercesores en uno profético. Estos oyen a Dios y pueden comunicar su mensaje a los demás. Los intercesores deberían estar incorporados a un grupo, a fin de armonizarse, estimularse y ser responsables los unos ante los otros.

Por medio de ellos, y también de los pastores y de [p 213] otros cristianos laicos, aquellos que oran por la ciudad deberían buscar la revelación de Dios en cuanto a varias cosas:

A. El don o los dones redentores de la ciudad

John Dawson cree que Dios quiso que cada ciudad fuera un lugar de liberación personal. «Yo creo que las ciudades tienen en ellas la marca del propósito soberano de Dios—dice—. Nuestras ciuda- des contienen lo que yo llamo un don redentor».17 Y argumenta que es más importante determinar ese don redentor de una ciudad que la naturaleza de los principados malignos, aunque ambos sean necesarios.

15

C. Peter Wagner, Your Spiritual Gifts Can Help Your Church Grow (Ventura, CA: Regal Books, 1979), p. 263.

16

Cindy Jacobs, Possessing the Gates of the Enemy (Tarrytown, NY: Chosen Books, 1991), p. 56.

17

Un ejemplo de esto es Omaha, en Nebraska, EE.UU. Históricamente esa ciudad fue una esta- ción de suministro para trenes que llevaban a los pioneros americanos hacia el oeste, y los dirigen- tes cristianos la consideran hoy en día como un centro para equipar a una nueva estirpe de pione- ros: aquellos que están llevando el evangelio a los pueblos del mundo aún no alcanzados. Estoy de acuerdo con John Dawson cuando dice: «¡Qué visión tan maravillosa!».18

B. Las fortalezas de Satanás en la ciudad

La investigación histórica y la cartografía espiritual alimenta esta actividad de los intercesores. La mayoría de éstos llamados a la guerra espiritual en el nivel estratégico tienen el don espiritual de discernimiento de espíritus. Floyd McClung dice al respecto: «Ejercitar el don de discernimiento de espíritus es algo crucial. Debemos saber si estamos combatiendo contra poderes demoniacos o simplemente tratando con el pecado y sus consecuencias en la cultura. No siempre ambas cosas son iguales».19

[p 214] McClung cuenta el asombro que le produjo en un viaje de ministerio a Noruega la canti- dad de creyentes que estaban luchando con temores profundos que controlaban sus vidas, y des- cubrió que se trataba de un problema extendido por toda la nación. Luego, volviendo atrás en el tiempo, supo cómo había llegado el cristianismo a Noruega. Un rey avanzó con su ejército por todo el país obligando a sus ciudadanos a convertirse o enfrentarse a la ejecución. ¡El cristianismo em- pezó allí con un baño de sangre! «Satanás—comenta McClung—aprovecha esa especie de trauma nacional y trata de utilizarlo para establecer sus fortalezas espirituales».20 Los intercesores orarán sobre este tipo de información y buscarán la revelación de Dios en cuanto a qué maneras específi- cas debería tratarse.

En una ciudad escogida como objetivo, los principados y las potestades pueden contar con dife- rentes fortalezas en diversos sectores de la ciudad o incluso en distintos vecindarios. A medida que llevamos a cabo nuestro esfuerzo «Pasadena para Cristo» en mi ciudad, nos vamos dando cuenta de las diferencias que hay en la atmósfera espiritual, digamos, entre el Noroeste de Pasadena y Hastings Ranch, Linda Vista y el Este de la ciudad. Dentro de la misma área noroeste de la ciudad, los residentes sienten una disparidad entre King’s Manor y Howard and Navarro, donde John Per- kins tiene su Centro Harambee. Aunque todavía no conocemos el significado profundo de todo es- to, tenemos un equipo de intercesores dirigidos por Lou Engle trabajando en ello.

C. Los espíritus territoriales asignados a la ciudad

En la medida de lo posible, los intercesores deberían tratar de conocer los nombres, bien funciona- les o [p 215] propios, de los principados asignados a la ciudad como un todo y a los diferentes sec- tores sociales o culturales de la misma. En el último capítulo expliqué este concepto de nombrar a las potestades con sus limitaciones y sus puntos fuertes, de manera que no necesito dar más deta- lles.

D. Pecado colectivo pasado y presente que hay que confrontar

La historia que cuenta Floyd McClung acerca del rey noruego que asesinaba a aquellos que no querían convertirse al cristianismo es un ejemplo del pecado corporativo pasado al que es necesa- rio hacer frente. Hay bastante información acerca de esto en el capítulo 7, «La remisión del pecado de las naciones», donde mencionaba al Japón.

Resulta alentador saber que los dirigentes cristianos japoneses están tomando muy en serio eso del arrepentimiento nacional. En 1990, se hicieron dos peticiones de perdón a alto nivel al pue- blo coreano. La Iglesia de Cristo en Japón publicó una declaración en la que se confesaba el peca- do nipón y se pedía disculpas a la gente de Corea. El reverendo Koji Honda, un alto representante,

18

Ibid., p. 41.

19

McClung, Seeing the City, p. 34.

20

anciano y respetado, del cristianismo evangélico japonés, realizó una detallada confesión y pidió perdón en ese sentido en el Congreso de Misiones Asiáticas celebrado en 1990 en Seúl, Corea. Entre otras muchas cosas, dijo: «Queridos hermanos y hermanas de Asia, por favor, perdonen los pecados cometidos por el pueblo japonés en sus países. Estoy pensando, especialmente, en Co- rea, y una vez más suplico su perdón para esos pecados repulsivos e imperdonables [que ya había enumerado] en el nombre de nuestro Señor y Redentor».21

[p 216] Los sociólogos norteamericanos nos explican que dos de los grupos más oprimidos de los Estados Unidos son los varones afroestadounidenses y los indios. En un artículo que analizaba la terrible caída de las expectativas de vida de los negros, la revista Time recorría la lista de hipóte- sis acostumbrada del por qué la comunidad negra se halla tan deprimida. Luego decía que los ex- pertos están convencidos de que «deben haber otras razones».22 El artículo hacía varias conjetu- ras en cuanto a las mismas, pero no me sorprendería en absoluto descubrir que el problema básico fuera espiritual y procediera de las formas vergonzosas en las cuales nuestros angloamericanos han tratado y tratan a los negros. Este comportamiento pecaminoso ha provisto aberturas para que principados y potestades de alto rango establecieran fortalezas espirituales que no serán conquis- tadas sino por la humildad y el arrepentimiento colectivos. Estoy consciente de que algunos han empezado ya a hacerlo, pero se precisa mucho más.

¿Cómo puede hacerse esto? John Dawson cuenta de su ministerio en Sudáfrica, y de cómo él estaba convencido de que “el apartheid es un espíritu, no sólo un fenómeno político. Un espíritu que se hunde profundamente en la historia colonial africana. El apartheid tiene sus raíces en la idolatría.” De modo que predicó acerca del pecado del juicio injusto, guió al arrepentimiento de los estereotipos y prejuicios raciales a un gran grupo multiétnico, y luego desafió a cada persona del auditorio a lavar los pies de alguien de otra raza. «Miles de afrikaners, zulús, indios, ingleses y mestizos lloraron abrazados unos a otros mientras un espíritu de reconciliación se extendía por el lugar».23

[p 217] E. El plan de Dios para el ataque y su momento

Un grave peligro, y al mismo tiempo algo demasiado corriente, es entrar en la batalla espiritual en la carne. Resulta esencial que Dios nos diga lo que quiere que hagamos, cómo quiere que lo hagamos y cuándo deberíamos hacerlo. Esto se consigue mediante la oración ferviente, y es ahí donde resulta tan importante la dimensión profétíca del ministerio del intercesor. En el siguiente capítulo se enumeran algunas de las consecuencias posibles de equivocarse en cuanto al plan de ataque o al momento de Dios.

En resumen, no intente librar la guerra espiritual en el nivel estratégico sin seguir estas seis re- glas. Infórmese. Investigue lo que está diciendo mucha gente. Le sugiero que consiga y estudie otras dos listas de reglas excelentes: la que da Cindy Jacobs en Possessing the Gates of the Ene-

my (pp. 242–245) [Apropiándose de las puertas del enemigo] y la de John Dawson en Reconquer Your City, La reconquista de su ciudad (pp. 139–189). Seamos sabios en el poder de la fuerza del

Señor.

PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR

1. ¿Puede usted nombrar alguna ciudad en la que se estén realizando esfuerzos de oración significativos a nivel de toda ella? ¿Cree que sería factible un esfuerzo así para su ciudad? 2. Explique lo que quiere decirse cuando se afirma que los pastores son los «guardianes espiritua-

les de las puertas» de una ciudad.

21

Koji Honda, “An Apology to the Peoples of Asia”, Japan Update, Bulletin of the Japan Evangelical Association, octubre de 1990, p. 8.

22

Perils of Being Born Black”, Time, 10 de diciembre de 1990, p. 78.

23

John Dawson, “Seventh Time Around”, Engaging the Enemy, C. Peter Wagner, ed. (Ventura, CA: Regal Books, 1991), pp. 137–138.

3. ¿En qué se diferencia el don de intercesión de las expectativas acerca de que todos los cristia- nos sean personas de oración? Mencione a algunos individuos que usted conoce y que tal vez ten- gan ese don.

4. [p 218] ¿Cuál cree usted que podría ser el «don redentor» o el «propósito redentor» de su ciudad o pueblo?

5. ¿Qué pasos serían los primeros que tendría que dar para investigar la historia espiritual de su ciudad?

[p 219]